Una cita fuera de lo común
Lunes por la mañana.
Pilika se levantó de golpe, y vio su despertador marcar las 8:00 de la mañana, salió de un brinco de la cama y corrió a su regadera a darse un baño exprés, se vistió y maquilló en tiempo record, y salió corriendo de su departamento.
Mientras Pilika corría como si la vida se le fuera en ello contra el reloj, Ren Tao se encontraba en su oficina bebiendo un delicioso café cargado y revisando algo de papeleo. Sin duda alguna el despertar de Ren había sido diferente, se había levantado a las 6:30 como de costumbre, había hecho algo de ejercicio, había desayunado y había salido tranquilamente de su departamento para llegar 10 minutos antes de las 8 de la mañana a la oficina.
Suspiró y llamó a su secretaria, quién se limitó a contestarle lo mismo que hacía media hora.
"Lo siento, Sr. Tao, aún no ha llegado la Srta. Pilika" – le dijo la voz a través del comunicador y frunció el ceño, ya eran las 8:30 ¿Dónde estaba Pilika? ¿Lo estaría evitando? Sacudió de su cabeza esos pensamientos, Pilika no era la clase de mujer que evita a un hombre por haber compartido la misma cama. Decidió apartar eso de su mente y ponerse a trabajar, le esperaba una semana bastante pesada.
Pilika llegó a las 9:00 de la mañana a su oficina, le había tocado todo el tráfico matutino. Se detuvo para coger algo de aire y gimió al ver todo su trabajo para ese día sobre su escritorio, con un suspiró de resignación puso manos a la obra.
Cabe mencionar, que Pilika Usui y Ren Tao no se vieron ese día. Consumidos en sus respectivos trabajos, habían tenido su mente totalmente ocupada. Pero cuando de noche sus cabezas tocaron la almohada, no pudieron evitar pensar en su increíble noche juntos.
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Martes por la mañana.
Pilika se levantó más temprano de lo normal, para reponer la llegada tarde del día anterior. Llegó a las 7:45 a la oficina, bebiendo de un delicioso té. Estaba ya casi sobre fechas, para estregar el primer avance de su trabajo y todo el equipo de diseño estaba vuelto loco junto con ella. Suspiró y comenzó a adelantar su trabajo.
Ren llegó a su oficina a las 7:50, y vio con curiosidad que la luz dentro de la oficina de Pilika estaba prendida. Tuvo el impulso de ir a verla, pero recordó que empezaba su día con una junta a las 8 y que no sería prudente. Todo ese día tenía la agenda llena de juntas, ya que todos los departamentos de la empresa estaban sobre fecha para entregar sus reportes. Suspiró resignado y se metió a su oficina.
Esa noche Pilika y Ren pensaron en la ironía del asunto. Ellos siendo espíritus libres, estaban acostumbrados a que al día siguiente sus amantes les estuvieran pidiendo repetir, y extrañamente ni ella ni él se había siquiera visto, mucho menos hablado. Ren trató de pensar cuanto tiempo pasaría antes de que Pilika lo buscara y ella se cuestionaba cuanto tardaría él en llamarla. Siendo guiados por el orgullo y no estando acostumbrados, no estaban dispuestos a dar el primer paso.
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Miércoles por la mañana.
Pilika volvió a salir algo tarde de su departamento, se había demorado escogiendo su vestuario de ese día y no había reparado en la hora. Sin embargo llegó justo a tiempo, para ver las puertas del elevador comenzar a cerrarse con Ren Tao dentro de él, lo ultimó que vio Pilika antes que las puertas del elevador se cerraran, fue los ojos de Ren y el esbozo de una sonrisa torcida. Qué la dejó pensando en él todo el día.
Ren estaba feliz, por fin había podido ver a Pilika, aunque fuera por un microsegundo. Le había visto las piernas y el busto, se veía sensacional. Ahora su mente podía imaginarla desnuda con más claridad. Su mente y su orgullo se debatían entre dar el primer paso arduamente.
Aquella noche, uno de los dos cedió al orgullo.
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Jueves por la tarde.
