Los personajes son de Meyer.

PRETTY BABY

EPILOGO


— ¿Me recuerda?

Una simple pregunta y en milésimas de segundos repaso toda mi vida con ella.

Isabella Swan.

¿Que si te recuerdo? ¿Me creerías si te digo que es lo único que he tenido para seguir viviendo?

Bella, mi niña Lollipop, mi sílfides sin alas.

Miro su rostro perfecto y una sensación de paz me embarga, sigue siendo tan hermosa aunque ahora sus finos rasgos hablan más de una mujer que de aquella pequeña.

Nunca quise buscarte, nunca quise saber pero, verte frente a mí es una experiencia revelada, eres un espejo misterioso, me veo en ti y dejo que una luminiscencia invada mi mente, es una farola del tamaño del sol que en un momento cuántico me da la oportunidad de ver a Edward Cullen de hace siete años: hombre en el abismo, perdido, siguiendo los pasos de un destino que siempre odió… hombre derrotado y nostálgico por un chico de surf que vivía suspendido y feliz sobre el mar…

Siete años... y toda mi vida es trastocada, siete años… y la veo.

Me levanto de mi escritorio y voy hacia ella, me sorprende que mis pasos sean leves y tranquilos, voy hacia Isabella sonriendo feliz… ¿Feliz? Si, feliz y sin la carga de años atrás. Me libera el hecho de que ella ya no es una niña y que yo no tengo un destino forzado que cumplir. Estoy reconciliándome con mis años y con esta vida mía. Necesito este momento de paz… ¡Sí! voy a detenerme y sabe quien soy después de tantos años.

— ¡Por supuesto que te recuerdo, linda!

La abrazo con ternura, me estremezco con su tibieza, ella me abraza con fuerza, nos quedamos por un momento así; somos ella y yo, somos dos personas que se conocieron en un tiempo y a destiempo pero, que se alegran en un reencuentro.

— Siempre fuiste tan alto, Míster B.

Sus ojos siguen siendo picaros, pero sin aquella arrogancia maliciosa y todo poderosa de antes, ahora —increíble e irónicamente— son puros.

— Lo que pasa, Bella —doy un toque sobre su nariz— tú eres muy pequeña.

Se sonroja. Muerde sus labios y es tan ella que parece ser la imagen que retengo por siete años en mis pupilas.

Mi chica Lollipop y viento, mi niña pájaro multicolor.

¿Quién eres ahora?

¿Qué alquimia misteriosa hace que tengas tu belleza intacta y que, a pesar de lo vivido, mantengas tu inocencia?

Sigues fascinándome, pequeña mía, sigues provocándome y llenándome de incógnitas.

Y me siento tan vivo que mi corazón enloquece y se convierte en un satélite que orbita alrededor de la pasión que me sofoca.

Me alejo de ella un poco, doy un recorrido por su figura, ya su cuerpo ha tomado la forma completa de una mujer, está repleta de curvas en los lugares correctos, su piel sigue siendo tan blanca y con ese tono durazno que me tentaba; sin embargo, su rostro está más lleno y su cabello, un poco más corto, le da un aspecto intelectual. La cicatriz es mínima, hay que ser observador para poder verla.

La veo llevarse la mano a ella y mirarme tímida desde sus increíbles pestañas.

— ¿Se nota mucho, Edward?

— No, claro que no, linda.

Se queda en silencio. Antes, su juventud llenaba los espacios como si fuese ráfagas de luz que se disparaban por todas partes, ahora… es leve y profunda. Ella misma es la luz que besa y se adhiere a su piel. Si, Bella Swan es toda aurea.

— Nunca tuve la oportunidad de darte las gracias, por todo, por todo, Mr. Cullen.

La llevo hacia la silla que está frente a mi escritorio, con la yema de mis dedos rozo la pretina de su falda negra, un torbellino de imágenes bombardean mi cabeza, ya no es la nenita de colegio, ni la porrista, ya no es la chica de short cortos y ropa desenfadada, es una mujer a punto de ser abogada y luce como tal.

¡Qué melancolía!

Niñas del mundo con la belleza y el poder que da el tener pocos años, ese momento único en el tiempo en que pueden ser lo que quieran y la frescura es su más grande adorno.

— No tienes que darme las gracias, preciosa.

Me siento frente a ella, mi pecho se oprime, sigo estando tan lejos de su vida, hay un territorio escarpado entre ella y yo que no me permito caminar, tengo pánico… son todos los prejuicios que me separan de su vida.

