Disclaimer:Todos los personajes de Shingeki no Kyojin que aparecen en esta historia pertenecen a Hajime Isayama.

Advertencia: Esta historia contiene Yaoi y Lemon, si los temas no te gustan, no la leas.

Pareja: Jean x Eren.


III

Jean, mi amigo


Capítulo contado por Eren de 17 años.


¿Cuál es la razón por la que sigo hablándole a Jean después de casi diez años de conocerlo?

Es la pregunta que me aqueja día a día, y que —lamentablemente— no he podido responder. Antes creía que era porque no tenía otra opción, digo, pues siendo vecinos teníamos que vernos al menos una vez al día, además desde pequeños hemos asistido a las mismas escuelas, nuestro grupo de amigos es el mismo y además —creo— que no nos llevamos tan mal. Así que no había muchas opciones para alejarme de él.

Sólo me dejé llevar por la rutina de estar a su lado, de ir a las clases de natación, de futbol, y de teatro —esa fue su idea, una de las más estúpidas que ha tenido, por cierto—; jamás reparé en lo cercanos que éramos hasta que Ymir, una chica extraña que conocimos hace poco, me preguntó por qué seguía a su lado después de decir que lo odiaba una y otra vez, sinceramente no pude responderle, no sabía qué debía responder.

Reiner me dijo en muchas ocasiones que soportaba a Jean por otra razón, lo dijo por primera vez cuando teníamos ocho años y lo ha repetido a lo largo de todo este tiempo, pero nunca ha querido decir con claridad qué es lo que piensa. Creo que es una idiotez que él inventó para intrigarme sin necesidad, aunque a pesar de mi voluntad, he caído en la tentación de preguntárselo muchas veces, lamentablemente siempre obtengo la misma respuesta.

Por mucho tiempo he tratado de entender la extrañeza de Jean, su impredictibilidad y su maldita manía de culparme de todo lo que le pasa, pero resulta imposible. Desde que era niño me convencí de la extrañeza y anti-naturalidad de ese cara de caballo, pero jamás creí que los años me darían la razón con tanto ahínco.

No hay lógica en su conducta. Es imposible saber cómo va a reaccionar cuando se trata de mí, a veces me trata con indiferencia, a veces pareciera que le importo mucho, otras veces casi me acosa para que vaya con él y los chicos a algunos lugares, otras me hace sentir como su mejor amigo, otras como un asqueroso donnadie.

A veces me parece que se aprovecha de mí, sobre todo cuando se trata de clases en las que él tiene problemas, usualmente en química y biología. ¿Qué puedo hacer yo si soy un genio mientras él es un estúpido sin remedio? Claro que por eso me toco el corazón para ayudarlo, no puedo dejarlo morir solo, aunque en ocasiones me parece muy tentador hacerlo.

Hay otras veces en que de verdad disfruto estar con él y pareciera que Jean piensa lo mismo, como aquella vez que tuvimos que ir al cine solos porque todos nuestros amigos nos cancelaron a última hora y pasamos una tarde muy divertida, pero —como siempre— él tenía que comenzar a arruinarlo todo.

Se puso histérico porque accidentalmente, ¡por completo accidentalmente! Rocé mi mano con la suya mientras veíamos algo interesante en un aparador de la tienda de videojuegos, desde ese momento empezó con sus indirectas estúpidas de que yo era un marica, de que me gustaba tocarlo en todo momento y de que un día me metería en su casa para hacerle algo.

Por supuesto que no iba a dejar las cosas así y tuve que responderle —para no perder la costumbre— que seguramente él era quién quería meterse en mi casa para hacerme esas cosas que le gustaba ver el internet y que de seguro se la pasaba masturbándose pensando en mí; sin embargo, por alguna razón, ese día reaccionó diferente, usualmente me grita y nos peleamos como siempre lo hacemos, pero en esa ocasión me miró a los ojos y luego desvió la mirada, caminó para alejarse de mí, no entendí por qué hacía eso y lo seguí, pero en vez de alcanzarlo parecía que corría como si lo hubiera asustado.

