Sé que no parece que vaya a acabar muy bien, pero confiad en mí...
FROM DARKNESS TO LIGHT
CAPÍTULO IV
EN BUSCA DE LA FELICIDAD
Los gritos de Caroline inundaban la cabaña. Kol se encontraba a su lado, soportando el fuerte agarre de la mano de la rubia sobre la suya. La comadrona, a la que Kol había prácticamente arrastrado desde el pueblo hasta la cabaña, se encontraba a los pies de la cama en la que Caroline se encontraba tumbada, con las piernas abiertas. Era noche cerrada, y Kol agradecía vivir lejos del pueblo. Los gritos que la chica profería habrían alterado a todo el pueblo.
- Señor, debe marcharse-le dijo la comadrona, mirándolo fijamente durante apenas unos segundos. Tenía otras cosas en las que concentrarse-. El parto es cosa de mujeres.
- Me da igual. Nadie va a decirme si debo estar en el parto de mi mujer.
El siguiente grito de Caroline casi consiguió que Kol no escuchara el comentario de la comadrona sobre cómo ellos vivían en pecado. Tenía motivos para no estar de acuerdo en asistir a Caroline, según las costumbres religiosas. Caroline era una pecadora, y lo que merecía era la desgracia, no a un hombre a su lado.
Kol recordó el momento en que el cura se negó a oficiar su casamiento. Si Caroline le hubiera hablado del embarazo algo antes, habría sido más fácil ocultarlo, y el bebé podría fácilmente pasar por suyo. Pero cuando llegaron, un pequeño bulto en su vientre impedía que la chica llevara bien puesto el corsé, por lo que el sacerdote se negó a que contrajeran matrimonio. Así que ambos vivían en pecado.
Todo el pueblo sospechaba que el bebé que Caroline esperaba era suyo, y Kol no sería el que les contradijera. Al menos, ni la chica ni el bebé tendrían que hacer frente a la verdad. Caroline jamás volvería a tener que pensar en Finn, y el bebé lo tendría a él como padre, que sería desde luego mejor padre que su hermano.
El parto transcurrió bastante tranquilamente. Caroline dejó de gritar cuando estuvo demasiado cansada como para hacerlo, y la bebé nació sano y fuerte. Y vivo. Aquel había sido siempre el mayor temor de Caroline: que su hijo o hija no sobreviviera al parto. Al haberse criado en una familia acomodada, siempre había estado segura de que sus partos serían seguros, y de que sus hijos nacerían sanos. Así que cuando supo que estaba embarazada, su primer pensamiento fue para su hijo. Porque Kol cuidaba de ella, pero no podía darle la misma seguridad que la que le daba nadie en la Corte.
Así que en cuanto supo que el bebé, una niña regordeta de pelo rubio y ojos verdes, estaba totalmente a salvo, se desmayó, totalmente agotada. Kol fue un padre ejemplar mientras que ella descansaba, cuidando de la niña tan bien como podía. Caroline se sentía muy agradecida con él.
Dos semanas después del nacimiento de la niña, decidió recompensarlo. O, al menos, pensaba que lo que había preparado sería una recompensa. Así que mientras que él salía al bosque a cazar, ella limpió la casa, cocinó el guiso que a Kol más le gustaba y recogió madera para la chimenea.
Cuando Kol llegó a casa, ella le esperaba con la comida en la mesa. El chico levantó una ceja, pero sonrió y se sentó frente a ella para comer. Charlaron sobre temas insustanciales durante la comida, y cuando terminaron se sentían tan llenos que tuvieron que sentarse a descansar. Y fue entonces cuando Caroline le besó la mejilla.
Kol se giró hacia ella y la miró como si fuera lo más fascinante que hubiera visto jamás. El chico jamás hubiera esperado que ella lo besara. Sabía que aquel no era el beso que inicialmente hubiera querido, y aun así, lo sintió tanto como si lo hubiera besado en los labios, como si le hubiera declarado su amor eterno, como si hubieran hecho el amor. Porque, con ella, todo era diferente.
Se tomaron las manos, y se miraron a los ojos. No resultaba incómodo. Por primera vez, se sintieron casados. Y lo que un sacerdote pensara sobre ellos no les importaba para nada.
Ser padres resultaba más complicado de lo que Kol o Caroline jamás hubieran pensado. Él nunca había pensado en sí mismo como padre, y la chica siempre había contado con tener una niñera que cuidara perfectamente de todos sus hijos. Pero ahora debían hacerse cargo de una niña bastante llorona que requería muchos cuidados. Así, cada noche Caroline debía despertarse en varias ocasiones para darle pecho a la niña, y eso le impedía poder dormir durante una noche sin tener que despertarse. Kol, por otro lado, cuidaba de la niña durante el día, y se encargaba de bañarla siempre.
