Capitulo III: "Cuando El Amor Se Confunde" Parte 2

"Suéltame" Fue lo primero que salió de los labios del León, mientras miraba con fastidio a Ana.

"¿No harás las presentaciones? No conozco a tu amiga" A Ana le interesaba saber mas que había sucedido entre ellos dos, que el hecho de que las presentara. Los enredos amorosos eran su especialidad, hacia mucho tiempo que no se metía en el medio de uno y comenzaba a extrañarlo.

"Marin…" Aioria comenzó con la presentación, sintiéndose algo idiota.

"¡Ah, es ella…!" 'La que espiamos en la calle' estuvo a punto de decir, pero aioria le cubrió la mano con la boca, manchándose la palma con ese feo labial rojo.

"La chica de la que te conté, claro esta" Sonrió nervioso, por que si ella se llegaba a enterar que la habían perseguido y espiado, seria gato muerto. "ella es…¡AYY! ¿Por qué me mordiste?" Gritó mientras retiraba su mano y veía la marca de los pequeños dientes sobre su palma, para ser pequeña tenia una mandíbula fuerte.

"Soy Ana, la nueva amiga de Aioria" Le guiñó un ojo, haciendo caso omiso a Aioria y la mordida.

Las manos de Marin se convirtieron en dos pequeños puños, puños que eran capaces de destruir grandes rocas. Seiya lo sabia muy bien y de primera mano.

"¿Qué estas insinuando? No guiñes el ojo de esa manera" Aioria estaba asustado, no quería que Marin imaginase cosas que realmente no pasaban y no se dio cuenta que el Águila se estaba marchando a paso decidido.

"Tu amiga se fue" Le comentó Ana como si nada.

Aioria calló y miró el lugar que segundos antes había ocupado Marin. "Como no se va a ir, con las estupideces que estuviste diciendo. No eres mi amiga, ni siquiera te conozco" Le dijo de manera hosca.

"Por eso estas solo…" Suspiró la diosa encubierta. "Solo quería ayudarte a que la conquistes" comenzó a dar vueltas alrededor de Aioria, con sus manos entrelazadas detrás de su espalda y sus críticos ojos sobre el Santo.

"¿A conquistarla? ¿De que hablas?"

"De la pelirroja, no te hagas el tonto"

"No digas idioteces, Marin es solo mi amiga" Sonrió de manera incomoda. "Piensas muchas cosas ridículas"

"Por la Diosa, te sonrojaste, pero que adorable" Sonrió con picardía, ladeando el rostro.

"No es verdad" Dijo en tono serio, ya comenzando a cansarse. "Me iré a duchar" Dijo sin mas y se dio media vuelta, retomando su camino hacia el cuarto de baño.

Estando en la tranquilidad y soledad de su baño, Aiooria abrió el grifo de agua y dejo que la tina comenzase a llenarse. Tiró la ropa que llevaba puesta al suelo, estaba a punto de meterse dentro de la tina cuando la puerta se abrió de repente.

"¿Te enjabono la espalda?" Ana asomó la cabeza y preguntó solicita, una sonrisa bailaba en sus labios. Ni un segundo perdió y se dedicó a admirar ese trasero duro y musculoso.

"¿Pero que demonios? ¡Sal de aquí ya!" Pegó un salto y se tapó con lo primero que encontró, la cortina de baño.

"Me ofrezco como voluntaria, vamos no seas tan pudoroso" Sonrió mostrando una hilera de blancos y pequeños dientes, lo cual produjo un escalofrió en Aioria. "No es nada que no haya visto antes o bueno, quizás un poco mejor" Le guiñó un ojo.

"Puedo solo, gracias. Fuera"

"Que rudo que eres, con razón la pelirroja no te da ni la hora" Murmuró antes de cerrar la puerta.

Aioria se metió en la tina de un movimiento y se recostó en esta. Había tantas cosas en su cabeza, que no sabia por donde comenzar y la confusión no le ayudaba en lo absoluto.

