FROM DARKNESS TO LIGHT
EPÍLOGO
UNA FAMILIA PERFECTA
Niklaus Mikaelson adoraba visitar a su hermano. No vivían muy cerca, por lo que normalmente era complicado que se encontraran. Y sin embargo, durante los últimos tres meses había ido de visita cuatro veces. Porque su hermano pequeño, precisamente el único de sus hermanos que Klaus no imaginaba formando una familia, tenía la familia perfecta. Estaba casado, tenía dos hijos y su mujer estaba embarazada de nuevo.
Y no podía negar que apreciaba a Caroline Forbes. Para haber sido miembro de la nobleza, la rubia se las arreglaba perfectamente entre los Mikaelson, que siempre habían sido poco dados a las convenciones. No eran católicos, no idolatraban al Rey y no cumplían las reglas impuestas. Así eran ellos. Y ahora Caroline también.
En cuanto dejó a su caballo atado cerca de la casa, escuchó a su sobrino acercarse. El niño sólo tenía dos años, pero ya andaba casi perfectamente. Y adoraba a su tío. Klaus se acercó y lo cogió en brazos. Parecía mentira que lo hubieran dejado salir de la casa solo. Aunque, la verdad, nadie haría daño al pequeño. Vivían en una casa apartados del pueblo, por lo que no encontraba nunca a nadie por los alrededores de la propiedad.
La puerta estaba abierta, por lo que Klaus entró sin hacerse notar. La hija mayor de la pareja, una niña de tres años de rizos dorados que no quería tanto a su tío como su hermano, estaba sentada en el suelo, y jugaba con un pequeño juguete de madera que Elijah, su otro tío, le había regalado. Niklaus besó la cabeza de la niña suavemente.
Unos ruidos sospechosos hicieron que el joven rodara los ojos y negara con la cabeza. Familia perfecta… siempre que no se olvidaran de los niños que tenían para encargarse de tener más.
Klaus abrió la puerta que llevaba a la habitación de la pareja sin ningún cuidado. Kol estaba tumbado encima de la cama, sólo llevando su camisa, y Caroline, con el vestido remangado alrededor de la cintura, estaba encima de él. Se apartó rápidamente cuando se abrió la puerta, y se cayó de la cama. Ambos fulminaron a Klaus con la mirada, mientras que él reía a carcajadas.
- ¿Y vosotros sois buenos padres? Acabo de encontrar a vuestro bebé huyendo de casa. Aunque claro, con este escándalo, no me extraña-comentó.
- ¿Acaso no sabes lo que es la privacidad?-dijo Caroline, levantándose del suelo con tanta dignidad como le fue posible mientras que Kol se cerraba los ojos-. No es fácil tener tiempo libre con dos niños en la otra habitación.
- Lo sé. Créeme-contestó Klaus. Y es que por el momento el mediano de los Mikaelson vivía con su hermano mayor, Elijah, que tras cerca de diez años casado, tenía tres hijas y un hijo-. Pero al menos podríais haberos asegurado de que vuestro pequeño no fuera a huir.
- Rebekah prometió que gritaría si sucedía algo fuera de lo común-se justificó Kol. La niña en cuestión apareció en aquel momento por la puerta-. Rebekah, ¿por qué no nos has avisado de que tu hermano se había escapado?
- El tío Klaus venía. Lo he visto por la ventana-contestó la niña.
- De acuerdo, bonita-le dijo Caroline, cogiéndola en brazos y dirigiéndose hacia la puerta-. Vamos a preparar algo de comida, ¿vale?
Kol cruzó los brazos tras la cabeza, y miró a su hermano con una lánguida sonrisa. Frente a Caroline nunca lo mostraría, pero vivir tal y como llevaban haciéndolo desde que habían vuelto a la normalidad lo agotaba mucho. Despertaba en cuanto amanecía, se vestía y antes de desayunar iba en busca de agua al río. Cuando volvía, despertaba a Caroline, y mientras que esta preparaba el desayuno, despertaba a los niños. Después desayunaban los cuatro juntos, y después iba a cazar, o al pueblo en busca de suministros. Luego volvía a casa y comía con su familia. A la tarde, volvía al pueblo, y trabajaba como herrero.
Aquel trabajo era una fuente de ingresos bastante buena para la familia, pero a veces Kol pensaba en abandonar. Sentía que no necesitaban todo lo que tenían, y que vivían más felices antes de su secuestro. Pero no quería decepcionar a Caroline, por lo que ponía buena cara y disfrutaba de los escasos momentos que pasaba con ella cuando volvía del pueblo y los niños ya estaban dormidos.
Klaus era su único amigo. Elijah también podría haber sido considerado un amigo, pero vivía demasiado lejos, y tenía muchas responsabilidades, por lo que apenas se veían. Así que Klaus era su único amigo. Tenía sentido. De entre sus hermanos, era con el que más cosas tenía en común, y el más cercano en edad. Y sin embargo, le extrañaba que su amistad se hubiera desarrollado con tanta facilidad. Cuando eran pequeños, nunca se habían llevado bien, tal vez porque Kol estaba siempre con Rebekah. Pero eso daba igual. Rebekah había muerto, y lo único que tenía de ella era a su propia hija, que increíblemente era una réplica casi exacta de su hermana, con sus rizos rubios y sus ojos claros.
- El asunto Forbes está resuelto-dijo Klaus. Kol asintió con la cabeza, comprendiendo al instante-. ¿Caroline lo sabe?
- Sí. No puedo ocultarle nada. Sabe enseguida si le estoy mintiendo. Además, le concierne a ella más que a ninguno de nosotros.
- Lo sé. Me alegra que se lo dijeras.
Entre ambos Mikaelson habían planeado una venganza. Klaus hubiera preferido ir directo al grano y matar a William Forbes, pero Kol se lo había prohibido. No podría cargar con el peso de la muerte de su suegro. Así que iniciaron un plan para arruinarlo.
Primero se aseguraron de que sus hijas estuvieran a salvo de la ruina, por lo que, mediante su nuevo amigo Lorenzo, que astutamente había alcanzado una posición en la Corte tras ayudar al príncipe heredero durante una batalla, consiguieron buenos maridos para ellas, y se aseguraron de que se alejaran de su padre. Y luego, comenzaron a infiltrarse en su vida.
Chantajearon, convencieron o sobornaron a cada uno de sus hombres, logrando que dieran malos consejos económicos o que abandonaran sus puestos durante la noche. Así, una gran inseguridad creció en Forbes, que acabó retirándose a sus tierras. Y entonces, vino el golpe final. Fue un simple robo, en el que participaron cinco personas. Cuatro hombres y una mujer. Como años atrás habían hecho los Mikaelson. Lo dejaron encerrado en el sótano, y robaron todas y cada una de las piezas de valor que tenía, y luego lo dejaron salir, mientras quemaban todo lo que acababan de robar.
- Perfecto. Ahora sí que podremos vivir felices y tranquilos-comentó Kol-. Ya verás lo poco que tarda en volver a nosotros, siendo el padre bueno y amable que supuestamente era cuando Caroline era pequeña.
- Estaremos esperándolo-contestó Klaus.
- Nadie se mete con los Mikaelson-dijo Caroline desde la puerta.
Kol le dirigió una mirada cómplice, y Klaus sonrió. Sí, definitivamente eran una familia perfecta.
Aquí está el último capítulo!
Me he divertido mucho escribiendo esto, y me ha dado ganas de escribir algo más centrado en esta época.
Espero que os haya gustado y que hayáis pasado unas estupendas navidades :)