Finalmente, la semana estaba terminando y con ella, el incesante trabajo. Pilika decidió ir a la cafetería por un té y darle a su cabeza un poco de descanso. Se sentó en un mesa apartada y sacó un cuaderno de dibujo donde hacía los diseños de sus vestidos. Tan concentrado estaba, que no se dio cuenta cuando Ren Tao se sentó frente a ella.
"¿No te cansas de trabajar" – le preguntó con sorna, logrando que la mujer frente a él levantará la mirada sorprendida de la intrusión.
"¿Qué no te enseñaron a no husmear en las cosas de los demás?" – le respondió ella y le sacó la lengua, logrando que él riera.
"Pues algo así me habrán dicho, pero no preste mucha atención" – la picó él y ella rodó los ojos.
"Bueno, Tao, aprovecharé que estas aquí siendo un dolor en mi trasero" – dijo ella y al instante se arrepintió de haber dicho dolor en mi trasero al ser asaltada con imágenes de él detrás de ella mordiéndole el trasero. Se sonrojó en el acto y Ren rió a carcajadas.
"Me alegra saber que soy un dolor en tu trasero" – le dijo y le guiñó el ojo.
"No te emociones tanto, Tao" – le dijo ella restándole importancia.- "Bueno, a lo que iba, te quería preguntar si ¿estás libre el sábado por la tarde?"
"Vaya, vaya, ya tan pronto ¿quieres volver a tenerme entre tu piernas?" – le preguntó él con sorna y ella bufó.
"Pues la verdad es que no, de hecho mi invitación es para una cita conmigo, no una cita conmigo y mi cama" – le dijo ella guiñando un ojo, para después reír divertida ante la escéptica mirada de Ren Tao.
"¿Tú quieres salir en una cita conmigo?" – le preguntó él aún escéptico.
"Sí, ¿por qué no? ¿Acaso tienes algún trastorno de personalidad del que debería de saber antes de salir contigo?" – le preguntó ella con sorna y él frunció el ceño.
"Por supuesto que no, para tu información tengo excelentes facultades mentales. Y respondiendo a tu pregunta, sí, me gustaría salir en una cita contigo" – le dijo él y Pilika sonrió.
"Perfecto, pasaré por ti a las 3 de la tarde el sábado" – le dijo ella antes de levantarse e irse, dejando a un confundido Ren Tao en la mesa, ¿desde cuando la mujer pasaba por el hombre?
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Viernes por la noche.
"Ya Pilika dime a dónde me llevaras, o no iré" – la amenazó por décima vez en el día Ren.
"Ya te dije que es sorpresa, Tao. Además ya te dije que si te portas bien y cooperas, te dejaré tener una cita conmigo y mi cama" – le dijo con coquetería y él esbozo una sonrisa torcida.
"¿Y si mejor tengo una cita contigo y el escritorio de mi oficina?" – le propuso él voz ronca y ella se mordió el labio indecisa.
"No lo sé, aún quedan muchos empleados, no quiero dar una escena con el jefe" – dijo ella y él la miró con sorna.
"Siempre pensé que serías más intrépida" – le dijo él y ella le pegó juguetonamente en el hombro.
"Lo soy, pero no con mi jefe, tal vez si fueras el guapísimo de finanzas te daría un revolcón" – le pico ella y Ren frunció el ceño, revisaría quién estaba en finanzas.
"Esta bien, ya entendí tu punto" – le dijo él y suspiró con resignación.
"Sonríe, Tao. Mañana nos divertiremos mucho, por cierto, lleva ropa cómoda" – le dijo ella y él la miró extrañado.
"¿Ropa cómoda?" – le preguntó él sin entender.
"Sí, ya sabes, pantalón de mezclilla, playera, tenis… quiero pensar que tienes algo más en tu closet que trajes aburridos" – le dijo ella burlonamente y él frunció el ceño.
"¡Por supuesto que tengo ropa cómoda, mujer!, es sólo que no logro imaginar como en una cita llevas ropa cómoda y no elegante" – le dijo él con sinceridad y ella lo miró sorprendida.
"¿Siempre vas a restaurantes y antros con tus amiguitas?" – le preguntó ella y él asintió.
