Disclaimer:Todos los personajes de Shingeki no Kyojin que aparecen en esta historia pertenecen a Hajime Isayama.
Advertencia: Esta historia contiene Yaoi y Lemon, si los temas no te gustan, no la leas.
Pareja: Jean x Eren.
Dedicatoria: Por si lo habían olvidado, este fic es completamente de Panquequito. ¡Amor infinito a Tina! (?)
V
Al final, nosotros
Capítulo contado por Eren de 23 años.
Han transcurrido 16 años y finalmente sé que es lo que me ata a Jean, él piensa lo mismo pero le gusta hacerse del rogar, además de que está excesivamente despegado de sus sentimientos, siempre se lo he dicho pero hasta hace poco ha decidido hacer algo al respecto.
Teníamos 17 años cuando follamos la primera vez, y aunque él diga lo contrario, sé que no fue el primer momento en que nos vimos con intenciones sexuales, yo lo vi de esa manera muchas veces antes —pero él tuvo la culpa por mostrarme la verga en cuanta ocasión pudo—. Y desde entonces fuimos amigos sexuales más que simplemente amigos.
No sé cómo fue que terminé enredándome de esa forma con él, pero he de reconocer que me gustó, y mucho, pues nunca fui un conquistador y el poder acostarme con alguien sólo para quitarme las ganas fue algo que me satisfizo en extremo, al menos al cara de caballo no tenía que invitarlo a cenar o cosas así para que terminara en la cama conmigo.
A pesar de todo, no creí que sería el pasivo durante toda la relación. En más de una ocasión pensé en seducirlo e invertir los papales, penetrarlo tan fuerte para que supiera exactamente lo que yo siento cuando lo hace así; pero jamás pude, tan sólo pensar en que tendría el pene parado y no estaría dentro de mí me hacía enfurecer. ¡Maldita sea! Creo que eso es lo único que odio de mi relación con Jean, que ha logrado hacerme por completo dependiente suyo, tanto que muchas veces no hago más que ansiar tenerlo dentro, muy dentro.
Cuando comencé a darme cuenta de que estaba apegándome demasiado a él, intenté buscar otras personas y salir con chicas de mi facultad, obviamente no con intenciones de pareja pero al menos quería probar con alguien nuevo, quién sabe, quizás así dejaría de pensar en el estúpido de mi compañero.
Estuve a punto de hacerlo con una chica de las más hermosas de mi clase, la que todos deseaban, pero perdí la erección en cuanto recordé que ella no tenía pene; fue algo vergonzoso y estúpido. Entonces pensé en salir con chicos, conseguí a uno que era muy, ¿cómo decirlo? ¿Lindo? Era un chico demasiado gay para mí pero ya había acordado salir con él así que no pude retractarme, tal como lo esperaba, él quería acostarse conmigo y quería ser el pasivo, por lo que no dudé y cuando estaba a punto de penetrarlo recordé la cara de Jean y no pude hacerlo, es más, mi culo se sintió ofendido cuando supo que él no sería el protagonista. Ninguno de mis intentos funcionó.
La situación entera se volvió un problema, sobre todo cuando sumé todas y cada una de las veces en que Jean no hacía más que tratarme de manera gentil y amable. Lo único que conseguí fue confundirme más, mucho más; entonces me percaté de que él estaba confundido también.
Todo comenzó aquel día que él llegó muy tarde y lo esperé en su habitación, sabía que estaba cansado pero logré seducirlo y terminamos follando de una forma increíble. Todo mi ser se rindió ante él y no pude hacer más que cumplir todos y cada uno de los caprichos que se le ocurrieron; sin embargo, cuando terminamos y me abrazó, sentí que algo había cambiado, ese no era su comportamiento normal, luego mencionó que parecíamos una pareja, yo también lo pensé, pero como siempre, mi boca fue más rápida que mi cerebro y dije algo pareció una burla a su —casi— confesión.
