Los personajes le pertenece a Meyer.
Pretty Baby
Capítulo 21
Edward Anthony Cullen pertenece a una familia de gran abolengo político, parece destinado a triunfar, todo en él grita victoria, es fácil entender el por qué su camino hacia el poder ya está trazado. Sin embargo hay un pregunta tácita que esta columnista se hace sobre este hombre que con su carisma y su inteligencia tiene todo ya ganado ¿Edward Cullen siente realmente el llamado del poder? o ¿simplemente cumple con llenar las expectativas de una familia que ve en él la continuación de una extirpe política?
Oh, Bella.
Bella, niña inteligente, a pesar de tus quince años tuviste instinto para entender lo que yo escondía detrás de mi fachada de hombre impecable y sin mancha.
Bella, que desde sus fotos de su Facebook me sonríe coquetamente y, me deleita como un pervertido sin esperanza con sus imágenes.
Oh, mi Bella, quiero borrar de mi mente la mirada opaca de la madrugada, busco ese brillo que sé que has perdido, estúpidamente deseo reencontrarme con la chica lista y sin culpa que eras antes del accidente.
Mi chica lollipop y Pepsi Cola —en unos años no las beberás más, estarás demasiado ocupada contando las calorías de un solo trago de gaseosa— temo que cuando vuelvas a mirarte al espejo solo escuches los chirridos hechos por el hierro estrujado, las voces que gritan y un te amo de un novio adolescente que se pierde en el abismo.
Mr. Cullen responde como un político profesional, se sabe todas las reglas de juego y entiende que para ganar debe representar el papel del hombre que está dispuesto a llevar a nuestro país a un nuevo horizonte, donde la corrupción y la mediocridad de los últimos gobiernos no sean lo que lo representen ¿es realmente ese hombre? ¿tiene ideas innovadoras que hagan que la próxima generación vaya con los ojos cerrados hacia él?… Edward Cullen cumple con todos los requisitos sin embargo parece perderse en discursos viejos, ya dichos, en manera de ver la política que no han llevado a ninguna parte a su partido y es quizás un hombre que no está en consonancia con el espíritu de la juventud, que aun cree que América es el gran imperio y que debe seguir los caminos ya trazados por hombres viejos que siguen intentando mantener la imagen de un poder basado en la prepotencia y en el derramamiento de sangre para continuar con políticas que han hecho de nuestro país el imperio de los idiotas.
¡Dios!
Quince años de edad y tu crueldad es capaz de darme una visión total de lo que en realidad soy: un títere.
Un hombre sin ideales, un mal actor representando un personaje por el cual ni siquiera tengo interés… una mala copia de mi padre.
¿Es eso lo que viste, Isabella Swan? ¿Soy esto para ti?
Sonrío frente a la luz del computador, doy un clic e imprimo el artículo que ella escribió sobre mí para su escuela. Sus palabras son fuego, son dardos que llegan hasta mi mente y me hacen comprender como diez años tratando de ser lo que Carlisle Cullen desea ha sido una completa farsa.
Comprendo lo que Bella es para mí, es la voz dura, sin concesiones y repleta de dureza que yo necesitaba para despertar, ella me ha dado el empujón que yo necesitaba, me ha salvado de ser un hipócrita, me ha salvado de ser un idiota que corre desesperadamente hacia la aprobación de mi padre que solo llegará si asiento sin preguntar sobre la vida que él ha trazado para mí.
Bella Swan me ha dado la libertad para decir ¡a la mierda todo!
Estoy frente a la casa en Beverly Hill de Charlie Swan, mi garganta arde y mi cuerpo está en tensión, es la primera vez en quince años que siento este vértigo ante lo inesperado, estoy en las grandes playas de Australia y la olas vienen con toda la fuerza y solo quiero sentir el agua fría y la adrenalina de creer que voy a morir en medio segundo.
