¡Hola hola!
Bien, realmente había pensado subir el primer capítulo el viernes que era mi cumpleaños, pero terminé por salir como es obvio y no me dio tiempo, así que hoy después de la celebración y de acabar hecha polvo pues lo subo para disfrute de todo el mundo. Espero que os guste, recuerdo que esto es un AU de pies a cabeza y que si os gusta pido algún comentario, aunque sea un triste como regalo de cumpleaños (?)
Avisar de que esto es un reto de Retos Fanfiction, y que podéis encontrar los links a la página de retos en mi perfil :33 Gracias a todos por leer y se lo dedico a las chicas locas que están conmigo llevando estas cosas :33
Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, yo solo intento ser popular y hacer historias con ellos.
Capítulo 1: Errores
A Blaine Anderson le habían enseñado a jugar con la fama desde que tenía consciencia. Nunca se paró a pensar en sus opciones, ni le hizo falta, sabía donde estaba su lugar, a que debía dedicarse y lo mejor de todo, tenía presente que era bueno en ello. Su hermano había sido una desgracia para la familia, prefiriendo seguir sus sueños que encargarse del trabajo que le correspondía por derecho. Esa simple acción egoísta transformó su mundo, haciendo que las expectativas y esperanzas de su progenitor recayeran sobre sus hombros. Los juegos se convirtieron en una pérdida de tiempo, su padre buscaba que aprendiese de él, que fuese consciente del mundo que le rodeaba, y así fue durante años. Profesores privados, clases de ética, reuniones importantes en las que debía mantenerse en silencio al lado de su mentor. No había margen para fallos, ni para sueños propios, a lo que debía dedicarse era a saber de todo, a saber manejar a las personas y sus gustos, a reconocer el talento cuando lo tenía delante, porque ser un líder no era un trabajo para cualquiera.
Cazatalentos, era como comúnmente se refería su padre a ellos dos. Una pequeña empresa que vio la luz tras encontrar dos diamantes en bruto y que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en una de las más importantes de Nueva York. En un principio solo tenían que buscar gente con el suficiente talento y sacarlos a la luz, ser un publicista parecía una tarea sencilla, pero ellos eran mucho más que eso. Debías tener un estatus, debías ser bueno en lo que hacías o no tendrías nada a lo que aferrarte, ni financiación, ni publicidad, ni siquiera un adiós cuando salieses por la puerta. Una mala crítica podía dejar a sus clientes en la cuerda floja y claramente su progenitor nunca mostró compasión ante nadie. Los grandes eventos contaban con ellos para mandar nuevas promesas, y eso significaba tener lo mejor de lo mejor, no habían llegado a donde estaba por dejar pasar a cualquiera.
Terminó por heredar la empresa antes de lo que esperaba, nadie creía que el señor Anderson moriría tan pronto, pero las enfermedades acuden sin que las llames. Blaine nunca se sintió realmente preparado, su mentor se había marchado antes de lo previsto y a sus veintidós años le quedaba mucho que aprender. No bajó la cabeza ante nadie a pesar de todo, antes de que su padre muriese había prometido no dejar que el negocio decayese y no solo cumplió las expectativas sino que mejoró el rendimiento de la empresa. Sus dudas seguían a flote, y las veces en las que tenía que notificar que no seguirían trabajando con algunos de sus clientes hacia que su estómago se encogiese. No le gustaba quitarle esperanzas a nadie, pero no todo el mundo tenía el mismo talento, y como había aprendido, solo podía trabajar con lo mejor para obtener unos resultados impecables.
Al final descubrió que su padre, como siempre, tenía razón. La práctica hacía al maestro, cuanto más tiempo pasaba trabajando, hablando y encargándose de los proyectos correspondientes mejor se le daba. Fiarse de la primera apariencia nunca era una buena idea, las personas podían sorprenderte, pero al final uno podía darse cuenta de si había brillo tras su apariencia o solo se quedaba en la superficie. Tres años daban para mucho y en ese tiempo los progresos eran evidentes, aparte de instaurar un pequeño sistema de ayuda para aquellos que más le interesaban, todo parecía funcionar a la perfección y como le gustaba, sin márgenes de error. Al menos había sido así hasta aquella mañana.
