Capitulo IV: "Lo que decimos a veces no es lo que sentimos"

Aioria caminaba de regreso a su templo, bastante arrepentido de haber abierto los ojos ese día y haber salido de la cama. Solo deseaba llegar a su casa para patear algunas cosas y descargarse, ni siquiera se molestaría en cenar.

Por el otro extremo de la escalera, Marin estaba subiendo casi igual de abstraída en sus pensamientos que el caballero dorado. Había pasado una tarde horrible, dos horas con Saori y su caprichosa e hiper molesta de su amiga. Por los dioses, que mujer mas odiosa, le ganaba a su diosa por mucho. Pero eso no había sido todo, la gota que derramo el vaso, había sido la presencia de Ezequiel en el recinto principal con un ramo de rosas en su mano, a sabiendas que ella odiaba las rosas y mas que nada las rojas. Una parte de su cerebro entendía que era una manera de disculparse por lo sucedido, pero Marin seguía demasiado enojada como para procesarlo y no le perdonaría sus palabras. 'Tu no tienes personalidad para estar aquí, ven conmigo y deja todo esto de ser amazona. Es algo muy rudo y eso son cosas de hombres', cada vez que recordaba aquellas palabras la ira la invadía. Prácticamente le había pedido que renunciara a su vida, a sus ideales y él no entendía la magnitud de lo que le estaba pidiendo.

Para ser una amazona entrenada y caballero de plata, últimamente andaba con los sentidos bastante apagados. El choque la tomo por sorpresa, al ir ambos corriendo casi a la misma velocidad y en direcciones opuestas, ambos terminaron en el suelo un golpe que retumbo todo el cuerpo de ambos. Aioria termino rodando un par de escalones hacia abajo, su trasero no le agradeció el golpe.

"¡Lo que faltaba!" Exclamó irritado, irritación que mermo un poco al ver a Marin.

"Perdon"

"No, yo también iba apurado" Una disculpa escueta, sintiéndose algo avergonzado por su arranque de ira repentino.

"Es que vengo pensando en Eze y …" Comenzó con su explicación.

"Creo que deberías prestar mas atención por donde vas" Aioria corto secamente las palabras de Marin.

"Te acabo de pedir perdón" Dijo ella algo extrañada por el comportamiento de él.

"Sabes, si no ves con la mascara quizás deberías considerar no usarla mas" Estiró la mano y le quitó la mascara, para tirarla con brusquedad al suelo. El pedazo de metal dio un par de vueltas y cayo tres escalones mas abajo.

"¡Aioria!" El grito de Marin fue de ira contenida, sin entender que demonios le sucedia.

"Vas distraída, obstaculizando el camino de todos" Aquellas palabras en voz neutral parecían casi un grito de rabia. Las palabras que Milo le habia dicho esa tarde aparecieron en su cabeza, pensar en ella junto a la comadreja. Le irritaba y enojaba demasiado como para ocultarlo. "Quizas deberías reconsiderar irte, por que no estas comprometida con la causa, tus ideales son otros ahora. No se, quizás una familia y una casita en la pradera" Dijo en tono ironico, sus ojos tan abiertos y una mirada herida. Pero Marion no se percato de esto ultimo, por que esas palabras habían logrado lastimarla.

"¿Qué te sucede?" Su voz tembló.

"Me sucede que no soporto las banalidades. Si no puedes con tu parte del trabajo, es mejor que te vayas" Le dio la espalda. "Dudo que me escuches, ya que ni parezco importarte" Sus ultimas palabras fueron inaudibles para la amazona, por que Aioria había comenzado a bajar las escaleras apresurado y sin voltear.

"Por la Diosa ¿Qué te sucede?" Se quedo observando la espalda de Aioria mientras este se alejaba. "Ya no te preocupes, no me volveré a cruzar por tu camino" Su voz flaqueo, pero se negó a llorar, ya no quería llorar por algo que no valía la pena.

Aioria supo que la había herido y haber dicho todo aquello no lo hacia sentir bien. Al girarse solo pudo ver la imagen borrosa de Marin alejarse, la espalda de la amazona recta y decidida mientras subía por las escaleras. "No se que demonios me sucede" Fueron las ultimas palabras que dijo con tono frustrado, mientras siguió camino a su templo.