Mis palabras lo molestaron, lo sé aunque no lo admita, y a decir verdad no supe cómo enfrentar el haberlo herido. En algún otro momento de nuestras vidas no me hubiera importado, de eso no hay duda, pero en ese instante no pude hacer más que pensar en él, en una manera de compensarlo. Pero ¿por qué tendría que compensar algo? Quizás porque sería lo que yo esperaría si hubiera sido tratado de esa manera.
A partir de ese día no dejé de pensar en lo que habría pasado si yo le hubiera dicho la verdad, que yo también he pensado muchas veces en cómo seríamos como pareja, ¿nos comprenderíamos? Pero decir esas palabras, también implican las dudas enormes que me carcomían por dentro, ¿tendríamos tanto problemas como hasta ahora? ¿Hasta qué punto cambiaría nuestra dinámica? Son cosas que también me intrigan, y mucho, pero sinceramente no sé cómo decírselo, y más importante que eso, ¿me tomaría en serio?
Intenté buscar el momento idóneo para confesarle mis dudas, trataba de que estuviéramos en el departamento el mayor tiempo posible, sin embargo, no fue suficiente, no pude hacer nada, pues en las contadas veces que tuve la oportunidad, el valor me abandonó y regresaba varios días después. Entonces pensé que no tenía caso decir nada, quizás yo me estaba precipitando al intentar forzar una relación que ambos habíamos acordado que jamás se daría.
Quise olvidar todas aquellas ideas —y por qué no decirlo, ilusiones— que me generó el querer confesarme, traté de ser sólo el amigo y compañero que Jean quería, pero me percaté de que su comportamiento iba cambiando poco a poco.
Con el paso de los días, las llegadas tarde de Jean se hicieron más constantes, hubo días en que yo me dormía a las 2 am y él no aparecía; algo comenzó a inquietarme, no tanto por él sino porque comencé a actuar como esposa celosa y eso no podía ser posible, no tendría por qué preocuparme de dónde o con quién estaba, después de todo, él era tan libre como yo de poder salir con quien le diera la gana.
Pero como siempre dice la gente, es más fácil decir que hacer, así que mi obsesión por saber dónde pasaba el tiempo no hizo más que crecer. Me di cuenta de que no estaba faltando a clases y no tenía problemas con sus compañeros de la universidad, ¿entonces qué demonios hacía que le implicaba regresar tan tarde a casa?
No tuve otra opción que preguntarle de frente, pero para hacerlo tuve que esperarlo un días hasta casi las 3 am. Cuando finalmente se dignó a aparecer, lo intercepté antes de que entrara a su habitación, sabía que si lo dejaba adentrarse en ella no podría sacarle ni una palabra. Lo confronté directamente y le pregunté qué era lo que pasaba, a qué se debía ese comportamiento y cuantas preguntas llegaron a mi mente, él simplemente se quedó en silencio y mirando al piso, después de algunos minutos levantó la mirada y me observó de una manera extraña, no pude hacer más que retroceder y preguntarle qué cosa estaba pasando por su mente.
De pronto, se abalanzó sobre mí y me abrazó con una fuerza excesiva, algo que jamás había visto en él. No supe si responder o alejarlo lo más pronto posible de mí, sin embargo, comenzó a susurrar algo que parecía una letanía sacada de una película de terror. Lo único que sí pude entender fue que dijo que ya podía más con eso, que algo le estaba pasado y no tenía idea de qué hacer y que no sabía cómo decírmelo. Pensé entonces que algo de verdad estaba mal con él, algo en lo que sólo yo podía ayudarle.
No lo pensé más y lo abracé fuerte, tan fuerte como él lo estaba haciendo; poco a poco se tranquilizó y decidió decirme la verdad. Me confesó que desde hacía días atrás sentía algo incomprensible cuando me veía, que no podía dejar de pensar en mí y que todos esos días había salido con chicas pero ninguna le satisfacía, en fin, dijo mucho de lo que yo mismo pensé durante ese mismo periodo de tiempo. Entonces fue que finalmente lo comprendí todo, entendí lo que Reiner decía cuando teníamos ocho años, comprendí que Jean me gustaba, que me ha gustado desde hace años y que él también me ve de esa forma.