Conduzco hasta la entrada de la enorme mansión, la puerta principal se abre y una mujer morena me abre y finge una sonrisa, me fijo en ella y comprendo que es inmigrante y que trabaja para el tiburón sin seguro y casi esclavizada por una mujer ignorante como Renée y para un hombre como Charlie Swan que piensa que dándole trabajo hace una gran obra de caridad ¡ja! Una carcajada cínica interna emito, y esta gente era mi carta de presentación política ¡qué gran farsa! Si tan siquiera ellos y sus problemas me importaban solo eran unos índices en un papel para dar mis grandes discursos.
Conozco la casa, la mujer me dice algo en un inglés mal pronunciado y escasamente entiendo que el señor y la señora están esperándome en la piscina.
Nada ha pasado en sus vidas, no hay dos chicos muertos, no existe la pobre polilla de Alice Brandon que quedará lisiada de por vida, o Rosalie Hale a quien le espera años de fármacos y una tarjeta de crédito de millones de dólares para así calmar su soledad de hija de gente que le importa un carajo que ella exista.
No, aquí no ha pasado nada.
Y en una habitación un piso más arriba está la niña de mis sueños que aún no tienen conciencia del juego en que su mundo la atrapa.
Y allí, sentados están los padres.
Renée está en un pequeños bikinis blancos, es tan perfecta que me horroriza, su belleza es tan perfecta que parece ser una muñeca que escasamente respira.
Charlie, está a su lado, no la mira, ahora veo, nunca la mira realmente, siempre está sordo ante ella, Renée existe como existe un jarrón muy lujoso, pero que no tiene la menor importancia, solo está para ocupar un lugar y ser admirado.
Ella bebe una caipiriña, él bebe, parece algo más fuerte, tiene sus lentes oscuros, está desabotonado y deja ver su barriga bonachona y de hombre vulgar… es la pareja perfecta.
Llevo mi sonrisa en mi cara, sé lo que voy a hacer.
El hombre se levanta, su rostro me da nauseas, está tan seguro de sí mismo que no cuenta con que yo pueda decir que no.
Debe ser divertido para él creer que tiene mis bolas entre sus manos.
— ¡Mi amigo!
Se levanta de su silla, no atina a abotonarse su ridícula camisa y en su mano tiene una copa de bourbon.
No lo pienso.
Estoy harto de pensar, harto de analizarlo todo… si, allí viene la enorme ola y Edward Cullen cabalga sobre ella.
Empuño mi mano y lo golpeo directamente a su mandíbula.
El maldito tiburón cae pesadamente en las orillas de la piscina, Renée emite un chillido borracho y me paro en la mano del hombre que sangra por su boca prolíficamente.
— ¿Qué demonios te pasa, maldito hijo de perra?
Oh, si… si, la ola está en lo más alto y me siento bien… ¡muy bien!
— Nunca vuelvas a amenazarme Charles Swan, no quiero que me dirijas la palabra nunca más, maldito seas.
Escupe sangre y algunas gotas caen en mi camisa, la ironía no cesa, dos días antes era la sangre de su hija que machaba mi ropa, la sangre que es la misma de este perro y que sin embargo es tan amada por mí.
— No entiendo, Edward.
Lo levanto del suelo y lo tomo por el cuello de su estúpida camisa de miles de dólares.
— ¿Qué no entiendes, Charlie? . No pienses que vas a tenerme con tu hija.
La esposa se acerca y tambalea a mi lado, su rostro parece venir a la luz, y por primera vez tiene vida.
— ¿De qué está hablando, Charlie?
— ¡Cállate!
— ¿Edward? —la mujer pregunta parpadeando maniáticamente.
— Tu esposo me ofreció a tu hija como garantía, me la vendió.
— ¡La deseas, estúpido! —trata de zafarse de mi mano, pero no lo permito, lo sacudo como si fuese un bolsa de papas— es un buen trato.
— ¡Dios, Charlie!
