Bajando la guardia
Pilika se encontraba mirando por la ventana del avión. Ese día ella y Ren regresaban a Tokyo después de cuatro días y tres noches en China. El miércoles había tenido una reunión con los directivos y el viernes habían tenido la junta con los clientes. Ambos habían quedado bastante satisfechos con el trabajo que estaban haciendo y por el rumbo que estaba tomando la organización.
Un apretón en su mano la hizo voltear su cabeza hacia el hombre de mirada ambarina al lado de ella. Pilika Usui era una mujer fuerte, independiente y decidida. Era por eso que le molestaba dudar tanto con Ren. Pero al ver la abrasadora mirada ambarina sentía todas sus dudas disiparse.
Habían pasado cuatro días juntos y Pilika sabía que le gustaba Ren Tao, y que tenía altos índices de probabilidades de llegar a quererlo en poco tiempo, de hecho ya le tenía cariño. Su relación estaba lejos de ser sólo sexo.
Pilika le sonrió a Ren y la mano de él acarició condescendientemente la pálida piel de su muñeca, enviando ligeras descargas eléctricas por su piel. Ese hombre sí que sabía como ponerla a cien.
"Sigue haciendo eso, Tao" – le dijo ella en un susurro bajo. – "Y tendrás que cogerme en el baño del avión" – lo amenazó, pero su amenaza sólo logró que Ren esbozará una sonrisa torcida.
"Sabía que te ponían los polvos en las alturas" – le dijo él burlonamente. – "No me importaría cogerte en el baño del avión" – le dijo él encogiéndose de hombros como si hablaran del clima. – "Pero ya vamos a aterrizar dulzura, y cinco minutos no bastarán para saciarme de ti" – le dijo con la voz enronquecida y Pilika sintió como todo dentro de ella se contraía.
"Demonios" – maldijo ella, logrando que Ren riera entre dientes. Pilika se encogió de hombros y añadió. – "Supongo que tendré que conformarme con que me cojas en el elevador de mi departamento" – le dijo ella como quien no quiere la cosa. Ren la miró con los ojos ardiendo, su erección acampando en sus pantalones hicieron a Pilika ahogar un gemido. Lo deseaba tanto que dolía.
"Mujer" – le dijo Ren en un siseó sensual. – "Te voy coger tan duro en el elevador de tu departamento que no podrás caminar" – le prometió con abandono sensual.
"¿Es una amenaza?" – preguntó ella batiendo sus pestañas.
"Sólo la constatación de un hecho" – le dijo él con una sonrisa que hubiera envidiado el mismísimo diablo.
La voz de la aeromoza anunciando el descenso del avión hizo que Pilika respingara asustada. Una vez que aterrizaron, el viaje hasta el departamento de Pilika se les hizo eterno. La mirada que Ren le dio a Pilika antes de subir al elevador la hizo ahogar un jadeo. Apenas se cerraron las puertas, las manos de Ren la tenían contra la pared. Sus labios besándola duro, su erección enterrándose en su vientre y sus manos recorriendo su cuerpo.
Se separó de ella de golpe y Pilika miró desorientada como él apretaba el botón para detener el elevador. Lo vio desconectar la cámara de seguridad y ahogo un gemido. De nuevo su boca estaba moviéndose contra la de ella. Su lengua seduciéndola en un beso húmedo y sensual. Pilika se sintió humedecer más y jadeó.
Las manos masculinas aferraron el trasero femenino, y Pilika brincó para envolver sus piernas alrededor de la cintura masculina. Nunca se había alegrado tanto de usar vestido como en ese momento. La mano derecha de Ren se posó a un lado de su cabeza, mientras la otra no perdió el tiempo y comenzó a hurgar entre sus piernas. Pilika se retorció al sentir el toque de sus dedos entre sus muslos. El hombre frente a ella hizo a un lado su ropa interior, y hundió un dedo en su interior. Ella echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido entrecortado. Ren gimió al sentirla húmeda y apretada alrededor de su dedo. Con su pulgar comenzó a frotar su clítoris, mientras añadía un segundo dedo en su interior. Pilika puso los ojos en blanco al sentir el placer desbordante en su vientre, y comenzó a balancear su cadera contra la mano que la acariciaba.
