El viaje.

Disclaimer: Ni Star Trek ni "el principito" son de mi propiedad.

Nota: Este capítulo contiene un especial al principio para explicar la ausencia de Winona. No sabía donde ponerlo, por lo que al final decidí introducirlo en este capítulo. Espero que no quede muy brusco ni fuera de tono.

A lo largo de este capítulo aparecerán muchos asteriscos, no os asustéis.


La nota y la matriarca.

(XXIII)

Winona Kirk—antes Davis—suspiró pausadamente por sexta vez en esa hora. Llevaba un mes reunida con los caitanos* y los denobulanos** para poder solucionar un problema imprevisto entre los dos planetas que formaban parte de la Federación. No era nada grave, gracias al cielo, simplemente era un malentendido burocrático que la había tenido fuera de casa más tiempo de lo debido.

Y empezaba a odiar la reunión.

Winona había tenido la esperanza—al saber a comienzos de año la idea de Sarek de aumentar la disciplina de Spock—que podría llegar a casa con el tiempo justo de llevar a Jim a Vulcano al menos un par de horas. Sabía cuánto quería su hijo al medio vulcano y lo mucho—no paraba de parlotear sobre ello—que quería verle por su sexto aniversario.

Mas también sabía que Spock tenía una agenda apretada y que le era posible desplazarse a la Tierra y ella, por mala dicha del destino, tenía una reunión que le impedía llevar a su hijo a Vulcano.

Normalmente tenía un acuerdo con Amanda: si a ella le surgía un imprevisto Winona se encargaría de vigilar a los niños por ese día; si por el contrario era Winona la que no podía Amanda sería la encargada de los pequeños—ya no tan pequeños—.

Pero ese año, ese condenado año, Sarek había dicho que Spock no se movería de Vulcano y ella estaba en un planeta de la Federación—el planeta Tellar***—para solucionar un problema entre los caitanos y los denobulanos y no podía—era matemáticamente imposible—llevar a Jim hasta Vulcano al menos por unas horas.

Solo pedía eso, unas horas para estar con su hijo.

Unas horas para compensar los continuos viajes que realizaba y lo descuidada que había sido con el corazón de Jim durante demasiado tiempo. Tal vez, pensaba a veces, veía tanta fuerza en Jim que pensaba que podría aguantar mejor que Sam.

Pero se había equivocado.

Sin embargo, hacía seis años—los haría en unas horas—su relación con Jim había cambiado. Habían comenzado de cero, por decirlo de algún modo.

Recordaba que Jim, al volver a encontrarse tras la fiesta, había mirado a Spock largamente con una sonrisa suave. Winona quedó sorprendida—entre el río de lágrimas—de la seria expresión de su retoño.

Luego había caminado hasta ella extendiendo los brazos, buscando un abrazo que ella había tomado casi al instante. Jim se había aferrado a su cuello mientras sostenía una botella de plástico con sumo cuidado. Y entonces, como olvidarlo, le había susurrado al oído algo que la dejó sin palabras.

—No te preocupes mami, Spock me ha cogido una estrella. Y esta estrella se comerá las sombras que amenazan a tu corazón. Pero si no es suficiente yo seré fuerte por ti, seré realmente fuerte por ti.

Winona recordaba haber roto a llorar en ese momento, abrazando a su pequeño retoño—de tan solo cinco años—con tanta fuerza que temió romperlo. Pero Jim no se rompía, jamás lo había hecho y Winona deseaba que no se rompiera jamás.

Porque ver como Jim continuaba caminando a través de las sombras que se extendían sobre ellos—sobre la pequeña familia Kirk—le daba fuerzas para levantarse y quitarse las lágrimas del rostro. Le daba fuerzas para hacer algo más que amar a su difunto esposo George.

Y si por culpa de una calamidad Jim acabase quebrándose Winona sabía que ni ella ni Sam podrían soportarlo. Si Jim cayese, si Jim dejase de demostrarle que no existía un escenario invencible, Winona sabría que no sería capaz de volver a levantarse de nuevo junto a la llegada del sol.

Por ello, con toda su alma, Winona rezaba para que sus hijos no se quebrasen y pudieran ser felices.

—Winona…—Susurró suavemente Christopher Pike, quien le había acompañado en aquel viaje.

Winona agradecía enormemente su presencia y la de Número Uno****.

—¿Qué ocurre? —Preguntó en un suave susurro, dejando que la embajadora caitana tomara la palabra.

Número Uno—que acababa de entrar por la puerta en sumo silencio—le señaló un padd, su padd para asuntos personales de hecho. Winona recordaba que se le había olvidado en Iowa y que, algo desesperada, había llamado a su hermano Frank para que se lo enviase con la esperanza de que este le hiciera caso.

