Hey ¿Qué hay?

No sé ustedes, pero yo aún no supero la crisis existencial que don Kishimoto me dejó XP

Hubiera querido que Naruto nunca terminara… pero hay que ser fuerte, aún me queda el anime y la promesa de una nueva temporada, espero que eso logré sanar mi kokoro.

En fin.

Dejó por aquí este segundo capítulo, gracias por leer :D

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Capítulo II

el chico cyborg.

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Ni cinco minutos que lo había sacado de su casa, y él ya había vuelto a colarse por la puerta de la cocina.

Se interpuso, lo enfrentaron.

Le empujó, se lo devolvieron con más fuerza.

Dio un paso atrás, se detuvo y le miró enfadado. El intruso ignoró su molestia, más abrió brazos y piernas incitándole a devolvérselo.

Y no tuvo que esperar demasiado, le tenía, sabía cómo provocarlo.

¡Y cómo no! le divertía muchísimo.

Se lanzó contra él tomándole por el brazo – con la facilidad que el intruso le concedió al dejarse atrapar –, y a cambio recibió un codazo en la barbilla.

Un ligero toque, fugaz y atrevido.

Abrió la boca, más las palabras no lograron formarse a tiempo antes de que su lengua se viera estrujada por la indignación.

Que mal, había creído que podría someterle sin caer en sus tonterías, pero en vez de ello, estaba siendo arrastrado nuevamente a sus juegos.

¿Cómo lo hacía? ¿Cómo demonios se las ingeniaba para sacarle de quicio con tan poco?

No tenía nada de especial, era estúpido, grosero y ordinario.

¡Y cómo no! le irritaba muchísimo.

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¡Ah! pero eso no se iba a quedar así. Si creía que podía salirse con la suya estaba muy equivo…

¡El dolor!

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Mentira.

A penas y lo había sentido.

Más le soltó, sacudiendo la mano herida – ni tan herida –.

Libre del agarre, el intruso se llevó un brazo tras la espalda y con el otro blandió el arma atacante, apuntando directo a la nariz contraria, desafiándole a un duelo.

Y ahí, frente a los fríos ojos de su adversario, la malvada cucharilla de té resplandeció insolentemente.

Al demonio con todo.

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Vinieron los golpes, el forcejeo y las palabrotas.

Algunas mordidas también… ¡Ah! y patadas en las pelotas.

Varios pellizcos traicioneros, ablandamientos de costillas

Salvajadas en el cabello y un intento de cosquillas.

Las anteriores heridas se abrieron, brotó un poco de carmín

Y después de un buen rato de puñetazos, todo llegó a su fin.

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Siempre me dejaba llevar.

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Veinte minutos después y como si nada. El intruso sentado en el suelo, perdido frente a la pantalla del televisor, con la cuchara en la boca, el cabello revuelto y la ropa estropeada; Sasuke sentado en el sofá, en la mismas condiciones pero hastiado. Apoyándose en el respaldo, miraba el techo con una bolsa de hielo en el ojo.

¡Qué drama!

¡Qué tragedia!

¡Qué…

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Idiota.

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No se trataba de nada severo, ni siquiera había recibido un verdadero golpe en la cara. El de la barbilla no contaba, apenas le había tocado.

En su afán de dramatismo, pretendía que el intruso sintiera culpa por dejarle un ojo morado que no tenía.

¿Qué cosa? algo ahí no andaba bien.

Oh, por supuesto.

¿Era necesario humillarse por cuenta propia para que el idiota ese se sintiese responsable de sus actos?, quizá la patada final que había recibido le había desordenado un poco las ideas porque ¿Hacerse la víctima? pero qué barbaridad.

Su pequeña reflexión fue lo que le permitió darse cuenta de que estaba actuando como un estúpido – y vaya, que ya se estaba tardando–. Volvió en sí y junto con él, el deber de preservar su orgullo. Decidido, se quitó la bolsa de hielo de la cara…

… y se la puso entre las piernas, donde el verdadero dolor palpitaba humillantemente.

¡Pero que más daba! el otro ni siquiera reparaba en lo que hacía o dejaba de hacer.

