Disclaimer: Estos personajes no son míos, pero la historia sí.


FROM DARKNESS TO LIGHT


CAPÍTULO II

LA HUIDA

Caroline, a pesar de querer ser valiente y enfrentarse al preso, se quedó quieta junto a la puerta, en silencio. El semblante tranquilo de Kol Mikaelson la ponía muy nerviosa, tanto que la chica sentía como si no pudiera respirar. Le faltaba el aire. No comprendía por qué, pero aquel hombre, a pesar de no haberlo visto nunca hasta aquel día, la ponía nerviosa como nadie que hubiera conocido nunca. Desde luego, no tenía nada que ver con que el chico fuera el más atractivo que hubiera conocido jamás.

La chica intentó serenarse. No le convenía hablar con él estando tan nerviosa. Necesitaba comportarse fríamente, y pensar con tranquilidad. Sólo así lograría que Kol Mikaelson le contara lo que Caroline necesitaba, y así podría marcharse. A él lo castigarían, y la vida de Caroline volvería a la normalidad. Sí, todo saldría bien.

- Sabías que iba a venir-le dijo, sin embargo. Sabía que debería haberle preguntado directamente, pero sus palabras la habían confundido.

- Claro que lo sabía. Conozco a los hombres como tu padre, y cuando vio cómo te miraba, casi pude ver cómo una idea se formaba en su cabeza. No le importaría venderte a un mercenario si con eso logra lo que quiere. ¿Me equivoco?

Caroline quería negarlo, pero en el fondo sabía que a su padre poco le importaba ninguna de sus hijas, más que por la posibilidad de casarlas con algún noble y conseguir mayores riquezas de las que ya poseía. Sin embargo, habló.

- Tú no conoces a mi padre. Él es... un hombre bueno. Se preocupa por su familia.

- Sí, seguro. Por eso te ha mandado aquí por la fuerza, ¿no? ¿O es que acaso crees que no noto que estabas llorando?

- Eres... insufrible. Escucha, si no vas a decirme lo que quiero escuchar, no me hagas perder el tiempo. Tal vez tú no tengas nada que hacer nada, pero yo soy una mujer ocupada.

- Sin algo a cambio, no voy a decir nada-contestó el chico, mirándola fijamente.

- Pervertido. Si quieres algo, se lo pides a mi padre. Y más vale que no tenga nada que ver conmigo.

- No te enfades, rubia. Tanto tu padre como tú sabéis lo que quiero. Si no me lo dais, yo no daré nada.

- ¿Y te entregarías por... por una mujer?-Caroline estaba confusa. Todavía no comprendía muy bien nada que tuviera que ver con las relaciones, pues su padre nunca había permitido que se encariñara con nadie-. ¿Estarías dispuesto a entregar a tus hermanos por tenerme a mí?

- Yo no voy a entregar a mis hermanos. Eso no es lo que tu padre quiere-no dio más explicaciones, dejando a Caroline todavía más confusa-. ¿Entonces? ¿Vas a entrar, o tenemos que "relacionarnos" a través de la puerta? Te prometo que luego confesaré-dijo el saqueador con una amplia sonrisa, y levantándose del lugar en el que estaba sentado.

Caroline se sentía humillada, más de lo que jamás se hubiera sentido. Sin embargo, no quería aparentar debilidad, por lo que levantó la cabeza con intención de terminar rápidamente con lo que había venido a hacer. Y por supuesto, lo que pretendía la joven no incluía "relacionarse" con Kol Mikaelson.

Sin embargo, estuvo a punto de volver a bajar la cabeza al ver que Kol se había quitado la camisa. Por lo visto, realmente pensaba que Caroline se iba a ofrecer a sí misma a cambio de una confesión. Pero no lo haría, y no tenía nada que ver con mantener su pureza. Se negaba a venderse por una maldita confesión, una confesión que no serviría para nada. Si su padre no quería encontrar a los demás Mikaelson, a Caroline no se le ocurría ninguna otra razón por la cual su padre buscaría una confesión del ladrón; pero no importaba.

Caroline dio un paso atrás. Estaba lo suficientemente alejada de la celda como para que si Kol alargara el brazo no llegara a tocarla. Lo suficientemente alejada como para no ponerse a sí misma en peligro.

- Puede que pienses que conozcas a mi padre, pero si de verdad piensas que voy a entregarme a ti simplemente para conseguir una confesión, tal vez no tengas una gran capacidad para comprender a las personas.

