Eos Nicte: Perdona por un poco de AU, pero sentía que era necesario...
FROM DARKNESS TO LIGHT
CAPÍTULO V
PLAN DE RESCATE
Rebekah Elizabeth Mikaelson era la niña más guapa de todo el pueblo. Todos lo sabían; y ella, la primera. Al fin y al cabo, tenía a su madre, que siempre se lo decía, sin importar la situación. Cada mañana, tras peinar su largo cabello rubio, le decía lo hermosa que era, y lo orgullosa que se sentía de tener una niña tan hermosa y tan lista.
Y es que Caroline tenía motivos para sentirse orgullosa de su pequeña hija. Con tan sólo cuatro años, la niña mostraba una inteligencia, una creatividad y un ingenio poco propios de una niña de su edad. Además, era una niña carismática y amable, y a pesar de que la mayoría de la gente no apreciara demasiado a su madre por sus antecedentes, no podían evitar adorar a la pequeña Rebekah.
Una mañana, madre e hija fueron al pueblo. Era día de mercado, por lo que habían decidido ir bastante temprano. Durante aquellos días, la gente se acumulaba a una hora muy temprana en la plaza del pueblo, y aquel no era un ambiente nada apropiado para una niña como Rebekah, que probablemente se perdería en un gentío como aquel.
Caroline compró todo lo que necesitaban. Cosas simples: pan, patatas y un trozo de carne de cerdo que comerían el día de la celebración del quinto cumpleaños de la niña. La chica se aseguraba de no comprar mucha carne, demasiado cara como para permitírsela sin notar un gran desajuste en su presupuesto. Sin embargo, de vez en cuando, y aprovechando alguna ocasión especial, compraban carne y cocinaban un estofado.
- Vamos, Bekah-le dijo Caroline a su hija. Ya tenían todo lo que necesitaban, por lo que ya podían marcharse. Debían llegar pronto a casa, para poder seguir trabajando durante lo que restaba del día.
- Ya voy, mamá-otra de las cosas que sorprendía a la gente era la facilidad de la niña para hablar. Desde pequeña, siempre había hablado perfectamente, sin todos esos fallos que realizaban los niños cuando estaban aprendiendo a hablar y que resultaban tan graciosos para los adultos-. ¿Podemos comprar un trozo de cuero? Quiero un cinturón para disfrazarme en mi cumpleaños.
- No-contestó Caroline, apenada. Después de haber comprado la carne, ya no le quedaba dinero para más excesos-. Pero te prometo que te haré un cinturón en cuanto pueda.
Caroline asintió mientras ambas caminaban tomadas de la mano. Claro. A Rebekah le encantaba disfrazarse, hacerse pasar por caballero, por dama, por ladrona o por cualquier cosa diferente de lo que era.
Un hombre se interpuso en su camino. Era un hombre rubio, bastante alto, y cuyas facciones le resultaban familiares a Caroline. Sin embargo, estaba segura de no haberlo visto en su vida, por lo que intentó esquivarlo y seguir con su camino. El hombre la agarró del brazo. El agarre no era fuerte, pero sí firme. No parecía dispuesto a dejarla ir. La miró fijamente, y sonrió de medio lado.
- Caroline Forbes, supongo-dijo a modo de saludo. Rebekah actuó impulsivamente, pensando que aquel hombre quería atacar a su madre, y le pisó el pie. El hombre, sin embargo, no se enfadó con ella, sino que la miró fijamente a los ojos, como buscando algo en ellos-. Mi nombre es Niklaus Mikaelson. Espero que sepas quién soy.
- Claro que lo sé-dijo Caroline, sintiendo mucho más tranquila. Aquel era el hermano de Kol. Estaba a salvo. Por lo menos por el momento-. Rebekah, pídele perdón a tu tío.
- Rebekah…-susurró Niklaus-. Apruebo la elección del nombre. Llamadme Klaus, por favor. Tenemos mucho que hablar.
En cuanto llegaron a la casa en la que vivían Caroline y Rebekah, la niña comenzó a corretear por los alrededores. Klaus se sentó en una silla después de esperar a que la muchacha rubia tomara asiento. Quería conocerla. Aquella mujer había cambiado por completo a su hermano, lo había hecho madurar, y sólo por eso se merecía todo su respeto. Sin embargo, en aquel momento había temas más importantes de los que hablar.