Escuchó el sollozo de Renée.
— Siempre creí que era un desgraciado, pero esto es demasiado, demasiado.
— Es un buen trato ¿no entiendes, mujer? Si nuestra niña folla con él todos mis malditos problemas se acabaran, todos nuestros problemas se acabaran, y tu seguirás teniendo tu vida de lujos y de despilfarro, no me vengas ahora con reclamos, lo necesitamos, no puedes decir que no, Edward, no puedes, haré de tu vida un infierno, el escándalo será tu muerte.
— No tienes nada, no tienes nada Charlie, no ha habido nada entre tu hija y yo, no hay nada, porque entre Bella y yo jamás ha habido nada.
— ¡La quieres!
Un rugido emito desde mis entrañas, él no tiene derecho a saber, mi amor, mi pasión, mi deseo, mi obsesión y mi perversión por su hija son tesoros que me pertenecen y él nunca será dueño de ellos.
— Es tu mierda, Charlie —mi rostro es frío, duro como el hierro, estoy sobre la enorme cresta y abarco el horizonte azul del mar enorme que no tiene fin— tu mierda, te lo imaginaste todo ¿crees que podrás contra mi padre? ¿Contra Carlisle Cullen o contra mí?
— Puedo con todo Edward he jodido mejores reputaciones que la tuya, voy a poner tu carrera política en la picota pública, no me tientes —trata de sonreír, sus dientes tienen sangre y es la imagen viva de quien representa, un tiburón— vamos Eddie, son siete años, siete y tendrás a mi hija, lo veo en ti —es más bajo que yo pero me enfrenta cara a cara—lo veo en ti, huelo tu obsesión por mi bebé, puedo ver en la cara de los hombres qué es lo que desean… lo veo en ti, mi amigo.
Renée está llorando.
El maldito ríe descaradamente.
Levanto mi cara, la ola se levanta un poco más y estoy a punto de tocar el sol.
Suelto el cuello de su camisa, los ojos de él brillan como si fuese un animal que entierra sus colmillos en su comida.
Levanto mi mano.
Arde.
El sol.
Y asiento un nuevo golpe en su cara tan fuerte para que Charlie Swan caiga rudamente en la piscina, haciendo un sonido de algo pesado que se hunde en el agua.
— Ojalá esté muerto —escuché a Renée mascullar entre dientes— ¡ojala estés muerto Charlie! —gritó con fuerza.
Doy un paso atrás, Charlie sale a la superficie, trata de llenar con oxigeno sus pulmones, ahora la sangre no es tímida en él.
— ¡Voy a joderte Edward Cullen! ¡Voy a joderte! —da golpes sobre el agua, es metafórico, su amenaza no llegará muy lejos, sabe que tiene todas las de perder.
— No, tú estás jodido Charlie, tú lo estás, al final la cárcel te espera, el FBI te tiene de los huevos, no eres nada.
— No serás senador ¡te lo juro! —camino hacia la casa, escucho como grita y su voz rasposa es como un metal rastrillado sobre el asfalto— ¡Eres una farsa! ¡Una puta farsa! Y no tendrás a mi hija ¡jamás! ¡Voy a acabar contigo Edward Cullen, voy a acabar contigo! Estas acabado.
Paro mi marcha desesperada. La ola ha bajado. Estoy de nuevo en el mar tranquilo… he vencido la ola. Me volteo.
— No me importa, Charlie Swan… no estoy bajo tu poder, no lo estoy.
Y corro hacia el segundo piso, la voz de Renée se escucha en la piscina, finalmente la mujer ebria y con espíritu de plástico amenaza a su esposo.
— ¡Cállate Charlie! ¡Eres un hijo de perra! ¡Cállate ya o te juro que yo misma pondré en conocimiento a la policía toda tu porquería! ¡Cállate de una buena vez!
Si, no me siento tan solo en esta cruzada.