- Tranquila. Sé que estás en contra de esto-comentó Kol. Seguía sonriente, y no parecía nada a disgusto sin camisa-. Pero sé que tu padre seguirá insistiendo. Seguirá obligándote a venir, y tú al final no tendrás más remedio que entregarte a mí. Aquí, a la vista de todos los demás presos.

- Nunca lo haría-contestó simplemente. Estaba totalmente ruborizada, pero no se sentía tan atemorizada como minutos antes. Kol Mikaelson la había enfadado con sus palabras-. Y si no eres capaz de comprenderlo, sí, estaremos así mucho tiempo, pero al final, lo conseguiré.

Caroline se dio la vuelta, dispuesta a marcharse. Se encontró cara a cara a otro preso, un hombre joven de cabello oscuro, que la miraba sonriente. Por lo visto, la respuesta que la chica le había dado a Kol le había hecho gracia. Caroline no sabía si sentirse contenta consigo misma porque aquel hombre estuviera de acuerdo con ella o indignada porque el preso hubiera escuchado una conversación que, obviamente, había sido privada. Aunque, la verdad, no podía pedir mucha privacidad en aquel lugar.

Mientras caminaba hacia la salida de las mazmorras, lentamente, intentando aparentar normalidad, Caroline pudo escuchar las carcajadas de Kol. Por lo visto, él no había quedado desilusionado con la visita. Si realmente pensaba que todo sería como su padre quería, se iba a llevar una gran decepción. Si su padre decidía odiarla por aquello, que lo hiciera. Si quería casarla con algún hombre insoportable, ella tranquilamente lo aceptaría.

No podría ser peor que soportar a William Forbes. O a Kol Mikaelson.


Se encontró con su padre de camino a su dormitorio. Él sonrió abiertamente al verla tan ruborizada, pero rápidamente cayó en la cuenta de que no había pasado tiempo suficiente como para que su hija hubiera perdido su virtud con el preso. Sin embargo, su expresión no cambió, y Caroline se dio cuenta de que la asustaba. Parecía demente, obsesionado con sus riquezas, y con poder condenar a Kol. La joven no pudo evitar preguntarse como aquel hombre podía ser el mismo que le había construido un caballito de madera para que ella jugara cuando era pequeña. Todo había cambiado con la muerte de su madre, Liz…

Los pensamientos de Caroline remontaron a siete años atrás, cuando la chica sólo tenía diez años. Su madre, Elizabeth Forbes, cayó enferma. No parecía muy serio, sólo un poco de fiebre. Parecía estar recuperándose, y William Forbes comenzó a trabajar el doble de lo que había trabajado hasta entonces. Y un día, cuando Liz ya estaba casi recuperada, se mató. No le importó que aquello fuera causa suficiente para no poder enterrarla en suelo sagrado. Se ahorcó en la casa en la que ellos vivían. Fueron Caroline y sus hermanas las que encontraron el cadáver. Y desde entonces, todo cambió.

Su padre se convirtió en un hombre frio y ambicioso, y comenzó a trabajar todavía más. Poco después apareció con una herencia: un noble, lo suficientemente poderoso como para pasar tiempo en la Corte, había muerto misteriosamente una semana antes, y había dejado en testamento sus tierras y su título al padre de Caroline. A la chica le pareció extraño, pero cuando se lo comentó a su padre, este la calló de una bofetada. Aquel día, Caroline aprendió a no cuestionar nada de lo que le dijera su padre.

Y allí estaba, tan ambicioso y frio como el primer día después de la muerte de su madre.

- ¿Qué ha pasado allí abajo?-preguntó, fulminando a Caroline con la mirada. Sospechaba que no iba a conseguir lo que buscaba aquella noche.

- Sabía que me mandarías-inventó Caroline sobre la marcha. Al fin y al cabo, no era del todo mentira-. Es más listo de lo que pensabas, me temo. Pero no te preocupes, padre. Conseguiré sacarle la verdad.

- Más te vale, Caroline. Si no, me las pagarás.

Caroline sonrió, totalmente segura de su futuro triunfo respecto a Kol. Pensaba conseguir aquella confesión. Y lo haría a su manera.


Durante tres semanas, Caroline bajó a las mazmorras cada cuatro días, e interrogó a Kol Mikaelson durante horas. Apenas consiguió nada. Sin embargo, cada conversación que mantenían hacía que la chica conociera más al ladrón. Hasta había llegado a comprender sus motivos, y a compartir su dolor.

