Los personajes le pertenecen a Meyer.

PRETTY BABY

Capítulo 20


La tentación asfixia mi mente, puedo soñarme en un momento feliz en mi futuro, mi parte corrupta afirma poderosamente un sí que haría de mí, Edward Cullen, un hombre completo.

Tiene quince años, pero podemos esperar…

La cara de Charlie Swan es todo un gesto reconcentrado de malicia, el saber que mi deseo y amor por su hija me tiene atrapado, es un as ganador… sabe que si me tiene en su poder sus negocios con la mafia, su mundo sucio y criminal quedara validado para siempre.

El maldito quiere estar limpio, desea el poder, entiende que si yo llego lejos en la política tendrá el camino libre, sabe que el FBI lo investiga y que sus nexos con el crimen organizado estarán para siempre tapados por la sombra de ser el suegro de alguien poderoso.

Sus palabras me seducen.

Puedo tenerla… puedo tocarla, puedo enterrarme en ella y no sentir miedo.

Lo veo y el perro me repugna, pero hay algo admirable en él, es un hombre sin culpa.

No pienses mal de mí, Edward… la niña estará bien, todos hemos cometido pecados en nuestro pasado, este accidente… es un pequeño desliz para mi bebé.

No puedo creer lo que escucho, él vende a su hija al mejor postor y resulta que ese hombre soy yo.

Es simple Edward, te vi esa noche en mi casa, vi como la devorabas y vi como mi preciosa muñeca te pone duro.

Estalla en una sonrisa ladina y, aunque el deseo por Isabella puede ser muy fuerte —quizás lo más poderoso que he sentido en mi vida—, el ver como su padre la vende es lo más repugnante que he visto.

Será tan fácil, poco a poco te acercaras a ella, poco a poco… de esa manera, nadie podrá poner en duda en el futuro como se desarrolló la relación entre ambos. Para todos, en este momento, eres el héroe, es lógico que piensen que el haber salvado a Isabella te dará una relación muy estrecha con ella, no le daremos que hablar a la prensa… después, todo será una gran historia de amor mi amigo.

Lo miro por encima de su hombro, está tan seguro de lo que dice que su voz tiene una inflexión fuerte y gruesa… yo lo escucho.

Sí, es asqueroso lo que hago en este momento porque me dejaba tentar. No recurría a mi acervo moral, podría simplemente poner un pie hacia atrás y largarme, y no volver… cerrarme tajantemente a lo que está ofreciendo, pero no… me quedo escuchando la propuesta con la esperanza de encontrar una posibilidad.

No soy un buen hombre… no lo soy. No lo he sido nunca.

La propuesta de Charlie Swan es quizás lo más cerca que estaré de tener a Isabella sólo para mí pero también, es mi camino pavimentado para el infierno.

La sonrisa del tiburón continúa en su cara, estoy seguro que puede sentir como mi corazón late rápidamente y como mi sangre corre ardiente por cada una de mis venas, quemándome. Sabe la naturaleza de lo que me ocurre y como el escualo que es, piensa devorarme, tomar mi sangre y hacer de mí su títere.

¡Dios! Swan es como un maligno genio de la lámpara, pone frente a mí lo único que he deseado en toda mi vida y quiero… quiero decir que si, después ¡que el mundo, los hombres o el infierno me condenen!

— ¿Isabella? —pregunto dando a mi voz un tono seco.

— Tsk… este accidente es lo mejor que le ha ocurrido.

Frunzo mis cejas y controlo mis puños para no golpear su maldita cara de réptil ¿qué hubiese pasado si ella muere? Charlie Swan es un hombre que no piensa en el pasado, es un hombre del ahora, un hombre de acción, su niña no ha muerto, por lo tanto se ahorra el si ella... ya todo pasó para él, es tan simple como hacer un cheque al cirujano plástico y a todos los periodistas que intenten ahondar sobra la muerte de los demás chicos, Charlie Swan es un hombre de oportunidades y yo loco, desesperado en medio de la tragedia de estos chicos le he dado la oportunidad en bandeja de plata.

tú lo sabes Edward, ahora no será la niña caprichosa que cree que todo gira a su alrededor, ahora verá el mundo diferente… ahora sabrá que ella necesita algo más… y ese algo más, eres tú.

Empequeñece su mirada, mide cada una de mis reacciones, mi rostro se mantiene impávido, no mi alma, que para mi derrota en estas últimas hora ha estado expuesta, al lado de la cama de hospital yo sólo era un hombre asustado por la vida de una niña que no me ama, por la vida de una niña que me ve como algo fugaz, por una niña que no entiende de amores y pasiones, mi alma al aire desplegando cada uno de los dolores y ambiciones que Isabella Swan despierta en mí.

He sido vulnerable para todos, para ella y para su padre.

Yo —Edward Cullen— entiendo lo débil que he sido toda mi vida.

Fui tocado por el amor y la realidad del mundo para comportarme como el hombre sin carácter que siempre fui y que negué serlo.

cuando ella tenga veintiún años, quizás veintidós podemos finalmente exponer su relación, nadie dirá que fue algo ilegal, fiscal Cullen, nadie podrá decir que hay algo malo en que un hombre de tu edad se case con una chica joven, es el amor… el amor ¿no es lo que todos quieren?

Punto a punto Charlie Swan expone cada uno de sus argumentos, yo lo observo calladamente, conoce cada uno de mis pasos con su hija, conoce el que ella ha estado en mi oficina, el que yo la he seguido, el regalo de la enorme campana a su escuela, es como si él hubiese estado esperando la oportunidad para atraparme.