- Quiero que sepas que Kol no logró escapar.
- ¿¡Qué!?-exclamó Caroline. Había estado segura de que Kol escaparía, de que se reencontraría con sus hermanos y de que viviría a salvo hasta que pudieran reencontrarse. Sin embargo, aquella noticia cambiaba todos sus planes-. Quieres decir que…
- Tu padre le tendió una emboscada-explicó Niklaus, aparentemente impasible. Sin embargo, Caroline podía ver la furia en su mirada, casi incontenible-. Lo mataron, por lo visto. Sin embargo, yo sé la verdad.
- ¿Qué verdad?
- Que William Forbes lo odiaba demasiado como para matarlo.
Kol había dejado de gritar hacía dos años. Sabía que gritar sólo le serviría para complacer a sus torturadores. Y no pensaba darles el gusto de verlo sufrir.
Jamás hubiera pensado que Forbes fuera a ensañarse tanto con él. Había esperado cierto grado de tortura, y había asumido desde el principio que moriría entre sufrimientos. Pero no estaba preparado para lo que vino: cuatro años (y los que quedaban) de terribles torturas casi diarias. Apenas lo alimentaban, y vivía encerrado en una celda en la que ni siquiera podía ponerse en pie.
Durante todos aquellos años, casi había olvidado como mover las piernas, y dudaba ser capaz en aquellos momentos de poder correr o saltar. Su forma física, que siempre había sido envidiable para una familia tan poco acomodada como la suya, había pasado a ser de una delgadez extrema. Y lo peor era su expresión.
Era una expresión muerta, sin vida. Constantes ojeras, labios resecos, una palidez preocupante… Eran algunas de las características de su expresión desde que estaba encerrado. Pero lo peor, se decía Kol, era la soledad.
Llevaba un año entero sin mantener una conversación con nadie. Y la última conversación que tuvo fue con Forbes. De lo único de lo que hablaron fue de las torturas que seguirían durante los próximos días. Por lo visto, y dada su gran fortuna, Forbes había detenido su búsqueda de posibilidades de inversión para centrarse en la investigación de modos de tortura.
Echaba de menos a Caroline. Ella, que era la persona que más feliz lo hacía, había desaparecido de su vida hacía ya cuatro años. No podía creer que hubiera pasado tanto tiempo. A veces, soñaba que Caroline iba en su busca, y que lo rescataba de aquella interminable prisión. Otras veces, soñaba con que ella no supiera de su destino nunca. Porque ella fuera feliz, él se quedaría allí encerrado todo el tiempo del mundo. Sería mejor que no supiera sobre él. Así, podría vivir tranquila, pensando en que algún día, cuando todo fuera mejor, se encontrarían.
Así, Caroline y Rebekah estarían a salvo. Eso era todo lo que él pediría.
- Tenemos que hacer algo-dijo Caroline después de escuchar todo lo que Klaus tenía que contarle.
- Eso ya lo sé. Por eso, tengo todo preparado, y tú eres parte importante del plan.
- Cuéntame. Haré lo que sea necesario.
El plan era bastante complejo. Por lo menos, para alguien como Caroline, que no estaba acostumbrada a planes como aquel. Necesitarían ayuda de dos personas. Una de las personas que los ayudaría sería Stefan Salvatore. El joven, hermano del hombre que en aquel momento se hacía cargo de Rebekah junto a su esposa y amigo de los Mikaelson, entretendría al guarda personal que se encargaba de cuidar la celda de Kol durante aquel momento del día. El chico tenía grandes cualidades de persuasión, y habían escuchado que el guarda era bastante fácil de engañar.
Stefan sería el primero en llegar. Klaus y Caroline se quedarían esperando a poca distancia, después de encargarse de noquear al otro guarda que cuidaba a Kol, y que se encontraba en la habitación previa a la puerta que daba al sótano, en el que estaba la celda del preso. Salvatore lograría que el guarda saliera del sótano, sin que este sospechara nada sobre la implicación de los Mikaelson.
