Disclaimer:Todos los personajes de Shingeki no Kyojin que aparecen en esta historia pertenecen a Hajime Isayama.

Advertencia: Esta historia contiene Yaoi y Lemon, si los temas no te gustan, no la leas.

Pareja: Jean x Eren.


VI

Eren, mi más que amigo


Capítulo contado por Jean de 20 años.


Tantos años de conocerlo —y odiarlo— y aún no puedo deshacerme de él, ¿qué es lo que debo hacer para alejarme definitivamente de Eren Jaeger? No lo sé, nunca lo he sabido, es más, nuestro lazo se estrecha más día con día, sobre todo desde el incidente que sucedió hace tres años: aquella vez en que por alguna razón terminamos follando en el callejón; ese fue el acabose de todo.

Jamás pensé que me vería en la situación de tener prácticamente que perseguirlo para que me dejara explicarle el significado de lo que dije ese día, él no dejó de portarse como un mártir ultrajado y no quiso escucharme en varios días.

¿Era tan difícil comprender que yo no tenía idea de por qué hice lo que hice? Sólo una vez antes de eso había pensado en follar con un hombre, y sí, ese hombre era Eren, pero nunca pretendí que eso fuera más que una estúpida fantasía homosexual de la que nadie se enteraría, por lo que era normal que no supiera cómo reaccionar después de efectivamente follar con él.

Cuando finalmente se dignó a escucharme, coincidimos en que él tampoco tenía claro lo que había pasado, que estaba igual o más confundido que yo y que no tenía idea de porqué había reaccionado como chica herida y enamorada.

Entonces acordamos que jamás lo volveríamos a hacer y que todo se quedaría en secreto entre los dos y la amistad permanecería intacta. Pero nos equivocamos, al mes volvimos a follar en mi casa, al parecer ninguno de los dos dejó de masturbarse pensando en eso y aprovechamos la primera oportunidad en que nos vimos completamente a solas; a las dos semanas lo hicimos de nuevo, fue la primera vez que le hice un oral y debo reconocer que fue bastante bueno.

Desde ese día hasta que terminamos la preparatoria —aproximadamente tres meses— nos seguimos acostando casi una vez por semana. Los rumores de que algo pasaba entre nosotros no se hicieron esperar pero los ignoramos y seguimos mostrándonos como los amigos de siempre, con las discusiones por cualquier cosa incluidas; aunque engañar a Reiner no fue fácil, en realidad nunca lo engañamos, él fue el único que estuvo al tanto de lo sucedido aunque no le mencionáramos ni una palabra.

A pesar de que nuestro actuar contrastaba con las ideas heterosexuales que aún teníamos, pues a mí jamás dejaron de gustarme las mujeres y sé que a Eren tampoco, y además de que hablábamos una y otra vez que jamás seríamos más que amigos, había veces en que estando a solas nos comportábamos de una manera muy diferente: cuando veíamos películas él se acurrucaba cerca de mí y yo terminaba abrazándolo como si fuera una damisela, a veces yo lo tomaba de la mano mientras caminábamos por las oscuras calles de la ciudad, en otras ocasiones nos besábamos sin que buscáramos algo sexual.

No sé, Eren hace que me comporte de manera muy extraña, que haga cosas que jamás pensé y que disfrute estar a su lado día con día.

Otro hecho que marcó nuestra amistad fue que, por una enorme casualidad del desino, ambos decidimos ir a la Universidad de Münster, Eren estudiaría Biología y yo Derecho. Cuando la gente de la escuela se enteró de eso los rumores sobre nosotros se hicieron mucho más fuertes, una vez más los ignoramos aunque algo me decía que no lo podríamos esconder mucho tiempo más.

Resultó obvio que al irnos a la misma ciudad, nuestros padres no permitirían que viviéramos separados, y a decir verdad, no fue tan mala idea, pues nos conocíamos tanto que fue fácil establecer las reglas que nos regirían, aunque a veces sencillamente no nos soportamos con el paso de los años hemos aprendido a tolerarnos como jamás pensamos. Sin embargo, ninguno de los dos quiso tocar el tema de las visitas amistosas – sexuales que tendríamos en algún momento.