"Tao, Tao… conmigo aprenderás que hay un mundo allá afuera, además de tus lugares caros" – le dijo ella antes de lanzarle un beso al aire e irse.
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Sábado por la mañana.
Pilika se levantó a las 11 de la mañana y supo que sería un buen día, en la radio sonaba una canción movida con la cual empezó a bailar mientras se daba un revitalizador baño.
Se vistió con unos shorts de mezclilla, una blusa morada uva con escote tipo V, que combinaba con sus converse morados. Se hizo una coleta, y maquilló ligeramente su rostro.
Se preparó algo de comer, ya que su estómago clamaba por comida. Bebió un poco de vino con la rica pasta que había preparado y se cuestiono si se estaba arriesgando demasiado con esa cita. Sabía que sí. Pero algo, algo la había motivado a salir con Ren, había algo en él que le atraía sobremanera, era diferente a los demás hombres con los que había estado. Estaba consciente que ella era la que había cedido, al invitarlo a salir. Pero no se arrepentía, ella en verdad quería salir con él, y no estaba dispuesta a esperar a que la fase macho men de Tao pasara.
Miró su reloj de pulsera y suspiró, 2 de la tarde. Se levantó de la silla y lavó los platos, mientras tarareaba. Se lavó los dientes y metió lo necesario a su bolsa. Miró su reloj, 2:35, sería mejor ir saliendo, con lo pesado que se ponía Tao con la puntualidad, tomó las llaves de su carro y salió de su departamento.
Llegó al departamento de Ren, exactamente a las 3 de la tarde. Lo vio salir del edificio, luciendo unos pantalones de mezclilla oscuros ajustados, una playera negra algo ajustada y unos tenis negros, ¿por qué ese hombre se ve sexy con todo? Se cuestiono Pilika mientras tenía pensamientos indecorosos.
Ren subió al carro de Pilika con elegancia y casi le da un paro cardiaco al verla, Pilika había dejado al descubierto sus blancas piernas y por su escote se podía ver el nacimiento de sus pechos, Ren tragó saliva y se removió en el asiento.
"¿Listo para la aventura, Tao?" – le preguntó ella, mientras ponía el coche en marcha.
"No lo sé, ¿segura que no prefieres tener una cita conmigo y mi cama?" – le preguntó él con lujuria y ella sonrió con coquetería.
"Si te portas bien, guapo, en la noche tendrás tu premio" – le dijo ella y Ren sonrió con resignación.
Aprovechando el semáforo en rojo, Pilika tomó su IPOD y puso "Ai se eu te pego", y comenzó a cantar, logrando que Ren riera.
"¿Intentas decirme algo con esa canción?" – le preguntó él con sorna.
"Claro que sí y veo que haz entendido el mensaje" – le respondió ella esbozando una sonrisa torcida. La canción terminó y comenzó a sonar "Im a Barbie Girl", Pilika y Ren se voltearon a ver al mismo tiempo y rompieron a reír a carcajadas.
"I'm a Barbie girl in a Barbie girl, all in plastic is fantastic" – cantaba Pilika entre risas, logrando que Ren riera más. – "Lo siento, pero esa canción marcó mi infancia" – le dijo ella y él sonrió.
"Sí tenías esa canción, ¿que otras más traerás?" – le preguntó él, al mismo tiempo que agarraba su IPOD y buscaba más canciones delatadoras, más se sorprendió al ver que algunas de las canciones que Pilika tenía, eran sus favoritas.
"¿Encontraste algo humillante?" – le preguntó ella y él sonrió.
"No, pero encontré algunas canciones que me gustan a mí" – le dijo él y ella lo miró sorprendida, mientras ponía "Haven't Met You Yet". Estuvieron manejando durante media hora y Ren cada vez se sentía más ansioso por ver que tenía planeado Plika para él.
"¡Oh por Dios!" – exclamó ella y Ren la miró. –"Ya estamos llegando" – chilló y Ren volteó a ver a todos lados y no encontró ningún centro comercial o algo parecido a la civilización. Finalmente cuando Pilika dio vuelta, supo a donde iban.
"¿Un parque de diversiones?" – le preguntó él con escepticismo y ella lo miró con una con gran sonrisa.