Conforme pasaba el tiempo, Caroline comenzó a sentirse totalmente cómoda en su nueva situación. Se percató de que debía aceptar que, tanto para bien como para mal, ahora era una mujer casada y con una hija. Comenzó a ser más cariñosa con Kol, no negaba su tacto o sus besos, y cuando se iban a dormir, ella era la primera en acercarse a él para abrazarlo. Kol estaba encantado con la nueva Caroline, y aceptaba todo lo que ella estuviera dispuesto a darle.
Su vida se había convertido en rutina. A ninguno le importaba. Vivían tranquilos y felices; y lo que era más importante, tanto ellos como la niña estaban a salvo.
O al menos, lo estaban, hasta que empezaron a escuchar los rumores.
Kol fue el primero que oyó algo. Por lo visto, un hombre había estado preguntando por varios pueblos de los alrededores por una joven noble desaparecida. La describía como una jovencita rubia y delgada, de ojos azules. Kol supo rápidamente que se refería a Caroline, y tuvieron suerte de que la chica hubiera cambiado tanto durante su embarazo.
Para empezar, su figura, a pesar de seguir siendo muy femenina, había cambiado bastante. Antes, la chica había sido muy delgada, casi demasiado para una jovencita noble como ella. Ahora, su figura era bastante más curvilínea, y sus pechos eran más llenos. Sus caderas eran más anchas, y sus hombros siempre estaban caídos. Era casi imposible reconocer a una altiva joven de la nobleza en Caroline.
Nadie en el pueblo sospechaba que ella fuera miembro de la nobleza. Al fin y al cabo, ninguna chica de su edad se habría marchado con alguien como Kol si fuera noble. Y era mejor para ellos que nadie supiera de los orígenes de Caroline. Así que Kol no le contó nada a nadie, y fue directo a casa, a decirle a la chica sobre los rumores.
Caroline se agobió más de lo que el chico hubiera esperado. Supo inmediatamente que se trataba de su padre, que probablemente se había aburrido y había decidido que quería volver a buscarle un marido a su hija. Probablemente les estuviera buscando marido a sus hermanas, también.
- ¿Qué vamos a hacer, Kol? No puedo permitir que me encuentre. Si lo hace, me llevará a casa, y me encerrará en una habitación para siempre. Y la niña…
- Caroline, tranquila. No voy a permitir que te lleve con él. Si nos encuentra, huiremos. Hemos conseguido asentarnos aquí, podremos hacerlo en cualquier otra parte. Lo que debemos hacer es evitar los rumores y aparentar normalidad frente a los demás. No deben sospechar de nosotros.
- Aparentar normalidad…-repitió Caroline, intentando calmarse. Escuchar de su padre la había alterado mucho, sobre todo por la niña. La pequeña Rebekah…
Cuando la pequeña nació, Caroline pensó en llamarla como su madre, Elizabeth. Sin embargo, sabía que Kol todavía se lamentaba por la pérdida de su hermana pequeña, por lo que pensó en utilizar los nombres de ambas, en un homenaje a las mujeres más importantes en las vidas de ambos. Así, cuando finalmente el sacerdote bautizó a la pequeña, le dio el nombre de Rebekah Elizabeth.
La bebé tenía sólo tres meses cuando su abuelo comenzó a investigar. William Forbes viajó a todos los pueblos que pudo, acompañado de Luke, que se convirtió en su segundo perrito faldero tras la muerte de Tyler aquel día en el que fueron atacados por los Mikaelson. No había obtenido más que falsas pistas que lo habían llevado a callejones sin salida. Por suerte para Caroline.
Sin embargo, no desistía. Quería encontrar a su hija, más de lo que jamás hubiera deseado hacer cualquier otra cosa. William Forbes no permitía que le quitaran nada que fuera suyo, y en aquel momento, uno de los Mikaelson, la familia a la que más odiaba, le había robado a su propia hija.
Y finalmente, lograron una pista que parecía más fidedigna que las otras que habían encontrado a lo largo de su búsqueda: una joven familia, en un pueblo por el que ya habían pasado con anterioridad, vivía apartada de la sociedad, y estaba compuesta por una chica rubia y un chico de cabello claro, ambos muy atractivos.
