Atado por un hilo rojo del destino, mi meñique se oprime, la sangre no llega al extremo. No me puedo desprender del gran pesar de mis otras vidas, no consigo reflejar lo que verdaderamente siento. Atados por un hilo, atados por un hecho. Dos seres completos que se buscan entre sí al largo de los tiempos. Dos sujetos, no importa género. En sus almas un cosquilleo que les persigue desde el nacimiento deseando encontrar-se con el amor eterno. Solo hay un problema, este es mi caso, no hay otra alma que me corresponda. Este murió, y solo por mi culpa, sacrificó su cuerpo por el mío. Mi hilo esta roto desde hace unos minutos, solo espero el momento de poder volver a atarlo. En el limbo espero encontrarlo, su nombre es Levi, y es el mayor regalo que me han dado.
Si tan solo pudiese desatarme de ese malestar, aunque lo olvidase todo, no sufriría de este modo. No puedo hacerlo, ya que el aprecio me ciega. Ahora en la Tierra poco tiempo me queda...
Mientras pierdo mi sangre te veo. Estabas delante mío en todo momento. Tus ojos se han cristalizado, en pocas ocasiones te he podido ver llorar. Me abrazas, con ternura, con amor, con alivio. Te correspondo con una sonrisa, mientras en mi cuerpo físico desciende una lágrima. Solo a dos metros de tu cuerpo vacío, he intentado cogerte la mano. Nunca he logrado alcanzarla. Acordamos hacer-lo juntos, pero tú has muerto primero.