Cuando Stefan y el guarda se hubieran marchado, sería el turno de Caroline de actuar. Ella bajaría al sótano y buscaría las llaves que abrían los tres candados de la celda de Kol. Después, abriría la puerta y, entre ella y Klaus, lo sacarían de allí. Pero lo complicado llegaría después, junto con la implicación de la otra persona ajena a la familia Mikaelson: Lorenzo, el preso que había estado en la celda frente a la de Kol años atrás. Finalmente, había logrado un puesto como siervo de Forbes, y en aquellos momentos trabajaba allá. Había sido gracias a él que Klaus se había enterado del encarcelamiento del chico.
Él, casualmente, pasaría por allá durante aquellos momentos, con una cesta llena de ropa de sirviente con la que vestirían a Kol, para disimular su mal estado físico. Una vez que el chico estuviera algo más irreconocible, Klaus se encargaría de llevarlo a una habitación con terraza, bajo la cual estaba el río. Habrían colocado una escalerilla por la que ayudarían a que Kol bajara, y luego subirían a la barca que esperaría por ellos en el río. Así, se marcharían habiendo solamente llamado la atención de uno de los guardas, aunque para cuando él recuperara la conciencia, ya estarían lo suficientemente lejos como para que no tuviera importancia. Sí, Forbes sabría que habían sido o los Mikaelson o su hija los que habían ayudado a escapar a su prisionero, pero lo sabría demasiado tarde. Ellos ya estarían en un barco que los llevaría lejos de Francia, de vuelta a Portugal, donde Rebekah esperaba.
Por suerte, todo salió tal y como había sido previsto. Kol estaba todavía peor de lo que Caroline había previsto, y apenas estaba consciente. En cuanto estuvieron a bordo del barco, ordenó a Klaus que lo bañara, y luego ella intentó alimentarlo. Logró darle un poco de comida, y finalmente el chico despertó.
- Ángel…-fue lo que dijo. Parecía estar desconcertado-. ¿Esto es el cielo? ¿Por fin he…?
- No, Kol. Estás vivo. Todos estamos vivos. Y pronto volveremos a estar en casa, sanos y salvos.
La recuperación de Kol fue muy lenta. Tanto tiempo mal alimentado, sin moverse y sin higiene habían dejado huellas en él difícilmente borrables. El chico había cambiado mucho, y no sólo en el aspecto físico.
Ahora se mostraba asustadizo, y muy emocional. Lloraba cada día, sin motivo aparente, y no soportaba estar en una habitación en la que hubiera más de dos personas. Apenas podía prestar atención a su hija, a pesar de que se mostraba con ella más cariñoso que con nadie más. A su hermano apenas le hablaba, y sólo hablaba con Caroline si ella preguntaba.
Al menos, físicamente fue mejorando. Volvió a coger peso, y a mostrarse menos frágil. Todavía no estaba precisamente fuerte, pero sí que aguantaba las comidas sin mostrarse luego enfermizo o incluso debilitado. Su hermano lo afeitaba, y de vez en cuando le cortaba el pelo, haciendo que mostrara una expresión mucho más saludable. Así, al cabo de dos meses el aspecto físico de Kol había cambiado casi hasta el previo a su secuestro.
Psicológicamente, la evolución fue mucho más lenta. Pasó cerca de un año hasta que el chico volvió a sentirse cómodo en presencia de los demás. Cada día, tanto Caroline como Klaus intentaban mantener conversaciones con él, y sólo a partir del sexto mes de intentos poco fructíferos Kol comenzó a responder. También Rebekah se acercaba a él e intentaba hablarle. Lo único que solía recibir era una mirada con cierto grado de cariño. Pero la niña no desistía. Así, que, al igual que su madre y su tío, desde aquel momento intentó hablar con él cada día.
Y consiguió respuestas. Fue el día del cumpleaños de Caroline. La chica nunca había estado tan contenta y a la vez tan desolada durante su cumpleaños. Por un lado, tenía a Kol y a Rebekah a su lado, y Klaus también estaba con ella, apoyándola en todo lo que necesitara. Se habían convertido en buenos amigos desde que rescataron a Kol de las garras de Forbes. Y, por otro lado, se sentía tremendamente triste, porque la situación de Kol lo hacía casi un extraño para ella. La chica recordaba con cariño cómo habían celebrado su cumpleaños cuando estaban juntos. Kol le había comprado un pequeño pastel de manzana, y ambos lo habían compartido en la orilla del río. Después, se habían bañado y habían hecho carreras y habían jugado durante toda la tarde. Aquel día, Caroline volvió a sentirse como una niña. Ahora, era una mujer adulta, que debía cuidar de su familia.