"Sí" – le dijo ella conteniendo la risa, al ver la expresión de Ren. Se estacionó y ambos bajaron del coche. Fueron a la entrada y Pilika pagó los boletos bajo las protestas de Ren.
"Tranquilo vaquero, está invito yo, pero adentro soy toda tuya para lo que me quieras comprar" – le dijo ella con coquetería. Ren sonrió y no sabía si debía de tomarla de la mano, pero antes de tomar una decisión, la cálida mano de Pilika envolvió la suya y lo jaló.
"Vamos Tao, si te quedas parado no haremos nada" – le dijo ella mientras caminaba emocionada como una niña chiquita y Ren no pudo evitar sonreír. Sin embargo, su sonrisa se desvaneció cuando vio la gran montaña rusa que se dejaba ver frente a él y se detuvo en seco. –"¿Qué pasa Ren?" – le preguntó Pilika al notar que su acompañante se quedaba parado.
"¿Nos vamos a subir a eso?" – preguntó Ren algo asustado, casi se pudo escuchar el click dentro del cerebro de Pilika.
"¿Te dan miedo las alturas?" – preguntó la hermosa mujer intentando no reír histéricamente, el guapo, millonario, codiciado por las mujeres, magnate empresarial, Ren Tao, le tenía miedo a las alturas. Ren la miró con el ceño fruncido y negó enérgicamente con la cabeza. – "¡Vamos Ren, es mi juego favorito, sólo hay 2 montañas rusas en toda la feria, después de subirnos podrás escoger los juegos que quieras" – trató de convencerlo ella.
"¿Hay 2 de esas cosas?" – preguntó Ren mientras palidecía y Pilika río.
"Sí, pero vamos, no es tan malo, dejare que me abraces si te da mucho miedo, aunque no creo que puedas, estarás todo atado por las correas" – dijo ella meditándolo mejor.
"Esta bien, Pilika, pero después yo escogeré todos los juegos" – le dijo él y ella asintió enérgicamente.
"Eres el mejor, ¡vamos!" – chilló ella para después estamparle un beso en la mejilla y correr de la mano con él hacia la montaña rusa.
Pilika y Ren llegaron a una fila no tan larga y esperaron hasta que llegara su turno. Ren estaba algo pálido y Pilika no podía de la emoción, adoraba las montañas rusas, la adrenalina que corría por sus venas y el aire golpeando su cara. Finalmente llegó su turno y Ren creyó que se desmayaría en cualquier momento haciendo el peor ridículo de su joven vida. Se sentaron adelante, por petición de Pilika y Ren tragó grueso intentando no mirar hacia abajo, cuando la rampa desapareció debajo de sus pies. Los jóvenes pulsaron el botón de on y el juego comenzó a moverse, ganando velocidad, casi, casi, casi, ya estaban en lo más alto de la montaña rusa y de pronto, bajaban a toda velocidad, Pilika gritaba y reía emocionada y Ren estaba a su lado con los ojos abiertos como platos, completamente tenso a su lado, agarrándose con toda su fuerza de la correa que los sostenía. Mantuvo su dignidad intacta al no gritar como desquiciado que pararan el juego. Aunque por dentro todo su ser gritaba que parasen el juego para poder besar la tierra.
Finalmente, la tortura terminó y apenas los soltaron, Ren salió disparado hacia tierra firma, dando gracias a Dios, por salir vivo del infierno. Pilika reía detrás de él a carcajadas. La muy maldita lo estaba disfrutando de lo lindo, pero ya escogería él, algo que le diera miedo.
"¡Oh por Dios! Debiste haber visto tu cara, parecía como si estuvieras a punto de llorar" – decía Pilika con lagrimas en los ojos entre risas. Ren la miró con el ceño fruncido.
"No es gracioso, mujer" – le reclamó él y ella dejó de reír, para después sonreír y volver a reír.
"¡Sí, lo es!, pero venga, vamos a la otra montaña rusa" – le dijo ella y Ren gimió de terror.
Hicieron una fila muy larga, en donde Ren buscaba cualquier excusa para salir de la fila y tardarse para perderse por accidente su turno, ganándose la mirada de desaprobación de Pilika.