Kol Mikaelson era el hijo menor de una familia numerosa poco adinerada. En total, su madre había parido a ocho hijos. Dos de ellos habían fallecido antes de cumplir el año, y Henrik, el menor después de Kol, había muerto con doce años, atacado por unos lobos tras internarse en el bosque sin permiso y sin vigilancia. Ahora, su hermana también había muerto, a manos del padre de Caroline. Y todo por haberle robado.

Los Mikaelson no tenían riquezas, ni tierras. A veces, ni siquiera tenían suficiente comida para alimentar a los demás. Kol apenas tenía diecinueve años, y al ser el pequeño, había sido, junto a Rebekah, la prioridad a la hora de alimentar a la familia. Por eso, Kol siempre se había sentido culpable, y cuando aprendió a utilizar espadas y cuchillos, decidió que se defendería y lograría lo que sus hermanos se merecían.

Empezaron robando comida. Finn, el mayor de los Mikaelson, siempre había robado, pero sólo podía llevarse lo que le cupiera en las manos, así que cuando sus hermanos se le unieron, se convirtieron en algo similar a una banda de ladrones. Cuando su hambre estuvo saciada, sin embargo, sus deseos aumentaron. Ya no les interesaba simplemente estar bien alimentados. Querían compensar a sus padres, por haberlos criado y mantenido, y querían ayudarse los unos a los otros. Así que empezaron a robar joyas y otras riquezas a nobles que pasaban su vida en la Corte. Hasta ahora.

Caroline sabía lo que significaba pasar hambre. Y, desde luego, no tenía más que observar a su padre para comprender la ambición. Y Rebekah, la hermana de Kol… Robar era un delito, pero no debería haber muerto por querer más de lo que tenía.

Cada vez que Caroline subía de vuelta a los lujos de la Corte, sus ganas de ver a Kol muerto disminuían. Y odiaba aquella sensación. No quería apreciarlo. No quería sentir… nada.

Bajó a las mazmorras cuando ya había anochecido. Solía hacerlo siempre después de cenar, cuando todo se había tranquilizado y nadie requería su presencia. Con cuidado, bajó lentamente las escaleras, para no caerse en la oscuridad apenas iluminada por las antorchas. Apenas una semana atrás, había estado a punto de caerse, y se había prometido a sí misma ser más cuidadosa. No quedaría muy bien si aparecía ante Kol herida y llorando.

- Buenas noches, preciosa-saludó Kol cuando la vio aparecer.

Caroline no respondió. Como cada una de las veces que había visitado al saqueador, se había quedado boquiabierta. Aquella vez, Kol se encontraba totalmente desnudo. La chica se giró, pero no antes de que él viera su sonrojo. Caroline supo que su sonrisa era tan amplia como le era posible. Cada vez que bajaba, se encontraba con una sorpresa. Una vez, se había encontrado con Kol dándose un baño. Ni siquiera sabía cómo había convencido a nadie de que llevaran aquel barreño hasta abajo, ni quién le había permitido usarlo.

Otra vez, había logrado que le dieran mejor comida que a los demás, y había preparado una cena para ambos. Caroline no tuvo más remedio que volver a cenar, porque el chico se negó a decir nada hasta que ella hubiera empezado a comer, así que al día siguiente la chica tuvo que pasar el día entero en cama, pues se sentía muy indispuesta.

Pero aquella vez se había pasado. La retaba, la provocaba, cada día. No le daba ni un respiro, y Caroline apenas podía evitar las ganas de darle una bofetada cada vez que hacía algún comentario inapropiado.

- Vístete. Ahora mismo-dijo. Tenía el ceño fruncido, y el preso de la celda de enfrente soltó una carcajada al ver su expresión. A diferencia de la primera vez que lo había visto, aquel hombre estaba ahora mucho más delgado, y grandes ojeras surcaban sus ojos.

Aquella era otra gran diferencia en lo que a Kol respectaba. A diferencia de los demás, él conseguía parecer más sano y bien alimentado cada día que pasaba, y el único cambio que se apreciaba en su aspecto era la barba, que se había dejado crecer un poco, y que Caroline encontraba, en secreto, muy atractiva.

Tras fulminar al preso con la mirada, Caroline se atrevió a volver a girarse. Afortunadamente, Kol se había puesto pantalones. Sin embargo, seguía sin llevar camisa, y la mirada de Caroline se dirigió inconscientemente al cuerpo del chico. No era lo más normal, que una joven noble como ella estuviera frente a hombres semidesnudos, y no podía negar que Kol fuera atractivo. A pesar de ser un completo idiota.

