Capitulo II: "Cuando El Amor Se Confunde"
"Aioria…" Era una voz lejana y distorsionada, que llegaba a los oídos del león, pero este no prestaba atención; le parecía mas interesante el campo de pasto verde azulado, de arboles de copas rosadas y cielo lila. -Aioria…- La voz insistente continuaba llamando, pero eso no importaba, por que la mujer de cabellos rojos se alejaba cada vez más de él. -Aioria…- Esta vez volteó, pero lo único que vio fue una masa desforme azul…no le presto atención y fijo nuevamente su mirada en los ojos celestes que le decían adiós.
"Aioria…" Volteó y esta vez aparte de ver una masa disforme azul, vio un destello rojo y poco a poco, todo lo que lo rodeaba fue desapareciendo y el destello se fue convirtiendo en una uña afilada roja… Aioria se despertó justo a tiempo, alejándose de un salto del ataque. Por que la masa azul, era el cabello de Milo y el destello rojo, su uña escarlata. Bien, aquello era peligro inminente. El león observó desde el otro lado del sofá (pues el salto lo había llevado bastante lejos), como Milo tenia el brazo enterrado hasta el hombro en el respaldo de su propia…por la diosa, si eso hubiese dado en su cabeza.
"¿Eres medio…retrasado?" La pregunta de Milo salió de sus labios, con un cierto deje de fastidio, mientras que de un solo tirón sacaba toda la longitud de su brazo del sofá. Sin duda alguna, el escorpión comenzaba a cansarse de las actitudes de su compañero de trabajo, ya ni se podía contar con él para nada. Le preocupaba, pero Milo de Escorpio nunca admitiría que el leoncito le preocupaba, jamás.
"¡Este es mi sofá favorito!" Protestó Aioria, sin prestar atención a la mirada asesina de Milo. Evidentemente el santo no se daba por aludido y solo seguía con la mirada clavada en su 'asesinado' sofá.
"Acaso… ¿Sabes que hora es?" Le preguntó con calma aparente apenas controlada, con una lentitud que asustaba un poco…, por que prácticamente mordió cada palabra. 'Respira Milo, respira' se decía mentalmente, mientras escuchaba la voz de su mujer retumbar en su mente, acerca de los concejos para reprimir las ansias asesinas. Ella tenia de esas, 50 veces al día y todas dirigidas a él.
"Emm…no" Aioria se restregó los ojos, hacia varios días que se dormía a altas horas de la noche, le era imposible conciliar el sueño. Afrodita le había recomendado un par de píldoras y Aldebaran ejercicio hasta morir. No le había hecho caso a ninguno.
"Son las dos de la tarde" Le remarcó, señalándole con los dedos el reloj que adornaba la pared.
"Casi me arrancas la cabeza y solo para decirme que son las dos de la tarde… ¡idiota!" Le grito molesto.
"A ver… te voy a contar un cuento…" Le dijo Milo, un poco cínico…más bien, rayando en la locura. Se cruzó de brazos y comenzó a hablar "Había una vez, un tipo muy apuesto, que tenia un amigo peludo y incumplidor. Resulta que el peludo le pidió al tipo apuesto de entrenar y como el tipo apuesto es muy bueno, accedió…"
"Ehhh…Milo…" Aioria se acordó de lo que le había prometido y miro a Milo con cierto temor…
"No, no, no, espera… déjame terminar" Sonrio con cinismo "A las once de la mañana se encontrarían, estos dos buenos amigos… pero el peludin no apareció y el tipo apuesto se preocupo, por que espero durante tres horas…"
"Yo…eh, Milo…" El león trato de explicar el porque de su incumplimiento, ya temeroso por su vida.
"Para, déjame terminar. El tipo guapo, ¿sabes lo que tuvo que hacer para poder entrenar con su amigo?" Pregunto, el otro negó con la cabeza "Tuvo que pedirle a su mujer que lo cubriese en el trabajo, llevándose consigo a los niños, mas el tercero que lo lleva dentro y ella esta con vómitos…"
"Perdón, perdón, no fue mi intención"
"¡Pedazo… pedazo de mierda!" Estalló Milo "Hoy por tu culpa, de seguro duermo en el sofá" Por que cuando Ariadna se enojaba… no existían palabras para describir el terror que su mujer le causaba en esas situaciones.
"Es que ayer no podía dormirme y me puse a golpear al muñeco…" Señaló lo que hasta poco tiempo atrás, había sido un muñeco y ahora era jirones de tela y goma espuma "…y termine cansado…me dormí a las cinco de la mañana" Susurró bajo la aterradora mirada de Milo.
"Lisandro y Lorelei son dos pequeños demonios, Ariadna esta embarazada y tratando de cuidar de mis dos hijos que fueron posesionados por los peores demonios del Hades… y ademas, llevar las cuentas del bar…" Suspiró para tranquilizarse.
Aioria sintió pena por su amigo… el carácter de Ariadna era bastante fuerte (A Milo le había costado bastante conquistarla) y los niños; el mayor de dos años y la menor de un año; eran dos demonios… no como los gemelos de Saga, pero eran terribles.
Un destello cruzo los ojos del escorpión "¿Sabes?" Le sonrió "Vi algo interesante ayer"
"¿Ah, si?" Pregunto él con inocencia, olvidándose de lo vengativo que podía llegar a ser Milo.
"Vi a Marin y a su novio… ¿Lo conocías?" Se cruzo de brazos, disfrutando de los cambios de expresión de su amigo.
"Ah…si…" Pronunció, mientras se mordía el labio.
"Él es bastante…umm, como decirlo" Pensó "¡Ah, sí! Es insulso"
"…Interesante descripción"
"Parece bastante afectuoso, ayer lo vi abrazando y besándola casi hasta asfixiarla…"
"Acaso no tienes nada que hacer" Le dijo irritado.
"Perdón, no quise molestarte. Pero me pone feliz que 'alguien' se de cuanta de lo que Marin vale, ¿no crees?" Le preguntó mirándolo de reojo.
"Tengo cosas que hacer, por que no te vas"
"Sí, sí, ya te dejo seguir durmiendo" Le sonrió "¡Ah! Dos cositas mas: Camus dice que si te cruza por el camino, te va a convertir en el primer helado con gusto a gato, no deberías haberlo dejado plantado, y Saga, tu socio, se esta volviendo loco con los papeleo de la empresa que ambos tienen… deberías darle una mano, hace un mes que él se encarga de todo"
"¿Terminaste?"
"Creo que sí… ya me siento mejor" Sonrió "Adiós gatito" Milo se marchó sonriendo, por que, en cierta manera, había calmado sus ansias de venganza.
"¡Pero a quien carajo le importa ese retrasado mental que parece una escoba y hermano gemelo de una comadreja!" Inspiración profunda por parte del gatito, ya que había dicho todo eso sin respirar.
Se levantó y observo con tristeza su bonito sofá… que desencajaba por completo en el gimnasio.
Cerrando de un golpe la puerta del gimnasio, salio de este. Se daría una ducha para sacarse de encima los días de entrenamiento sin parar y noches de insomnio. Se tocó el mentón, le vendría bien afeitarse…estaba empezando a parecer un vagabundo.
En esas trivialidades iba pensando el león, cuando cruzo el pasillo principal de su casa (para llegar al cuarto de baños) y fue ahí cuando por el rabillo del ojo, observó que algo se acercaba a él a gran velocidad…y ese 'algo', termino embistiéndolo.
"¡Aya!" Se quejo Aioria, que termino tirado de espaldas contra el empedrado de su pasillo.
"Aioria…"
Escuchó que el bulto que se encontraba arriba de él se quejaba. Al abrir los ojos, se encontró con el rostro de Marin, cubierto por su roja cabellera.
"¿Estabas apurada?" Le preguntó él con voz trémula… ¿por que sintió que las pequeñas manos que se apoyaban en su pecho le quemaban a través de la camiseta? otra vez estaba sintiendo lo mismo y era justo por esa razón por la cual había dejado de entrenar con ella, por que tocarla lo hacia sentir incomodo de una manera inexplicable…, inexplicablemente agradable.
"Yo…, sí" Marin se mordió la lengua para no comenzar a reír como una histérica, por que estaba nerviosa y agradeció llevar la mascara puesta… por que estar acostada sobre ese cuerpo masculino haría enrojecer a cualquier mujer. En ese momento, el olor que Aioria emanaba, para Marin era aroma de jazmines y el aspecto abandonado de este, era una obra digna de ser retratada. Indudablemente era cierto el dicho 'El amor era: Ciego, sordo y mudo' … y sin olfato
"…" Sin encontrar palabras que decir, Airoia solo atino a quitarle la mascara a la pelirroja.
"No…, Aioria, no me saques la mascara" Intentó levantarse, pero el gatito apoyo una mano en su espalda y la retuvo contra él, y con la otra mano le quito la mascara, tirándola hacia atrás y en el silencioso templo retumbo el sonido metálico de la mascara al chocar contra el suelo.
Marin desvió los ojos, avergonzada por la reacción de sus hormonas que la hacían enrojecer y se sobresaltó cuando sintió un dedo rozar su mejilla. Con los ojos agrandados, miro a Aiora.
"Estas colorada, pelirroja" Le dijo, mientras deslizaba su dedo de una mejilla a la otra, pasando por el puente de la nariz "No deberías de correr tan deprisa" La mano que retenía a la pelirroja, comenzó a moverse inconscientemente por la espalda de la amazona y a recorrerla con lentitud.
Marin se olvido por completo de por que estaba apurada y sobre todo de que tenia novio…, se olvido de que el hombre que le acariciaba la espalda una vez la había rechazado, alegando que era como una hermana para él. Se perdió en la profundidad de esos azules ojos, como solía hacerlo desde que lo conocía.
Y Aioria no pensaba, solo sentía… sentía que podría pasar su vida así…
"Ejem…"
Se escucho un carraspeo
"Veo que interrumpí"
La voz femenina le resulto bastante conocida a Aioria, para su desgracia.
Y fueron dos segundos, lo que tardaron los dos en ponerse a dos metros de distancia entre cada uno.
Aioria miro con un odio creciente a Ana.
"Chicos, hay lugares para hacer eso…, hacerlo en un pasillo puede ser muy excitante, si lo sabré yo…, pero pueden ser atrapados" Aconsejó con una sonrisa.
"¿Qué quieres?" Pregunto hosco, mientras le dedicaba una mirada poco amistosa. A Aioria no le gustaba que lo interrumpan y eso que la mayor parte del tiempo solía ser simpático. O un 'niño tonto' como Milo solía llamarle.
"Ayyy, minino, solo vine a verte" Le contestó haciendo un puchero, contoneando sus caderas mientras se acercaba a él e ignoraba a Marin por completo.
El Águila enarco ambas de sus cejas, perfectos arcos sobre sus ojos tapados por la mascara, la mueca de asombro quedaba velada por el metal. Al escuchar la voz había tardado dos segundos en colocarse su mascara, no tenia necesidad de que personas ajenas al Santuario observasen su rostro desnudo. En cuanto Ana se colgó del brazo de Aioria, Marin enarcó aun mas su ceja, tanto que su rostro estaba comenzando a doler. ¿Quién era esa mujer que se acercaba a él con tanto confianza? Y lo más importante ¿Por qué ella se sentía tan rabiosa en ese momento?