Y había tardado un mes. ¡Un mes! ¿¡Cómo era aquello posible!?

Sin duda, pensó, eso era algo que solo le ocurría a ella.

—Gracias. —Susurró con una sonrisa emocionada, tomando el padd que Pike le ofrecía con una sonrisa suave. —Pero si tiene batería y todo. —Dijo emocionada y sorprendida a partes iguales.

¿Cómo era posible si llevaba más de un mes en la tierra?

—Lo cargué pensando que así te sería más útil. —Zanjó Número Uno con una suave sonrisa.

Pike le miró con emoción.

—Buen trabajo.

Número Uno asintió, tratando de disimular su sonrojo.

Winona sonrió, desbloqueando el padd con una sonrisa emocionada. Lo primero que llamó su atención—más allá del hecho de haber recibido un aviso de sustracción de dinero de la cuenta de Sam y Jim—fue que su hijo había dejado un mensaje de texto. Un mensaje de hacía una semana.

A Winona se le cayó el padd de las manos al mismo tiempo que se le escapaba un grito de la impresión sin poder evitarlo. De pronto sintió ganas—unas tremendas ganas homicidas—de estrangular a su hermano; y unas incipientes ganas de mandar al carajo a la Federación entera.

«No te asustes mamá, pero me voy de casa. No será por mucho tiempo, tan solo es para ver a Spock.

P.D.: Espero que tu trabajo sea leve.»


Amanda, como era costumbre en Vulcano, les ofreció té para la velada. Spock, tomando gentilmente de la mano a Jim, lo llevó a la cocina para tratar de suavizarle el sabor al té. Y aunque el té Vulcano resultaba una delicia para el paladar de los niños humanos resultaba algo amargo, por ello—tras muchos estudios—Spock creía haber encontrar la forma de hacerlo más dulce para Jim.

—¿Eso es leche? —Preguntó Jim mientras veía como Spock sacaba una botella de cristal de la nevera.

El medio vulcano asintió.

—Correcto. Leche de vaca para ser más exactos. A mi madre le gusta tomarla a veces y pensé que podría ser una buena forma de, junto a un terrón de azúcar o miel, dulcificar el té vulcano. —Explicó de buen grado. —He leído en números libros especializados en té humano y esta me pareció la más adecuada.

Jim estalló en una risa suave y ascendente.

—Oh, Spock, Spock. —Dijo con voz cantarina. —Para dulcificarme el té solo tienes que sonreírme.

Spock alzó una ceja.

—Jim lamento informarte de que eso no tiene ninguna base científica…

Jim rió con suavidad.

—Gracias. Tan solo gracias por hacerme té dulce.

Spock sonrió un poco, para placer de Jim.

Llevaron la leche al salón, donde reunidos alrededor de la mesa de café, prepararon el té para cada uno. A Jim le sorprendió lo fácilmente que Amanda recordaba de memoria el té de cada uno y le hizo pensar en su madre. Winona siempre recordaba cómo les gustaba el cola-cao***** a Sam y a él.

Supuso que venía dentro de la genética materna.

—Y bien Jim. —Dijo Amanda mientras se sentaba junto a su esposo con una sonrisa radiante. —¿Cómo te las apañaste para llegar aquí?

—Me ayudo una vulcana anciana. —Respondió con tranquilidad. —Se llamaba T´pau****** o algo así. —Murmuró distraído. —¡Este té está bueno!

Sarek, impresionado por la respuesta de Jim, lanzó sus cejas arriba del asombro. Amanda se llevó una mano a la boca para ahogar la exclamación de sorpresa. Spock miró a Jim largo rato, sin saber cómo reaccionar exactamente.

—¿Estás seguro? —Le preguntó Sarek.

Jim asintió.

—Sí, eso dijo. Y los vulcanos nunca mienten.

Spock miró a su madre unos segundos, esta asintió.

—Jim, T´pau es una de las principales figuras de Vulcano. Es una ministra de alto rango. —Explicó Spock, tratando de averiguar qué había ocurrido exactamente entre ella y Jim. —T´pau, además, es la encargada habitual de oficiar las ceremonias de… en términos humanos, casamiento*******.

Jim formó una pequeña "o" con la boca.

—Tal vez por eso me dijo que era una matriarca.

—¿Tú qué le dijiste? ¿Cómo os encontrasteis? ¿Qué sucedió?

Jim sonrió suavemente, dedicándole a su suegro robot su sonrisa de seguridad absoluta más convincente.