Así que volvieron a aquel pueblo y sobornaron al carnicero para que les dijera dónde vivía aquella familia. Cuando hubieron localizado la casa, prepararon la "ofensa". En aquel momento, lo más importante era rescatar a Caroline de los brazos de aquel salvaje. Ya pensaría después en qué hacer con Kol.
Luke se hizo pasar por un simple visitante. Llamó a la puerta, y gracias a su nuevo corte de pelo y a la suciedad que se había acumulado tras las varias semanas de viaje en las que Forbes no se había preocupado por su higiene, Caroline no lo reconoció. Le abrió la puerta llevando a su hija en brazos.
- ¿Busca a alguien?-preguntó Caroline educadamente, aunque intentando cerrar la puerta tras ella. No quería que nadie viera el interior de la casa, que tanto les había costado decorar. Era su refugio privado-. Disculpe, pero no tengo mucho tiempo.
- No, lo siento-habló Luke, sonriendo amablemente-. Me he perdido. Vine con mi padre de caza, y nos separamos. Ahora no sé hacia dónde dirigirme para llegar al pueblo.
- Es hacia el norte. Espero que se reencuentre pronto con su padre.
Caroline entró de nuevo en la casa sin decir adiós al joven en la puerta. La expresión sonriente de aquel hombre le había traído recuerdos de la Corte, y no sabía por qué. Sólo varias horas después, mientras que Kol y ella estaban cenando, cayó en la cuenta.
- Mi padre nos ha encontrado.
Caroline y Kol decidieron tratar de hacer entrar en razón a William Forbes. Decidieron que lo mejor sería que padre e hija se encontraran en un lugar público, en el que fuera imposible que le hiciera nada sin llamar la atención de todos los habitantes del pueblo o de Kol, que estaría escondido cerca de ellos, prestando atención a todo lo que sucediera.
Aquella mañana dejaron a la niña con una señora que se había ofrecido a cuidarla en varias ocasiones, y se dirigieron a la plaza del pueblo. Después de que Kol prometiera estar vigilándola en todo momento, la joven pareja se despidió, y Caroline se sentó apartada de la multitud, esperando a que su padre apareciera. Gracias a los varios rumores que llevaban oyendo durante semanas, sabían que Forbes visitaba el pueblo casi todos los días, intentando sorprender a Caroline.
Sin embargo, fue la fija mirada de su hija sobre él la que sorprendió a Forbes. Se acercó a ella, totalmente serio, y le ofreció una mano para que se levantara. Ella se levantó por sí sola, y adoptó la postura altiva que llevaba tanto tiempo sin usar.
- No deberías haber venido-fue lo único que dijo la rubia. Forbes frunció el ceño, contrariado.
- ¿Vengo a salvarte de las garras de ese bárbaro y así me lo agradeces?
- No vienes a salvarme. Vienes a recuperar lo que crees que te pertenece. Márchate, padre. No necesito que me salves. Estoy bien.
- Así que vas a abandonarnos-William negó con la cabeza, sin poder comprender a su hija-. A tu padre, que ha luchado tanto para que vivas una buena vida. A tus hermanas. Meredith no está bien, ¿sabes? Uno de esos salvajes le dio un buen golpe. Ahora apenas reconoce su propio nombre.
- A mí también me hicieron daño-exclamó la chica, casi llorando. Quería volver a ver a sus hermanas. Quería rescatarlas. Su padre no les hacía ningún bien-. Pero a ti eso no te importa, ¿verdad? A ti lo único que te importa es tenerme, bien peinada y bien vestida, para poder venderme.
- ¿Qué te hicieron? ¿Te raptaron?-Forbes parecía totalmente rabioso-. ¿Acaso me has ignorado cuando te he contado que tu hermana no recuerda nada de su vida antes del ataque? ¿Qué pueden haberte hecho que…?
- Me violaron-aquella era la primera vez que Caroline hablaba sobre el tema, al menos tan explícitamente. Y dolió. Mucho más de lo que hubiera imaginado. Sentía que, después de tantos meses de pequeños pasitos hacia delante, había dado un tremendo salto hacia atrás en un solo instante-. Eso es lo que me hicieron.
La expresión de Forbes se endureció. Sin embargo, no mostraba lástima por su hija. Lo único que Caroline vio en su expresión fue decepción. Su padre estaba decepcionado, porque ya no podría casarla. Había perdido a dos de sus hijas, a dos oportunidades de riqueza, en un lapso de tiempo demasiado corto.