Rebekah vio la desolación en la expresión de su madre, e intentó alegrarla. La niña supo que el motivo de la tristeza de su madre era la situación de Kol, por lo que, enfadada al ver lo que el chico había logrado el día del cumpleaños de su madre, se acercó a él con los brazos en jarras y lo miró fijamente con el ceño fruncido, hasta que él le devolvió la mirada.
- Bekah, déjalo-le dijo su tío desde el otro lado de la habitación, a pesar de sentir que tal vez lo mejor sería unirse a su sobrina en en su intento de llamar la atención de su hermano-. No te hará caso.
- Por favor-Rebekah ignoró a su tío, agarrando la mano de Kol. Este no hizo intento de retirarla, y bajó la mirada hacia sus manos unidas-. Ayúdame a que mamá sea feliz. Por favor, papá.
Una solitaria lágrima caía por la mejilla de la niña. Y entonces, ocurrió lo impensable. Kol levantó su mano libre, y le secó la lágrima. Dejó su mano sobre la mejilla de la niña, acariciándola lentamente, mientras que Klaus salía de la habitación en silencio, en busca de Caroline. La chica debía presenciar aquel momento.
Rebekah miró a Kol fijamente, con una mirada suplicante.
- Por favor…-repitió.
- ¿Cómo me has llamado?-pidió Kol con voz ronca.
- Papá, por favor.
Caroline entró en la sala, con Klaus pisándole los talones. Kol abrazaba a la niña, con una suavidad y una ternura infinitas, y Caroline no pudo resistir el impulso de unirse. Se acercó lentamente, y los abrazó a ambos, mientras que las lágrimas rodaban por su cara sin control alguno.
Cuando, minutos después, los tres finamente se separaron, Caroline sonrió hacia ambos.
- Me habéis hecho el mejor regalo que nadie me haya hecho jamás. Debéis saberlo.
Desde entonces, todo fue a mejor. Kol comenzó a charlar con ellos, y también comenzó a moverse. Cada día, daba cortos paseos por los alrededores, bien sólo o bien junto a Rebekah, que parecía muy unida a su "padre" a pesar de que no hubieran pasado mucho tiempo juntos hasta entonces.
La relación con su hermano también mejoró. Los chicos mantenían conversaciones casi a diario, y cierta vez Klaus incluso se llevó a Kol con él para que conociera a la familia de Elijah, su hermano mayor. En tan poco tiempo habían pasado de ser una familia de cinco hermanos a tres que ahora estaban mucho más unidos que antes.
Y con Caroline… todo fue casi como si nada hubiera sucedido. Comenzaron a hablar y a trabajar como antes, e incluso volvieron a compartir cama. Todavía no se atrevían a mantener mucho contacto físico, porque Kol todavía estaba herido a pesar de que físicamente no se le notara. Las cicatrices eran ahora parte de su ser, y no sólo por ser marcas que quedarían grabadas en su piel por toda la vida, sino porque le recordaban todo lo que había sufrido en aquella inhumana celda.
Su segundo primer beso ocurrió de manera algo inesperada. Por lo menos, fue inesperada para Caroline. Kol lo planeó durante varios días, e incluso tuvo que pedirle a su hermano que se llevara a Rebekah a dar un paseo durante un rato para que se quedaran solos. Cuando estuvieron a solas, hablaron durante lo que parecieron horas. Echaban de menos conversaciones como aquella.
Y entonces, sin motivo aparente, Kol se acercó rápidamente a ella y la besó suavemente. Ambos cerraron los ojos, y disfrutaron del dulce toque de sus labios. Cuando se separaron, Caroline sonrió y acarició la mandíbula de Kol. Luego lo abrazó, como si acabaran de reencontrarse después de largo tiempo sin verse. Y, en cierto modo, había sucedido algo parecido.