Odiaba las reuniones de última hora, sobre todo cuando estaba obligado a ir. Que nadie lo mal interprete, acudir a sus responsabilidades y mostrar un rostro afable era su especialidad, pero había ocasiones en las que eran innecesarias y completamente gratuitas. Todos los detalles del siguiente proyecto estaban pactados, había dado el visto bueno a las dos aportaciones que su empresa realizaría y un representante se había encargado de dar la información necesaria, pero aun así tuvieron que llamarlo para que opinase sobre el resto de actividades. Asqueroso como poco, quitando que por mucha atención que intentase poner era imposible que se terminara de concentrar, sabiendo que cita había tenido que retrasar y a quien vería en cuanto pusiera un pie fuera de aquel estúpido despacho. Acabó por sonreír sin darse cuenta, hacía demasiado tiempo que no coincidía con él y por aquella maldita reunión de última hora había tenido que retrasar la hora de la cita. Como si de un tic nervioso se tratara golpeo repetidas veces la madera con el bolígrafo, un mensaje sutil, pero claro y es que se estaban alargando demasiado para explicarle un informe que ya se había leído.
—Con esto ya estaría todo señor Anderson. —El moreno asintió, cerrando la carpeta que tenía en la mano y guardando el bolígrafo en el bolsillo interior de su chaqueta.
—Bien.—Les dedicó aquella sonrisa que solo usaba en caso de que hubiesen echado su tiempo a perder. — No hay nada de lo que no se hubiese informado previamente, pero es de agradecer que hayan querido asegurarse de que lo teníamos claro. —Traducción, gracias por hacerme perder el tiempo.
—Gracias por atendernos.—La mujer inclinó suavemente la cabeza, instante que Blaine aprovechó para levantarse de su asiento. No tenía intención de quedarse otra media hora allí.
—No hay porque darlas.—Claro que había, pero se suponía que debía dar una imagen, un leve apretón de mano con la representante y un par de personas más y era un hombre libre. —Andy, acompáñales a la salida, por favor.— Normalmente sería él quien los acompañase, pero tenía el tiempo justo y no quería llegar tarde a su cita por nada del mundo, lo que no sabía es que ya llegaba tarde, excesivamente tarde.
Miró el reloj de su muñeca, acelerando el paso, se había retrasado cinco minutos. No podía creer que fuese a hacerlo esperar, era consciente de lo terriblemente puntual que era Kurt, lo había demostrado en cada una de las ocasiones en las que habían estado juntos. Añadiendo que necesitaba verlo, quería invitarlo a tomar un café después de la reunión y pedirle perdón por no haber podido quedar con él antes. Recordaba la primera vez que lo había visto, esbelto, fingiendo tranquilidad mientras los nervios lo mataban por dentro, revisando su teléfono cada poco como si este le fuese a dar la solución de la paz mundial, pero lo que más recordaba era el momento en que sus ojos se cruzaron. Una mirada limpia, unos ojos azules que eran capaces de eclipsar todo un mundo y si no hubiese sido por el hecho de que el joven bajo la mirada entre avergonzado y nervioso Blaine estaba convencido de que se hubiese quedado mirándole por años.
Una sonrisa cruzó su rostro, el recuerdo de ese primer día, de esa primera conversación sin sentido, como le había temblado la voz cuando se había presentado y la forma en la que se habían iluminado sus ojos al decirle que estaban interesados en su proyecto no tenían precio para Blaine. Kurt siempre había sido una de sus prioridades en la lista, no solo tenía talento como diseñador, era atractivo como pocas personas lo eran, pero lo mejor de él es que no importaba quien fueses, terminarías enamorándote de su humanidad, de la forma en la que era capaz de sentir y sobre todo de su amabilidad. La ensoñación terminó antes de lo esperado, pues pensaba entrar en la sala pidiendo disculpas, pero la única compañía que parecía tener era Rachel sentada delante de su ordenador.
—¿No ha llegado?—Sus ojos miel se clavaron en la joven, que parecía más interesada en mascar el chicle que tenía en la boca que de lo que estaba hablando Blaine. Rachel siempre había sido un tanto especial, pero en la última temporada se estaba pasando y a pesar de ser una de las pocas amigas de la infancia que le quedaban empezaba a meditar seriamente tener que despedirla, el problema era hacerlo sin mandar a pique una relación de años.