- ¿Sabes?-dijo Kol. Seguía sonriendo-. He estado pensando en nosotros. ¿Te imaginas cómo hubiera sucedido todo si no nos hubiéramos conocido de esta manera? Seguro que habrías caído a mis pies mucho antes.

- No eres ni el primer ni el último hombre que siente atracción hacia mí, Mikaelson. Que no se te olvide. Bueno, a lo que vamos. Explícame. Si mi padre te va a matar de cualquier manera, ¿por qué no confiesas?-preguntó la chica. Aquella era una de las preguntas que le rondaba desde hacía tiempo-. ¿Y por qué está mi padre tan obsesionado en conseguir tu confesión?

- Yo no voy a confesar por no darle el gusto al asesino de mi hermana-contestó el chico. Repentinamente, su felicidad parecía haber desaparecido y haber sido sustituida por una rabia helada. Caroline lamentó haber preguntado. Kol era todavía más insoportable cuando estaba enfadado-. Y no sé por qué mierda de razón querrá tu papi mi confesión. Pero no importa. Porque nunca la va a conseguir. Y tampoco conseguirá matarme. Créeme. Lo tengo todo planeado.

Caroline no podía hacer sino creerle. Desde que había comenzado a visitarlo, Kol había conseguido muchas mejores comodidades que los demás, lo que demostraba que su poder de persuasión (o de seducción, Caroline no estaba totalmente segura) era muy grande. Además, había logrado robarle dos brazaletes y un pendiente a ella. Y todo, para luego devolvérselas.

- Hoy no vas a ser muy útil, ¿verdad?-preguntó Caroline. A pesar de que no le desagradaba pasar aquel tiempo con Kol, no olvidaba cuál era su objetivo final.

- No. Así que ven aquí y dame un besito de despedida antes de marcharte a dormir y a soñar conmigo.

- Ni loca-contestó Caroline, pero no pudo evitar que el rubor volviera a sus mejillas.

Dos noches atrás, había soñado con él. Había soñado que cedía a él, y que, tal y como él había dicho, se entregaba a él frente a todos los demás presos. Y, a pesar de no haber llegado hasta el final antes de que la despertaran, Kol la había desnudado, y había besado y acariciado cada parte de su cuerpo. Se despertó ruborizada, y curiosamente falta de aliento. Había mandado que le prepararan un baño de agua fría, pero aún le había costado más de media hora serenarse por completo.

Y Kol parecía conocer sus sueños. Pero aquello era imposible, ¿no?

Caroline se giró. Iba a marcharse, pero Kol la agarró de la cintura, a través de la puerta de la celda, y con la otra mano le tapó la boca. Pegó su boca su oído y susurró:

- Tranquila, ¿vale? Tú formas parte de mi plan, preciosa, así que no hagas ni un solo ruido, y escucha atentamente. ¿De acuerdo?-preguntó, girando ligeramente la cabeza. Su aliento hizo cosquillas a Caroline, que asintió con la cabeza. Lo había subestimado todo el tiempo, pensando que sólo era un joven pobre en busca de riquezas. Y probablemente lo era, pero también era capaz de matar, y de hacer todo lo que fuera posible por salir de ahí.

- Si quieres usarme como rehén, no te lo recomiendo. Mi padre no me aprecia lo suficiente.

- Lo sé. Has debido vivir una vida muy dura, sin un padre que te quiera. ¿Me equivoco?

- Sí, estás totalmente equivocado. Mi vida era perfecta hasta que llegaste tú. Lo has arruinado todo.

- Cállate, ¿quieres?-dijo el chico, enfadado-. Vas a hacer lo que yo te diga. Vas a ir allá, distraer al guarda, y abrir mi celda. Me dejarás salir, y luego dirás que he escapado-Caroline habría querido negarse, pero lo siguiente que dijo Kol hizo que sus deseos de rebeldía menguaran-. Sé que amenazándote a ti no lograré nada, preciosa. Pero tú no eres la única en peligro si no me ayudas. Tus hermanas, por ejemplo, son presas fáciles.