—Todo comenzó cuando llegué hoy a Vulcano pasada la media mañana…

El viaje sin Bones había sido realmente tedioso, Jim estaba seguro de que los vulcanos que viajaban en la nave con él también debían de estar más que aburridos. Pero ninguno parecía demostrarlo. Al final Jim se pasó casi todo el viaje leyendo y durmiendo, ya que los vulcanos de allí no tenían pinta de querer jugar con él.

¡Cómo extrañaba a Spock!

Cuando finalmente llegaron a Vulcano Jim fue incapaz de ahogar una exclamación de satisfacción. Tomó su mochila de Spiderman y bajó de la nave en fila, en la fila más ordenada que había visto en su vida. La estación de Vulcano resultó ser una magnífica obra matemáticamente esculpida en piedra salpicada de avances donde quisiera que mirase. De hecho estaba tan ordenada que le resultó realmente fácil salir de ella sin preguntar ni una sola vez.

Los vulcanos, pensó, son realmente curiosos.

Al salir se encontró con el mercado. Jim recordaba que su madre y él lo habían cruzado para tomar un taxi—aunque no tenía ni idea de cómo lo llamaban en Vulcano—por lo que dedujo que podría encontrar uno que le llevase a casa de Spock.

No podía ser tan difícil.

Mientras caminaba Jim se detuvo a mirar un puesto, donde un boliano******** vendía un invento la mar de curioso. "El invento definitivo para prescindir del agua".

Era un mercader de píldoras perfeccionadas que aplacan la sed. Se toma una por semana y no se siente más la necesidad de beber.

Jim arrugó la nariz.

—¡Qué invento más ridículo! —Exclamó mientras negaba con la cabeza.

—¿Por qué piensas eso? —Preguntó una voz anciana y serena, carente de emociones de cualquier tipo.

Jim no tuvo que girarse para saber que a su derecha había una vulcana.

Era una vulcana adulta—anciana—, vestida con una túnica de gala vulcana y un complejo peinado de cabellos negros. Su rostro inexpresivo clavaba una oscura mirada curiosa—aunque los vulcanos no sintieran curiosidad—en el pequeño humano. Jim casi estuvo a punto de reír al ver la ceja alzada de la mujer.

—Es simple. —Dijo mientras se encogía de hombros. —¿Por qué iba alguien a comprar o vender siquiera eso?

La anciana miró el invento.

—Es una gran economía de tiempo. Es lógico. —Explicó mientras le devolvía la mirada. —Los expertos han hecho cálculos. Se ahorra (además de acabar con los problemas de sequía) cincuenta y tres minutos por semana.

Jim negó con la cabeza.

—Y, ¿qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

La vulcana le miró por largo rato.

—Se hace lo que se quiere.

Jim dejó escapar una suave risa.

—Yo. —Dijo a la vulcana. —Si tuviera cincuenta y tres minutos que gastar, caminaría muy suavemente hacia una fuente…

—Qué curioso. —Susurró la vulcana.

Jim agitó la mano de derecha a izquierda, restándole importancia.

—Solo es la verdad. ¿En qué gastarías sino ese tiempo?

La vulcana hecho una ojeada alrededor de Jim, luego regresó su mirada a él.

—Los gastaría en beber muy suavemente*********.

Jim amplió su sonrisa.

—Es, pues, un invento realmente innecesario.

La vulcana asintió.

—Dime, joven humano, ¿quién eres?

—Jim. Jim Kirk. ¿Y usted?

—Soy T´pau, la matriarca.

Jim frunció el entrecejo.

—No sé que es una matriarca, pero pareces realmente importante. Tienes que serlo si tu titulo se parece a la palabra madre.

T´pau elevó una ceja hasta que esta tocó su flequillo.

—¿Qué haces aquí, joven Jim? No pareces para nada perdido y no logro ver a tus progenitores. Es extraños pues, por lo que se de tu raza, no soléis dejar solos a un espécimen tan joven.

Jim dejó escapar una pequeña risilla ascendente.

—¡Te pareces mucho al padre de Spock! —Exclamó con alegría. —Estoy aquí para ver a Spock, señora T´pau, hoy hará seis años que nos conocimos y, como es nuestro aniversario, decidí venir a verle. —Explicó con toda la formalidad que pudo. —Para los humanos los aniversarios son realmente importantes.

T´pau pareció sorprendida.

—¿Te refieres al hijo del Embajador Sarek? —Preguntó en un tono de voz totalmente neutro.

Jim asintió con emoción. Debía ser su día de suerte, había encontrada a una vulcana que conocía al padre de Spock.

—¡Ese mismo! —Jim aumentó su sonrisa.

—¿Tus progenitores saben que estas aquí?