Ambos se tumbaron en la pequeña cama que compartía con Rebekah, y se abrazaron durante mucho tiempo, hasta que terminaron por dormirse. Así los encontró Klaus cuando volvió, y no pudo evitar sonreír. Le encantaba volver a ver a su hermano feliz. Por fin, todo había vuelto a la normalidad.
Aquel era un día importante para Caroline. Sabía que aquella noche, todo cambiaría para ella. Y también para Kol. Hubiera querido quitarle importancia al asunto, hacer como si no fuera nada, pero era imposible. Y es que, aquella noche, estaba dispuesta a hacer el amor con Kol. Después de tantos años desde aquel horrible día del ataque, se sentía mucho más tranquila respecto al tema, y además, durante los últimos meses Kol había sufrido lo mismo que ella: el miedo al contacto, los nervios constantes… En fondo, sería como una nueva primera vez para ambos.
Estaban en casa de Elijah Mikaelson. Esta, mucho mayor que la propiedad en la que vivían ellos, era mucho más cálida también, y Caroline tenía que aprovechar aquel momento en el que no había nadie en casa. Elijah y Klaus se habían llevado a todos los niños al pueblo, por lo que tenían aquella enorme casa para ellos solos.
En aquel momento estaba sola, frente a un espejo. Tenía que estar más guapa que nunca. Había preparado la comida favorita de Kol, y se había puesto un vestido que Hayley, la esposa de Elijah, le había prestado. Kol estaba a punto de llegar. Sólo había salido a dar un corto paseo. Volvió a asegurarse de que todo estaba donde debía, y se sentó a esperar a que Kol volviera.
Sólo tuvo que esperar unos pocos minutos. En cuanto el chico entró por la puerta principal, sonrió al ver el estupendo recibimiento que lo esperaba. La mujer a la que amaba, comida y un hogar. No podía pedir más.
Comieron tranquilamente, hablando de temas insustanciales. Así eran siempre sus conversaciones: nunca hablaban de temas estrictamente importantes, pero nunca se les acababan los temas de conversación. Podían hablar durante horas y que pareciera sólo unos pocos minutos.
Después, a pesar de los nervios que la inundaban, Caroline se acercó a él y lo besó apasionadamente. Era la primera vez en toda su vida que intentaba dominar un beso, y por el gemido ahogado que soltó Kol, no lo estaba haciendo del todo mal. Cuando sus labios se separaron, Caroline empujó a Kol, haciendo que cayera sobre la cama, y se colocó sobre él, volviendo a besarlo.
Kol logró que Caroline se detuviera lo suficiente para preguntar.
- ¿En serio?-entendía perfectamente lo que estaba sucediendo, y aunque deseaba disfrutar de momentos íntimos con Caroline, no sabía si ni ella ni él estaban preparados-. ¿Estás segura de que…?
- Todo irá bien. Después de todo lo que hemos pasado, será como una primera vez para ambos.
Y desde ese momento, todo fue perfectamente. Las caricias de Caroline eran tímidas, delicadas. No estaba muy segura de cómo actuar, tanto por la inexperiencia como por la situación de Kol. Y él se aseguró de que ella se sintiera adorada. La acariciaba, la besaba, la tocaba con ternura, pero con pasión. La hacía gemir en alto, a pesar de que la chica no quisiera hacer ningún ruido. Y, cuando finalmente estuvo dentro de ella, Caroline se sintió… bien. Había esperado que doliera, que lo que había sufrido la hubiera vuelto demasiado asustada como para disfrutar. Pero lo hizo, y se sintió mejor que nunca, contenta, eufórica. Y todo gracias a Kol.
- Te amo-dijo Caroline tiempo después, cuando ambos se encontraban bajo las mantas, desnudos y abrazados.
- Y yo a ti, Caroline. Todo va a ir perfectamente de ahora en adelante, ¿no?
- Claro. Criaremos a nuestra hija para que sea una mujer magnífica y fuerte, y tendremos más niños, y los criaremos para que sean tan fuertes como sus padres.
- Eres perfecta, Caroline-le dijo Kol, mirándola con una sonrisa.
- Soy una Mikaelson. ¿Qué esperabas?
Y aquí está el último capítulo :)
Ya sólo falta el epílogo.
Espero que os guste :)