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- Jodida pierna que te cargas – Masculló, alcanzando a golpear con los dedos del pie la nuca del chico.

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Corría el riesgo de volver a encender la mecha. Pero le importaba poco o nada. Ya estando dentro del ambiente bélico, parecía olvidarse de aquella impasibilidad rigurosa que moldeaba sus actos; la que le hacía deducir antes de actuar, la que le distanciaba favorablemente de la ordinariez ajena y le hacía verse – y sentirse – como alguien competente y notable.

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De eso se trataba, ese era Sasuke… no ese desaliñado y magullado esperpento que se quejaba desparramado en el sofá. Aquella imagen adolorida y aquel arrebato pasional que le habían hecho liarse a golpes eran denigrantes.

Vamos, que no iban con él.

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Malnacido.

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- Hmmm… Drama queen* – balbuceó el intruso mordiendo la cuchara, ignorándole a medias. Sin decir nada más, arrastró el trasero por la alfombra, alejándose.

- Naruto… - siseó rencoroso, maldiciéndole con su propio nombre; derramando el veneno que le ensalivaba la boca cuando le tenía cerca.

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Naruto, Naruto… el insulto más hiriente que podía escupírsele a alguien.

¿Cuántas veces se le supuró la boca al pronunciarlo?

¡Siempre!

Siempre.

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Nunca me importó.

Nunca.

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¿Qué clase de nombre era ese?

Una oda a la pantomima.

Un homenaje a la irracionalidad de un mundo absurdo y carente de juicio.

¿Qué tenían en mente sus padres? ¿Quién de los dos había perdido primero la cabeza?

Irresponsables, eso eran. Pues no contentos con juntarse, se les había ocurrido tener un hijo… y no cualquier hijo, no. Sino uno que vendría siendo algo así como el Armagedón o quien sabe qué cosa.

¿Es que no pensaron en las consecuencias… en la condena de engendrar a un chiquillo que con su sola presencia volcaría al mundo de cabeza?

¡Una total negligencia paternal, mundial, universal!

¡Un… un…

Un pretexto para pensar de más en una persona.

Exageraciones, divinas y redundantes exageraciones. Un montón de cuestionamientos inútiles que arrastraba consigo cuando no tenía nada mejor que justificase la necesidad de sentirse respetado.

O apreciado.

O lo que fuera ¿Qué más daba?

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"Pero tranquilo." – Se decía cuando eso ocurría y la diferencia entre una cosa y otra era cuestionable – "No tiene nada que ver contigo, no es tu culpa, no has hecho nada. Es sólo un idiota."

Entonces Sasuke inhalaba profundamente…

…y al exhalar, se repetía la promesa eterna: No volverá a provocarme, no volveré a rebajarme.

Dos, tres, diez veces.

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De haberla cumplido…

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Se acomodó en el sofá, más su suspiro desdeñoso – y arriba de dos tonos, para hacerse notar – se vio silenciado por los gritos de ¡Abran fuego! ¡Mátenles a todos! ¡No, me han atrapado! provenientes del televisor.

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… ¿Se habría aburrido de mí?

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Y ahí iba otra vez.

Culpaba a la gente y a la manía que tenían por volverle el centro de atención. Pero al final, la costumbre se volvía algo dominante y aun inconscientemente, la mayor parte de las veces esperaba que los demás le tratasen de la misma manera.

Quisiese o no, formaba parte de su vida y Sasuke había aprendido a tolerarlo, incluso a sacarle provecho cuando la ocasión lo ameritaba; manteniendo el orden de las cosas, como debía ser.

Pero aunque estaba muy lejos de sentirse complacido con ser una persona de interés, ese mismo protagonismo adjudicado no consentía que se rompiese con lo establecido.

Así que, el que ese chico pasase de él tan descaradamente, le hacía sentir totalmente fuera de lugar.

Y en cierta manera, desarmado.