Las lágrimas corrían por la cara de la chica, sin que esta hiciera nada por evitarlo. No serviría para nada. Y no podía negar que llorar la ayudaba a desahogarse. Durante los últimos meses, se había mostrado siempre tranquila, nunca enfadada o triste. Se lo debía a Kol, y también a la pequeña Rebekah. Ellos no tenían por qué compartir su sufrimiento. No se lo merecían.
Caroline hubiera esperado algo de su padre. Un abrazo, un gesto de cariño, tal vez simplemente una mirada de compasión. Pero Forbes simplemente se quedó allí, mirándola con furia contenida en su mirada. Sus manos se convirtieron en puños, trayéndole recuerdos horribles a la chica. Él tenía las manos en puños mientras que…
- Mayor motivo para acabar con ellos. Con todos-dijo de repente el hombre. Su tono de voz había cambiado, y ahora mostraba una extraña determinación. Estaba claro que no se detendría hasta haber terminado con Kol y los demás Mikaelson-. ¿Es que acaso no lo entiendes?
- Claro que entiendo que estés enfadado con ellos. Pero Kol me ha ayudado. Mucho, bastante más de lo que te puedes imaginar. Y no pienso permitir que le hagas daño.
- No seas ciega, Caroline. Él te ha seducido. Eres una jovencita que cualquier hombre querría tener. Yo fui el primero que te lanzó en sus brazos, y ahora por lo visto lo estoy pagando.
- No me ha seducido. Me cuidó cuando yo estaba herida, me ha ayudado a sobrevivir y a valerme por mí misma, ha protegido a…-Caroline se detuvo. No sabía si hablar con su padre sobre la niña sería lo más apropiado.
- Es inútil. Te tiene dominada. Debes saberlo, Caroline, no pararé hasta haberlo destruido. Me ha quitado a mi niña-en aquel momento, su expresión incluso parecía cariñosa. Sin embargo, la chica no creía que se preocupara por ella. William Forbes era demasiado egoísta como para preocuparse por los sentimientos de su hija.
- No, no lo harás. Por favor, padre, te lo suplico. Déjanos en paz.
- ¿Déjanos? ¿Acaso planeas quedarte con él durante más tiempo? Ahora que por fin he podido volver a por ti…
- Ahora que por fin has podido volver a por mí, yo ya he encontrado una mejor manera de vivir que esperar a que cualquier noble feo y viejo me compre.
Por un momento, pareció que William fuera a golpear a su hija. El hombre, de morales muy estrictas, había educado a sus hijas de la misma manera en la que lo habían educado a él. Pero por lo visto todo había sido en vano. Su hija se rebelaba contra él, y parecía dispuesta a huir de su familia para estar con un ladrón.
- Muy bien. Entonces tendré que llevarte a la fuerza-William alargó un brazo y agarró fuertemente a su hija del hombro. Sin embargo, la expresión de absoluto terror en el rostro de Caroline pareció detener al hombre. La volvió a soltar, y se giró sobre sus pies-. Iré a por él, Caroline. Quedas advertida.
Sin decir nada más, se marchó de la plaza, dejando a Caroline todavía asustada en medio de aquel lugar lleno de gente.
Cuando Kol llegó hasta ella y la llevó suavemente del brazo hasta casa, la expresión desolada en el rostro de Caroline hizo que el chico quisiera matar a Forbes. Prefirió, sin embargo, abrazar a la chica y dejar que ella se calmara. Ya habría tiempo después para discutir sobre todo lo ocurrido aquella tarde.
- Debes marcharte. Es lo único que puedes hacer-le dijo Caroline a Kol después de un rato, tras haberle contado todo lo que habían hablado ella y su padre-. Si no te vas de aquí pronto, él vendrá a por ti y te matará.
- ¿Y tú qué? ¿Acaso piensas que te voy a permitir que te quedes aquí, para que venga tu padre y te vuelva a llevar con él?-le contestó Kol, intentando no levantar la voz, para no despertar a la niña-. Vámonos juntos. Podemos buscar a mis hermanos. Ellos nos protegerán.
- Sé que Elijah y Niklaus harían todo lo posible por ayudarnos. Pero es precisamente por eso por lo que yo no puedo ir con vosotros. Mi padre no se rendirá hasta que no vuelva a tenerme consigo, y si vosotros estáis cerca de mí, sólo conseguirá matar dos pájaros de un tiro.
- Eso lo entiendo, Caroline. Por eso tú también debes marcharte. Con la niña. Lejos de aquí.
Ambos se quedaron en silencio durante varios minutos. Aquel era un momento crucial en su vida en común. Podía terminar en aquel momento, y ambos tomarían caminos opuestos, lejos de la mirada de William Forbes, que nunca los dejaría en paz. O podía continuar, pero con el riesgo continuo de ser atrapados por el padre de Caroline.
