Ciertamente la trama está un poco usada ya por otros escritores, pero yo creo que no deberían opinar nada respecto a esto ya que mi historia aún no se ha desarrollado, muy a penas un capítulo y ya. Agradezco los comentarios, pero ya expliqué que mi idea surgió de entre una lluvia de ideas entre distintos libros de una saga de la escritora que antes mencioné, Sherrilyn, puede que alguien haya pensado en lo mismo después de leer su ejemplar de "Un amante de ensueño" o "El abrazo de la noche" que son de esta misma escritora que he dicho. La idea del típico chico salido de un libro para deseos sexuales es muy normal ya, la he leído incluso en Rivaille x Eren y en otros dos fandoms, como lo es el de Ranma y el de Inuyasha, lo que cambia es el desarrollo de esas historias con la mía y es que como antes dije no solo me basé de un libro si no de distintos para llegar a mi idea. Si van a dejar un review, evítense por favor esa clase de comentarios ya que es un poco spam y fastidio, es obvio que en un mundo tan grande más de dos ideas originales se podrán ver pero escritas de forma distinta.

Aclarado esto, creo que podemos continuar con el primer capítulo de My Precious Jewel. Por su traducción, Mi preciosa joya.

1

— Lo que necesitas es un buen polvo, alguien que te dé amor.

Sasuke se encontraba junto a su grupo de amigos en el ya habitual café de siempre; se estremeció al escuchar el pequeño grito de Suigetsu, seguido de las risas de su amiga pelirroja y la mirada fija y reprobatoria de Juugo. Hasta hace poco almorzaban tranquilamente, hasta que surgió el tema de la pareja, y para Sasuke aquél tema era un auténtico fastidio. Ya tenía suficiente de las parejas, no pensaba en más, y ante su cara de amargado ante el tema su amigo no pudo evitar comentar. Y molestar.

Cuando las risas cesaron poco a poco, el chico de cabellos azabaches abrió sus ojos, y se sorprendió al ver aquellas miradas fijas de las mesas que había alrededor de las suyas. Todas fijas en él.

Al recorrer con la mirada las mesas cercanas, descubrió que efectivamente todos los miraban, incluso habían dejado de hablar para verles a ellos y prestarles más atención de la que Sasuke desearía tener.

¡Que la tierra se lo trague!

Otra vez.

Deseaba que por unos momentos Suigetsu conociera el significado que la vergüenza, pero ese amigo suyo no tenía nada de vergüenza al parecer, podría hasta gritar obscenidades sin control, lo que sea pero no sentiría vergüenza. Eso no era normal, joder.

Y es que, de verdad, Sasuke no está en busca de pareja ahora mismo.

Volvió su mirada hacia Suigetsu, pero este solo se encogió de hombros y le mostró una sonrisa inocentona, Karin por otro lado volvió su mano puño y tosió disimuladamente, pero la sonrisa que tenía en los labios ya nadie se la podía quitar.

Suigetsu, ¿aprenderás algún día a hablar en voz baja? Pero qué era lo peor que podía pasar, ¿Qué se deshiciera de su ropa ahora mismo y subiera a la mesa para terminar el espectáculo? ¡Oh no, para nuestro protagonista esto sería demasiado! Pero no bajó la mirada, él nunca la baja ante nadie.

— ¿Por qué no lo dices más alto, Suigetsu? —murmuró Sasuke, siendo el primero en hablar. — Parece que la gente de por allá no te ha escuchado. —Y le regaló una sonrisa irónica, alzando una de sus comisuras más que la otra.

— Oh, no lo sé. —El peliblanco dijo con cierto tono soberbio en su voz, la sonrisa burlona no se iba aún de sus labios. — Seguro esos tipos ya estarían en esta mesa, intentando algo contigo. Quizá sí debía de gritarlo, es necesario para tu vida sexual. ¿Quién dice que no se dirigen hacia acá mientras hablamos?

Sasuke soltó un bufido, aunque no puede negar que aquéllas palabras le hicieron adquirir un ligero tono rosado por sus mejillas, uno bastante ligero. Casi vuelve a girar su cabeza para ver si era verdad, pero eso solo lo haría quedar más en vergüenza. La sonrisa que ahora Suigetsu le dedicó no ayudaba en nada.

— ¿Puedo ofrecerles algo más? —El mesero carraspeó, mesero que desde hace ya un rato estaba esperando a tener todo en orden para retirarse con la propia y cumplir con lo suyo. Entonces, los ojos negros del mesero buscaron a Sasuke, y con una sonrisa bastante coqueta que asqueó al azabache preguntó: — Mejor dicho, ¿hay algo que le pueda ofrecer a usted?

¿Qué tal una bolsa para cubrir mi rostro y un garrote para asesinar a Suigetsu?

— Creo que ya hemos terminado, la cuenta queda a manos del idiota, y no hay ningún otro servicio que aceptaré de usted. Gracias. —Las palabras de Sasuke fueron lentas, cuidadosas. Lo que sea para ya no quedar en ridículo en ese lugar, para su desgracia es uno de aquéllos que suelen frecuentar de vez en cuando, será duro volver allí intentando dar una buena cara sin recordar lo que acaba de pasar. Definitivamente mataría a Suigetsu un día de estos.

— Muy bien, entonces. —El mesero sacó de su delantal una pequeña libreta cuadrangular, y una pluma. Anotó su nombre y número de teléfono en la parte superior, procediendo a arrancar la hoja y dejarla encima de la mesa, justo frente a Sasuke. — Puedes llamarme si me necesitas. —Y tras recoger la propina y los vasos sucios y platos, se fue. Ya cuando el grupo se vaya de la mesa la limpiaría como era debido.

— ¿Un mesero de nombre… —Sasuke leyó el papel que el chico había dejado frente a él, apenas haciendo una mueca. —..Sai acaba de flirtear conmigo?

— Parece que sí.

— ¡Y vaya que lo hizo! Ala, de nada. —Y una vez más, el peliblanco soltó una burlona carcajada.

— Rechazaré, lo menos que quiero es que un jovencísimo me lleve a la cárcel por pederasta. Al chico se le ve aún la cara de niño. Lo que menos necesito es que me encierren por corrupción de menores. —Y quitando la vergüenza, Sasuke por fin comentó respecto al tema, arrugando el papel y dejándolo en el centro de la mesa. —No tengo intención de salir con él, muchas gracias. —Miró fijamente a Suigetsu, y después al resto de sus amigos, Karin solo prestaba atención con una pose mas aburrida que nada y Juugo también había decidido quedarse a la simple expectativa.

Finalmente, Karin se atrevió a hablar.

— Quizá tú no, pero yo sí. Mirale el trasero, tiene más que yo. —La chica suspiró, aparentemente decepcionada, pero todos en esa mesa sabían perfectamente que Karin era una chica que sentía un orgullo increíble por su cuerpo, algo como eso no la molestaría normalmente. —Y el señor Brad Pitt de allá te está mirando, Sasuke. ¿Por qué no coqueteas con él un rato? ¿O a la Jessica Rabbit de por allá? Oh, aquél Robinson Pattinson de por allá también te mira, ¿crees que tenga un hermano?

Joder, y el pobre Sasuke casi gira la cabeza, pero se contuvo y simplemente acomodó uno de los mechones a los lados de su rostro, negando con la cabeza.

— ¿Por qué no vas tú y se lo preguntas? Suigetsu, debería enojarte que tu novia se coma a la gente con la mirada.

El nombrado estuvo a punto de quejarse y mostrar que a él también le incomodaba, pero la pelirroja lo interrumpió.

— No me los estoy comiendo con la mirada, chico. ¡Los evalúo para ti!

— Mi vida sexual es cosa mía, si no es tan plena como la vuestra no significa que quiero que así sea, de hecho así me siento bastante cómodo. —Sasuke se levantó de su lugar, tomando su abrigo del respaldo de su silla, la cual después volvió a acercar a la mesa. Su amigo Juugo se levantó con él.

— Te acompaño. —Dijo simplemente, y Sasuke asintió.

— ¡Oh vamos, no estarás ahora enojado! Si no fuera por mi, no habrías conseguido el número de… de ese chaval, el que tiene cara de niño.

— Sai.

— Es lo mismo.

Sasuke simplemente lo ignoró, y después de colocarse su abrigo salió junto a Juugo del local, ambos viven por la misma cuadra en una sección de casas privadas, el viaje juntos queda mejor yambos a pie, este lugar les queda a 10 minutos de sus casas.

— ¿Cuántos? —El pelinaranja preguntó de repente, pero manteniendo un tono calmado.

— ¿Cuántos qué? —Ni siquiera volteó a mirarlo, ya comenzaba a imaginar de lo que se estaba refiriendo.

Sinceramente, Sasuke no entiende cual es el problema, solo no quiere una pareja más y ya. ¿Para qué? Si igual la dejará en algún momento, o lo dejarán a él. Quien sabe, tampoco quiere arriesgarse a saberlo, será solo una mala experiencia sumada a la que ya tuvo y sería desagradable. No dejar que alguien más entre a su vida amorosamente, su regla de oro a sus palabras y debe de mantenerla a como dé lugar, ni siquiera acepta amantes después de todo eso, fue… Una experiencia que no quiere volver a repetir.

¿Miedo, quizá?

— ¿Cuántos? —Insistió, sus ojos seguían fijos al camino. — ¿Dos años? ¿Quizá tres?

— Cuatro años. —Respondió Sasuke finalmente, tras soltar un muy largo suspiro cansado. Vale, ya. Lo había admitido, y esperaba ya no ser molestado si no hasta dentro de un buen rato.

De preferencia, tener el resto del día en paz para él, con eso bastaría para que él fuera inmensamente feliz. Internamente, claro. No suele mostrar mucho sus emociones.

— … —Al notar el silencio de su amigo, Sasuke giró apenas un poco la cabeza para ver a Juugo, y este se mostraba ligeramente sorprendido. — Cuatro años… —Repitió en un susurro, pero al poco rato su rostro volvió a ser tan sereno a como era siempre. — ¿Tus pacientes saben que tienes una larga abstinencia de cuatro años?

Sasuke apretó los labios cuando la gente que caminaba por la acera, como ellos dos, se detenían para mirarlo fijamente a él.

Genial, ahora más vergüenza para él.

— Baja la voz. —Pidió en un gruñido, aclarándose la garganta. — No es asunto de mis pacientes si soy o no la reencarnación de una monja.

— Vivimos en la era de la electrónica.

— … —Sasuke enarcó una de sus cejas, entendiendo perfectamente el doble sentido de aquello.

Juugo le estaba aconsejando usar un maldito vibrador, joder.

— No quiero tener una relación… con algo que viene acompañado de una etiqueta con advertencias y un par de baterías, Juugo. No quiero nada de eso, estoy bien como estoy. —Sasuke, una vez más, bufó, continuando con su caminata hacia su casa. Aún no entiende porqué es tan difícil entender que él no necesita nada de aquello, aprecia la ayuda de sus amigos y su preocupación en su vida sexual, pero sinceramente ese era un asunto que solo a él le debía de interesar y no a nadie más.

— Lo entiendo, pero es sorpresivo.

— No entiendo por qué.

— Sasuke, te sientas seis largas horas a escuchar problemas sexuales de pareja todos los días, y eres tú quien necesita quejarse de su poca vida sexual. ¿Qué no escuchar todo eso no ha puesto a trabajar a tus hormonas de nuevo?

Lo que las detiene es aún más fuerte que escuchar platicas sexosas y ayudar a un puto hombre a que la tortuga salga del caparazón. Pensó Sasuke para sus adentros, finalmente pisando suelo de la privada en donde él y Juugo vivían, solo que en casas diferentes a unas pocas de distancia.

— Bien, bien. Ya lo tengo, doctor amor. —Juugo volvió a hablar ante el silencio de Sasuke. — Quizá alivies tu deseo sexual con algo más, es increíble que a tus 21 años n hayas tenido sexo en cuatro. ¿Qué clase de libros buscas en la librería?

— Gastronomía, arquitectura y-

— ¿Novelas eróticas?

— Y libros sobre política. —Corrigió Sasuke, ligeramente irritado con el tan tocado tema de su sexualidad pausada por ya cuatro años, y casi cinco pero ese detalle se lo guardó para él.

Insiste, ¿Qué tiene de malo que no esté muy dispuesto a sentir una vez más, que tiene de malo que haya quedado marcado después de 'eso'?

— Pues te ves tan fresco como una lechuga, seguro Suigetsu te molesta tanto por la cara de mala leche que tienes siempre, dicen que el sexo quita lo amargado, que te hace más feliz y le hace bien a tu salud.

— Y está en lo cierto. —Concordó Sasuke, ahora su tono había dejado de ser calmado a uno ligeramente brusco, y seco. — Pero no es algo necesario para todo ser humano, para mi no lo es. Y no tengo una cara de mala leche, solo ésta es mi cara. ¿Qué tiene de extraña?

— Pareces enojado siempre.

Sasuke suspiró, esa charla no los llevaría a ningún lado, era mejor apresurarse a llegar a casa y descansar un rato, ya después saldría a la librería a comprar un nuevo libro de historia.

Centrándonos un poco más en nuestro protagonista, efectivamente Sasuke tenía actualmente 21 años de vida, de los cuales según él había dado un buen uso con el estudio y los actuales conocimientos que poseé.

— No porque parezca significa que lo esté. Joder, hablan como si no me conocieran bien.

— ¿Sabes qué? Que les den a ellos y su conversación sexual sobre ti, de alguna forma es lo que has elegido y es correcto, no tienes qué tener sexo si no quieres, incluso puedes aumentar el número de años de abstinencia, así es mejor.

Sasuke rodó los ojos, exasperado. Al parecer, su amigo ya tampoco lo entendía. Ahora lo trataba de puritano mojigato, realmente ese tema era cansado.

— Uso mi mano. —Mentir, mentir siempre funciona, y si eso hacía que dejaran de fastidiarle con gusto iba a mentir. — El orgasmo es suficiente para sentir las maravillas del sexo, no es necesario un coito pleno para estar alegre. Que mi rostro no muestre mi felicidad plena es un asunto completamente diferente.

¿Felicidad plena?

Oh por Dios. Que alguien le dé un azote por mentiroso, un azote muy duro, y de paso que le dé algo más por mentiroso.

Juugo lo miró de forma fija, ambos se detuvieron en la esquina de una misma cuadra, mirándose fijamente. Bien, esa era su cuadra, para Sasuke a la derecha y para Juugo a la izquierda, misma cuadra pero distintas direcciones.

— Le diré a Suigetsu que debe de preocuparte tanto.

— Bien.

— Así que… usas la mano eh…

— Sí. —Respondió Sasuke a secas, apretando una vez más los labios.

Fue lo único con lo que ambos se despidieron, si es que se le puede decir así a la forma tan extraña en la que se han despedido, simplemente se dieron la espalda y caminaron cada quién hacia su casa.


¿En dónde estaba ese maldito libro?

— Amor, baja ya de allí, tienes tacones y podrías lastimarte.

— Ahora no, osito. —Una forma muy común de llamarse entre ellos, aunque el tono que usaban siempre al decirse algo acaramelado era uno burlón y casi venenoso. ¿Cómo era posible que ellos dos fueran una pareja? — Había leído de mi libro, el que la tía Nora me regaló. Disque estaba maldito, si lo que escuché es verdad tenemos una muy buena manera de ayudar a Sasuke-Kun con esto.

Aquello captó la atención de Suigetsu, que miró hacia arriba una vez más y pasó de largo al interior de la falda de su novia para ver lo que hacía, pero para él solo estaba buscando entre pedazos inservibles de hojas y cubiertas de cuero en un apestoso lugar, nunca había visto esa parte de la casa de su novia.

— ¿Cómo un libro ayudará al apetito sexual reprimido de Sasuke? ¿Es literatura erótica, 50 sombras bajo mi ventana, o acaso Pídeme lo que necesites o ese libro que te entretiene tanto de Orgullo y Prejuicio?

— En primer lugar, es 50 sombras de Grey y el otro es Pídeme lo que quieras, no lo que necesites. Y no, idiota, no es ese libro, ¡es uno mucho mejor! —La pelirroja continuó su búsqueda, se supone que al ser un libro de tapa pura sin letras innecesarias por allí más que el título sería fácil encontrarlo por la orilla, o por el tamaño y aspecto de este, pero no lo encontró tan fácilmente como esperaba. — Animal, muéveme con cuidado a la derecha.

— En marcha.

Suigetsu tomó la escalerilla de cuatro ruedas y lentamente se dirigió hacia la derecha.

— Basta, creo que es este. Intenta no subir la vista.

Como si Karin no hubiese dicho nada, Suigetsu tranquilamente subió la mirada y admiró las pantaletas de su novia, sonriendo de forma amplia y larga.

Pedirle no mirar bajo la falda de tu novia es como pedirle a un niño que no vea los dulces de un mostrador. Pensó para él mismo, ciñendo más sus dedos a las varas de la escalera.

Karin, mientras tanto, buscaba rápidamente el libro que antes había mencionado, y finalmente lo encontró apretado entre un enorme libro con cubierta azul aqua y una enciclopedia. Tras tener el libro finalmente fuera, la enciclopedia se ladeó y se mantuvo con el otro libro aqua, pero lo ignoró para bajar la mirada. Bhá, ya sabía que su novio le estaría viendo de nuevo el culo, su novio no es conocido por ser un santo precisamente.

— ¿Disfrutando la vista?

— Joder, nena. Sabes que me enloquece ese color, ¿Por qué eres tan cruel conmigo?

Karin lo ignoró, pasando de largo de él para caminar fuera de aquélla biblioteca familiar que tenía en su casa, o al menos a ella le gustaba llamarla así. No tenía padre o madre vivos, ni siquiera un pariente cercano como tío o primos, pero sí sabe por medio de viejas cartas que encontró en un baúl escondido por la habitación de su difunta madre que han estado cuidado de un presunto libro maldito, y no pierde nada con intentar a ver qué tal.

Abrazó el libro contra su pecho y se dirigió hacia la mesa de su comedor, en donde dejó el libro y lo abrió para comenzar a ojearlo. Hizo una mueca, aburrida. Solo las primeras tres páginas estaban escritas, y encima en latín. Ella sabrá algunas lenguas alternativas a la propia japonesa, pero no sabe latín y nunca intentó traducir lo que esas tres imágenes dicen. Pero lo más importante… La contraportada. De nuevo cerró el libro y apoyó sus manos al borde de la mesa, mirándolo fijamente. Ojalá Naruto lo ayude…

— Naruto, lo dejo en tus manos. Sasuke… Sasuke es un buen chico, es algo delicado en muchas cosas y odia mucho el desorden, dale el mejor sexo de su vida y tratalo con cariño, o personalmente iré a partirte ese lindo trasero con un tacón de aguja de 15 centímetros, si encuentro del 20 será ese. —Después de esas palabras, la pelirroja abrió una vez más el libro, pero ahora solo alzó la tapa, mostrando la esplendorosa contraportada que tenía. Allí estaba, Naruto.

— Pero qué… —Suigetsu había permanecido a su lado desde que su novia había salido de ese lugar que olía a moho y a más humedad. Sus ojos violetas brillaron por unos segundos al ver aquélla esplendorosa contraportada. — Creo que me haré marica, se me lubricó el ano.

— … ¿Qué mierda acabas de decir?

— ¿Qué? ¡Míralo bien!

Oh, ahora tiene un novio marica, no puede esperar a darle ese maldito libro a Sasuke y que a su novio se le vaya lo marica, ¿Qué haría ella si el peliblanco la engaña… con un hombre? Suena cómico, pero para ella no tanto.

— Joder, mujer. Solo estaba jugando. —Suigetsu bufó.

— Ya…


Sasuke, Sasuke, Sasuke.

¿Quién era Sasuke? Sus ojos zafiro miraban la nada, simplemente abrazándose así mismo en alguna parte de allí. En sus labios permanecía una fina línea recta, apretaba los labios con cierta fuerza.

Era molesto.

Terrible.

¡No se lo desearía ni a su hermano!

Solo escuchaba las voces, escuchaba su nombre, una chica le estaba pidiendo que complaciera bien a Sasuke, pero él no sabe quién es Sasuke, no lo puede ver.

Dale el libro. Pensó. Dale el libro, quiero saber quién es Sasuke, quiero verlo. Apretó más los dientes, Naruto estaba ansioso.

No podía ver nada, ni siquiera entendía qué era lo que tenía que ver. Allí no había luz que chocara contra su retina, aunque hubiese algo no podría verlo ya que estaba prácticamente ciego, a Naruto no le gustaba estar allí. Sasuke podía sacarlo, Sasuke podía convocarlo. ¡Oh Dios, amaría a Sasuke si lo saca de allí, es tan horrible!

— Joder, mujer. Solo estaba jugando.

— Ya…

Lo peor, era escuchar voces pero no saber de donde provenían, las escuchaba de todas direcciones, incluso podía jurar que debajo de él aunque fuera imposible, incluso el suelo en el que estaba sentado parecía falso, no tenía ni idea de su alrededor, siempre que se levantaba y caminaba lo hacía en grandes distancias y en línea recta, nunca topaba a nada ni tocaba algo, siempre era un lugar sin salida, en donde se caminaba a una dirección y se llegaba al mismo punto de inicio por el mismo.

— ¿Se lo darás ya?

— Lo más pronto posible, quizá esta noche lo visite.

— Oh, genial~ ¿Puedo ir?

— ¡Pero claro que no! Te harás marica si lo ves, prefiero ser yo quien lo vea.

Sasuke, Sasuke, Sasuke, ¿hacia donde lo llevan, hacia Sasuke? Él quiere ver a Sasuke, quiere ver todo de nuevo, ver el exterior y ver lo nuevo, lo último que recuerda a ver visto era un escarabajo blanco enorme de metal al que ahora se le solía llamar automóvil. Naruto ha pasado de mano en mano, siendo custodiado por familias con el dinero suficiente como para pagarlo, tampoco entiende qué es el dinero. En su tiempo no había dinero, ni autos, no telégrafos.

Sabe esas palabras solo de cosas que ha escuchado, pero no ha visto ni la mitad de lo que ha escuchado.

Oh, Naruto ahora quiere salir, quiere ver a Sasuke.

El rubio, moribundo, alzó la cabeza de su escondite en sus brazos, aún en posición fetal. Por más que lo intente, ahora solo puede ver la nada, por más que intente imaginar algo para ver no puede ser posible, era un tormento mental increíble.

Naruto quiere ver a Sasuke.