—Supongo, le mandé un mensaje a mi madre. Pero estoy seguro de que lo entenderá a la perfección.

T´pau pareció intrigada.

—¿Por qué piensas eso?

—Spock y yo estamos prometidos, señora T´pau. —Respondió con soltura. —Y cuando hablamos de temas como esos los humanos entendemos, casi al momento, que uno vaya hasta el fin del mundo.

T´pau parpadeo para mermar la sorpresa. Así que esa había sido la razón por la que Spock había decidido ignorar la tradición vulcana del compromiso**********. No sabía que los humanos también hicieran compromisos a tan tempana edad.

—En ese caso, joven Jim, ¿necesita transporte? Sería sumamente descortés por mi parte, dado mi papel como matriarca, no ayudar al prometido del Embajador Sarek en su periplo para encontrarse con su prometido.

Jim aumentó su sonrisa.

—¿Habla en serio?

—Los vulcanos siempre hablamos en serio.

Jim asintió con fervor.

—Acepto encantado señora T´pau.

T´pau le hizo un gesto suave y Jim comenzó a seguirla con gran entusiasmo. Si el viaje seguía así iba a hacerse un explorador experto en menos de lo que cantaba un gallo.

—¿Habéis oficiado ya el compromiso? —Preguntó T´pau mientras ordenada que preparasen su vehículo.

Jim lo pensó durante unos momentos.

—Spock me regaló una estrella, ¿eso sirve?

T´pau negó.

—Tendré que hacerle una visita a Sarek para oficiar el compromiso.

Continuará...


Empecemos con las definiciones:

*Caitanos: Los caitanos son una especie de felinos inteligentes nativos del planeta Caita (también llamado Ferasa) miembro de la Federación Unida de Planetas

**Denobulanos: Los denobulanos son humanoides similares a los humanos pero con diferentes crestas faciales. Son miembros de la Federación Unida de Planetas.

***Tellar: Son un pueblo humanoide, corpulento y muy barbados. Su rostro se asemeja a un porcino, esto es de nariz redonda, plana en la punta (con grandes fosas nasales) y respingada; su piel es gruesa y de color rosado. Es uno de los planetas que fundó la Federación.

****Número Uno: "Número uno "era el apodo dado por el Capitán Christopher Pike a su primer oficial en la USS Enterprise. El Capitán Pike la consideró como la número uno como oficial con mayor experiencia en la Enterprise. Parece sentir algún tipo de atracción por Pike.

*****Cola-cao: Es caco en polvo básicamente, se hecha en la leche para darle sabor a chocolate.

******T´pau: T'Pau se convirtió en una de las principales figuras en la historia de Vulcano. Por 2267, T'Pau era bien conocido en Vulcano, y era (en ese momento) la única persona que alguna vez había rechazado un puesto en el Consejo de la Federación. También es conocida como Maestra de Ceremonias o Matriarca. Aparece en el episodio Amok Time de la segunda temporada de la Seire Original.

*******Ceremonia de casamiento: Es, básicamente, el Koon-ut-kal-si-tarifa, que en vulcano es un ritual de apareamiento que significa literalmente "el matrimonio o desafío" y es fundamentalmente una ceremonia de boda. A ella esta ligada el Kal-si-tarifa que es, literalmente, una "lucha de pasión" en el que un vulcano desafía a otro para conseguir a su compañera (normalmente son vulcanos machos los que pelean).

********Boiliano: Son humanoides sin cabello y de piel azul, nativos de Bolarus IX. Miembros de la Federación Unida de Planetas desde el 2320, en el 2373 el gobierno boliano permitió a la comisión de juego ferengi en administrar su emporio de casinos.

*********Beber: Los vulcanos, dado que viven en un país desértico, le dan gran importancia al agua.

**********Tradición vulcana del compromiso: Es constumbre en Vulcano que a la edad de siete años los niños tengan matrimonios arreglados a través de una ceremonia ritual.

Terminando por fin la pequeña clase sobre Star Trek—no me había dado cuenta hasta ahora de lo friki que era—volvamos al capítulo. Como ya dije al principio espero que la parte de Winona no quede demasiado fuera de tono, pero no tenía ni idea de donde ponerla, además quería mostrar un poco de la relación de Jim y su madre. Espero que no haya quedado demasiado mal.

Por otro lado estuve dudando seriamente sobre si hacer que Jim se encontrara con T´pau o no, pero al final pensé que sería gracioso verle interactuar con una maestra de ceremonias. En fin, espero que el capítulo os haya gustado y espero publicar el último capítulo esta semana.

Como siempre se admiten dudas, quejas, sugerencias, correcciones...