Caroline asintió, dándole a entender que estaba de acuerdo con ayudarlo. Kol la soltó suavemente, y volvió a sonreír tan tranquilamente como antes. Caroline lo miró fijamente, y, por primera vez desde que lo había conocido, lo odió. A pesar de no tratarla bien, de meterse con ella siempre que pudiera y de retarla cada vez que ella bajaba a verlo, nunca lo había detestado tanto como lo hacía su padre. No lo consideraba un amigo, pero tampoco un enemigo. Sólo un simple ladrón. Pero se había atrevido a amenazar a sus hermanas, y Caroline no pensaba perdonarle eso nunca.

Caminó lentamente hacia la silla en la que el guardia estaba sentado, totalmente aburrido. La miró en cuanto escuchó sus pasos, y Caroline se forzó a sí misma a sonreír. Si se mostraba nerviosa, o disgustada, el guardia probablemente sospecharía que algo estaba sucediendo, y eso podía arruinar su plan por completo, así que tenía que ser la señorita amable y encantadora que había sido siempre, a pesar de sentir casi irrefrenables ganas de cometer un asesinato.

- Buenas noches, Luke-saludó, deteniéndose junto a él. Él la saludó con la cabeza, sonriente. Era el guardia más amable que ella conocía, por lo que se sentía todavía peor mintiéndole-. Pareces cansado.

- No se preocupe, lady Forbes-dijo el chico tranquilamente. Pero Caroline no había mentido. El chico parecía exhausto, y sus ojeras lo hacían parecer bastante mayor de lo que era-. Estoy acostumbrado a estos horarios.

- Seguro que agradecerías un descanso. Anda, ve y tómate un descanso. Sólo un rato. Puedo gritar si algo sucede.

- No sé si es la mejor idea, lady Forbes-comentó el guardia, aunque parecía tener muchas ganas de tomarse el descanso que Caroline le ofrecía.

- Por favor, Luke, ve tranquilo.

Tras unos segundos de deliberación, Luke asintió, y dirigiéndole una sonrisa a la joven noble, se levantó de su silla e hizo una pequeña reverencia. Soltando un suspiro, salió de las mazmorras. Caroline negó con la cabeza. Todo estaba saliendo bien. En su interior, había esperado secretamente que no saliera bien, había deseado que, a pesar de sus insistencias, Luke se negara a abandonar su puesto de trabajo. Era su deber. Jamás hubiera pensado que fuera tan débil.

Kol reía. Por lo visto, él también estaba sorprendido por la capacidad de convicción de Caroline. La chica cogió el juego de llaves de las celdas, y se acercó a la de Kol. Probó con todas las llaves, hasta que dio con la adecuada. Le costó bastante, y en el fondo Caroline sabía que estaba intentando ir despacio. Intentaba que Luke volviera antes de que pudiera soltarlo. Pero no lo hizo, y cuando finalmente la puerta de la celda en la que Kol estaba encerrado se abrió, Caroline soltó un suspiro, resignada. Había hecho todo lo que podía.

Levantó la cabeza, y vio que Kol le sonreía totalmente exultante. Siempre lo había visto contento, pero en aquel momento parecía feliz de verdad, como si nunca hubiera sido libre y por fin fuera a probar un poquito de aire fresco. Caroline comprendía aquella sensación. No estaba acostumbrada a estar mucho tiempo metida en casa, y desde que vivía en la corte, apenas salía de allí. Estaba agobiada, pero se forzaba a sí misma a poner buena cara.

- Gracias, Caroline-Kol dijo, y parecía sentirse agradecido de verdad.

- Vete al infierno-le contestó ella.

Caroline quería marcharse, meterse en la cama y no volver a levantarse en su vida. Kol levantó una ceja, haciéndole saber que su trabajo todavía no había terminado. Debía sacarlo de ahí, sin que nadie lo viera. Caroline suspiró, y se giró. El preso de la celda de enfrente la miraba, suplicando. La chica estuvo tentada de dejarle salir. Sin embargo, en el último momento, sonrió.

- Creo que no. Te ha encantado reírte de mí, y he visto como me mirabas, no muy amablemente. Así que, me parece más que justo que te quedes ahí. Si supiera que los demás presos no fueran a matar a cualquiera que se encontraran, los liberaría a todos. Pero no a ti.

- Zorra-el preso dijo. Kol reía a carcajadas, sin mostrar ningún cuidado. Caroline se giró hacia él, y le indicó que se callara. Cualquiera podría escucharlos, y si los encontraban, no sólo él volvería a su celda, sino que ella también estaría en peligro.