Isabella Swan eres un espejo de mi realidad. Te amé por mostrarme cuan débil era y te amé por darme voluntad, fuerza y valor. Te amé porque tu amor desafortunado rompió las cadenas que me unían a mi padre. Te amé porque, siendo la decepción de Carlisle Cullen, pude finalmente ser un hombre libre y a pesar de eso, papá y yo pudimos volver a conocernos caminando por la senda del desencanto y encontrarnos en la esencia significativa de ser padre e hijo ¡Ay, papá! Moriste sabiendo que me amaba a pesar de… yo te vi morir sabiendo que lo amaba a pesar de…

— ¡Claro que sí! —salta en su silla un poco, su pecho revuela emocionado— ¡salvaste mi vida, me salvaste de todo!

— No te salve de nada, Bella.

Fuiste tú la que me salvó.

¿Me salvó? Respiro, parpadeo y recorro mi oficina… sigo aquí, ella me salvó y sigo aquí, traicionando mi libertad por el poder del dinero… ¿Me salvó? y mis últimos seis años de vida me parecen terribles, fui libre, fui libre y me estanqué en un bufet de abogados porque creí que no era posible seguir… ¿Para que todo el dolor y la redención si aún así siento que todo está perdido? alguien abrió mi jaula, y yo conscientemente me encerré en otra, al perderla a ella, gane espacio con mis alas, pero al no tenerla hizo que el gran aliciente para volar se esfumara.

— ¡Era tan tonta! ¡tan destructiva!

— Por favor, Isabella, eras joven, no te sientas culpable por haberlo sido, cariño.

Ella cierra su boca tercamente y mueve su cabeza de un lado a otro negando mis palabras. Me conmueve, no puedo quedarme en esta posición y ver su pena, voy hacia ella, muy cerca, me siento en las esquinas de mi escritorio y tomo su cara.

Me quema como antes. Sigo deseando devorarla y hundirme en su cuerpo. Bella Swan es un fuego que no cesa. Pero ahora hay un ingrediente nuevo en mi amor: quiero sentirme maravillado ante el misterioso proceso de verla progresar.

Es una vuelta de tuerca, es la dinámica del amor verdadero, es la tragedia de amar y ser muy feliz haciéndolo en silencio. Aunque mi garganta quiera ser el eco de lo que grita mi alma.

— Alice no volvió a caminar ¿sabías? Me odia, me odia, quise volver a ser su amiga y ella me culpa por todo —comienza a gimotear— y sé que es verdad, ella me dijo ese día que no jugara con Riley, teníamos tarea, mucha tarea, y yo sólo quería… sólo quería —limpio una solitaria lágrima que cae por su mejilla— Rosalie, no volví a saber de ella después de eso, ahora sólo la veo en televisión —sí, es una socialitè, lo último que se supo de ella es que descansaba en una villa en Suiza, es decir en palabras reales en un centro de rehabilitación— Emmett…y Riley —esconde su cara en mis manos— yo no lo amaba, no lo amaba.

Voy con ella por esa senda de malos recuerdos.

Hay soledad y amargura, hay culpa y deseo de volver el tiempo para así hacer las cosas bien ¿Cómo decirle que la vida es ensayo y error? y que el tiempo no tiene tiempo para darnos perfección.

Observo su rostro, cada mínimo detalle, el silencio retoma entre los dos, hay una profundidad entre ambos, dos personas que convergen en un momento de reconocimiento.

Mi nínfula perfecta.

Mi extraordinario sueño de juventud.

Mi estrella lejana. La confrontación con la existencia misma, mi veneno amoroso, mi perfecta espina, el reflejo de lo imposible.

— Deja que todo pase Bella, deja que todo pase.

— ¿Voy a dejar de sentirme mal? —pregunta y el tono de su voz está lleno de esperanza.

Ella depende de que un hombre viejo le diga que hay oportunidad de redención ¿La hay? ¡Por supuesto!... La mía está frente a mí en este momento.

— Te lo prometo, pequeña, naciste para ser mejor, yo lo veo en ti, lo veo.

Toma mi mano y la besa y su boca sobre mi piel es el roce de una paloma suave y leve, es la caricia de un pétalo de rosa.

Mi amor por ella sangra como siempre, es un río que recorre su cauce apasionadamente y que a la vez sostiene todo mi ser, vivo por Isabella Swan y le doy gracias por darle a mi vida una belleza que no creí posible, me siento hermoso por amar así en un mundo donde amar sin remedio es una utopía. Tomo mi pañuelo y limpió sus lágrimas, le ofrezco algo de tomar y ella sube sus hombros divertidamente.

— ¿Pepsi?

Soltamos la carcajada.

— Me conoces, Míster B.

¡Oh! no como yo quisiera.

Pero callo. Nos hundimos en una conversación tranquila, pero llena de profundos significados. Estudió derecho, la mejor de su clase, me cuenta que su madre ahora hace trabajo social en la ciudad, que quiere volver a la universidad y que asiste a Alcohólicos Anónimos.