El segundo piso está en silencio. Es color rosa suave, una linda casa de muñecas donde vive Isabella Swan en su perfecta farsa de hija que importa. Solo hay una habitación en aquel piso, es al final y está medio abierta, no dudo en ir hacia allá, es lo más cerca que he estado de su mundo, pero ahora no pienso en eso, ya no puedo, no puedo ir hacia esos momentos de sueño donde soy parte de las cosas que importan para ella, ya no… mi momento de soñar se ha ido.
Mi egoísmo también.
Esta recostada en su cama, el vendaje cubre la mitad de su cara, desde aquí no ha escuchado nada de lo que ha ocurrido en la piscina, doy gracias por eso.
El sonido de mis pasos la despiertan de un sueño que sé que no es tranquilo, sus ojos marrones tratan de entender porque estoy en su cuarto, hay algo opaco en su mirada.
— ¿Mr. B?... ¿Edward?—se yergue un poco en su cama, todo el peso de su pequeño cuerpo cae sobre su brazo derecho, ya no es aquella nena liviana que retaba el aire, ha cambiado, y el monstruo que habita en mi siente furia porque la realidad se la ha llevado para siempre.
Ese monstruo que en este momento hará algo para enterrar para siempre a la niña que es todo fuego y deseo profundo, salvándola a ella, dejo que lo que amo de Bella Swan muera.
— Shiiisss —pongo un dedo en su boca— estoy aquí pequeña, no hables, no hables, solo escúchame —saco de mi bolsillo el artículo que ella escribió sobre mi— esto, esto eres tú, nena, no dejes que nadie te diga qué hacer, no dejes que nadie diga que tiene poder sobre ti, Isabella Swan —pongo mi mano sobre su pecho, cuánto tiempo deseando tocarla y ahora solo deseo que ella escuche cada una de mis palabras— ¡ten alma! Es lo único que te va ayudar ¡ten alma! Llora por tus amigos Bella, llora por lo que dejaste atrás, llora nena, porque después no podrás, el mundo no te dejará hacerlo… llora, por todos, por ti, linda —una solitaria lágrima se asomo en su rostro— eso es, puedes ser mejor, puedes ser mejor, todos te han hecho creer que no puedes, pero lo eres, aquí —y puse el papel en su cara— me dices que tienes algo que debe ser salvado nena ¡sálvate! ¡sálvate, Isabella Swan! Estás en el precipicio y todos quieren que caigas Bella, todos, solo te tienes a ti misma, eres tú, solo tú, linda —tomo sus manos y las llevo hasta mi pecho, son tan pequeñas que parece que fuesen a ser fracturadas por las mías, todo yo soy fervor, pasión, por primera vez en mi vida quiero insuflar a alguien a ser libre, no soy el político que habla frente a multitudes, soy el hombre que intenta salvar a alguien, intentó hacer algo digno de mi… intento no ganarme el cielo, intento ganar mi respeto— huye Isabella… corre lejos. Cuando puedas, sal de este mundo, huye y sé la chica que escribió este artículo sobre un hombre hipócrita ¡sálvate cariño! ¡Prométemelo! ¡hazlo! ¡hazlo! —doy un grito contenido.
Ella deja de respirar por un segundo, nos miramos fijamente, todo se detiene… ella me ha escuchado.
— Lo prometo —las lágrimas salen tímidamente por sus ojos— no seré mala nunca más.
— No —doy un beso en su frente— no fuiste mala, solo eres joven, solo fuiste joven.
Un estruendo se escucha desde la puerta.
— Quita tus sucias manos de mi hija —Charlie, el padre del año hace su arribo— ¡fuera de mi casa!
No aparto mis manos de las de Isabella.
— Adiós, Bella —sonrío y me doy tiempo para algo de ternura— ¡Adiós!
No beso sus manos diminutas de muñeca , me muero por hacerlo, pero me detengo, es hora de detener esta locura, es hora de contener cada palpito y cada deseo que ella me convoca… es hora de irme, si ella ha crecido, yo también debo hacerlo.