Ren bombeó sus dedos dentro de ella más deprisa, y su pulgar ejerció más presión sobre su clítoris. Pilika jadeaba audiblemente mientras sentía el placer crecer y crecer. Cuando Ren añadió un dedo más, soltó un largo gemido al sentir como sus paredes se contraían en un delicioso orgasmo. Él la sintió apretar sus dedos, para después bañarlos en su excitación.
Pilika bajó de su orgasmo sólo para sentir como Ren sacaba sus dedos dentro de ella. Lo vio sacar su cartera y extraer un condón, el cual después de decirle un ronco abre le metió entre los labios para después desabrocharse su cinturón y pantalón. Maniobró para bajárselos junto con los bóxer un poco más debajo de sus muslos, y su miembro erecto la rozó entre los muslos ocasionándole un estremecimiento. Ella lo miró a los ojos y se encontró con unos ojos ambarinos dilatados de pura lujuria. Las manos masculinos tomaron los bordes su ropa interior y halaron con fuerza rompiéndola al instante. Pilika jadeó excitada, y Ren tomó el condón de sus labios para abrirlo con prisa y segundos después ponérselo.
Ren agarró su miembro enfundado con su mano derecha, y frotó su punta contra el clítoris de Pilika, masturbándola y haciendo que los ojos se le pusieran en blanco de puro placer.
"Mírame" – le exigió él en un ronco gemido. Pilika abrió los ojos lentamente, y Ren la penetró de una embestida hasta el fondo. Jadeó en busca de aire mientras sentía el estiramiento delicioso. Lo sintió salir de ella hasta la punta para después volver a entrar en ella con fuerza. Gimió y arqueó la espalda mientras sentía un calor desorbitante arremolinarse en su vientre.
Ren gruñó y hundió su cara en el cuello de la mujer. Lavanda, el cuello femenino olía a lavanda. Aspiró, y los ojos se le nublaron de deseo crudo y descarnado. Se la iba a coger duro. Salió de ella de nueva cuenta para después arremeter contra ella en un ritmo constante. La clavaba contra la pared sin piedad, mientras sentía como su interior comenzaba tensarse. Los gemidos femeninos iban subiendo en un hermoso crescendo cada vez que el martillaba contra ella. La sintió tensarse y apretarlo en su interior, para después bañarlo con toda su humedad. Ren jadeó, mientras sentía como todo su cuerpo se tensaba buscando el clímax. La penetró una última vez y se quedó quieto mientras eyaculaba contra el látex del condón. Gimió mientras sentía los espasmo recorrerlo. Salió de ella con cuidado, y ambos se miraron aún respirando entrecortadamente.
"Creo que…" – susurró Pilika con voz ronca, y Renla miró con curiosidad. – "No voy a poder caminar" – terminó de decir ella y Ren le sonrió con una sonrisa llena de testosterona que gritaba chulería masculina.
"Te lo dije" – le dijo él con la voz aún ronca, encogiéndose de hombros.
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Llevaban saliendo ya tres meses y Pilika podía jurar que nunca se había sentido tan feliz. Él simplemente la elevaba en unas nubes muy esponjosas de las cuales no quería bajar. Tenían una relación bastante peculiar, ya que siempre se estaban peleando o picando con algo, lo que siempre terminaba en pláticas calientes y con ambos desnudos y sudorosos en cualquier superficie que encontraran disponible.
