Capítulo 2: El Trío K

Días después de la tragedia en Bhaar y la pérdida de Sara, el rey de Cornelia decidió dejar esas tierras desiertas. No fueron adueñadas pues Alexandría tampoco las quería, se le hacía indiferente. De todas formas, ese territorio estaba bajo Cornelia. Si Pravoca quería hacerse con él, tenía que comprarlo o conquistarlo. Pravoca pudo haber probado esa segunda opción ya que lucía un poderoso ejército naval, pero no le interesaba entrar en guerra además que los Alexandrinos

podrían estar al acecho.

A pesar de la aplastante victoria de los cornelialexandrinos, la reina Brahne de Alexandría no levantaba ánimos. Se abanicaba con un soplillo mientras observaba, desde el balcón de su cámara, su ciudad con cara de asco. Aburrida, llamó a tres de sus bufones, pero no precisamente a alegrarle el día.

–¡Korvan, Keven, Karv! –gritó la reina.

Los tres bufones se exaltaron del susto y se dirigieron a paso leve a los aposentos de Brahne con un temblor en las piernas.

–Ay madre mía... ¡AY MADRE MÍA! ¿Habéis oído ese agonizante chillido de la reina? Seguro que nos va a despedir por el número de ayer! Lo veo venir, no salió bien, nuestro castigo será terrible... ¡SERÁ TERRIBLE! –Anunció uno de los tres. Portaba una máscara con una expresión triste, una túnica ancha adornada con un estampado de rombos amarillos y un sombrero de tres picos a juego con la vestimenta. Los tres vestían de la misma manera, solo se les diferenciaba por el color y la máscara, que este, venía siendo el "Bufón de la tragedia".

–No quiero asustarte, Karv... pero dicen que la reina castiga a sus hombres... ¡HACIÉNDOLOS DE APERITIVO! ¡POR ESO ESTÁ TAN GORDA! –exclamó el bufón de su izquierda entre carcajadas al acabar la frase intentando parar de reír. Éste llevaba un conjunto rombos verdes una máscara con un rostro alegre que mostraba una sonrisa de oreja a oreja. Se le conocía como el "Bufón de la comedia".

–¡AY! ¡NO QUIERO HACERLE DE POLLO FRITO A LA REINA! ¡AYYYYYY! –dijo Karv sacudiendo los brazos arriba y abajo nervioso y desesperado a punto de romper a llorar.

–Keven, no le hagas entrar más pánico del que tiene. Será mejor que nos demos prisa, no vaya a ser que se enfade –interceptó el último de los tres, un bufón con un estampado negros rombos pero una máscara sin sentimientos que mostrar, tan solo se mostraba dibujada unos serios entre serios y alegres, le llamaban el "Bufón del melodrama" o, simplemente, "Neutro".

Llegaron a la cámara de la reina que les esperaba refunfuñando y apretando fuerte el soplillo que empezaba a crujir.

–¡AY! –dejó escapar Karv temiendo ser devorado y se escondió detrás

de la túnica de Keven quién tuvo que aguantarse la risa con los mofletes hinchados y apunto de soltar una lágrima.

–Pensé que vuestras actuaciones me harían mejorar mi estado de ánimo... ¡Pero es veros y deprimirme! ¡Aún no se como diantres os habéis alzado con el título de bufones de la reina! –enfurecida, acabó rompiendo el soplillo. –Además es que no dais ni una en las misiones... –se acercó a ellos y los agarró violentamente a los tres del cuello de a túnica con una sola mano. –Un solo fallo más y os haré comida de chocobo con mis propias manos!

–¿De chocobo? Vaya, parece que se está tomando en serio la diet... –antes de terminar la frase, recibió un rodillazo de Korvan en la entrepierna.

–¡¿CÓMO DICES?!

–Q-QUE HARÉ LO QUE NOS PIDAS -tartamudeó nervioso.

–Hmmm... –los soltó y cayeron de culo al suelo. –¡Ton, Son!