Sinceramente me harté de ese comportamiento tan infantil y lo alcancé sólo para decirle que me iría a mi casa, que no estaba dispuesto a seguir soportando sus estupideces, así que di la media vuelta y me fui; al poco tiempo me di cuenta de que me estaba siguiendo en silencio —algo por demás raro en él— pero estaba enojado y no quise ni mirarlo.

Llegué a la puerta de mi casa y, antes de que siquiera intentara sacar las llaves de mi bolsillo, sentí un empujón en la espalda que me hizo terminar a un lado de la puerta. En cuanto salí del aturdimiento, confronté a Jean, pues no había otra persona que ser atreviera a hacer esa estupidez.

Grité en su cara toda clase de insultos que se me ocurrieron, reclamándole el haberme golpeado por la espalda y el estarse comportando como un patán, sin embargo, no dijo una sola palabra y se limitó a observarme con una mirada extraña, algo que nunca había visto.

En cuanto se me ocurrió preguntar qué pasaba, apresó mis manos con una fuerza que jamás había visto y, haciendo que mi espalda diera de lleno contra la pared, se limitó a decir que lo que él usara para masturbarse no era de mi incumbencia, que mejor me callara si no quería que hiciera algo de lo que se pudiera arrepentir.

Claro que no entendí una palabra de lo que dijo así que no pude hacer más que observarlo como si fuera el ser más extraño del planeta, creo que entonces reparó en lo que hacía y poco a poco fue soltando mis manos, pero para ese entonces estábamos con la cara tan cerca que podía sentir su aliento sobre mí. Nos miramos unos segundos más y se marchó a su casa, le grité todo lo que pude para que regresara pero no lo hizo, así que corrí a mi habitación y me dediqué a acosarlo por teléfono pero tampoco tuve respuesta.

Esa noche no pude olvidar su mirada, jamás la había visto y no puedo negar que me gustó demasiado, sobre todo al saber que estaba dedicada a mí. Sin querer tuve una erección y me masturbé con un entusiasmo poco común; por alguna razón, en mi mente se mezclaron imágenes de videos que había visto antes, principalmente los que eran entre hombres y disfrutaba en silencio —y con cierta culpa—. El orgasmo de ese día se lo dediqué a Jean, aunque claro, él jamás se enteraría de algo tan homo como eso.

Muy a mi pesar tuve que aceptar que no era la primera vez que hacía algo como eso, en varias ocasiones me masturbé pensando en gente conocida, muchas veces en mis amigos, pero eso no significa que sea gay o algo parecido, creo que todos lo hacemos de vez en cuando, y mientras la gente no lo sepa, no hay ningún problema.

Al día siguiente intenté dejar lo ocurrido en el olvido, al final de cuentas, no era la primera vez que teníamos una discusión que terminaba de esa manera. Pero, como siempre, el cara de caballo no ayudaba en lo más mínimo a hacer llevadero el ambiente, al contrario, parecía especialmente decidido a convertir el camino a la escuela en una tortura china, hasta pensé que en algún momento de su vida se había especializado en eso.

En el momento en que el idiota mencionó que masturbarse pensando en hombres era la aberración más grande en el universo, no pude controlarme y me lancé sobre su horrible cara para golpearlo como pocas veces.

No estoy completamente seguro de todo lo que dije mientras me aferraba a su ropa para poder golpearlo sin que se fuera de mi alcance. Llegó un momento en que mis emociones se mezclaron y recordé lo que había hecho la noche anterior, no pude evitarlo y me lancé sobre su cara buscando sus labios, justo en el segundo en que los alcancé, sentí un sabor extraño pero no desagradable, me separé y, al ver la cara de Jean, me di cuenta de lo que hacía y retrocedí sólo para notar que estaba sentado a horcajadas sobre mi amigo y tomaba su ropa con tanta fuerza que estaba a punto de romperla.

Pareciera que, justo igual que yo, él tampoco se daba cuenta de todo lo que sucedía en ese momento, me miró con una enorme sorpresa estampada en su rostro al tiempo que entreabría los labios buscando el aire que yo le había quitado.

Intenté ponerme de pie y huir del lugar, pero sus manos fueron más fuertes y me detuvieron en ese mismo instante sólo para acercarme de nuevo a él y, aferrándose a mi nuca, robar de mis labios el beso más grande que persona alguna había tomado de mí.