Laboralmente, les iba bien también. Procuraban mostrarse profesionales en la oficina, aunque casi siempre fallaban, ya que siempre se estaban picando mutuamente. Normalmente él le hacía un comentario con albur y ella respondía de igual manera, lo que los llevaba a terminar excitados y con ganas de coger encima del escritorio de Ren. Sin embargo, y para dolor de Ren, nunca consumaban por respeto a los demás trabajadores de la empresa que no tenían porque escuchar sus gemidos de sexo salvaje.
Pilika estaba feliz, pues ella y Tamao iban adelante de la fecha de límite. Tenían casi completo todo el nuevo branding, solo les faltaban algunos detalles del nuevo concepto de la empresa. Todo marchaba perfectamente.
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Ren apagó su computadora, y recogió los papeles que necesitaría para adelantar un poco de trabajo en casa. Salió de su oficina, y se despidió de su secretaria, no sin antes decirle los emails que tenía que mandar en la semana. No podía negar que estaba cansado. Ese día en especial no había visto a Pilika en todo el día, pues se la había pasado en juntas. Decidió probar suerte y ver si todavía la encontraba en su oficina.
Pasó por la oficina de la hermosa mujer y vio que estaba la luz prendida. Se acercó y la vio completamente ensimismada en su computadora. Se le veía realmente concentrada. Eran pocas las veces que la veía realmente seria. Ella ni siquiera había reparado en su presencia al lado de la puerta.
Pilika terminó los códigos de la nueva página web, y se estiró, logrando que su blusa se levantará un poco y dejará al descubierto la piel de su estómago. Escuchó un "cof, cof" y casi se cayó del susto cuando vio a Ren Tao recargado en la puerta de su oficina.
"¡Carajo!" – exclamó ella con una mano en su corazón. – "Puedes tocar, ¿sabes?" – le dijo ella fulminándolo con la mirada.
"Aprendí de la mejor" – le dijo él, encogiéndose de hombros, logrando que la mujer frente a él bufara molesta.
"¿Siempre tienes un comentario para todo?" – le preguntó ella con sorna, y él esbozó una sonrisa torcida.
"De nuevo: aprendí de la mejor" – le dijo él, y ella le sacó la lengua, logrando que él riera ligeramente. – "Como el día de hoy no te pude deleitar con mi presencia, quería hacerte el día al aparecerme en tu oficina antes de irme" – le dijo él mientras se acercaba a su escritorio.
"Dichosa yo" – le dijo ella burlonamente, mientras él ponía ambas manos en su escritorio y se inclinaba hacia ella. Pilika tragó grueso al verlo tan cerca de ella, pero no se dejó intimidar.
Ren miró a la mujer frente a él. Sus grandes ojos azules le devolvían la mirada desafiándolo. Eso era lo que más le gustaba de Pilika: que no se dejaba amedrentar. Estaba cansado y tenía muchísimas ganas de llegar a su departamento y pedir comida china, y dormir como si no hubiera mañana, pero viendo esos hermoso ojos cielo mirándolo, supo que ese plan estaba totalmente descartado. Quería estar con Pilika. Platicar con ella. Reír con ella. Simplemente estar con ella. Sacrificar su comodidad por esta con ella valdría la pena.
"Pues te voy a hacer más dichosa todavía… ¿qué te parece si vienes a mi departamento y te hago de cenar?" – le dijo él con la voz ronca, y ella pudo sentir un agradable cosquilleo en su vientre.
"Pues me parece que seré más dichosa" – le dijo ella con una sonrisa torcida. Guardó su trabajo, y apagó la computadora. Salió de su oficina tomada de la mano de Ren Tao.
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Cada quien se fue en su auto, y en quince minutos ambos estuvieron frente al elevador. Una vez dentro, el aire se llenó de tensión y Pilika soltó una risita nerviosa. Ren la miró con una sonrisa torcida.
"¿Recordando los viejos tiempos?" – le preguntó él con voz ronca.
"¡Oh, puedes apostarlo" – le respondió ella también con la voz enronquecida. Se miraron a los ojos con intensidad y, antes de que Ren pudiera hacer algo, el elevador anunció que habían llegado al piso del magnate.