—Se ha ido hace media hora. — Consiguió que su mandíbula no se desencajara, lo que ya era un auténtico logro teniendo en cuenta la noticia que le acababan de dar ¡Media hora! ¿Cómo diablos se había ido si el tan solo había llegado cinco minutos tarde?
—¿Qué quiere decir eso Rachel?—No le estaba gustando nada por donde estaban yendo los tiros, principalmente porque sabía que no era el único interesado en impulsar a Kurt a ser uno de los grandes diseñadores de los próximos años. Aquella reunión marcaba un antes y un después para lo que seguramente era el cliente más importante de sus últimos tres años, quitando sus intereses personales claro.
—Estuvo esperando como hora y media a que salieses de la reunión, ya le dije que debía tener paciencia, no es culpa tuya que te haya salido una reunión de última hora. — Claramente la chica parecía echarle la culpa a la poca paciencia de Kurt, pero el rostro de Blaine se contrajo por la información ¿Hora y media? ¿Había estado hora y media esperando por él? No tuvo que unir muchos cabos para darse cuenta de lo sucedido.
—Rachel.— Su mirada se endureció. —Te pedí que cambiases la hora de la cita con Kurt, te remarqué la tarea como importante. — No había tenido tiempo para hacerlo por su propio pie, no era de los que dejaban que su secretaria se encargase de sus asuntos, y por una vez que confiaba en ella lo echaba todo a perder. La chica arrugó la nariz negando con la cabeza, como si a su jefe se le hubiese ido la cabeza.
—No, si lo hubieses hecho me acordaría. — El problema es que para acordarse debería haber comprobado si había mensajes en el buzón de voz, acción que como siempre había ignorado. Blaine peinó su cabello con las yemas de los dedos en un gesto nervioso, no podía creer que hubiese confiado a Rachel una tarea tan simple y que se convirtiese en el peor error de su vida.
Apoyó las manos sobre el mostrador, la preocupación pitaba en sus oídos, conocía a Kurt lo suficiente para saber que estaría enfadado, que podrían haber perdido toda posibilidad de trabajar con él y eso significaba una gran pérdida, tanto a nivel personal como profesional. Rachel seguía con un gesto indiferente en el rostro, pero Blaine simplemente sacó el teléfono de su bolsillo y busco el mensaje de voz que había dejado a su secretaria para que lo escuchara mientras poco a poco iba perdiendo color.
—Espero que seas consciente de lo que esto significa. —Un solo error era suficiente para que alguien fuese despedido por la empresa, había perdido demasiado tiempo dejando que Rachel hiciese lo que quería. —Si pierdo a Kurt, puedes despedirte de tu trabajo. — Su voz había sonado fría, casi como un cuchillo capaz de cortarla. Podría pasarse horas echándole en cara el desastre que había causado y como su error podía costarle la buena reputación que tenía, pero tenía asuntos más importantes que atender. Principalmente conseguir contactar con Kurt.
Kurt tenía la ligera sensación de que el mundo a su alrededor tenía miedo de acercarse a él, como si un aura maligna estuviese rodeando el lugar en el que se encontraba. La camarera trajo su pedido un tanto recelosa, era consciente de que con el humor de su cliente la propina no iba a ser del todo buena. Kurt asintió sin ni siquiera dar las gracias, tenía ganas de quemar el mundo y temía que si abría la boca terminaría pagándolo con la persona equivocaba. No podía creer que realmente hubiese preferido estar en una maldita reunión que asistir a la cita con él, era obvio que a veces uno no tenía más opción, pero no entendía el sentido de citarlo si sabía que tenía otras obligaciones ¿Se estaba burlando de él? Seguramente, Blaine tenía la bonita costumbre de aparecer y desaparecer, hasta la fecha al castaño no le había quedado claro si realmente estaba interesado o solo era una distracción momentánea. Apretó la mandíbula, pensar en ello tan solo hacía que su humor empeorase.
Cruzó las piernas y miró la carpeta que tenía a su lado, el nerviosismo y las mariposas en el estómago de primera hora de la mañana se habían convertido en abatimiento y ganas de asesinar y sinceramente prefería volver al primer estado, porque de esa forma al menos no se sentiría tan estúpido. Tomó un poco de su bebida y cerró los ojos, sus cambios de humor le sorprendían, no estaba del todo seguro si estaba enfadado o deprimido, ni siquiera si había hecho del todo bien al marcharse de esa manera. No era estúpido, sabía perfectamente cuál era su mejor opción, pero si Blaine iba a comportarse así con él prefería trabajar con otros.