Porque ¡Ah! no sólo le estaba ignorando, sino que había tenido el atrevimiento de desafiar su autoridad al volver a meterse en su casa – después de que le había sacado como premio a su victoria en la pelea anterior – para exigir una revancha sabiendo que Sasuke no se negaría porque, con un demonio, era igual de orgulloso y necio.

Y también porque, vamos, le hacía mucho bien.

Pero a Sasuke le era tan difícil comprenderlo.

Es decir, ¿Cómo podría? Si incluso se le complicaba aceptar las verdades más sencillas y mundanas que venían con el día a día. Cosas que para otros eran cotidianidades, complementos necesarios en la vida o simples sucesos que se daban por mera naturalidad.

Cosas como…

Pero momento.

Al diablo con toda esa parafernalia de pensamientos irreconocibles.

Estaban en su casa.

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- Cierto… – reafirmó en un murmullo el recién enterado anfitrión sobre su poderío dentro de su vasto territorio de dos plantas, cochera y extenso jardín trasero.

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Su casa, sus reglas.

Aquello traía un cometido: Ser obedecido.

Sin levantarse del sillón, estiró la pierna tratando de que los dedos de su pie tocaran nuevamente la cabeza contraria. Moverse dolía aún, los estragos de la pelea comenzaban a pasarle factura, y el hielo de la bolsa comenzaba a derretirse.

Se estiró un poco más y alcanzó a halar algunos mechones rubios con los dedos, aunque no con la fuerza que hubiera deseado.

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- Vete a casa. – Era lo mejor, si el rubio seguía ahí, perdería la poca dignidad que le quedaba después de haber perdido tan miserablemente contra él en la cocina.

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Si, era una excusa mal planteada e innecesaria, pero de cumplirse, podría volver a su solemne soledad. Lo importante era quedarse a solas en su reino, para finalmente cojear tranquilamente hacia su habitación sin el eco de burlas ni comentarios estúpidos.

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- Hmmm… – Naruto, el abominable Naruto, asintió y siguió mirando la pantalla, donde su personaje virtual se apostaba la vida ante una horda de zombis que no dejaban de salir de cuanto rincón oscuro hallaba – Diablos… – se acostó sobre la alfombra, alejándose otra vez del pie molesto tras su cabeza, y se arrastró con los codos hacia el televisor. Las costillas le dolían pero debía concentrarse, el éxito de la misión dependía sólo de él, tenía que encontrar una estrategia que le permitiera sobrevivir sin perder más vidas de las que tontamente había perdido por malgastar municiones - Es muy difícil. – suspiró, hostigado por los gritos de sus compañeros caídos.

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¿Difícil? maldición, no tenía ni idea.

Maldito dolor de cabeza. Pensar en él era caer en un interminable bucle de perdición mental y Sasuke tenía la tarde ocupadísima como para hacer un espacio extra en su apretado itinerario.

Desde mediados de ese semestre, sus días se habían vuelto una carrera contra el reloj. No podía simplemente descuidar lo que ya había forjado a base de esfuerzo y estudio. Si quería terminar el cuarto semestre de la universidad con el mismo buen porcentaje con el que había finalizado los anteriores, su deber era omitir cualquier distracción que rompiese con su rutina.

Sólo esa semana ya tenía un par de exámenes, revisión de trabajos y una exposición pendiente. Ah, y la presentación del artículo de su asesor. Y como olvidar la reunión con su equipo para organizarse con el trabajo de biomédica.

Como sea, podría tener algo de tiempo libre durante el verano.

Aunque no ese verano, ya estaba inscrito para tomar materias adelantadas.

Pero quizás en invierno. Siempre y cuando no aceptasen su solicitud para realizar una serie de pre-prácticas en el hospital central de la ciudad de Suna.

No, pero qué tontería, prácticamente ya le habían respondido que sí.

Bien, ¿Quién necesitaba tiempo libre?

El éxito no se iba a dar por sí solo.

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- ¡Vamos, vamos! – y mientras Sasuke pasaba lista a sus obligaciones y se estresaba más, Naruto alentaba al comandante de la fuerza especial, y único sobreviviente de su grupo de élite, a que siguiera disparando contra los hambrientos zombies mientras presionaba con desesperación los botones de su control - ¡Arriba, hombre!