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Marin corrió a toda velocidad, a la misma velocidad que iban sus pensamientos. Aioria estaba comportándose extraño, igual que antes y eso no le gustaba. La confundía y le molestaba a la vez, ella había decidido continuar con su vida luego del rechazo ¿Por qué volvía a sentir otra vez el vacío? Era tal la distracción que tenia, que no se dio cuenta que pisaba suelo del recinto principal y por un mal calculo, terminó chocando con una de las columnas de la puerta principal. Todo se puso negro y por un momento se alivio, por lo menos el desmayo la haría dejar de pensar.

"Creo que vuelve en si" Una voz masculina floto sobre la inconsciente amazona.

"¿Tu lo crees, querido?"

Marin abrió los ojos con lentitud, parpadeando varias veces e intentando enfocarlos en la dueña de aquella voz. "Te despertaste querida" Ana le sonrió. Se encontraba sentada a su lado, la amazona recostada en un sofá de la sala de estar del Recinto.

"Al parecer se recupero" Dijo el hombre rubio que se encontraba al lado de Ana, era alto y bastante apuesto. "Tiene un chichón en la frente"

"Tienes razón" Asintió Ana. "Te encontramos inconsciente y te trajimos aquí"

"¿Hace cuento?" Se tocó el rostro con cuidado, que en ese momento era lo que mas le dolía y notó que algo le faltaba. "¡¿Mi mascara?!" No fue un grito de terror, fue mas bien ira en aumento.

"Primero, hace una hora que estas así sin mascara y segundo, creo que tu mascara se arruino" Ana le paso su mascara, estaba abollada en la parte de la frente y la nariz, esa mascara que la había acompañado toda su vida. "Debió de doler, te la incrustaste en el rostro" Hizo una mueca de dolor, doblando sus labios. "¿Pobrecita, no Nicholas?"

Marin no creyó por un segundo aquella mueca de preocupación en la mujer.

"Si" Respondió el hombre, mientras enredaba un mechón de pelo rojizo en su dedo, Marin se aparto del hombre, de aquel tacto al cual no había dado permiso. Se sentía algo mareada y cuando se puso de pie a al velocidad, todo giro delante de sus ojos. Pero debía apartarse de esos dos lunáticos, no quería tenerlos cerca.

"¿No te sientes mareada?" Pregunto Ana con un tono de preocupación en su voz.

"No" Fue la respuesta seca de la amazona.

"Oh, igual de brusca que el gatito…" Murmuró la diosa encubierta en voz baja. "Si buscas a Saorita, esta en su cuarto esperando el te de las cinco, siempre tan educada ella" Afrodita se echo hacia atrás un mechón de cabello, de manera distraída y sin embargo calculada, como si hubiese practicado el gesto miles de veces.

"Gracias" Dubitativa, Marín se puso en pie y sin esperar mas, salió con rapidez hacia el cuarto de Atena.

"¿Es ella?" Preguntó Eros mientras miraba a su madre, había algo de curiosidad en su voz, mesclada con incredulidad. "Lo admito, es hermosa pero no tanto como tu, madre" Alabó mientras le besaba la mejilla y Afrodita sonreía complacida.

"Tenia razón, siempre la tengo hijo mío" Se alabó ella misma. "Pero esos dos son muy lentos y tu sabes cuanto me aburro, además de que no estaremos tanto tiempo aquí"

"Lo se madre" Tomó las manos de su madre y se las beso con cariño. Esos dos eran un dúo tenebroso, razón mas que evidente para que Atenea decidiese pasar encerrada mientras la estancia de sus 'parientes' duraba.

"Uff, el cuerpo de esta mujer a comenzado a rechazarme, su alma es fuerte y puja para expulsarme." Se quejó.

