Diclaimer: Todos los personajes de este fic pertenecen al señor Kuramada y la verdad, no hago esto para lucrar…mis bolsillos vacíos siguen llorando.
Nota de autora: Este fic es la continuación de un oneshot mío de la misma pareja, "The Lost Letter", así que para los que no lo leyeron, les aviso…que lo lean, jujuju y para los que lo leyeron, les aviso que este prologo (junto con todo el fic) ocurre tres años después de The Lost Letter. Así que tenemos a un Aioria crecidito, wiiiiii!.
Nota 2: Este primer capitulo esta visto desde la perspectiva de Marin, por eso va en primera persona.
The Present
Por Core BloodDrinker
Prologo:
"Nunca me sentí tan solo
Como cuando ayer de pronto lo entendí mientras callaba
La vida me dijo a gritos
Que nunca te tuve y nunca te perdí.
Ahora tal vez lo puedas entender
Que si me tocas se quema mi piel
Ahora tal vez lo puedas entender
Y no te vuelvas si no quieres ver.
Que lloro por ti
Que lloro sin ti
Que ya lo entendí
Que no eras para mí y lloro."*
Pensé que lo había superado, que realmente te había olvidado. Pero no fue así, sigues ahí y no me dejas continuar con mi vida. Se muy bien que hace tres años atrás, cuando descubriste esa carta te diste cuenta que era mía. Entonces, si sabias que te amaba ¿Por qué seguiste tratándome igual? ¿Acaso no te dabas cuenta que con cada abrazo que me dabas, se me erizaba la piel? ¿Que con cada beso inocente que rozaba mi mejilla, lo único que lograbas era que te amase más? Pensé, realmente quise hacerlo, que el amor que sentía por ti era un simple cariño. Pero luego me lanzas una de esas miradas extrañas, que hace que mi tonto corazón se lance a una loca carrera queriendo salir de mi pecho…esas miradas que me son imposibles descifrar. Una mirada que dice muchas cosas y a la vez, nada.
Pero hoy, lo que sucedió hoy me hizo dar cuenta que ya había llegado esa gotita que rebasa la copa.
Como ya es costumbre, tres veces a la semana desayuno en tu casa. Yo ya había terminado y como esa mañana llegaban nuevas discípulas, estaba bastante apurada. Me levanté, caminé dos pasos…y me tropecé con ese bendito zócalo de tu cocina que se obstina en estar mas levantado que los demás, zócalo que se ha cobrado varias victimas ya .Cerré los ojos, lista para recibir el doloroso impacto del piso contra mi mejilla y agradecí a los dioses de no llevar puesta la mascara…por que esta hubiese terminado implantada en mi rostro por siempre. Pero no fue con el frío piso con lo que me choque sino con un calido pecho, mientras que sentí que dos poderosos brazos me rodeaban el tórax. Es obvio que tus reflejos felinos, fueron más rápidos que mi precario equilibrio.
Levanté mi rostro con una sonrisa en mis labios y estaba a punto de decir 'Que torpe que soy' cuando me topé con tus ojos azules, los cuales me miraron con intensidad. No pude desviar la mirada, por que me quede atrapada en esas profundidades…como tantas veces me había sucedido ya. Y sentí como tu agarre se convertía en un abrazo, pude sentir tus manos apretarse mas contra la tela de mi camiseta, haciéndome sentir el calor de tus palmas. Mi corazón latió con una velocidad espantosa, tanto que temí escupirlo por la boca y fue en ese momento que me di cuenta de lo estupida que había sido… yo nunca podría verte como un amigo, o un hermano mayor. Y cuando pensé que tus labios caerían sobre los míos, me soltaste como si yo quemara. Caí de rodillas, por que al estar apoyada en ti y soltarme tú, perdí el equilibrio por completo.
Era demasiado, mi orgullo yacía roto en el suelo y me sentí una tonta, una ilusa. Te agachaste y me miraste consternado. Un '¿Estas bien?'con tono preocupado salio de tus labios. Ni te mire, solo me levanté, asentí con la cabeza y me fui. Comencé a caminar sin rumbo, pensando en que debería hacer ahora y sin darme cuenta llegue a las transitadas calles de Atenas. La gente se quedaba observándome, pero poco me importaba lo que pensaran de mi vestimenta. Lo único que rondaba mi cabeza era la idea de irme lejos de allí, quizás volver a Japón y nunca más retornar al santuario. Tan enfrascada iba en mis melancólicos pensamientos, que me choqué con alguien y caí de bruces al suelo. Ya era suficiente y aunque no era una persona violenta, levanté la vista dispuesta a maldecir al idiota que me había hecho caer.
-Perdóname- Me dijo el muchacho, mientras me tendía una mano para ayudarme a levantarme. Debía de tener la misma edad que yo y parecía sinceramente apenado por lo que acababa de hacer. Sabia muy bien que la culpa no había sido suya, si no mía… pensar en cosas que no tenían solución, no me llevarían a ningún lado. Era como dar vueltas en círculos, tonto y sin recompensa alguna.
-Gracias- Le agradecí y tomé su mano. Sus ojos color café me miraron aliviados. Ahora era yo la que me sentía apenada, por casi haberle gritado a aquel chico y descargado toda mi frustración amorosa en él.
-¿Te encuentras bien?- Me pregunto realmente preocupado, mientras se acomodaba el largo cabello castaño (que llevaba atado en una coleta a la nuca), en acto de nerviosismo. Por dentro me reí, el era bastante flaco y sin músculos, y de estatura era igual que yo…o era que yo estaba acostumbrada al cuerpo de Aioria…rayos, ese no era momento para pensar en él. Volví mi vista al chico.
-Estoy bien- Le sonreí, con algo de nerviosismo e intentando no parecer demasiado… demasiado Shaina para estas situaciones. Por que mi amiga si hubiese descargado su frustración y aquel chico ya estaría ocupando una camilla de hospital.
-Soy Ezekiah- Se presento y tomo mi mano dándome un apretón. Su voz era cálida, amistosa y reconfortante. Su sonrisa sincera logro arrancarme una a mi, mis labios comenzaron a curvarse de a poco.
-Soy Marín- Mi sonrisa; que pensé que se me había perdido esa mañana; seguía allí en mis labios…es que la situación me pareció media cómica, su preocupación por el daño que me podría haber echo era risible.
-Te invito un café, para resarcirme del golpe que te hice pegar- Me invito con una simpática sonrisa. Acepté, por que después de todo lo que me había sucedido esa mañana, necesitaba despejarme. Así que sin siquiera mirar hacia atrás, sin el pensamiento de que debía retornar al Santuario, tomé el brazo que aquel desconocido me ofrecía y me deje guiar por él. Ya nada importaba, que mas daba si le daba una oportunidad a un perfecto desconocido.
Fin Prologo.
* "Que Lloro" de Sin Bandera
