El viaje.
Disclaimer: Ni Satr Trek ni "El principito" son de mi propiedad.
La mujer de negocios
(XIII)
El cuarto planeta era el del hombre de negocios. El hombre estaba tan ocupado que ni siquiera levantó la cabeza cuando llegó el principito.
Junto a un gran suspiro de alivio Jim llegó a la estación finalmente. Desconocía cuanto había andado, tal vez kilómetros y kilómetros o tal vez menos, es difícil tener una idea concreta de algo cuando aún eres un niño en un mundo donde todas las referencias son para adultos.
La estación era enorme, llena de pasillos, oficinas, taquillas, hangares, aseos, cafeterías, bares, tiendas de alimentación, tiendas de chucherías, tiendas de regalos… Jim quedó maravillado una vez más por las dimensiones del lugar. Recordaba que la primera vez que lo había visto se había sentido realmente diminuto, como una rana que mira un rascacielos.
Pero sin duda lo que más le gustaba, después de las naves que le llevaban al espacio, era la enorme lámpara de araña que colgaba del techo abovedado de la sala central, que describía un enorme círculo que tomaba la función de corazón desde el que partían venas y arterias para movilizar todo el cuerpo.
La lámpara era un vestigio de otra época, un lejano recuerdo de otros tiempos donde viajar al espacio era un sueño inalcanzable. Tal vez por eso, pensaba Jim, los cristales que colgaban y se movían suavemente alrededor de la bombilla central—que tenía forma de lirio—le recordaban a estrellas que titilaban alrededor del núcleo de su galaxia. Pero eso era una idea propia.
Spock le había hablado de aquella época humana, asegurándose de no ser demasiado vulcano a la hora de hablar sobre aquel periodo humano. Era difícil para un vulcano no ver los errores humanos. Por ello sabía, muy a su pesar, que no era aquello lo que mostraba la lámpara.
Y aunque estaba realmente emocionado también estaba cansado de caminar y algo sediento, por lo que se coló en unas oficinas con un logo similar a la insignia del vanidoso—Spock le explicó que seguramente era la insignia de la colonia—. Jim pensó, mientras disimulaba y se escabullía de unos guardias de seguridad, que era mejor idea esperar a que llegaran algunas familias para poder pasar como uno de sus miembros.
Lo había visto en una película, no podía ser tan dificl.
El interior del despacho estaba aclimatado como el resto de la estación y las maquinas que ofrecían agua gratis a los oficinistas estaban repartidas por doquier.
Así que Jim se llenó un vaso y decidió investigar.
Spock le dijo que aquello no debía hacerse, Jim le dijo que un hombre siempre debe explorar lo inexplorado. Por eso entró en la oficina.
Allí encontró a una mujer trabajando y trabajando, tan agobiado en sus documentos que no parecía existir para otra cosa. Se trataba de Lenore Karidian, hija de Kodos, quien sin descanso trabaja día tras día. Jim descubrió su nombre porque estaba escrito encima del escritorio.
Era una pena, se dijo, porque era realmente bonita como para estar encerrada.
—Buenos días señorita. —Dijo Jim, percatándose de un pequeño detalle. —Su café se está enfriando.
Lenore no alzó la vista.
—Tres y dos son cinco. Cinco y siete, doce. Doce y tres, quince. Buenos días. Quince y siete, veintidós. Veintidós y seis, veintiocho. No tengo tiempo para volver a calentarlo. Veintiséis y cinco, treinta y uno. ¡Uf! Da un total, pues, de quinientos un millones seiscientos mil setecientos treinta y uno.
Jim, que se había perdido en algún lugar de la conversación—aburrido por esta—, no pudo sino preguntar:
—¿Quinientos millones de qué?
Lenore siguió rodeada de sus padd.
—¡Eh! ¿Estás siempre ahí? Quinientos millones de… Ya no sé… ¡Tengo tanto trabajo! Yo soy seria, no me divierto con tonterías. —Lenore abrió algo en otro padd. —Tengo que hacer muchas cosas… Dos y cinco, siete…
Pero eso no le sirvió a Jim ni para empezar.
—¿Quinientos millones de qué? —Repitió, reacio a marcharse hasta obtener una respuesta satisfactoria.
El hombre de negocios levantó la cabeza:
—En todo el tiempo que llevo aquí sólo he sido molestada tres veces. La primera fue hace muchos años por un niño que salió Dios sabe de dónde. —Contó la chica. —Produjo tanto escándalo que estuvo a punto de hacer que me equivocara, suerte que pudimos deshacernos de él. Thomas Leigthon creo que era su nombre. —Masculló sin mucho afán. —Al poco tiempo, hace unos meses, sufrí un ataque de nervios por culpa de un tal Kevin Riley, el cual escapó como una rata. Necesito mejorar mis reflejos. Los niños siempre son escandalosos y alteran mi trabajo.
Jim la miró boquiabierto, sin poder creer lo que decía.
¡Qué cruel sonaba lo que decía!
—No tengo tiempo que perder, soy seria. Y la tercera vez… ¡Hela aquí! Tan persistente como un cobrador de deudas…—Le dijo señalándole con deje desdeñoso y el ceño hermosamente fruncido.— Por donde iba, ¡Ah, sí! Quinientos…
—¿Quinientos de qué?
—De tiempo almacenado. —Dijo Lenore con el ceño fruncido.— Pero es un buen tiempo que usaré para que papá tenga todo el reconocimiento que merece.
Jim le miró extrañado, parpadeando dos veces seguidas ante la impresión.
—¿Y qué haces con ese tiempo?
—Nada. —Murmuró distraída. —Lo poseo para usarlo luego.
—¿Posees tiempo?
—Correcto.
—He conocido un capitán…
Lenore levantó una mano elegante y teatralmente, callando la voz de Jim que murió antes de poder pronunciar nada.
—Los capitanes no poseen; gobiernan. Es muy diferente. —Masculló con un tono de voz lleno de énfasis.
Entonces Jim decidió que esa mujer necesitaba un amigo. ¿De qué le servía un tiempo que no iba a utilizar nunca?
—¿Y para qué te sirve poseer tiempo?
—Me sirve para poder usarlo.
—¿Y para qué lo usas?
—Para poseer más tiempo.
Este, se dijo el principito, razona un poco como el ebrio.
—¿Y qué haces con ese tiempo? —preguntó Jim.
—Lo administro.
Jim suspiró, exasperado. Esa pobre mujer había perdido el juicio totalmente—cosa en la que Spock coincidió. —
—Pero el tiempo no es tuyo, no es como una mochila o como una mascota. —Lenore le miró, olvidando contar el tiempo por una vez en mucho tiempo. —Es útil para mí y para la mascota que yo lo posea. Pero tú no eres útil para el tiempo…
El hombre de negocios abrió la boca pero no encontró respuesta y el principito se fue.
Como la mujer había callado Jim acabó por irse de la oficina algo triste por Lenore. A veces, se dijo, la gente teme tanto desperdiciar su vida que al final no vive en absoluto. Spock tampoco logró entender a la mujer que atesoraba tiempo, pues para él el tiempo era útil para estar con Jim y su familia.
Continuará...
Estoy feliz porque mañana aparecerá Sarek y podré hacer una reunión con la familia de Spock y Jim—nunca voy a poder ver una en el universo de JJ Abrams así que aprovecho ahora.—Espero que este capítulo os haya gustado, ha tenido un poco de influencia del libro "Momo" de Michael Ende.
Como siempre se admiten dudas, quejas, sugerencias, correcciones...