—Parece que te han atropellado. —Alzó la vista para encontrarse con la sonrisa de su mejor amigo y simplemente volvió a suspirar.
—Tengo la sensación de que lo han hecho.—No literalmente, pero sí que habían atropellado su orgullo, y sus ganas de trabajar con ellos. —¿Qué sentido tiene citarme para estar calentando una silla?
Elliott lo miró con cariño mientras se sentaba en la silla frente a él y levantaba la mano para llamar la atención de la camarera, la cual no parecía muy feliz de tener que volver a la mesa de la negatividad.
—Kurt, darle vueltas no te va a ayudar, es su problema no haber aparecido.—El moreno apoyó sus manos sobre la mesa y asintió convencido haciendo que Kurt tuviese un atisbo de sonrisa en su rostro, pero por desgracia no la sentía como real.—No es como si él fuese tú única opción.
—Lo sé.—Respondió de forma automática, no era su única opción, no a la hora de trabajar, pero había más factores que hacían que se sintiese como un juguete usado.
—Entonces deberías dejar de darle vueltas Hummel.— Concluyó el chico, dedicando una sonrisa de oreja a oreja a la camarera que ya parecía más feliz por tener que atenderles. Una vez había hecho su pedido volvió a fijar su vista el ojiazul que parecía perdido en un mar de pensamientos. — No tienes que sentirte mal por ello, todos los que te conocemos sabemos lo bueno que eres.
—Ya, sin publicidad no importa lo bueno que seas. — Hizo una mueca intentando sonreír, pero era evidente que estaba afectado por lo que había sucedido, sin embargo su dolor estaba muy lejos del punto que creía su mejor amigo.
—Vas a tener publicidad, de otra empresa, pero la vas a tener. —Elliott le quito importancia con la mano.—La gala de Paris es una de las más importantes, y te esperan allí, lo sabes, si ninguna de las empresas que lleva el proyecto te quiere llevar caerá una lluvia de meteoritos sobre la tierra.— Lo mejor de Elliott es que nunca sabías que iba a decir, y a pesar de que no tenía ganas de sonreír no pudo evitar soltar una pequeña carcajada ante ello.
—Tengo la siguiente reunión en una hora, esperemos que no quieran que caliente la silla.— Su rostro volvió a ensombrecerse mientras la camarera volvía con el pedido de su amigo. Este volvió a sonreír mientras se iba.
—Todo saldrá bien Kurt.— Era curioso como podía darle esa confianza que le faltaba, pero en aquella ocasión no le hacía falta. Era consciente de que no tendría problemas en conseguir la publicidad, nunca le había gustado echarse flores, pero tenía muy en cuenta lo que decían las críticas sobre su trabajo.
No, lo que le molestaba era otro tema. Haber estado ilusionado por volver a ver a Blaine después de un mes, sintiéndose estúpido por esperar cada segundo por una maldita llamada. Se había dicho que sería la última vez que caía en el juego de aquel hombre, se lo había repetido una y mil veces y cuando recibió el mensaje que lo citaba no pudo hacer otra cosa que borrar todo lo que se había repetido. Una simple cita, un momento para hablar de trabajo y dejar todo aquel juego que habían llevado durante el último año, pero conocía a Blaine lo suficiente para saber que habría más, que los negocios terminarían llevándolos a otro lugar y lo peor de todo es que se había vuelto a emocionar por ello. Era ridículo, lo comprendía y aceptaba y mucho más sabiendo que no podía compartir aquello con nadie. Era un secreto y teniendo en cuenta las últimas actualizaciones prefería que siguiera de esa manera, a fin de cuentas no habría mucho que contar desde ese momento.