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Tan ruidoso.

Tan jodidamente escandaloso.

Pero no, no le iba a dar el gusto de verle perder la paciencia.

No otra vez.

En un mismo día.

En poco menos de media hora desde que había vuelto a irrumpir en su casa.

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- ¡No, no me comas! – gritó, como si fuera a él a quien le arrancaban brazos y piernas en medio de un festín de zombis golosos - ¡Mierda! – se llevó las manos a la cara, observando con impotencia como todo su esmero y tiempo invertido se iba al carajo – Que juego tan malo – se quejó. Se puso de pie y apagó el televisor antes de que el gigantesco Game Over apareciera.

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Si tan sólo apreciara su consejo de irse a casa.

Porque de eso se trataba. No le había gritado – no mucho –, no le había arrastrado del cuello – por segunda vez en la misma hora – ni le había amenazado como parecía – casi no –. Si quería verlo de alguna manera, podía entenderlo como un verdadero gesto de cortesía de los que a veces –ocasionales veces - le nacía ofrecer de verdad y que nada tenían que ver con aquellas falsas estrategias de conveniencias sociales que utilizaba a menudo con el único fin de obtener algún provecho de los demás.

¡Pero ahí estaba otra vez ese idiota!

¡Despreciando por completo su capacidad de poder ser también un ser social!

¡Uno verdadero!

¡Agh!

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- Y… ¿Qué hay de nuevo, viejo?*

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Prestarle atención así, de la nada. Haciéndose el tonto, mirándole con esos horribles ojos.

Que tramposo.

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- ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil contigo? – exhaló hastiado, cubriéndose la cara con las manos.

- ¿Qué?

- Ya estarás complacido.

- ¿Ah?

- Eres un vil tramposo – acusó.

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Ya… no importaba nada.

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- ¿Yo? – se llevó una mano al pecho, mirándole con un dramático gesto de incredulidad – ¡Tú eres el que no sabe perder! – protestó, alzando la voz – ¡Gané limpiamente mi estancia aquí! ¡Aceptaste la revancha y perdiste! ¡Acéptalo! – demandó, señalándole con el dedo y poniéndose de pie sobre el sillón – ¡A-C-É-P-T-A-L-O!

- No estoy hablando de eso.

- ¡¿Eh?! ¡¿Y entonces de qué?!

- ¿Es necesario que grites?

- ¡Uchiha Sasuke, no trates de cambiar el tema!

- Cállate, eres ruidoso. – le cortó. Palmeó sin mirar y le lanzó lo que primero que alcanzó.

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Sin mucho esfuerzo, Naruto consiguió a atrapar el cojín entre las manos. Intrigado, entrecerró los ojos.

Se dejó caer en el sofá, apenas rebotando sobre los almohadones. Sin perder tiempo, se arrastró de rodillas, acercándose.

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- Dime, yo sé que quieres decirme… – instigó tras el cojín que abrazaba, sonriéndole bobaliconamente y con una actitud de complicidad, tratando de ganarse su confianza. Aunque con muy pocos resultados.

- Olvídalo.

- Anda.

- No.

- ~Anda~

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Era tan necio. Lo único que hacía bien era llevarle la contraria.

Sasuke se restregó las manos en la cara, irritado.

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- Coño, Naruto. – gruñó, descubriéndose el rostro y mirando al techo con severidad.

- Oh, por dios Sasuke, que grosero. – se burló.

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Si él decía no, el otro sí.

Si Sasuke estaba bien a oscuras, el chico quería algo de luz.

Si él decía negro, el otro naranja.

¡Naranja! Eso ni siquiera tenía sentido.

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- Mierda Sasuke, te orinaste.

- ¿Qué?

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Sin pensarlo, bajó la mirada casi con urgencia. Sin embargo, cuando se dio cuenta que era lo que en realidad sucedía, Naruto ya tenía una mueca que mostraba todo menos consideración.

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- ¡Qué asco! – chilló.

- No me oriné – pronunció con seriedad, luchando para mantener la compostura – Es el hielo que se ha derretido.