Dos enanos bufones con un parentesco familiar a un par de elfos y equipados con un sombrero de tres picos con cascabeles en cada punta y una túnica azul-blanca y roja-blanca con unas mangas enormes, entraron al escucharla.

–¿Nos ha llamado, pífate? –se adelantó Ton, el bufón de la túnica azul-blanca.

–¿Qué desea, páfate? –siguió su compañero, Son.

–He enviado una carta al rey Arthur Kolka Tawantyn diciéndole que tres de mis bufones iban a embarcar hacia Rebena Te Ra para ayudarle en el aumento de población pues la transición democrática es... digamos que nula, solo se hallan la familia real, el ejército y un 5% de población de la que tiene Alexandria. Así que he pensado que una gran festival captaría la atención de la gente.

–¿Rebena Te Ra despoblada? ¿Que es lo que ha ocurrido, pífate?

–Hay una ciudad en ruinas llamada Ciudad Vieja que conecta con Rebena Te Ra y en ella está llena de peligrosos monstruos que asaltaban la ciudad vecina con frecuencia. La población no podía vivir con ese miedo y emigró a pequeñas aldeas a varios kilómetros de la ciudad del reino. Durante muchos años, Arthur junto a su ejército ha estado luchando para limpiar esa ciudad de monstruos y, finalmente, todos sus esfuerzos dieron su fruto, pero pudo observar que la ciudad había quedado desierta. Si les ayudamos con esto, se podría firmar un pacto de unión entre Alexandría y Rebena Te Ra y así tener un imperio más poderoso.

–¡Qué brillante idea, páfate!

–¡Vuestra amabilidad e inteligencia nunca deja de deslumbrarme, pífate!

Keven observó a ese par de bufones con despreció y apartó la mirada, "pelotas" pensó. Era una perfecta idea, una unificación para poder expandir el territorio Alexandrino después de un par de años de sequía, pero en cuanto a esta misión que la reina les había mandado, había algo que no le cuadraba a Korvan.

–Pero reina, vos dijo que envió una carta al rey Arthur diciéndole que enviaríais tres bufones, sin embargo, el número de bufones en esta sala alcanza a los que vos queréis mandar. ¿A cuáles de los tres elegiréis para ello?

–Por favor, Korvan, está claro que nos va a escoger a nosotros, ¡El Trío K! –quiso responder Keven por Brahne.

–Cierra la boca, payaso de pacotilla –mandó a callar la reina. –Esta es una misión demasiado importante como para que me la fastidiéis. Lo he decidido y los tres serán Ton, Son y Korvan de relleno.

Karv se echó a llorar otra vez y se sonó la nariz con la túnica de Keven y este se reservó el enfado para cuando saliesen de la cámara de la reina.

–¿Y por qué a Korvan y no a Keven o a mí? ¿Qué tiene Korvan que no tengamos nosotros? –dijo con el rostro lleno de lágrimas y mocos.

–Korvan a diferencia de vosotros, gana un salario mayor que el vuestro gracias a su dedicación y seriedad por su trabajo, y no me sentía a gusto mandando tan solo a Ton y a Son –dio media vuelta y sacó un abanico dorado. –¡Basta de preguntas! ¡Ahora largo de mis aposentos! La embarcación será mañana a las diez en punto. Iros a preparar para el viaje antes de que os eche a patadas.

Los cinco bufones salieron por patas, ver a la reina enfadada sería lo

último que verían sus ojos. Ton y Son, a pesar de su estatura, se encararon a los otros tres, mofándose de ellos.

–Vaya, vaya, me da que dos se van a quedar con las ganas de salir del reino, pífate.

–"Pensé que vuestras actuaciones me harían mejorar mi estado de ánimo... ¡Pero es veros y deprimirme!" ¿Es que no has escuchado a la reina, páfate? –añadió intentando imitar la voz de Brahne burlándose también.

–Grrrrr... ¡Malditos seáis! –exclamó Keven y, poseído por la furia y la rabia, se lanzó hacia ellos pero Karv y Korvan lo agarraron fuerte intentando calmarlo. –¡Os vais a enterar cuando os pille! ¡Os voy a hacer a trozos! ¡Más os vale ir con cuidado al cruzar la calle!