Fue el momento perfecto para confesarle mis sentimientos y mi confusión, me miró con los ojos muy abiertos por la sorpresa y cuando terminé de hablar, sonrió de la manera más sincera que le fue posible. Pareció como si un peso enorme se me quitara de encima y también a él; ambos logramos liberarnos de algo que nos atormentó durante tanto tiempo y que comenzaba a dejar rastros en nuestro cuerpo, rastros que eran evidentes, por ejemplo, en nuestras pronunciadas ojeras.
Me percaté de que ya no había razón para que mantuviera a raya mis acciones, no debían ser tomadas como extrañas o incoherentes. Sin terminar el abrazo, me aventé contra su cuerpo, ocasionando que terminara en el piso. Me afiancé tan fuerte a él que casi lo asfixio, y contrario a su actuar habitual, esa vez no me golpeó ni me aventó, es más, buscó mis labios con desespero y nos deshicimos en deliciosos besos y caricias necesitadas. Nos dimos lo que sabíamos que sólo podíamos conseguir entre nosotros.
Jamás como esa noche había sentido tanta intensidad en las caricias de Jean, sus manos parecían ávidas de tocar toda mi piel, y claro, no tuve porqué oponerme ante tal intención, pues también era claramente la mía.
Busqué con ansias deshacerme de toda su ropa, necesitaba con desespero estar en contacto directo con su piel. Desabotoné su camisa y en cuanto no hubo tela de por medio, no hice más que acariciarlo hasta donde me fue posible; él hizo lo mismo que yo y pronto nos vimos desnudos del torso.
Me resultaba imposible estar lejos de sus labios, los busqué de nuevo y no dejé de besarlo hasta que sentí la boca hinchada y adolorida, eso tampoco me importó demasiado en ese momento. Cuando dejamos de besarnos, él bajó hasta mi cuello para devorarlo, lo mordió más de una vez y mi excitación no hacía más que aumentar. Encajé las uñas en su cuello y espalda y sentí a la perfección cómo su erección me golpeaba el vientre, exigiendo ser liberada de su prisión de piel.
Intenté moverme para quitarle el pantalón, sin embargo me detuvo y jaló de nuevo hacía él, colocó la boca justo encima de mi oreja y susurró que era momento de que él me hiciera disfrutar después de tanto tiempo. Bajó las manos a mi pantalón y comenzó a desabotonarlos, después me invitó a ponerme de pie para quitármelos por completo, una vez que lo hizo se puso de pie y, tomándome de la mano, nos dirigimos a mi habitación.
Una vez dentro de ella, me depositó gentilmente en la cama y se desnudó frente a mí, mostrándome su perfectamente erecto miembro, algo dentro de mí saltó al verlo y mi deseo incrementó. Se instaló tranquilamente sobre mí para besarme en todos los lugares que le fue posible; comenzó en la boca y se desplazó hacia abajo, sin embargo, cuando llegó a mi entrepierna, pasó de largo y le reclamé, obteniendo como respuesta un simple "espera".
Cuando terminó de besar mis piernas, me pidió que me girara para darle la espalda, lo hice completamente impaciente por lo que vendría después. De nuevo acarició y besó desde mi cuello, sin embargo hizo especial énfasis en mi espalda, él sabe que eso me derrite a sus pies; para ese momento mis gemidos no eran callados, sino estridentes y necesitados. Lentamente bajó hasta posicionarse entre mis nalgas, las mordió un poco y dio un lengüetazo a mi ano; me estremecí por completo al tiempo que repetía su última acción y tomaba mis testículos con una de sus manos para masajearlos.