Es hora de que ella entienda que debe salvarse.
Es hora de entender que yo debo perder.
Me levanto, sus brazos se extienden dejándome vacío de ella.
— ¿Lo veré pronto, Edward?
Sonrío, no, no me verá más.
Charlie esta empapado, su labio hinchado y su nariz fracturada.
— ¿Por qué no le explicas a tu hija que te ha pasado, Charlie? —hago una mueca y lo reto—¿quieres que le cuente de tu pequeño trato? No es una tonta como crees.
— ¡Fuera de mi casa!
Me pongo frente a él. Charlie se aparta dejándome libre el paso
— Tienes poco tiempo Charlie Swan, poco tiempo antes que ella te odie, sabes que lo hará.
Y me marcho.
No miro atrás.
Dejo mi corazón en estado latente.
Me siento liviano, cansado, medio muerto, quiero dormir en la playa como lo hacía cuando tenía veintidós, quiero dejarme ir y no pensar en el mañana.
Me siento libre aunque sé que no lo seré nunca.
He dejado ir mis sueños.
Es el último escalón que cada hombre emprende hacia la vejez y hacia la muerte.
Mi padre me presiona, sabe que ya no le pertenezco, intento no ahogarme e intento no correr de nuevo hacia Isabella Swan, solo el diablo sabe que hay noches en que el número del teléfono de Charlie Swan ilumina mis pupilas.
Tania es mi recodo de cordura, la beso y le hago el amor intentado hacer que ella arranque mi piel y no me queme el recuerdo de una niña pájaro multicolor que se ha ido lejos con su madre quien se ha separado de su padre. La arrastro hacia mi añoranza y le hago creer que cada beso es para ella, una noche le arranco el sí y me caso con Tania Denali.
Criminal.
Días después, con unas fotos arrugadas imprimidas desde su Facebook, veo por última vez a Isabella Swan, la chica de escuela católica vestida de porrista, abrazada a sus amigos.
Quizás la amé porque ella me hizo sentir que puedo ser otra cosa diferente.
La amo porque, a pesar de ser fantasía, es mi contacto con algo más profundo.
La amo porque es el último aire de juventud.
Veo a aquellos niños que la rodean, pero sobre todo la veo a ella… todos son en el papel niños trágicos, niños nacidos en un mundo que ya no los comprende, niños vampiros que chupan el mundo intentando recuperar algo que no saben que han perdido.
La inocencia.
Niños de padres indolentes, niños que el mundo arrastra hacia la soledad y a las carreteras vacías para estrellarse y caer en el abismo.
Pobres niños idiotas que no entienden que después ya no hay vuelta atrás, y que es cuando viejos que entendemos que ser niños es el regalo que el tiempo nos da.
Demasiado rápido… demasiado pronto… demasiada hambre.
Arrugo la foto y la llevo a mi boca, la beso y digo adiós.
Adiós nena…
Tomo el papel, y lo hecho al fuego… veo como éste se quema y me hipnotizan las llamas.
Algo me pasa… no me sorprende, estoy llorando… lloro por mi… por mi vida, porque ser este hombre es mi gran sacrificio… porque a pesar de que soy este hombre políticamente correcto, no soy feliz, porque ella puso mi mundo de cabeza y después ya no hubo salvación.
Y antes que el fuego consuma las fotos, me doy este momento para mí.
Abro mi boca y digo una palabra: Isabella.
Sí, porque soy libre de todo, pero no soy libre de ella.
No lo seré jamás.
Editado por XBronte.
Gracias chicas, es el último capítulo, habrá epilogo, se los dije, tragedia, no la muerte de los protagonistas, pero el dolor de entender que a veces amar a alguien es un campo minado sin recompensa al final del camino.
Una pequeña aventurilla, pronto volveré con mis otras historias, gracias.