"¡No seas niña!, ven, vamos, ya es nuestro turno" – le dijo ella y él la miró enojado.
Esa montaña rusa, era más tranquila que la anterior, era de carritos sin correas, así que no corrían peligro alguno… o eso pensaba él. La montaña podría no tener vueltas de cabeza, pero iba con bastante velocidad y el carrito traqueteaba tanto que su cara se distorsionaba del miedo, bajo la risa cantarina de la mujer al lado de él.
Una vez en tierra firma, Ren se prometió a sí mismo, no volver a subirse a esas cosas nunca más. Pilika iba detrás de él, bastante contenta y extrañamente pensó que había valido la pena su sufrimiento.
"Bien, Tao, ahora tu eliges el juego" – le dijo ella y él sonrió con sorna, era hora su hora de reír.
"Esta bien, quiero ir a la casa del terror" – dijo él y ahora fue Pilika quién palideció. Una cosa eran las montañas rusas y otra muy diferente los fantasmas y espectros. Lo miró ceñuda y él rió.
"Esta bien" – le dijo ella y esta vez fue él quien tomó de la mano de ella para ir caminando con tranquilidad a la casa del terror.
No había fila, por lo que pasaron con bastante facilidad. Todo estaba oscuro, alumbrado tenuemente por una escalofriante luz blanca, de pronto se escucharon voces y Pilika pegó un gritito, apareció una niña fantasmal y Pilika se abrazó a Ren con fuerza, logrando que él riera, mientras rodeaba su cintura con sus brazos. Siguieron caminando y más voces comenzaron a oírse junto a risas tenebrosas, que hacían que a Pilika se le pusieran los pelos de punta. Afianzó su agarre a Ren, cuando una cabeza rodó hacia ellos y quiso llorar. ¡Maldito, Tao! Una vez que salieron de la casa del terror, ella aún iba abrazada a él, quién aún reía. Ella se soltó y lo fulminó con la mirada.
"¡No es gracioso!" – le chilló ella y él se río más.
"¡Oh, sí lo es!" – le dijo él y paso su brazo por su cintura para atraerla a él.- "Pero el que cosas tan insignificante te asusten es bastante adorable" – le dijo él dejando de reír y ella se sonrojó. – "Bueno, tengo entendido que aquí los hombres ganan peluches para sus damiselas, quisiera intentarlo" – le dijo él con galantería y ella sonrió, siempre tan petulante.
Fueron al área de tiro al blanco y como típico macho men Ren quería ganar el peluche más grande para Pilika. Cabe destacar que fracasó estrepitosamente en la primera ronda, y en la segunda y en la tercera…
Un rato más tarde, Pilika caminaba cargando un gran oso de peluche.
"Te dije que ganaría el oso" – le dijo él con suficiencia.
"Sobornar al empleado no es ganar" – le dijo ella y el bufó un el punto es tener el oso, logrando que ella riera.- "Me encanta" – le dijo ella, antes de darle un beso en la mejilla, ganándose una sonrisa torcida por parte de él.
"¿Y bien, ahora que quieres hacer?" – le preguntó él y ella meditó un momento antes de responderle.
"Vamos a la rueda de la fortuna, a esta hora las estrellas se verán increíbles" – le dijo ella soñadoramente y él bufó.
"No estaré en las alturas de nuevo" – le dijo tajante él y ella puso su mejor cara de perrito triste.
"Vamos, es el último juego" – insistió ella y el negó con la cabeza terminantemente, así que Pilika tuvo que recurrir a métodos de convencimientos más efectivos. – "Y si nos quedamos parados a mero arriba, puedes tener la cita conmigo y la cabina de la rueda de la fortuna" – le dijo ella con coquetería y los ojos de Ren se abrieron como platos, para después mirarla con lujuria.
"Esta bien, que conste que lo hago para ver las estrellas… si tu me entiendes" – le dijo él con una sonrisa torcida y Pilika río encantada.