- ¡A mí no me engañas! – retrocedió hasta el otro extremo del sillón, poniendo el cojín frente a él como barrera y se cubrió la nariz.

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Ni siquiera debería haber seguido con esa conversación.

Pero no podía dejar pasar el que ese chico se estuviera burlando de él sólo porque si, aun sabiendo que su acusación era una vil mentira.

Así que si para ponerlo en su lugar, debía seguirle la corriente, lo haría.

Lentamente, se acomodó en el sofá.

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- Si estás tan seguro… - respondió – ¿Por qué no vienes y lo averiguas por ti mismo? – le retó, haciendo a un lado la bolsa de hielo.

- ¡Iugh! – el rostro de Naruto se descompuso con una exagerada mueca de asco – No voy acercar mi nariz a eso – sentenció, apuntando despectivamente a la ingle del otro.

- ¿Ah, sí? – masculló, levemente ofendido por la innecesaria demostración de repugnancia que se había ganado. Herido en su orgullo, arremetió – Que raro, creí que un soplapollas como tú no desaprovechaba ninguna oportunidad para atragantarse con alguna.

- Bueno… - murmuró tímidamente Naruto, cubriéndose las mejillas, y soltando una risita – ¡Si tú insistes! – y de un momento a otro, se lanzó contra él.

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La respuesta le tomó desprevenido y cuando Sasuke hizo el intento de tirarse al suelo, Naruto ya le había caído encima, sometiéndole con un salvaje ataque de cosquillas.

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- ¡Por el honor! – clamó Naruto como grito de guerra, alzando el puño al cielo.

- ¡Naruto, No!

- ¡Por la justicia! – sus ojos brillaron, haciéndose de oídos, mientras su víctima se retorcía frenético bajo de él.

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Sasuke se encogió, lanzó feroces golpes y patadas, pero nada detuvo a su adversario. Su arrogante rictus de seriedad se desfiguró terriblemente, y cuando algo parecido a una risa ahogada escapó de su boca, supo que sólo tenía una última oportunidad.

Desesperado, y con una fuerza de voluntad sobrehumana que le nació desde lo más recóndito de su ser, tomó impulsó y contratacó con un desleal cabezazo que mandó a Naruto al suelo en una aparatosa caída entre cojines y maldiciones volando por todos lados…

Sasuke vio todo en cámara lenta: los almohadones girando elegantemente, los brazos de Naruto moviéndose en el aire… y su deslumbrante sonrisa al encestarle una contundente patada voladora directa en la ingle.

Oh, cuanta maldad.

El flujo del tiempo volvió sin avisar, y antes de que Naruto pudiera siquiera tocar el suelo, Sasuke ya había caído de rodillas, con el semblante arrugado por el dolor y azotando duramente el rostro contra la alfombra.

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No me reconocía.

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La fresca brisa otoñal que venía desde el gran ventanal que daba al jardín, acarició aquellos dos inertes cuerpos alguna vez olvidados por el mundo. La batalla había acabado, todo finalmente se había terminado. Sendas coronas de guirnaldas engalanaron a los mártires y de pronto, como celebrando la majestuosidad de su bravura, los sonidos de la tierra regresaron, se recobró el cauce de las aguas, renació la solemnidad del cielo despejado.

Y ahí, tirado uno al lado del otro, con la huella fresca de la guerra mancillando su carne, el mundo entero agradeció su sacrificio.

Y les dejó descansar.

En silencio, en tranquilo y perpetuo silencio.

Hasta el final de los tiempos.

O cómo 15 minutos, en lo que lograban recobrar el conocimiento.

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- Te…te arrancaré esa puta pierna… m-malnacido… – balbuceó sofocado desde la incómoda posición en que había quedado – ¡Te la arrancaré! – gruñó, sintiendo su nariz siendo aplastada por su propio peso.

- Creo que… estoy ciego – Naruto, boca abajo, le respondió en un murmullo.