Me chantajea tácitamente.

Chantajea mi deseo, juega conmigo, es un tahúr en el aire, no tiene nada contra mí, y sin embargo sabe lo que quiero.

Es fácil… muy fácil, tú ganaras Edward, tu carrera política, el camino limpio hacia Washington, una imagen como héroe, alguien incorruptible, ni un solo escándalo.

La palabra escándalo la acentúa con gravedad, esa es su carta, su única carta, sabe que una leve sospecha sobre mi integridad y todo mi futuro en la política será destruido… su hija es el arma que blande contra mí, su hija pequeña que en una noche ha visto de cerca la muerte y que dormida en una cama de hospital, sin saberlo es ofrecida en bandeja de plata como un escalón hacia el poder.

— Eres un maldito, Charlie Swan.

— Oh no, Edward soy un hombre práctico, eso es todo.

— ¡Es tu hija!

— Por supuesto que lo es, es todo para mi, mi niña pequeña, y sólo quiero lo mejor para ella y sigo creyendo que lo mejor eres tú.

— No sabes nada.

— Lo sé todo —él se acerca, queda bajo mi mirada que le da todo el desprecio que puedo sentir— he visto hombres como tú, toda mi vida, toda mi vida Edward, siempre creyendo que tienen la moral de su lado, pero de pronto algo se tuerce en el camino y su integridad se va para la mierda —pone su dedo en mi pecho— yo te puedo dar todo, es un simple intercambio ¡y todos felices, futuro senador! —sus ojos oscuros centellean— diga que lo pensará, y en el preciso momento que lo haga detendré periodistas, le taparé la boca a la familia de Alice y Rose, y haré que los niñitos muertos se queden como dos chicos perdidos que se dejaron llevar por las locuras de la juventud… ¡ganamos, Edward!…ganamos.

Quiero agarrar su cuello y sentir como se fractura bajo mis dedos, quiero extirpar cada uno de sus dientes y arrancar su lengua para tirarla al mar.

— Maldito —digo entre dientes.

— No me juzgue tan a la ligera mi amigo —astutamente, se aleja cuando escucha unos pasos por el enorme pasillo del estacionamiento— seré bueno contigo —me guiña un ojo— lo liberaré de su conciencia, le daré un margen de duda… ¡piénselo! —lo dice tan seguro de que no hay salida para mí, de que ya todo está dicho, tan sólo quiere regodearse en su plan y verme rendido— mi niña estará feliz de verlo, mañana ella estará en casa… lo estaré esperando señor presidente… ¿te gusta el bourbon? ¿no es así?

Se aleja, mi cuerpo está paralizado ante el horror y ante la tentación puesta ante mí, Charlie Swan camina tan seguro de todo, mientras que bajo mis pies el mundo se abre para tragarme.

¿Y qué pasaría si digo que sí?

¿Y si quiero ese futuro sucio, egoísta y perverso?

¿Y si decido que Isabella Swan sea para mí?

¡Dios! quiero agotarla a puro sexo y bebérmela…

Quiero saber hasta dónde mi deseo por ella es más grande que mi ambición de tocarla y absorber su alma joven y salvaje…

Quiero saber si un hombre como yo puede amar a una mujer más allá de que la agote, quiero saber si puedo amar de manera autentica hasta olvidarme de mi.

Quiero eso… quiero el cielo y quiero el infierno, y mi deseo es tan enorme que tengo la excitación hasta de pasar por encima de la misma Isabella, porque he descubierto a su lado, que amar no es cuestión de dos, amar es un sentir egoísta que sólo vive para regodearse en sí mismo… la quiero a ella y estoy en ese punto en que no me importa si ella no.

La quiero a ella.

Mi padre y Jasper me esperan en la oficina, toda mi gente ha calmado el escándalo y para regocijo de todos, mi nombre es parte ahora de los noticieros que me ven como un hombre que sacrificó su futuro político por la seguridad de unos niños drogados.

Soy el nuevo hombre.

Y la consigna es el nuevo eslogan que los jefes de prensa desean acuñar para mi próxima campaña política.

Pero no siento nada.

No quiero nada.

Mi padre, mi abogado y quizás único amigo no representan nada, soy un hombre solitario, un hombre que tiene un vacio en su alma, un hombre sucio, dañado, corrompido y enamorado.

Y si, la tentación corre por mis venas.

Puedo decir que si, sólo es una palabra, una sola.

Si.

Si.

Si.

Pero, no puedo… no puedo… porque mi amor por ella es tan grande que supera mi egoísmo.

Porque al final hay un sentimiento mucho más grande que mi amor por Isabella Swan.

Quiero salvarla.

Salvarla de mí.


Editado por XBronte.

A todas las chicas que leen esto y dejan comentarios, que son lectoras fantasmas un millón de gracias, después de varios años en esto saben que intento ser responsable con mis historia, pero a veces la vida real es muy agotadora y la salud de la Sacho le juega malas pasadas, pero aquí estoy al pie del cañón.

Esta historia quizás tenga dos o quizás tres capítulos más, mil y mil gracias por llegar hasta aquí con una historia que debía ser contada de esta manera. Gracias a todas, ojala pudiera nombrarlas y decirles que a aquellas que siempre están acompañándome son muy importantes para mí, no para la Sacho contadora de historias sino para la persona que está tras ella, a cada una un abrazo y un beso por no permitir que decaiga.