- ¿Qué sucede aquí?-se oyó la voz de Tyler. Caroline soltó una maldición muy poco propia de una dama, pero se mostró serena cuando se dirigió al que era su pretendiente.

- Lo estoy dejando escapar. Si no lo hago, mis hermanas sufrirán. Y me niego a que eso suceda.

Tyler estaba totalmente enfadado. Sin embargo, no dirigió su furia hacia Caroline. Enseguida supuso que Kol la había conquistado, y que ese era el motivo por el cual la chica lo estaba liberando. Por lo tanto, se giró hacia el ladrón, desenvainando su espada, que llevaba siempre atada al cinto desde que se la habían regalado por su cumpleaños. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para hacer nada. Con un golpe en la nuca, Kol lo dejó tirado en el suelo, desmayado.

Caroline quiso enfadarse. De verdad, quiso cabrearse con el hombre que la miraba desafiante. Sabía, sin embargo, que había hecho lo que debía. No había otra manera de lograr huir de Tyler sin que este llamara a los guardias. Así que Caroline suspiró, y cuando Kol le pidió ayuda para dejar a Tyler encerrado en la celda que había sido la suya, asintió.

Cuando el noble estuvo encerrado, se marcharon silenciosamente de las mazmorras. Por suerte, al final de las escaleras, el corredor estaba vacío, porque sólo llevaba de la cocina a las mazmorras. Caroline sabía que, justo antes de entrar a la cocina, había un panel en la pared que llevaba a un pasadizo secreto que llegaba hasta el corredor que llevaba a sus propios aposentos. Muy conveniente.

Sólo estuvieron a punto de ser descubiertos una vez, cuando salieron del oscuro y sucio pasadizo. Una sirvienta pasaba con un montón de ropa limpia en dirección a los aposentos del padre de Caroline. La chica, que tenía ya un pie fuera del pasadizo, tuvo que regresar a su escondite, y cerrar la puerta secreta con tanto cuidado como pudo. Kol chocó con ella, y ni siquiera tuvo la decencia de apartarse de ella. Finalmente, cuando pudieron volver a salir, Caroline sólo pudo fulminarlo con la mirada, ante lo cual él soltó una pequeña risa.

Los aposentos de Caroline estaban tan ordenados como siempre. La chica no pasaba mucho tiempo allá, pues prefería estar con sus amigos abajo, donde realmente sucedían cosas.

Kol se tumbó en su cama, y gimió.

- Dios, echaba mucho de menos la comodidad de una cama.

- Dudo que hayas estado tumbado en una cama real alguna vez-contestó Caroline, mientras buscaba algo en un baúl a los pies de la cama.

- Te sorprenderías si supieras la cantidad de mujeres que me han invitado a su cama. Como tú, por ejemplo.

- No me extraña que estés tan necesitado si las mujeres sólo te invitan a sus camas para que descanses un rato-Caroline se arrepintió rápidamente de lo que dijo, y casi metió la cabeza en el baúl, intentando esconder sus mejillas sonrojadas. Kol reía a carcajadas cuando finalmente encontró lo que buscaba.

Caroline le lanzó unas ropas y se giró, dirigiéndose a la puerta. Su trabajo había terminado. Ya lo había ayudado a huir de su celda. No haría nada más.

- Gracias, Caroline-dijo el chico, provocando que Caroline se detuviera con una mano en la puerta-. Te debo una. En algún momento te recompensaré.

- No hace falta. Sólo…-comentó la chica, volviéndose a verlo por última vez. Él estaba sin camisa, pero aquella vez no le importó-, sólo te pido que no hagas daño a mi familia. Por favor.

- Por supuesto.

Caroline le dirigió una sincera sonrisa, y se marchó.

Estaba ya casi en la sala del trono cuando vio a su padre. Sin siquiera prepararlo, supo que tendría que actuar frente a él. Adoptando una expresión asustada, corrió hacia él.

- Padre, ha sucedido algo. Tyler… Creo que ha intentado matar a tu prisionero.

- ¿Qué? ¿Por qué?

- Porque se fue corriendo hacia las mazmorras, y juraría haber visto al preso huyendo.

Listo. Así de fácil. Su padre salió corriendo, y ella volvió a quedarse sola. Tyler se enfadaría con ella. Pero ella no cedería. Su padre la creería. Caroline se aseguraría de que no tuviera ninguna duda de la credibilidad de su hija.


Aquí está el segundo capítulo.

Espero que os haya gustado :)