Esa decisión fue decisiva para ambos, pasamos de ser simples amigos de la infancia a compañeros de departamento, y en el camino, se podría decir que a algo más.

Los encuentros sexuales aumentaron a dos o tres veces por semana, la intensidad no varió, es más, cuando estábamos estresados por asuntos académicos, el sexo era mucho mejor; podría decir que nos hicimos expertos en conocer el cuerpo del otro.

Y es que ese imbécil sabía cómo excitarme en cualquier momento, como si no fuera suficiente con su cara de pasivo follable, el idiota solía mostrarme de manera por demás descarada sus erecciones a cualquier hora del día, y aunque yo pretendiera hacer uso de toda mi fuerza de voluntad, a veces me resultaba simplemente imposible no follarlo en cualquier lugar del departamento que compartíamos.

¿Quién iba a pensar que un tipo tan "rudo" —como él pretendía hacerse ver— resultara una perra ansiosa por ser abierta del culo? Y después de todo, ¿quién era yo para negarle —y negarme— un placer tan agradable que puede llegar a ser adictivo?

Por ejemplo, una ocasión que recuerdo perfectamente es aquella ocasión en que regresé tarde al departamento porque tuve que hacer un proyecto con unos compañeros, sinceramente no le avisé a Eren porque él no es mi madre o mi novia como para saber dónde estoy a cada momento. Regresé cerca de la 1 am, todo el lugar estaba en penumbra —y no esperaba que fuera diferente—, pasé a la cocina por un vaso de agua y fui directo a mi dormitorio, la ducha podría esperar hasta el día siguiente, de cualquier forma me tenía que levantar temprano.

Cuando entré a la habitación me pareció que había algo raro pero no quise averiguar, aventé los zapatos mientras me tiraba en la cama y me dispuse a dormir boca abajo; sin embargo, cuando estaba a punto de lograr mi objetivo, unas manos me apresaron y sentí el peso de un cuerpo encima de mí, obvio que no podía tratarse de otra persona que no fuera el idiota de Jaeger; en el momento en que intenté preguntarle qué pretendía puso su boca sobre mi oreja derecha y me preguntó por qué había tardado tanto y dijo que había estado esperándome con algo listo, claro que se me erizó la piel al sentir su aliento caliente y ese tono endemoniadamente seductor con el que le gusta hablarme, antes de que —si quiera pudiera decir algo—, él ya estaba restregando su erección contra mi trasero, mi pene reaccionó en el acto y comenzó a resultar doloroso estar tendido boca abajo.

Y claro, no iba a permitir que me tratara como a su pasivo, así que saqué fuerzas de todos lados para quitarlo de encima e invertir posiciones en la cama, quedé sentado sobre él y sólo en ese instante me percaté de su completa desnudez. Toda la situación era demasiado erótica como para rendirme ante mi cansancio físico, así que no tuve ningún reparo en acercarme a su cuello y comenzar a devorarlo casi con violencia. Lujuriosos gemidos salieron de su boca al tiempo que sus manos simulaban garras y se enterraban en mi espalda y brazos.

Toda mi razón se nubló y lo único que se alojó en mi mente fue poseer esa piel morena que olía a pasión pura. Mis besos y mordidas fueron bajando por su cuerpo hasta que mi cara quedó frente a su gran erección, la cual olía extremadamente bien —prueba de que se había bañado para esperarme—, con desespero engullí su pene y lo escuché gritar de placer mientras arqueaba la espalda obligándome a comer su hombría entera. En cuanto pude tener mi boca libre le reclamé haber hecho que casi me ahogara y lo único que se escuchó en las sombras fue su risa, su jodidamente encantadora risa burlándose de haber repetido lo que muchas veces le he hecho.