–¡No Keven! ¡No lo hagas, por favor! Como la reina se entere de que atacamos a sus favoritos... ¡No quiero acabar en su estómago!

–¡Keven! ¡Basta ya!

Ton se llevó la mano a la boca y bostezó simulando cansancio.

–Qué aburrimiento, pífate.

–Ahora entiendo por qué la reina quiere despedirlos, dan más pena que el Batallón Pluto, páfate.

Ambos se despidieron a paso leve por el enorme pasillo hasta desaparecer de sus vistas.

–Anda, vayamos a la taberna a tomar algo como despedida –dijo Korvan con un tono relajado y Keven y Karv asintieron.

Llegaron a la taberna y se sentaron en una mesa redonda a una esquina

del local. Pidieron tres birras y tres patas de mu rebozadas, una comida muy clásica de aquella taberna y la más deliciosa.

–¡Tío! ¡Te vas a Rebena Te Ra! Que suerte tienes, cabrón. Se dice que esa ciudad es conocida por su nivel de alquimia, pocas ciudades tienen un nivel tan alto aunque esta esté actualmente desierta.

–Lo sé, pero de suerte nada que se supone que voy ahí a hacer el payaso con los dos enanos esos, nunca mejor dicho.

–Bueno, pero más te vale que me traigas un regalito de ahí.

–K-K-Korvan... prométeme que vas a volver... tienes que volver porque si no... que va a ser de nosotros... AYYYYYY... –dijo Karv uniéndose en la conversación.

–No sé tú, pero si Korvan no vuelve no voy a quedarme solo contigo, solo me faltaba tener que hacerte de canguro cada día aguantando tus llantos a solas sin poder compartir el sufrimiento que es estar contigo con Korvan.

–¿¡K-K-KEVEN!? –su expresión lo decía todo, estaba a punto de romper a llorar de nuevo.

–Keven, te has pasado con el pobre Karv –añadió escondiendo una leve risa bajo la máscara.

–¡Si sabes que te lo digo en broma, Karv! ¿De quién me iba a reír si no? –estalló a carcajadas pegando una serie de palmadas al hombro del triste bufón.

Korvan y Keven no podían contener la risa en cambio Karv lloraba indignado interpretando que se reían de él y lo trataban como un crío. Pocas veces se le sentía reír al bufón del melodrama, aunque siempre escondía esa diversión bajo su máscara normalmente era serio y sabía razonar con mucha cabeza. Era el más maduro de los tres, quien se hacía cargo de Karv cuando estaba triste por mucho que lo estuviese y de parar a Korvan cuando iba a meter la pata y corregirlo.

Ya era de noche, se acercaba la hora de volver al castillo a sus respectivas habitaciones cuyas aún se preguntaban cómo se les habían otorgado. Llegaron y Korvan se despidió finalmente pues tenía que

madrugar y sabía que los otros dos, con lo irresponsables que eran, se irían a quedar dormidos.

–Bueno chicos, me voy a dormir. Estoy cansado y mañana madrugo.

–¡TE VOY A ECHAR MUCHO DE MENOS! –volvió a sonarse en la túnica de Keven.

"Ya van dos" pensó el divertido bufón que se estaba volviendo una furia en silencio.

–Shhhhhhhhhh no grites que es tarde.

–Ey, mañana por la mañana iremos al puerto a despedirnos.

–No me voy a la guerra, chicos, tranquilos.

De una vez por todas se dieron las buenas noches y se marcharon a sus cuartos. Keven y Korvan se quedaron roque en cuestión de segundos, pero Karv no lograba dormirse, una inquietud rodeaba su cuerpo y le impedía cerrar los ojos. Así que sin que nadie lo viera, dio un paseo por los pasillos.

–Sé que Korvan estará fuera unos días... pero al lado de Ton y Son no me fío ni un pelo...