Nos dejamos envolver en besos sonoros y necesitados, algo que jamás pensamos posible; poco a poco nos llenamos de caricias toscas y torpes, parecía que tocábamos un cocodrilo en vez de una persona. No nos importó saber que estábamos en la entrada de un pequeño callejón a tres cuadras de nuestra escuela, lo único relevante era no detener lo que habíamos iniciado y que, al parecer, ambos deseábamos.

Por momentos abría los ojos para comprobar que no estaba soñando, y el solo hecho de ver tan cerca esos ojos color miel —que por segundos parecían encendidos de color rojo—, me corroboraba que estaba a punto de tener sexo con mi amigo, quizás el mejor.

Jean me arrastró detrás de algunas cajas apiladas en el fondo del callejón, me empujó a una pared y creí que el encanto había terminado, pero lo que vi no hizo más que encender con más bríos mis ánimos, pues mi amigo bajó frente a mis ojos su ropa, permitiéndome ver la descomunal erección que guardaba en ella; cierto es que antes se la había visto parada —muchas veces a decir verdad—, pero jamás con ese tamaño y ese grosor que me hicieron salivar casi al instante.

Sin pensar en mis acciones, me arrodillé frente a él y tomé su pene en mis manos, levanté la cara con una mirada pícara y le pregunté si al menos se lo había lavado, recibí un golpe en la cabeza como respuesta y reí por el color rojo del que se pintó su cara.

Metí su pene en mi boca y sentí un ligero sabor amargo, aunque no fue desagradable considerando que era la primera vez que lo hacía. Besé varias veces su glande y sentí cómo brincaba todo su miembro ante mis caricias indiscretas.

Procuré no dejar ni un centímetro sin ser ensalivado, y él me lo agradeció con jadeos y gemidos; eso me excitó todavía más y tuve que sacar mi pene para acariciarlo un poco, ya lo tenía empapado de líquido pre-seminal y sé que él lo notó.

En un intento de ahogarme —o eso pareció— aventó su miembro contra mi boca y tuve que aguantarlo hasta que me dejó hacer la cabeza para atrás y tomar un poco de aire. Aunque su acción me pareció muy agresiva, quise repetirla sólo para probar más de él; mientras seguía masturbándome, metí y saqué su enorme polla varias veces de mi boca, jugué con su glande y lo mordí un poco, provocando que se quejara un tanto, pero no me importó, él no era el único que debía disfrutar.

De pronto, me tomó de un brazo y me jaló hacia arriba, quedamos de nuevo frente a frente y me besó otra vez mientras apresaba mi pene con su mano derecha. De la forma más indecente posible, me preguntó si quería ser follado por él, en vez de responderle como lo esperaba, me acerqué con lentitud a su cara y mordí su labio inferior, con eso bastó para que dejara de hacer preguntas estúpidas.

Sin ningún tipo de cuidado, me giró sobre mi eje y me aventó contra la pared, tomó mi ropa y la bajó sin importarle nada, escuché que escupió en su mano y acto seguido la puso sobre mi ano, mojándolo y haciéndome desesperar todavía más.

En un intento de ayudar, me recargué por completo sobre la pared y puse las manos en mis nalgas, las separé permitiendo que mi amigo observara lo que nadie antes, escuché perfectamente un jadeo y lo siguiente que sentí fue algo intentando entrar en mi culo.

Le grité que no fuera tan brusco, que al menos metiera sus dedos para abrirlo, pero su única respuesta fue aventar su miembro contra mi ano para penetrarlo sin clemencia. Con un puño golpeé enfurecido la pared, el dolor punzante que se esparcía por mi cuerpo era lo peor que había experimentado hasta ese momento. Le pedí que fuera lento en sus movimientos y pareció conmoverse por lo entrecortado de mi voz; comenzó a moverse con una sutilidad que jamás creí posible en él, por momentos me pareció que no me encontraba con Jean, pero su tacto en mi cadera me hizo recordar que estaba con él, que estaba haciendo lo impensable con mi amigo, al que —según yo— odiaba más que a nada.

Sus ligeras embestidas cambiaron de ritmo al mismo tiempo que yo me relajaba y le permitía entrar con más facilidad, poco a poco se fue convirtiendo en una sensación tan satisfactoria que desee nunca terminara, sobre todo cuando tocó mi próstata una y otra vez, en ese momento me entregué sin temores a él y le permití conocerme como nunca antes.