Me deshice en gemidos y gritos de placer. Nunca antes él se había tomado el tiempo de prepararme con tanto ahínco, es más, cuando yo intentaba hacer lo mismo él se desesperaba y me exigía que fuéramos al grano. Quizás por eso ni siquiera pensé en pedirle que se apresurara, sabía de esa manera sería de él por completo, más de lo que jamás había imaginado.
Pasó con gentileza de mis testículos a mi pene, lo masajeó con tranquilidad mientras las primeras gotas de pre-seminal comenzaban a salir. Un dedo se abrió paso a través de mi trasero, lo hizo con lentitud pero con firmeza, pero uno no era suficiente, no para mi grado de excitación; se lo dije y pronto tuve dos dedos más, los movía con presteza acariciando tenuemente mi próstata. Poco a poco el ritmo de las caricias fue incrementando, justo como lo hacía su respiración.
No pasó mucho para que me tuviera pidiéndole ser penetrado, la preparación era excelente pero mi cuerpo estaba listo para más, mucho más. Decidió considerar mi solicitud y lentamente retiró los dedos, no sin antes apretar un poco mi próstata y sacarme un gemido muy agudo.
Se colocó detrás de mí y sentí su glande dando ligeros golpes en mi ano, instintivamente moví mi trasero como invitándolo a entrar finalmente y me regocijé cuando la invitación fue aceptada. Fui penetrado por ese enorme miembro que tantos placeres me ha causado, grité y gemí sin importarme los vecinos ni nadie en el mundo; en ese momento sólo estábamos él y yo, disfrutándonos plenamente.
Afianzó las manos en mi cadera y se empujó lentamente hasta entrar por completo, temblé cuando lo hizo pero también lo agradecí. A partir de ese instante comenzaron las embestidas que tanto me gustan: al inicio suaves y de pronto profundas. Poco a poco el ambiente se fue cargando de excitación y deseo; nuestros movimientos se coordinaron y pronto me vi rebotando en su miembro al tiempo que exigía más.
Glorioso minutos pasamos en esa posición. No había forma de que detuviéramos lo que tanto queríamos hacer. Sus embestidas aumentaron considerablemente, mientras que su respiración se entrecortaba cada vez más, mi garganta comenzaba a doler por la intensidad de mis gritos y la cama no dejaba de crujir cada vez que nos movíamos. Estaba por llegar al límite pero no era suficiente, necesitaba satisfacerme y satisfacerlo mucho más.
Repentinamente le pedí que se detuviera y se recostara en la cama, sé que mi pedido le pareció extraño en ese momento pero no objetó. Se tendió boca arriba y me posicioné a horcajadas sobre su vientre, de la forma más obscena posible tomé su pene y lo masajeé lentamente alrededor de mi ano; logré excitarlo tanto que gemidos ahogados salieron de su garganta.
Cuando finalmente no pude contenerme más, me senté por completo en su miembro y gemí al abrir mis nalgas con las manos para permitirle un mejor paso. Caí por completo sobre su vientre y sus testículos, entonces le pregunté si estaba listo para lo que seguía y me tomó de la cadera exigiéndome que me moviera.
Lentamente me desplacé por su erección, en ocasiones lento y en otras rápido, no dejé ni un centímetro de él fuera de mí. Aventé el torso hacia atrás y coloqué las manos en sus rodillas, amé la sensación de ser follado hasta el último rincón de mi recto. Él inició un movimiento que me hizo brincar a su ritmo, fue algo tan maravilloso que mi hinchado pene no dejaba de golpear contra mi vientre.
Intensos momentos atemporales permanecimos en esa posición. De pronto perdí la noción de todo y me enfoqué solamente en el placer indescriptible que nos brindábamos. Nuestras respiraciones se hicieron audibles en extremo, los gemidos no hicieron más que demostrar la excitación presente y los gritos no cesaron hasta que las gargantas quedaron exhaustas.