Perdonado el incidente, y tras darle una ligera mordida en el glande como castigo, continué devorando su pene, luego seguí con sus testículos y terminé en su ano; me deleité con ese sabor tan exquisito y único que tanto me ha aficionado.

Él levantó las piernas hasta pegarlas a su pecho, permitiéndome comerlo con más facilidad. Me acomodé en la cama para tener mejor acceso a él y puse las manos en sus nalgas, abrí su culo para introducir la lengua hasta lo más profundo de su ser; sus gemidos no hicieron más que aumentar mientras su cuerpo se movía al ritmo de mis embestidas orales. Sus testículos duros golpeaban contra mi cabeza y estoy seguro de que su glande no dejaba de gotear del pre-seminal; lo tenía completamente listo para mí.

No podía esperar más, necesitaba penetrarlo en ese instante o de lo contrario me explotaría el pene —estoy casi seguro de eso—, me levanté de donde estaba y me posicioné en donde a él más le gusta. Tomé su cadera con mis manos y la levanté para colocar mi miembro en su entrada, reí cuando me rogó que lo hiciera rápido, estaba tan desesperado que prácticamente comenzó a follarse sin que yo me moviera.

Decidí ceder a su pedido y me introduje en sus entrañas hasta lo más profundo, sé que le dolió que lo hiciera tan rápido pero no me importa, amo la manera en que se estrecha cuando lo penetro con violencia.

A partir de ese momento, no me detuve ni un instante, lo seguí penetrando y rozando en todos y cada uno de sus rincones; desde el primer segundo en que toqué su próstata, él se deshizo en gemidos y gritos, eso me incentivó aún más.

Sentí que el corazón se me saldría a cada momento. El placer, la lujuria y el deseo se conjuntaron en esa habitación y nos obligaron a desbordar los ímpetus más obscenos, esos que sólo nos hemos mostrado entre nosotros.

Cuidando no perder la penetración me agaché sobre él para alcanzar su boca, sólo en ese momento recordé que no lo había besado en todo el día y sentí que una parte importante de mi vida faltaba. Devoré sus labios y él hizo lo mismo con los míos, nos entregamos mientras nuestros genitales seguían danzando un baile perfectamente acompasado y rítmico, uno que jamás podríamos compartir con nadie más.

Pasaron varios minutos en los que seguí deleitándome al introducirme en ese delicioso culo, el mejor que he probado en la vida*. Mi erección, lejos de ceder, se mantenía con un vigor incesante, sé que él lo agradeció pues a los pocos segundos lo hice alcanzar uno de los orgasmos más copiosos que ha tenido conmigo.

Tras verlo y sentirlo eyacular, estuve a punto de seguirlo pero me contuve, no podía permitir que el idilio se terminara tan rápido, no después de saber que él estuvo todo el día esperándome para obtener justamente eso de mí.

Continué con las embestidas a pesar de que su cuerpo aún no se recuperaba del orgasmo, sentí a la perfección la dureza de su próstata y sus gemidos fueron más bien ahogados. Cuando pudo respirar de nuevo, me preguntó si yo era un tipo de bestia o algo así, sonreí triunfante y no hice más que embestirlo con toda la fuerza que me fue posible, tanta que gritó al tiempo que estrechaba sus entrañas recibiéndome gustoso.

Aguanté lo más que pude y lo llené de caricias y empellones que oscilaron entre la gentileza y la rudeza, su pene no tardó en reaccionar y estuvo de nuevo tan duro como el mío. Aprisioné su erección en mis manos y la masajeé tan fuerte como si se tratara de una propia; unos cuantos segundos después, el placer fue demasiado para ambos y nos vimos cayendo irremediablemente en un orgasmo delicioso.

Solté su pene mientras se corría, aquello parecía una manguera soltando todo a presión; puse las manos en sus nalgas y las abrí lo más que pude, me aferré a su piel y comencé a llenarlo de mi caliente esperma. Ambos gemimos como si fuera la primera vez y nos extasiamos escuchando la fuerte respiración del otro.