"Por supuesto que debe serlo, esta mujer engendrara tu próximo cuerpo, el que tu alma ocupara. Debe ser fuerte." Le dijo su hijo en tono casi preocupado, ya que el cuerpo que su madre usaba era solo temporal y con una misión, por que ese cuerpo daría a luz al receptor del alma de Afrodita,

"Solo me quedan 24 hs y volveré a mi cárcel, me aburro mucho encerrada allí. Fue tan divertido esa vez que atacaron el castillo y mis hijos rebeldes recibieron el castigo que merecían" Dijo con nostalgia, hablando de Deimos y Fobos, esa estúpida idea de sus hijos de luchar contra los santos dorados y su sobrinita.

"Madre querida, arreglaremos todo antes de que te marches, asi yo podre volver a casa con mi querida Psique" Eros extrañaba bastante a su esposa.

"Siempre dije que esa muchachita no era para ti" Dijo con ofuscación y aun no entendía como su hijo podía amar solo a una. Ella nunca podría entregar su corazón a un hombre solamente y para ser sinceros, le encantaba que muchos la adulen. Era bueno tener de donde elegir.

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Marin había llegado a la habitación de Saori, abriendo la puerta de sopetón y sobresaltando a Atena, que pensaba que la insoportable de su tía había vuelto y no tenia donde esconderse. Hasta había pensado en la opción de saltar por la ventana y que fuese lo que Zeus quisiese.

"Me asustaste" Se llevó la mano al corazón, mas calmada de que solo fuese su amazona.

"Perdón, no fue mi intención, solo venia escapando de … de sus amables invitados" Dijo intentando parecer tranquila. "Vengo a avisarle que la señorita Annabella ya ha llegado y se dirige con su padre hacia la recamara principal"

"¡Que bien! Bella ha llegado" Exclamó contenta la diosa al saber que su amiga estaría por llegar.

"Me retiro, con su permiso"

"Espera… ¿No deseas tomar el te conmigo¿" La invito Saori, sorprendiendo a Marin que acepto a la petición. Atena había cambiado y eso era algo que seguía sorprendiendo a todos. Y la culpa de cierta manera, era de Seiya. 4 años atrás se le había declarado a Saori (algo que casi provoca una embolia a Marin) y la diosa con el discurso de 'Somos de niveles diferentes', provocó tanto al Pegaso que termino estallando. Seiya después de decirle de todo, se marcho del santuario para no volver y cumplió al pie de la letra su palabra. Hacia 4 años que se encontraba en Japón. Sin duda alguna vivir en el santuario, era recibir sorpresa tras sorpresa, nunca te aburrías.

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Aioria inspiró hondo y exhaló con lentitud, luego tocó la puerta de la oficina de Saga. Un hosco 'Entra' se escuchó desde adentro y el león con algo de miedo, entró.

"Saga" La voz de Aioria salió baja, mientras observaba a Saga sentado detrás de su escritorio, con una pila de papeles e informes que le tapaban el rostro.

"El fin del mundo debe estar cerca, si al fin decidiste aparecer" Dijo con ironía y dejo su lapicera sobre el escritorio.

"Perdón, al parecer le falle a mas personas de las que pensaba" Se disculpó, acercándose con cautela. Saga solía tener las reacciones mas extrañas e impredecibles.

"Me lo han contado todo. Mira, este no es solo mi trabajo, también es el tuyo. Tengo 32 años, soy joven aun y me gustaría pasar tiempo con mi familia" El tono cansado de su voz alarmo un poco a Aioria y lo hizo sentir mas culpable. "Siéntate ¿o pretendes crecer mas? Quedándote ahí parado como un árbol" Le señaló la silla con un dedo y un gesto adusto cruzando por su rostro.

"Gracias y no, no quiero ser mas alto" Sacó varias carpetas de la silla y se sentó.

"¿Quieres café?"

"No, gracias" Declinó la oferta, aunque aun seguía bastante dormido.

"Perfecto, por que Core no esta y yo no tengo ganas de hacer café" Le dijo con una sonrisa cansada. "Dentro de dos semanas llega un comprador, quiere llevarse dos de nuestros mejores sementales y es un muy buen negocio" Leía los papeles que tenia delante, el trabajo era duro pero daba sus recompensas.