Descubro que está en proceso de amar a su madre… por primera vez.

Me cuenta que su padre está en prisión por sus vínculos con la mafia ha, intentado escribirle pero está decepcionada… no sabrá jamás que Charlie intentó chantajearme con miles de amenazas y que esto lo terminó de hundir pues yo era su carta a la seguridad de que jamás lo tocara.

Mi padre era un viejo chacal… unas noches antes de que muriera, le conté sobre mi amor desgraciado recostado a un lado de su cama de hospital, no me dijo nada, sólo me escuchó, a la semana vi como Charlie Swan era llevado a prisión, en vivo y en directo, y entendí que Carlisle hizo su último esfuerzo como hombre de poder para liberarme de su amenaza. Nos liberó a ella y a mí.

— Yo lo amaba, lo amo aún, pero es un hombre perverso, siempre lo supe, no es bueno que un padre diga a todo si, Edward, no es bueno, eso quiere decir que es indiferente, me decía que si, porque en realidad yo no le importaba… un no a veces hace la diferencia.

Mi padre dijo tantos noes en su vida para conmigo ¿Cómo he de rendirte tributo Carlisle, viejo chacal? ¿Por qué esta niña me muestra en una simple frase el poder de tus silencios? Y pienso en mi hija, mi pequeña niña de cabellos rojos, que en navidad recibía miles de regalos y jamás un abrazo de su padre. ¿Recital el viernes? Allí estaré Kate, allí estaré.

Mi oficina es risa y calor, me como su presencia, sigue siendo un cascabel de malicia y buen humor, cejas levantadas y guiños graciosos.

Quiere trabajar conmigo.

Dice que puedo enseñarle, le contesto que soy un abogado de estrellas de cine, ella me rebate que soy mucho más.

Pudiste ser presidente, Edward.

Pude cariño, pero no de la manera correcta.

Y eso te hace tener más valor ante todos, en la universidad hubo un debate sobre ti, Míster Cullen, ante todos el hecho de que renunciaras con el poder asegurado nos hizo tener a todos esperanza, un buen hombre… yo lo sabía, desde que te conocí lo supe.

Siete años de mi vida y todo vuelve a ese punto donde el aire es aire y donde nada me aprisiona. Soy ese hombre que devora la juventud que sólo se obtiene por contagio. Soy un hombre que ama. Toma su bolso, dilato el hecho de que tenga que irse, pero como siempre, en la dinámica de Edward Cullen mayor veintitrés años y Bella Swan veintitrés años menor hay distancias de mundos y experiencias.

— Mañana entonces, Míster B —me ofrece su mano que acompaña de un gesto profundo y sensual.

— Hasta mañana, señorita Swan.

— Será un placer trabajar con usted.

Para mí será lo que siempre ha sido cuando estoy contigo, hierro que se funde en cada poro… este derretirme con cada exhalación.

Acorta la distancia entre nosotros. Se pone de puntillas y besa mi mejilla y el mundo retumba en mi vientre.

— ¡Perdóname, Edward!… ¡perdóname!

Mi cuerpo se pone rígido, mi corazón bombea energía y kilos de miedo.

Ella se aleja.

Voltea hacia mí.

Me siento desnudo… desnudo ante aquellos ojos que me auscultan y me conocen.

De pronto no estoy tan solo en mi soledad.

Hago contacto, un clic con Bella Swan.

Lo sabe… lo supo siempre.

Desde el primer día entendió que la amaba.

— Siempre vi cómo me mirabas, Edward, solo que era una niña jugando con el mundo

Ahogo un gemido, y cada musculo de mi duele, tiemblo vulnerable ante cada palabra.

Levanto mi rostro hacia ella.

— Yo no solo te miraba Bella Swan… yo te amaba.

Y es como si las toneladas de espinas que punzan mi piel me abandonaran ¡lo dije! y es un acto liberador y a la vez un acto de riesgo y pavor.

— Lo sé.

— ¿Y?

La pregunta mínima conlleva esperanza… un pie puesto hacia el vacío. Es un segundo y todo lo que soy se sostiene en él.

Abre la puerta, su mano sostiene el pomo de ésta.

— Es hora que yo te miré a ti, Edward.

Y sale de mi oficina dejando la estela de su perfume… y mi alma enloquecida se va tras ella. Bella Swan… es el revólver que coloco en mi sien y aunque sea un día de mi vida… un solo día viviré para amarla, así validaré quien soy… todo valdrá la pena ¡absolutamente todo!


Editado por XBronte.

Gracias por el acompañamiento, el resto queda en la imaginación de todas. A Mis lectoras besos y abrazos.

Ahora con permiso me voy para Inglaterra con el bastardo, chaolin.