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No había mucho que hacer, ninguno de los dos podía moverse. Pero Sasuke no pretendía quedarse en el suelo, arriesgándose a ser objeto de burlas por tan lamentable situación. Porque, bueno, el quedar de cara contra el suelo, con las manos en la entrepierna, y con el trasero apuntando hacia arriba, le restaba un poco de elegancia.

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- ¡Vete despidiendo de ella! – amenazó.

- Qué bonito… ah… el… el señor Uchiha… alzando la v-voz… – se río con dificultad el sentenciado a muerte, apenas moviendo la cabeza para que le escuchase mofarse de él – muy mal Sasuke…

- ¡Me importa un carajo! – grito el irreconocible Sasuke, estirando un brazo – ¡No te resistas! – reclamó, sintiendo como Naruto huía de él, rodando pesadamente por la alfombra.

- Que desgraciado… eres, mira que aprovecharte de mí… ahora que estoy tan… malherido… - respondió, haciéndose la víctima y quedando boca arriba – ay, mis costillas…

- ¡Me pateaste con esa pierna metálica que te cargas! – bramó, logrando finalmente alzar la cabeza – ¡¿En qué estabas pensando?! – se removió furioso, cayendo pesadamente, y de costado, a la alfombra.

- En lo mucho que me gusta patearte ahí.

- ¡Tú…

- Ahora, descansemos – suspiró, cerrando los ojos.

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De repente, su celular se escuchó dentro de la bolsa de su pantalón. A regañadientes, logró dar con él y contestó, no sin antes advertirle a Naruto que se mantuviese callado.

Aunque fue innecesario. El chico, tan pronto Sasuke tomó la llamada, pareció volverse un mueble más dentro de aquella habitación.

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- ¿Qué sucede?... ¿Qué? No, debe ser tu celular, a ti te escucho bien, no sucede nada – mintió –… claro…de acuerdo.

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Terminada la corta llamada, dejó el celular a un lado y se acostó de espaldas en la alfombra, exhausto.

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- ¿Te sientes mejor? – preguntó Naruto, a su lado.

- ¿Por qué lo dices? – contestó, ya sin ningún interés por retomar su pelea anterior.

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Naruto alzó los hombros.

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- No sé, te ves relajado.

- Creo… creo que lo estoy. – respondió en voz baja Sasuke, extrañado, mirando hacia algún punto desconocido en la habitación.

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De un momento a otro, sin esperarlo. Sólo…

Se preguntó en silencio porque.

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- Qué bueno – murmuró el chico, satisfecho.

- Hey, un momento – le llamó Sasuke, rompiendo a propósito el ambiente relajado que se había formado entre ellos – ¿Pretendes quedarte más tiempo?

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Y es que para empezar, ni siquiera sabía porque el chico había llegado a su casa.

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- ¿No me digas que tienes planes con Sakura? – Naruto le miró suspicaz, moviendo las cejas – Uh… los tienes. – tomando el silencio de Sasuke como respuesta, se cubrió la boca con una mano, sonriendo tontamente.

- Eso no te incube – objetó secamente.

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Sin embargo, Naruto reparó en un pequeño detalle.

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- Oye, pero ¿Itachi lo sabe?

- ¿Qué tiene que ver?

- Bueno, no sé… ¿Qué tal si mientras estás teniendo sexo con ella, tu hermano entra y…

- ¿De que estas hablando? – interrogó Sasuke enfadado – eso se escucha como una situación muy forzada. Además, no sé de donde sacaste eso. Itachi no viene hoy y Sakura tampoco.

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Naruto le miró extrañado.

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- ¿No vendrá?

- ¿Sakura?

- Pero dijo que… – entrelazó los dedos, sobre su pecho, distraído – vendría... – murmuró eso último, sin percatarse de que el otro chico había alcanzado a escucharle.

- ¿Estás hablando de Sakura o de mi hermano? – insistió.

- ¿Eh?, no, nada – reparando en su error, se hizo el desentendido – entonces… dices que Sakura no vendrá ¿Cierto?

- ¿Por qué de pronto de interesa tanto ella? … ¿No me digas que te gusta? – se mofó.

- Claro, es preciosa. Ya te lo había dicho.

- No me refiero a eso.