Kol ya había tomado la decisión de marcharse. Quedarse allí no le haría ningún bien. Sin embargo, se aseguraría primero de dejar a Caroline a salvo, junto a Rebekah. Y por lo visto, Caroline llegó a la misma conclusión que él: no podían dejarse atrapar. No podían dejar a Rebekah en manos de William. Él sólo la vería como un error, como una carga para Caroline, que le impedía seguir siendo la señorita que era antes.
- De acuerdo-dijo Caroline finalmente-. Me iré, si eso es lo mejor para todos. Pero, por favor, ponte a salvo. No… no soportaría verte herido.
- Claro. Tranquila. Mañana coges el primer barco que venga y que os lleve a las dos lejos de aquí. Después de que os vayáis, yo iré en busca de mis hermanos. Y dentro de un tiempo, cuando todo esté bien de nuevo, volveremos a encontrarnos. Ya encontraré la manera de que todo vuelva a la normalidad.
- Ven aquí-dijo Caroline, apenas consiguiendo evitar las lágrimas y abriendo los brazos.
Se abrazaron durante lo que parecieron horas. No dijeron absolutamente nada; no era necesario. Ya habían dicho todo lo que debían.
Durmieron abrazados, con Rebekah a su lado, y a pesar de la gravedad de la situación, los tres durmieron plácidamente, durante las suficientes horas como para sentirse totalmente descansados al despertarse, en cuanto salió el sol.
Kol las acompañó al puerto en cuanto hubieron recogido todas sus pertenencias, con las que sólo llenaron un pequeño macuto. Después de conseguir que el capitán de un barco de comercio estuviera de acuerdo en llevar a la mujer y al bebé, se despidieron rápidamente, y Caroline y Rebekah subieron a bordo del barco. Se despidieron con la mano, y Kol se quedó en el puerto hasta que el barco hubo zarpado y estuvo lo suficientemente lejos como para no poder verlo.
El chico se giró y observó al joven que había a pocos pasos de él, mirándolo fijamente. Llevaba ahí desde que habían llegado, y Kol lo había notado desde el primer momento. Sin embargo, no le había dicho nada a Caroline. No quería preocuparla, y estaba seguro de poder acabar con él sin ningún problema.
Luke, el antiguo guarda de la Corte y ahora miembro de la guardia personal de William Forbes, comenzó a caminar hacia él, lentamente, sabiendo que Kol no se marcharía. Cuando estuvo a apenas un metro de él, sonrió.
- Te estábamos esperando-dijo solamente.
- Dile a Forbes que no tengo nada que hablar con él. Y dile también que como vuelva a hacer llorar a Caroline, lo despedazaré.
- ¿Por qué no me lo dices personalmente?-sonó una voz a sus espaldas. Forbes estaba tras él. Kol no se giró. Sonrió, y sacó la daga que llevaba escondida en la manga de la camisa. Estaba seguro de que ninguno de ellos lo había notado-. Creo que merecemos tener una charla.
- Deja en paz a Caroline-fue lo único que dijo el chico, girándose finalmente. Forbes sonreía, acompañado por otro hombre-. Ella no se merece tener un padre como tú.
- Tranquilo, ladronzuelo. En estos momentos, lo único que me importa eres tú. Voy a acabar contigo.
Y sin más, Luke se lanzó sobre él. Kol lo esperaba. Se apartó en el último momento, y lanzó una patada. Le dio de lleno en el estómago, y lo dejó sin respiración. El otro hombre se lanzó también sobre él, y lo agarró de la garganta. Intentaba ahogarle, pero Kol consiguió clavarle el puñal antes de que estuviera en serio peligro.
Kol se sentía victorioso. Todo había sido sencillo, rápido. Ahora sólo quedaba Forbes, y a pesar de ser un hombre fuerte y entrenado, el chico estaba seguro de poder acabar con él. Se alejó un poco de él, y frunció el ceño al ver que Forbes se mostraba mucho más tranquilo de lo que había esperado.
- Atacad-dijo el noble. Rápidamente, seis hombres se lanzaron a la vez sobre Kol.
Todo había terminado. Había esperado que Forbes trajera refuerzos, pero no tantos. Podía luchar, pero no lograría ganar. No le importaba. Al menos, si moría, lo haría luchando, y podría sentirse en paz, sabiendo que Caroline y Rebekah estaban a salvo.
Cuarto capítulo: terminado.
Espero que os haya gustado :)