Antes de que Pilika pudiera reaccionar, Ren ya la había tomado de la mano y la conducía a la cocina. No era la primera vez que estaba en el departamento del joven empresario. Desde esa primera vez donde la hizo ver las estrellas contra la pared, la cama, y la mesa de la cocina, le habían seguido muchas otras (contra la puerta, en el sillón, en la ducha, en el suelo). Pilika no podía negar que tenían una gran química sexual. Había estado con varios hombres en el pasado y ninguno había conseguido el efecto que Ren Tao tenía sobre ella: el efecto de querer saltarle encima y violarlo. Suspiró y sacudió su cabeza al darse cuenta que se estaba excitando, y que probablemente el pobre hombre estaría cansado después de la larga jornada laboral. Pilika vio a Ren sacar las cosas del refrigerador desde la barra de la cocina, y negó con la cabeza. Su corazón se hinchó cuando le sirvió una copa de su vino favorito: Beringer Rosa.
"Corazón" – le llamó ella suavemente, y Ren volteó a verla con unos ojos que ella no había visto antes, podría ser porque nunca antes lo había llamado con un apodo amoroso. Se le secó la boca al ver como la mirada masculina cambiaba. Esa mirada solo la tenía cuando se la estaba cogiendo. Duro. Se aclaró la garganta ante la mirada abrasadora de Ren. – "Déjame cocinar a mí, por favor" – le pidió ella.
"¿Por qué?" – le preguntó él con voz ronca. Ella bajó de su silla, y rodeó la barra hasta llegar a él. Le quitó el tazón con el pollo de las manos y le dio un beso en la mejilla.
"Porque estás cansado… déjame prepararte la cena y mimarte un poco" – le dijo ella y se dio la vuelta para empezar a cocinar, perdiéndose la mirada llena de ternura que Ren Tao le estaba dedicando.
"¿Cómo negarme cuando dices cosas así?" – le preguntó él y se sentó en el lugar que antes ocupaba ella.
Pilika comenzó a preparar el pollo y un poco de pasta, mientras parloteaba acerca del trabajo. Ren la miraba, y la escuchaba atentamente. Veía como su cadera se movía de un lado a otro por ingredientes, como sus manos revolvían la pasta, como su boca se movía sin cesar contándole su día animadamente. Y pensó que sería realmente fácil acostumbrarse a eso. A ella.
Sabía que estaba cayendo por esa mujer de cabellos celestes, y ya no quería hacer nada para evitarlo. La deseaba, y la quería con él. Quería grabar a fuego en su memoria la imagen de ella en su cocina, preparándole de cenar, mimándolo, llamándolo corazón. ¡Joder! Se le había puesto dura cuando lo había llamado así. No fue la palabra en sí, fue el tono en el que lo dijo: lleno de dulzura y ¿amor? Lo había hecho sentir como si fuera el hombre más importante sobre el planeta Tierra, y ¡mierda! Si no quería seguir sintiéndose así siempre.
Su plan de conquistarla y pedirle que trabajara para su empresa podía irse al demonio. Ya no le importaba que no trabajara para su empresa, siempre y cuando estuviera a su lado llamándolo corazón.
"Y… no me estás escuchando ¿verdad?" – le dijo ella y él salió de sus pensamientos.
"Lo siento, me quedé pensando" – le dijo él, y ella lo escrudiñó.
"¿Día pesado?" – le preguntó ella, y él le sonrió.
"Pesado no, tedioso sí: me la pasé en juntas con los diferentes jefes de departamento" – le explicó él, mientras ella le servía su plato. Ren ni siquiera se había dado cuenta cuando había terminado de cocinar. La vio sentarse frente a él con su plato. Agradecieron por los alimentos, y comenzaron a comer. El sabor del jugoso pollo le explotó en sus papilas gustativas.