- Ya sé – le contestó con un gesto de obviedad dibujado en el rostro – pero no deja de ser guapa.

- Bien, como sea – le cortó Sasuke, dándose cuenta nuevamente que estaban recayendo en un ambiente extraño. Así que tomó como excusa la llamada que había recibido para zanjar, de una vez por todas, la conversación – Itachi acaba de hablar y me ha dicho que no vendrá, así que tengo toda la tarde para mí solo.

- ¿Era él?... ¿Y qué hay de tu madre?

- Ella llega en la noche ¿Lo sabes, no?

- Ah, tienes razón.

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Y el hecho de que supiese aquello le hizo sentirse aún más incómodo.

Hasta hacía poco, no se había percatado lo mucho que Naruto conocía de su rutina. De su familia, de su vida. Y aunque quizá el horario de trabajo de su madre, o el que su hermano ya no viviese en la misma casa, no fuera secreto de estado, aun así, no dejaba de ser… raro.

Pero más allá de eso, ese rubio conocía de él cosas que nadie más sabía, incluyendo al mismo Sasuke. Y cuando se daba cuenta de ello, de la forma en como ese chico parecía encajar tan perfectamente a su lado, incluso en situaciones tan vanales como el estar tirado uno a lado del otro en el piso de la sala, por momentos peleando y por otros charlando como si nada…

De alguna manera, se sentía vulnerable.

Había crecido estableciendo límites entre él y los demás. El desapego no sólo le había permitido sobresalir de forma inteligente, sino también, tomar decisiones prudentes antes de verse atrapado por sus verdaderos impulsos, los que amenazaban con desenmascarar esa formal imagen y que de salir a la luz - después de tanto tiempo de aparentar ser alguien más – le podrían en el mismo nivel que toda esa gente ordinaria y llena de defectos.

Y no era porque le preocupara lo que las personas pensarán de él. Sino lo que él pensara de sí mismo después de creer que era alguien diferente.

Y el que ese chico estuviese involucrado en su vida sólo le hacía dudar de que si aquella imagen que se esforzaba por mantener era realmente lo que quería ser, o si era algo que se le había impuesto para satisfacer los ideales de terceros.

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Estaba equivocado.

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- Bien – Naruto alzó los brazos y tomando impulso, enderezó la espalda. – Me voy yendo.

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Sasuke, desde el suelo, le vio ponerse de pie.

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- ¿Te irás?

- ¿Ahora quieres que me quede?

- No dije eso – respondió, más tampoco se sentía satisfecho.

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De una zancada, Naruto pasó por encima de él y siguió su camino. Sasuke escuchó la puerta abrirse y desde el corredor el grito de despedida que esperaba.

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- ¡Para la próxima no quedaremos empatados! – y luego se marchó.

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Nunca hacía por retenerle, aun cuando sus despedidas le llenasen de una sensación de incertidumbre.

¿Qué había sido todo eso?

Era complicado volver a la normalidad, recuperar las ideas anteriores a él, a la rutina, a la espera de un nuevo encuentro.

Tan difícil como dejar de lado el impulso secreto de repetir su nombre a solas.

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No sabía que sucedía conmigo.

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Y Sasuke, después de todo ese tiempo, se dio la oportunidad de reírse de sí mismo.

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- ¿Qué me has hecho, Naruto?

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Y ahora, algunas notas finales:

Drama queen* Alguien que hace un drama de cualquier cosa, por más insignificante que sea (llorar por la leche derramada, sufrir por una un cielo gris, sentirse morir por una patada en las pelotas, ya saben, nimiedades XD)

¿Qué hay de nuevo viejo?* Bugs Bunny :B, me gusta esa frase, es ideal para cualquier ocasión :P

En cuanto al fic:

Bueno, no sé qué decir al respecto. Sasuke se me hace tan… extraño. Diría algo más pero me gustaría dejarlo ver en los próximos capítulos. No todo puede ser amor y finales felices XDDDD

En fin.

¿Qué les ha parecido? Las opiniones siempre son bien recibidas.

Nos vemos en el próximo capítulo :D

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