Fueron al juego e hicieron algo de fila, el parque comenzaba a vaciarse, pues ya era de noche. Ren y Pilika subieron a la cabina, y él trató de no mirar como se elevaban del suelo. Una vez que se detuvo el juego, ambos se olvidaron de la razón por la cal habían subido y se quedaron anonadados mirando el firmamento que se abría paso delante de sus ojos. Era deslumbrante. Se quedaron tanto tiempo absortos, que se asustaron cuando el juego comenzó a moverse, ambos se miraron y rieron, se les había ido el tiempo.
Bajaron del juego y salieron del parque, pero antes de salir, Pilika quiso ir a ver la foto galería para ver si salían en alguna montaña rusa y grande fue su sorpresa y carcajada cuando vio la foto de ella y de Ren. Ella salía gritando con los brazos levantados, con su coleta meciéndose y Ren al lado de ella, salía rígido con un mutis en la cara, digno de esa foto. Pilika compró la foto y fue con Ren, quien la esperaba fuera de la foto galería. Ambos fueron hacia el carro de Pilika, una vez dentro, pusieron algo de música y se sumergieron en un cómodo silencio. Ambos absortos en sus pensamientos.
"¿Vas a querer tener la cita conmigo y mi cama?" – preguntó de repente Ren mirándola.
"La verdad, es que estoy muy cansada" – le dijo ella algo sonrojada, y no mentía, habían caminado por horas y estado haciendo filas en el sol.
"Tienes razón, yo también estoy algo cansado, mi corazón aún siente que colapsará de un infarto en una de tus cosas esas" – le reclamó él juguetonamente y ella río encantada.
Llegaron al edificio de Ren y ambos se miraron, sin saber muy bien que decir.
"Bueno, me la pase muy bien, hacia mucho que no me divertía tanto" – le dijo él y se inclino para darle un beso alucinante, que hizo que Pilika sintiera mariposas y calosfríos. – "Nos vemos el lunes" – le dijo él antes de bajarse del coche.
Pilika se quedó ida por un momento, aún pudiendo sentir los labios de él sobre los de ella. ¡Maldito! Lo había hecho a propósito, para que ella no pudiera dormir pensando en él, y arrepintiéndose no haber pasado a su departamento.
Una vez que Pilika llegó a su departamento, se puso su pijama y se metió a su cama, había sido un largo día. Hacía mucho que no disfrutaba tanto de la compañía masculina, no desde… él. Él y su afán por enamorarla para después botarla como si fuera desechable, aún recordaba como le había dolido, cuanto lo había llorado y como le había afectado. Por esa razón, decidió darle un adiós al amor y tener amantes de una sola noche. Pero Ren, comenzaba a tamborilear su principio básico más importante: No enamorarse.
Mientras Pilika, era consumida por su pasado, a algunos kilómetros de ella, a Ren Tao, le pasaba algo parecido. No había duda alguna, había disfrutado de la compañía de Pilika como hacía mucho tiempo no lo hacía con ninguna mujer. Porque desde ella, él se había jurado no volver a creer en el amor. Ella que jugó con él y su corazón como si de un balón de soccer se tratase. Ren recuerda la humillación y el alcohol en sus venas cada fin de semana. Ella lo dejo catatónico. Pero Pilika lo hacía sentir tan bien, le gustaba tanto, era tan bella y única (porque después de todo sólo a ella se le ocurriría esa cita fuera de lo común), que tenía miedo de enamorarse de ella.
Notas de Autora:
¡Hola! ¿cuánto tiempo? Lo sé, ha sido bastante, pero hice un cambio drástico de preparatoria a facultad y tuve algunas dificultades. Pero en fin, aquí estoy con un nuevo capítulo, donde nuestros protagonistas tienen un cita bastante interesante, además por fin Pilika y Ren se abren en cuanto a que son así, por que los lastimaron en el pasado. El próximo capitulo, viene con todo, habrá mas momentos entre estos dos y algún lemmon. Prometo actualizar más rápido. Por cierto, estaré editando los capítulos anteriores, los releí y tengo unos horrores de ortografía y mala redacción que me da ansia; así que las que me tengan en alerta, ¡sorry por las notificaciones que les llegarán! ¡Muchas gracias por los reviews! ¡Que bueno que les este gustando la historia! En fin, me despido, no olviden dejar sus comentarios.
Se despide con cariño, Clio (:
