ch7

La puerta del obscuro departamento se abrió de golpe. El muchacho logró encender una lámpara torpemente, mientras ella cerraba la puerta. Le quitó el bolso que tenía en la mano y lo tiró cerca de sus pies. Él la acorraló contra la puerta, la tomó de la cara con ambas manos y comenzó a besarla con apuro, ella no se resistió, le abrazó por el cuello y haciendo puntas de pies se acercó aún más a él. Mientras la besaba desesperadamente, sus robustas manos iban recorriéndola de arriba abajo por la espalda insistentemente. Ella gemía de placer cada tanto debido al contacto. Empezó a bajar sus manos más. Bajo por su trasero, redondo y terso. Bajó por sus piernas suaves. Las apretó. Se sintió incómodo. Su altura lo dejaba en una mala posición, debía agacharse demasiado para alcanzarla. Se le ocurrió una brillante idea. Subió sus manos acariciando con vehemencia los muslos. Se adentró por debajo de la falda, haciendo contacto con la piel de su redondo trasero. Ella suspiró y lo besó con más desesperación. Él apretó una nalga y gruñó un gemido. La tomó con ambas manos y la levantó quedándole a su altura, acorralada ahora en el aire entre la puerta y el cuerpo de su amante que se refregaba contra el suyo. Ella rodeó las caderas de él con sus piernas, separó su rostro solo un poco y gimió su nombre en un suspiro. Él se excitó aún más y comenzó a besarle el cuello mientras que con la una mano acariciaba, lento pero haciendo una ligera presión, su abdomen, su cintura, sus pechos, de arriba abajo. Apostó a más y coló la mano libre por debajo de la blusa sintiendo la caliente piel de su chica. Ella estaba extasiada de placer, y buscó con urgencia su cara para seguir probando e sabor de sus labios. Se besaron con pasión. Ella torpemente empezó a subirle la remera, él la ayudó y se la terminó de sacar separándose un poco de ella, sin dejar de sostenerla contra la puerta con la cadera. Tiró la remera no muy lejos. Ella le observó el abdomen, el pecho y el cuello desnudos, se mordió un labio y lo besó nuevamente. Él la tomó por el trasero y sin dejar de besarla, se separó de la puerta y caminó al sillón, tropezando con el bolso y pasando por encima de la remera de él. Se sentó en el sillón dejándola a ella a horcajadas sobre él. Le acarició la espalda por debajo de la remera, mientras hundía su cabeza entre su cuello y un hombro oliendo su piel y depositando cortos besos que la estremecían desde la punta de los pies hasta la punta de los pelos. Comenzó a levantarle la remera separándose apenas de ella, que levantó las manos para ayudarlo con la tarea que realizaba. La revoleó a la mesa ratona y miró a su chica, que lucía un excitante sostén de encaje blanco. La besó mientras le corría la prenda para acariciaba el pecho. Ella sentía un choque eléctrico cada vez que posaba sus manos sobre su piel, estaba sumamente excitada. No se dio cuanta cuando comenzó, pero ya estaba frotando su intimidad con la de él, y podía sentir el prominente bulto bajo su ropa íntima. Se separó y comenzó a desabrocharle el cinturón del pantalón, pero se le hizo demasiado difícil, porque él la desconcentraba con besos sobre el pecho, mientras sentía como buscaba desabrocharle el sostén. Al fin lo logró, corrió el cinto, desprendió el primer botón y luego el cierre. Debajo pudo observar la tela gris que guardaba lo que estaba buscando. Lo acarició, el pronunció su nombre, de la manera más sexi que jamás lo hubiera escuchado, ahogando un gemido. Le terminó de sacar la prenda que le molestaba, y la tiró hacía atrás mientras ella seguía con su tarea de acariciarle su zona íntima. Él enloqueció de placer y la tumbó sobre el sillón, y posicionándose sobre ella comenzó a repartirle besos por todo el cuerpo. La besaba y lamía, y ella se retorcía de placer. Llegó a su intimidad y la acarició por encima de la pollera, siguió bajando con sus besos por las piernas y se frenó. Mientras la miraba fijamente le levantó una pierna y con urgencia le quitó un zapato que hizo un golpe al caer al piso, acariciándole el pie, empezó nuevamente a repartir besos por su pierna. Repitió el mismo procedimiento con el otro zapato. Ella lo miraba sonrojada y excitada, le gustaba que él tuviera el control de la situación. Él se terminó de quitar los pantalones, que se le empezaban a caer, dejándole ver el bulto bajo el bóxer gris. Acariciándole las piernas, comenzó un recorrido hacia arriba, llegando a la falda, se la subió quedándole en el abdomen y con toda la delicadeza del mundo le empezó a sacar la vedettina blanca que llevaba puesta rozándole las piernas con la yema de los dedos, produciéndole una corriente cálida por dentro que hacía estremecerla. Volvió sobre ella y se besaron con urgencia, fregándose los cuerpos húmedos de traspiración el uno con el otro. De un momento a otro comenzó a hacerla suya, entre besos, caricias y suspiros, hasta que estuvieron extasiados y exhaustos.

-Esto es… lo que provocas en mí.– Le dijo despacio recostado sobre su pecho, abrazándola. Sentía su respiración agitada y como su pecho hacía que si cabeza se moviera de arriba hacia abajo constantemente. –Te amo.

-Y yo a vos… mucho.– Le contestó mientras le acariciaba el cabello

-Viste que iba a salir todo bien? Todos se quedaron con la boca abierta por la escena que hicimos…- Habló el chico recordando, giró su cara y la miró a los ojos, frunciendo el ceño, apoyó su mentón sobre el pecho de ella. –Aunque no me gustó como te miraban todos… pero… lo bueno es que eres solo mía y de nadie más. –Terminó sonriente viendo como ella adquiría color en sus mejillas.

Se taparon con una manta que Ren sacó de abajo del sillón y se quedaron charlando abrazados, hasta que el sueño los venció.

..

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Se sintió molesta, algo le quemaba. Abrió los ojos despacio, todavía le pesaban los parpados. Una fuerte luz la cegó. Cerró los ojos con fuerza y giró el rostro buscando un alivio a esa fuerte luz. Abrió nuevamente. Estaba analizando el lugar. Sillón blanco. Una manta azul. Su corpiño colgando del respaldar del sillón. Una mesa ratona de vidrio. Una remera sobre ella. Un… -Mi ropa interior colgando sobre el sillón?- Levantó ligeramente la manta y se vio. Solo tenía puesta la falda negra a lunares que llevaba ayer en la tarde. Se sentó de golpe, cubriéndose con la manta y se terminó de despabilar. –El departamento de Ren… claro… que boba.- pensó suspirando y golpeándose la cabeza con una mano, agarró su prenda íntima y se dispuso a ponérsela, pero se sobresaltó.

-Buen día!

-Ren!, buenos días.- Ren venía desde la cocina, en cueros, solo con uno yoguis deportivos, portando una bandeja con el desayuno para los dos.

-Cómo dormiste?- Le preguntó depositando la bandeja en la mesa ratona para sentarse a su lado.

-B-bien…- Respondió ella sonrojada por la forma en la que se encontraba. Lo miró y él miraba la prenda que tenía en la mano. Se avergonzó.

-Podés ir al baño si querés…- Le dijo con una sonrisa gentil. –O cambiarte aquí.- habló con cara del rey de la noche, mientras se le acercaba para besarla.

-Voy al baño…- Se paró enrollándose en la manta azul y tomando sus prendas esparcidas por todo el departamento se dirigió al baño. Unos minutos después salió vestida y peinada.

Se sentó al lado de Ren y empezaron a desayunar juntos. Habiendo terminado él llevó las cosas sucias a la cocina para lavarlas mientras que Kyoko se quedó acomodando la sala de estar. Levantó el bolso de Ren que había quedado al lado de la puerta, lo colgó en el perchero. Puso los zapatos de los dos al lado de la puerta como correspondía acomodó el sillón y dobló las mantas. Había visto como en la noche Ren la sacaba de abajo del sillón. Se sorprendió de lo sofisticado de este mueble, pues tenía una cajonera de tres largos cajones debajo de los cojines. Abrió un cajón. Lleno. Observó por un rato. Había cachivaches, cosas viejas, unos portarretratos vacíos, un par de álbumes fotográficos, papeles, algunas carpetas vacías, entre otras cosas. Lo cerró, pero quedó entreabierto, estaba bastante pesado con todo lo que tenía adentro, por lo tanto le había costado cerrarlo. Abrió el segundo, después iba a cerrar bien el primero. Lo encontró vacío, asique dejó la manta y lo cerró. Volvió al primer cajón, lo abrió, miró otra vez más, le llamaba la atención un álbum rojo acharolado, no le dio demasiada importancia y se dispuso a cerrarlo.

Pero como bien dice el dicho, la curiosidad mató al gato. Quizás pudiera ver fotos de Ren cuando era pequeño. Con una gran sonrisa en el rostro sacó el álbum. Estaba algo sucio, sopló apuntando a un costado, sacándole algo de polvo viejo, seguidamente le pasó una mano por el lomo. Este recuperó un vivaz color rojo, la cubierta era de cuero acharolado, sumamente suave al tacto. Lo dejó sobre la mesita ratona, y se acomodó de rodillas en el piso para verlo. Lo abrió con delicadeza, la primera hoja estaba en blanco. La pasó. En la próxima encontró una solitaria foto apaisada, donde se veía en un primer plano de los rostros, un joven muchacho, risueño, japonés al parecer. Junto a él, a su derecha, una bella mujer rubia de rasgos occidentales, se la veía feliz también. Entremedio de ellos, una pequeña bola de mantas celestes, supuso que un niño recién nacido. Supuso que era Ren, y que ellos, eran sus padres. Curiosamente este muchacho le parecío tremendamente familiar. También supuso que, si este muchacho era el padre de Ren, serían porque era parecido a Ren; y en efecto eran parecidos, aunque no del todo, tenía lo de su madre, y Kyoko se dio cuenta de dónde venían ciertos rasgos, y sobre todo, ciertas costumbres occidentales. Debajo de la foto, a modo de pie, había un pequeño y corto escrito a mano en letras cursivas.

"Familia Hizuri"

Sintió una fuerte punzada en el corazón. Dudó. Miró a la cocina, sintió ruidos. Ren seguía ocupado, como para preguntarle algo. Miró la foto nuevamente, y otra vez el escrito al pie de ella. Volvió a leer lo mismo. "Familia Hizuri". Miró la foto por tercera, o cuarta vez, miró fijamente al muchacho, y vio el parecido.-Hizuri Kuu… pa-padre?- Con razón se le hacía tan familiar ese chico. Pero qué iba a estar haciendo Ren con una foto de Kuu. –Ren es el hijo de Kuu-otosan…- Se quedó atando cabos mientras miraba la foto, anonadada, con la boca abierta, los ojos desorbitados. –Por qué…? Por qué no me lo dijo…?- Después de todo, ella lo había representado para Kuu-otosan, y en frente de sus narices. Y no fue capaz de contárselo. -Qué mierda está pasando?- Recordó que se había basado en Corn para representar al hijo de Kuu-otosan, de pronto sintió como se le estrujaba el corazón, latiendo muy fuerte, sentía como mil dagas de le clavaban directamente sobre su cuerpo. La curiosidad la asaltó nuevamente. -CORN- Estaba dispuesta seguir avanzando, más adelante, con el álbum, ver más fotos. Su corazón latía muy fuerte, respiraba agitada, sus ojos se cristalizaron de lágrimas prontas a salir. –Ren no puede ser Corn… No puede ser…-

-Kyoko… qué haces?- Le preguntó Ren que venía desde la cocina aproximándose al sillón y la vio en el piso.

Abrió el álbum exactamente por la mitad. Observó detenidamente por unos segundos, quizás dos o tres. Se le paró el corazón. Comenzó a derramar unas pesadas lágrimas sobre la mesa mientras se agarraba la cabeza con las dos manos. Viró el rostro y lo miró enojada. Se puso de pie. Estaba furiosa. Apretó los puños hasta que los nudillos de le pusieron blancos. Mordió fuerte para no gritar. Respiró hondo intentando calmarse.

-Qué significa esto Ren?... O debería decir Hizuri Koun?... Qué significa esto Corn…

Hola! aqui subo una nueva actualización "pre-Fiestas"! Espero que anden bien, que pasen una linda navidad y tengan un próspero año nuevo.. Estaremos leyendonos prontito :D Saludos a todos y todas !