"Es perfecto"

"Si, pero hay un problema, el señor Franco es un religioso casi extremista y cuando se entero que Core se caso conmigo ya estando embarazada… Digamos que no le caigo tan bien como al principio, un idiota si me preguntas" Movió su mano, como deshaciéndose de pensamientos homicidas hacia Franco.

Aioria observaba a Saga, se lo veía cansado, muy cansado y eso lo hizo sentir tan culpable. Era casi asombroso como Saga había ido cambiando a lo largo de los años, era el mismo tipo serio e irónico de siempre, pero mas accesible que antes. Core tenia que ver con eso asumía. Ese reencuentro cuatro años atrás los había cambiado a ambos, era algo positivo que todo el santuario agradecía. Ahora aparte de ser empresario (dedicarse a otra cosa mas que entrenar, ya que rea tiempo de paz) y santo dorado, también era padre de familia. Realmente había llegado a admirar mucho a ese hombre que estaba sentado delante de él.

"… me entere que Marin tiene novio" Las palabras del geminiano se fueron filtrando en el cerebro de Aioria, con lentitud y a la lejanía. Lo miró con el ceño levemente fruncido, Saga le había dejado de agradar.

"Ah si, que interesante" El tono 'no me interesa' era demasiado evidente.

"Me lo conto Core, yo no lo he visto. Aunque soy de los que piensan que Marin debería estar con un hombre que este a su altura ¿Tu que crees?" Le dedicó una mirada significativa a Aioria y este rechinó los dientes. Saga y Milo se odiaban prácticamente, pero habían hecho una tregua para complotar en su contra. Y eso era mucho decir, por que esos dos santos no podían estar juntos en una habitación, sin querer matarse. "Pero bueno, dudo que ella sea de las que esperan toda la vida por alguien, ya tiene edad para formar familia y quizás lo haga" Acomodó unos papeles distraído. "¿No crees? Asumo que te alegra, después de todo es tu mejor amiga" La ironía de aquellas palabras molesto a Aioria, la vena en su frente latía cada vez mas fuerte.

"Que elocuente y filosofo que te levantaste esta mañana" Murmuró y el leve movimiento en la comisura de Saga, le indico que estaba a punto de reírse.

"¡Papá, papá!" Dos pequeños huracanes interrumpieron en la oficina y si no hubiese sido por eso, Saga hubiese echado de menos un par de dientes. Los niños se acercaron a su padre y se treparon hasta quedar sobre su regazo.

"Que rápido llegaron" Saga sonreía a sus gemelos.

"¡Siiiiii!" Gritó Dante, sonriendo mucho y dejando parcialmente sordo a Saga.

"Dan, no grites" Le susurró Lucien, poniéndose un dedo en los labios. El mayor de los gemelos parecía ser el mas centrado de los dos, aunque eso le duraba dos minutos.

"¿A dónde los llevo mamá?" Core se había llevado a los niños bien temprano ese día.

"Fuimos a vel a la tía Ali" Explicó Lucien, con aquella particularidad de perderse con la R.

"…los llevo al bar" Dijo sin poder creerlo, por que él bien sabia que Ariadna estaba en el bar supliendo a Milo.

"Shhh, pa, no glites" Dante apoyó su manito en la boca de Saga. "La tía taba nojada" Le contó con seriedad.

Aioria tragó saliva, Milo iba a matarlo.

"Jugamos con Li y Loly"

"Es Rory" Le corrigió Dante a Lucien. Rory era la hija menor de Milo, Lorelei.

"No me importa" Lucien se encogió de hombros.

"Lu hizo llorar a Rory" Dante no tuvo problemas en delatar a su hermano.

Aioria observó la escena con un poco de celos. Los niños de tres años idénticos a Saga, salvo por el cabello (que era de un color miel como el de su madre), sentados sobre el regazo de Saga, el cual escuchaba las diatribas de sus hijos con diversión. Y Aioria sintió que él también quería algo así.

"¿Tío?" Lucien recién notaba la presencia de Aioria en la habitación.

"Tío Ai" Dante se bajo del regazo de su padre y junto a su gemelo, se treparon para quedar sentados casi parados, sobre el regazo de Aioria. "Vimos a la tía Lin"

"¿Y como estaba?"

"Bonita" Le respondió Dante, el futuro casanova del santuario. Aioria sonrio complacido ante la respuesta y no se dio cuenta de la media sonrisa que cubria el rostro de Saga. El rostro de Aioria había cambiado por completo al escuchar en nombre de la amazona.

"Y la tía…" Comenzó Dante.

"… estaba con la coba" Concluyó Lucien.

"Escoba, Lu" Le corrigió Dante.

Enojado Lucien de que su hermano lo corrigiese, le tiro con fuerza del cabello.

"Lucien, no" Lo regaño Saga con aquella voz grave.

"¿Con la escoba, estaba barriendo?" Aquello se le hacia de los mas raro, nunca había visto barrer a Marin.

"No" Dijeron al unisono los gemelos.

"Creo que hablan del novio de Marin" Le explicó Saga, mientras se acomodaba en su sillón, bastante divertido con toda la situación.

"Es feo" Dijo Dante.

"Y flaco" Acotó Lucien.

"Parece un duende" Dante estaba ofuscado.

Alegre por la descripción que le estaban dando de la comadreja, Aioria pregunto con una sonrisa "¿Por qué lo odian?"

Y justo entraba Core por la puerta, a tiempo para escuchar la respuesta de sus hijos y querer morir.

"Por que tía Lin…" Comenzó Lucien, para que su hermano acabara con la oración. "Es la novia del tío Aiolia"

Saga y Core se miraron, asombrados ante la inocencia suspicaz de sus hijos.

"Eh… Dan, Lu… por que no dejan que el tio se levante" Dubitativa, Core se acercó a Aioria y miró a sus hijos. Aioria parecía haberse quedado helado.

"¡Aioria, espabila!" Saga chasqueó los dedos delante de él.

"Tío" Dijeron los gemelos, pellizcando las mejillas de Aioria,

"Creo que debo irme" Susurró con la mirada perdida, bajo a los niños al suelo y paso como una sombra por al lado de Core.

"Ma ¿el tío esta nojado?" Preguntó el menor, tirando de la falda de Core para llamar su atención.

"No, solo creo que se dio cuenta de algo, no te preocupes hijo" Le sonrió.

"¡Pa!" Dante corrió hacia Saga. "Quiero helado" Fue la exigencia en su voz la que hizo reír a Core.

"Yo también" Secundó Lucien, como todo niño normal, ya se había olvidado por completo de el tío Aioria.

"Sí, yo también quiero, de cereza" Dijo el geminiano pensativo.

"¡Chocolate y manzana!" Gritaron los gemelos.

"Con mucha salsa de chocolate" Les sonrió a sus hijos, para luego mirar a su mujer con una sonrisa. Pero Core estaba blanca como una hoja. "¿Te sientes bien?" Se acercó a ella con preocupación.

"Saga…" Dijo con voz temblorosa.

"Pequeña, estas muy pálida…"

Saga no pudo seguir, por que Core hizo dos movimientos y un espasmo, para luego vomitar todo el almuerzo sobre Saga.

Saga se quedo petrificado, mientras los gemelos se morían de la risa y Core pedía perdón. Resignado a la vida de familia.

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Aioria caminaba distraído, casi sin pensar en lo que realmente debía: Su trabajo y no volver a dejar a Saga solo con todo. Pero su cabeza estaba llena de otras cosas, no hacia mas que pensar en Marin y era algo que comenzaba a asustarle. No entendía que le sucedía y sin lugar a duda, no sabia como solucionarlo.