Al terminar, y cuando finalmente nuestros cuerpos respondieron a las órdenes de moverse, salí de él y me aventé a su lado, esperé a que mi respiración se calmara e instintivamente extendí un brazo para jalarlo hacia mí e invitarlo a que se recostara en mi pecho, no dudó ni un segundo y se acomodó como lo esperaba.

Justo en ese instante, y por primera vez en la vida, se cruzó en mi mente la idea de que parecíamos y nos comportábamos como una pareja, una de verdad. He de aceptar que no me pareció algo tan descabellado, quizás sólo estaba extremadamente confundido por la reciente sesión de sexo, sin embargo, cuando cometí la insensatez de decírselo a Eren, sólo se rió de mi comentario y dijo con seguridad que eso jamás sería posible, que jamás podríamos ser más que amigos —como tantas veces lo habíamos afirmado—.

Por alguna razón su comentario me incomodó, sentí como si me hubiera rechazado aunque en realidad ni siquiera me confesé o algo parecido. Me levanté con la excusa de ir al baño y me pareció escuchar su voz preguntándome si estaba bien, sólo le respondí que era hora de que regresara a su habitación.

Al regresar a mi recámara él se había ido tal como se lo pedí. Un sentimiento que no pude definir exactamente se instaló en mi pecho y sinceramente no entendí la razón de ello. Me decidí a dormir y dejar de pensar estupideces, no tenía sentido darle vueltas a un asunto que nunca tuvo ni pies no cabeza.

Durante la mañana siguiente hablamos poco, usualmente era así pero nunca nos había envuelto tal atmósfera de incomodidad. De pronto, él me preguntó si estaba molesto por haberse reído de mi comentario, sólo rodeé los ojos y respondí que no pero al parecer mi respuesta no lo convenció. Llegó la hora de irme y me dirigí a la puerta, cuando estaba a punto de salir, corrió a detenerme e hizo que girar para verlo, me besó en la boca y me deseó un buen día; no atiné a responder y me fui.

Ese ha sido uno de los comportamientos más extraños de ese idiota. A veces parece una esposa abnegada, otras es un verdadero hijo de puta todo el día. En muchas ocasiones ya no sé qué pensar respecto a él, pareciera que su único propósito en la vida es incomodarme y de verdad que lo logra.

Sin embargo, hay algo que no me permite separarme de él, no sé qué sea, sólo sé que quiero seguir conviviendo con él de esa manera; quizás me arrepienta de eso algún día.

He llegado a la conclusión de que no tiene sentido que intente comprenderlo, Eren no está hecho para eso. Y en todo caso, ¿por qué tendría que comprender a un idiota del que me pretendo alejar? Ese tipo de pensamientos son los que odio que él genere en mí, por eso lo aborrezco y reconozco que sólo es bueno en la cama, sólo eso.

Es posible que en algún momento pueda alejarme definitivamente de él, quizás cuando terminemos la universidad, no lo sé, por lo pronto seguiré a lado de Eren, mi amigo y casi amante.


* En ninguno de los capítulos anteriores he mencionado que Eren y Jean dejaron de ser vírgenes antes de la primera vez que follaron juntos, por lo que en realidad Jean tiene bastante experiencia con mujeres, Eren también la tiene pero es menos (digamos que es más tímido con las chicas). Por lo que no me gustaría que se asumiera que sólo tienen sexo entre ellos, quizás por el contenido de este capítulo se podría decir que su relación es más sexual que amistosa, pero como Jean bien lo dice, a ninguno de los dos han dejado de gustarle las chicas.


¡Hola!

Disculpen la tardanza pero de verdad que escribo lo más rápido que puedo, hay días en que simplemente me resulta imposible.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Les gustó, quedo feo? ¡Díganme! xD

Y por cierto, en teoría, el capítulo siguiente será el último, sí, sé que es corto pero se los dije desde el inicio.

En fin, espero sus comentarios y todo lo que deseen obsequiarme.

Faby fuera.