Comencé a gemir sin importarme que estábamos —prácticamente— en la vía pública, repetí su nombre y le pedí que me follara cada vez más rápido, él accedió de inmediato a mi pedido y pude sentir que su pene entraba cada vez más profundo.

El líquido de mi miembro no dejaba de salir y me sentí desfallecer en el momento en que calmadamente se acercó a mi oído y me pidió que me masturbara para él justo como antes lo hice, por un instante intenté no hacer lo que me decía, sin embargo, el fuerte empellón que dio a mi trasero fue el perfecto aliciente para que mi mano terminara en mi pene, moviéndose con una efusividad increíble.

Comencé a sentir los impulsos propios del orgasmo, se fueron extendiendo desde la parte central de mi cuerpo hasta el último rincón de mi organismo; sé a la perfección que mi amigo sintió lo mismo que yo, pues sus embestidas no tenían fin y su respiración se entrecortaba cada vez más.

Repentinamente, mi ano sintió un vacío incómodo y reclamé al notar que había dejado de penetrarme sin aviso previo, sin poder decir nada, sus fuertes brazos me giraron hasta quedar frente a frente y me aventó nuevamente contra la pared, unió nuestros labios al tiempo que me alzaba en sus brazos hasta dejarme a la altura de su pene, me penetró otra vez y sentí que tocaba las estrellas. Los roces a mi próstata no hacían más que aumentar mientras Jean me devoraba la boca casi como si fuera la última vez que me vería en la vida.

No pude resistir más, todos y cada uno de mis sentidos se llenaron de un placer indescriptible; me aferré a su espalda y —seguramente— le hice algunas marcas que se tornaron color rojo. Grité su nombre al tiempo que mi esperma se esparcía en medio de nuestros abdómenes, mis entrañas se estrecharon tanto que hice que él gimiera por igual mientras eyaculaba dentro de mí.

La respiración se entrecortó y no hubo palabras que pudiéramos articular para decir cómo nos sentíamos en ese momento. Lentamente me depositó en el piso, intenté mirarlo a los ojos pero me esquivó en todos y cada uno de los intentos; comenzó a acomodar su ropa y yo hice lo mismo.

No pude soportar más su mutismo y le pregunté qué estaba pensando, qué iba a pasar entre nosotros, qué íbamos a hacer y muchas otras cosas; no obtuve respuesta.

Empezó a caminar lentamente y, antes de salir del escondite que nos proporcionaron las cajas, se giró y me dijo que lo que hicimos no volvería a suceder, que no dejaría de ser mi amigo pero me pidió que nunca volviéramos a mencionar lo que había pasado. Era imposible para mí aceptar algo tan absurdo como eso, sobre todo porque no podíamos negar que ambos lo habíamos disfrutado.

Casi corrí hasta él y lo besé en los labios, la razón se me nubló y tuve que decir exactamente lo que estaba en mi mente, le dije que no iba a olvidar nada, que jamás me lo volviera a pedir y que si se arrepentía entonces lo pensara mejor para la próxima.

Él no tuvo palabras para responderme y me miró fijamente a los ojos, pero yo no quise ver más su cara y decidí irme a mi casa; no podía ir a la escuela con el culo escurriéndome de semen, el corazón a punto de una taquicardia y la mente hecha un lío.

No supe más de él en ese día, ni siquiera intenté contactarlo. Además, no sabía si podría mirarlo a los ojos mientras las imágenes de lo que habíamos hecho seguían en mi cerebro.

Jean es un patán, un idiota, un imbécil, un inepto, un descerebrado y el primer hombre con el que he tenido sexo. Es definitivo, algo está mal conmigo, tan mal que a pesar de todo, lo sigo considerando mi amigo.


¡Hola!

Sinceramente espero que les haya gustado, sobre todo porque tuve un problema grande al escribir el lemon, ojalá haya quedado decente.

Ya sé que muchas personas esperaban algo de acción entre estos dos, sólo que no saben cómo resolverán el pequeño problema en el que se han metido. xD

Espero sus comentarios y demás.

Faby, fuera.