Busqué enfocar el verde de mi mirada en el miel de la suya, sus ojos me observaban con tanto deseo que me fue imposible soportar más. Estreché las entrañas y enterré las uñas en su piel, él hizo lo mismo con la mía y nos vimos cayendo irremediablemente en un orgasmo tan arrebatador como ningún otro.
Mi eyaculación salió disparada en su pecho y la de él llenó por completo mi interior. Nuestros cuerpos sucumbieron ante la fuerza de lo acontecido y mis piernas no fueron capaces de sostenerme por más tiempo, estuve a punto de caer de espaldas pero las fuertes manos de Jean me sostuvieron. Me abrazó sin importarle que ambos estuviéramos manchados de semen, me sostuvo fuertemente de la espalda y seguí sentado sobre su vientre; sentí a la perfección cómo su pene salía de mí y nuestras respiraciones se normalizaban.
Tras algunos minutos, finalmente me sentí capaz de mencionar palabra alguna otra vez, pero lo único que salió de mi boca fue algo parecido a "te quiero", me recriminé de inmediato por —nuevamente— no pensar lo que decía, sin embargo, él respondió un claro y contundente "yo también". Cerré los ojos y lo abracé con fuerza, al parecer por fin nos estábamos entendiendo.
Esa noche dormimos juntos, pero no fue como otras veces, en esa ocasión hubo algo diferente en nosotros y en el ambiente. No importó la suciedad de las sábanas ni el sudor de nuestros cuerpos, lo único relevante éramos nosotros y lo que sucedería a partir de ese día.
La mañana siguiente fue extraña pero ninguno había olvidado las palabras dichas con anterioridad. Tuvimos que hablar largamente para quedar completamente en claro, diversos temas pasaron por la conversación, incluido el de las chicas, sin embargo, acordamos que ya que ninguno había tenido novia oficial en mucho tiempo, quizás podríamos asumir que ya no nos interesaban tanto como antes.
Así que, desde ese día, dos años atrás, Jean y yo somos pareja oficialmente.
El hecho de decírselo a nuestros amigos y familiares fue un tanto difícil, sin embargo fue aceptado fácilmente por todos, quizás porque algunos —como Reiner— lo veían venir desde hacía años; eso o quizás el que nos vieron tan convencidos de lo que decíamos que no hubo manera de que rebatieran.
Al finalizar la universidad decidimos quedarnos a vivir en Münster, esa ciudad se convirtió en nuestro refugio del mundo.
Hemos pasado por mucho. Hemos tenido problemas y los hemos superado. Algunos días parecen sacados de una película romántica, otros de una de drama, pero al final de cuentas, nosotros seguimos juntos.
A mis 23 años sé que aún debo aprender mucho, demasiado, tanto de la vida como de las relaciones de pareja, pero sé que a lado de él podré hacer eso y muchísimo más. Y a riesgo de que todo suene a película trillada de Hollywood, sé que no me equivoqué, sé que tomé la decisión correcta.
Él es Jean, mi enemigo en los juegos de la infancia, mi amigo que me enseñó muchas cosas, mi amante cuando llegó el momento adecuado, la persona a la que, a veces, menos tolero en el mundo y también a la que no quiero alejar de mi vida.
Él es, simplemente, el hombre del que, a través del tiempo, me enamoré.
F I N
Y entonces, ¿qué les pareció? Espero de todo corazón que no les haya decepcionado este final.
Como lo dije en el primer capítulo (o creo que lo dije), esta idea inicialmente era un one-shot pero luego decidí separarlo para poder "escuchar la voz" de ambos personajes. Es por eso que siempre fue un fic corto.
Sé que algunos hubieran preferido que lo alargara y eso, pero reitero mi postura de no meter relleno a los fics sólo por tener más capítulos, nunca me ha gustado hacer eso y espero nunca hacerlo.
Como siempre, comentarios, dudas, felicitaciones o lo que gusten darme, lo recibo con gusto.
¡Abrazo a la hermosa Tina-Panquequito del Sagado Corazón de María! xD
Ahora sí, Faby, fuera.