"Está buenísimo" – le dijo él, y ella le sonrió.
"Me alegra que te guste" – le respondió ella mientras tomaba de su copa de vino.
Ren le siguió contando acerca de su día, mientras Pilika escuchaba atentamente al hombre frente a ella. Terminaron de cenar, y Pilika comenzó a recoger los platos. Ren se ganó un golpe cariñoso en la mano cuando intentó recoger, y fue mandado al sillón a ver televisión por la hermosa mujer. Pilika puso los platos en el lavavajillas, y una vez que hubo terminado se fue a sentar al lado de Ren, quien le pasó un brazo por lo hombros instándola a que se recargará en él. La mujer se acurrucó contra él, mientras veían tonterías en televisión.
"Creo que es hora de que me vaya" – le dijo ella, que ya empezaba a quedarse dormida en brazos de Ren. Hizo ademán de levantarse pero un brazo en su cintura se lo impidió.
"Quédate" – le pidió él, y ella lo miró.
"Pero mañana trabajamos" – le recordó ella, y él negó con la cabeza.
"Prometo llevarte a tu departamento mañana temprano para que te cambies" – le dijo él, y ella lo miró insegura, pero al final ya sabía su respuesta.
"Está bien" – le dijo ella, y él le sonrió. Ren apagó el televisor, y se levantó. Le tendió la mano a la mujer, quien la tomó sin dudar, y ambos amantes se fueron a la recámara de él.
Cuando llegaron a los pies de la cama, Ren la besó en los labios. Ella lo dejó besarla. La besaba lento, con parsimonia, pero cuando él intentó hacer el beso más profundo, ella se apartó. Él la miró desconcertado a lo que ella simplemente le sonrió con ternura.
"Estás cansado, corazón" – le dijo mientras le acariciaba la mejilla.– "Puedes tenerme siempre que quieras. Ahora necesitas descansar." – le dijo ella antes de ir a su closet por una playera. Se comenzó a desvestir frente a él, quien seguía parado donde mismo. La vio como si fuera la primera vez que la veía, y su corazón dio un doloroso tirón. Esa mujer era hermosa. Realmente le agradeció internamente, pues si estaba cansado para hacer otra cosa que no fuera dormir.
Se desvistió en silencio hasta quedar en bóxers y se metió a la cama junto a Pilika. Y, por primera vez en mucho tiempo hizo algo que juró no volver a hacer: abrazar a sus amantes. Pero Pilika no era solamente su amante, se estaba convirtiendo en la mujer que quería.
Pilika se tensó cuando sintió los brazos de Ren rodearla por detrás. No estaba acostumbrada a hacer cucharita con sus amantes. No desde él… pero Ren la hacía sentir tan segura. Sus músculos se relajaron, y se acurrucó más contra él.
Ambos amantes se quedaron dormidos totalmente conscientes que habían bajado la guardia, pero sin gana alguna de volverla a subir.
Notas de Autora:
¡Lo siento! Sé que ha pasado muuucho tiempo. Sé que no hay excusa que valga la pena, pero tuve un pequeño hiatus. Realmente no sabía si continuar con la historia, ya que al dejarla tanto tiempo me cuesta mucho retomarla, pero me molesta dejar las cosas sin terminar. Así que me propuse terminar todas mis historias en fanfiction: sí o sí. Así que aquí estoy de vuelta con otro capítulo. Realmente me costó mucho escribir el capítulo. Ya tenía una parte, lo difícil fue seguirle, pero una vez empezando, todo empezó a fluir, así que espero que me suceda lo mismo con los demás capítulos (una puede soñar). Prometo acabar la historia, probablemente le falten unos cuatro capítulos más que prometo no tardarme tanto. Ya terminé la carrera (¡yeah!) así que tengo más tiempo para escribir. Espero que el capítulo haya sido de su agrado. No olviden dejar sus comments y decirme que les ha parecido el capítulo :D
Se despide con cariño, Clio