Un fino rayo de luz se escapa de los aposentos de la reina, captó su atención y decidió acercarse con valentía. Dentro se escuchaban unas voces, parecía una conversación de alto secreto. Echó un ojo para ver quiénes eran aunque sus voces ya las tenía más que oídas.

–¿Ton? ¿Son? ¿Qué diantres hacen estos aquí? Será mejor que avise a Keven –dio marcha atrás y se dirigió corriendo de puntillas hasta llegar a su habitación.

Lo zarandeó con fuerza hasta lograr despertarlo.

–¿YA ES DE DÍA? NO ME DIGAS QUE KORVAN HA EMBARCADO YA.

–SHHHHHHHHHH baja la voz... Aún es de noche, tienes que ver esto –lo cogió de la mano y se lo llevó tras levantarlo de golpe.

–Karv, son las tres de la mañana, espero que me des una buena razón para despertarme antes de que te mate.

–Mira esto...

Ambos miraron a través de ese pequeño espacio entre la puerta y la pared y se pusieron atentos ante esa charla.

–Que parezca un accidente.

–¿Así que solo tenemos que matar al rey Arthur, pífate?

–¿Matar al rey Arthur? ¿Tan solo eso, páfate?

–Exacto, nadie más tiene que saberlo.

Al oír eso, se sobresaltaron ¿Por qué querían matar al rey?

–Una vez matemos al rey y todo su ejército, Cornelia será nuestro objetivo y nos haremos con el Imperio más grande y más aterrador.

Keven y Karv no se lo podían creer ¿Luego ir a por Cornelia? ¿Por qué? Después de hacer un pacto de unión, ¿Por qué esta traición? Keven no pudo contenerse y de un acto reflejo, rompió la puerta de una patada.

–¿¡PERO CÓMO OSÁIS HACER TAL COSA!?

–K-K-K-KEVEN ¿P-P-PERO QUÉ HACES? –dijo Karv con el corazón que se le salía por la boca.

–¡ATRAPADLOS! –ordenó la reina a Ton, Son y a los guardias más cercanos.

No les tocó más remedio que huir, no podían enfrentarse a ellos, eran demasiados hombres. En un momento inesperado, los rodearon y cada guardia puso el filo de su espada en el cuello de cada bufón. Nadie dijo que escaparse del castillo sería fácil, pero no imposible. Keven dejo ir una esfera que tenía en la mano y al caer al suelo provocó una gran nube de humo que usaron para evadir de ahí. Cada vez estaban más cerca, ya podían ver la salida pero dos soldados se interpusieron en su camino. Era el turno de Karv. De su túnica sacó dos mazas de malabaristas que al lanzarlas hacia ellos, explotaron y así, la puerta fue derribada también dos Chocobos "prestados" del establo y pusieron rumbo a Cornelia pues a Rebena Te Ra solo se podía llegar por mar e iban en contrarreloj. Tenían que informar a la ciudad antes que fuera demasiado tarde.

A la mañana siguiente, el castillo estaba limpio y ordenado a pesar de todo lo ocurrido. La reina pensó que Korvan podría llegar a sospechar pues sabía que su astucia no se podía subestimar. Una vez preparados los tres bufones para la misión, pusieron rumbo al puerto con una decena de soldados y subieron a la nave. Desde el barco se podía ver como centenas de alexandrinos se despedían alzando la mano bien alta. "¿Dónde están Keven y Karv...? Se habrán quedado dormidos los pobres" pensó Korvan. Sonó la bocina de barco y zarpó hacia Rebena Te Ra. La enorme nave empezó a surcar los mares. El Neutro camino hacia la proa con total serenidad y se paró en seco al observar un grupo de gaviotas que volaban por encima de ellos y al momento, se quitó la máscara para dejar que la brisa le acariciara el rostro. Iba a ser un largo viaje, así que se relajó ahora que podía aprovechando que estaba fuera de servicio.

Final del segundo capítulo.

Nota del autor: En este capítulo no he añadido acción pues me la quiero reservar para el siguiente fic y que corra un poco la intriga.