Se estaba desesperando, y era decir mucho teniendo en cuenta el carácter tranquilo que solía tener. Sentado en su escritorio, inquieto y con ganas de saltar por la ventana, intentando ordenar todas sus ideas antes de llamar a Kurt ¿Qué se suponía que tenía que decirle? Hemos cometido un terrible error, a mi secretaria se le olvidó aplazar tu cita ¡Claro! ¡Seguro que aquello no haría que le colgase el teléfono directamente! No era estúpido, se encontraba en una situación delicada y buscar las palabras correctas para hacer que el ojiazul no se enfadase más de lo que ya estaba sería complicado. Tenía que hacerlo sin embargo, siendo egoísta, no podía dejar que la competencia se llevara el mérito que debía ser suyo y sinceramente tampoco estaba dispuesto a regalar a Kurt como si no le importara en absoluto. Joder, si tan solo hubiese tenido un poco más de tiempo a la mañana aquello no habría sucedido.
Arrastró los dedos por su cuero cabelludo obligándose a tomar una bocanada de aire y centrarse como le habían enseñado. Ponerse nervioso no le iba a ayudar en absoluto, tenía que calmarse y pensar como el hombre de negocios que era, no el adolescente que tenía miedo de que lo rechazaran. Marcó el número sin necesidad de consultar la agenda, la respuesta, por desgracia, no llegó.. Un segundo y tercer intento tuvieron el mismo resultado, cuando por cuarta vez volvió a ocurrir Blaine asumió por su propio pie que lo estaba ignorando o bien tenía el teléfono en silencio, así que opto por lo más fácil y dejó un mensaje. Esperaba que no le ignorase, no era como si se fuese a dar por vencido tan pronto, probaría a llamar más tarde, pero simplemente quería que Kurt viese que necesitaba hablar con él y disculparse por la falta de profesionalidad de su empresa, y con empresa quería decir Rachel.
Tras dos horas de trabajo forzado fue consciente de que por mucho que lo intentara no estaba centrado para hacer absolutamente nada, su preocupación estaba centrada en unos ojos azules y en el hecho de que no le hubiese respondido, dudaba mucho que Kurt estuviese tanto tiempo lejos de su propio teléfono. Volvió a llamar, sin éxito, recibiendo nuevamente su buzón de voz y dejando otro mensaje que parecía no querer ser escuchado. Puede que aún tuviese trabajo por hacer, pero ser el jefe tenía sus ventajas y hacía tiempo que no se tomaba unas horas libres. Necesitaba despejarse y dentro de su despacho solo estaba consiguiendo pensar demasiado en ello. Organizó todo antes de irse, dejando un par de informes a cargo de personas de confianza que no le habían fallado y salió de su despacho, viendo como Rachel se levantaba más rápido de lo que nunca lo había hecho. La conocía lo suficiente para ver la duda en sus ojos y esperaba buenas noticias, pero no las había y sinceramente si no fuese porque se trataba de Kurt él mismo esperaría no tenerlas.
—Tienes trabajo que hacer.—Fue lo único que le respondió mientras se iba, no quería quejas, ni replicas, estaba pendiendo de un hilo muy fino que amenazaba con romperse en cualquier segundo y dado que las horas avanzaban y Kurt no respondía sus posibilidades de salir airosa eran mínimas y desgraciadamente eso tan solo alimentaba su mal humor.
Terminó vagando por las calles de Nueva York sin rumbo fijo, con el teléfono en la mano y mirando cada segundo si había recibido algún mensaje, desde fuera tenía que verse como una especie de lunático, pero era su trabajo no dejar que los talentos se perdiesen y estaba viendo volar a la persona con más talento que había conocido hasta la fecha. No solo por lo bueno que era siguiendo tendencias, Kurt tenía un carácter especial, era imposible no quererlo según lo conocías.
—Joder.—Se dijo a sí mismo ignorando la mirada que le había lanzado una mujer al pasar por su lado. Volvió a marcar el número de teléfono con la maldita esperanza de escuchar voz al otro lado, pero nada, nadie contestaba y acabó por dejar tres mensajes más. Terminó sentado en una cafetería, con un café en la mano y algo para comer como almuerzo. Había salido para despejarse y lo único que había conseguido era darle más vueltas a todo.
Los intentos de comunicarse habían fracasado uno tras otro y al final terminó por encerrarse en casa. Odiaba que le ignoraran, odiaba que simplemente pasaran de él, porque a esas alturas era evidente que Kurt no quería cogerle el teléfono y que estaba pasando de cada uno de sus mensajes. Era asqueroso y su humor iba descendiendo cada vez más deprisa, había intentado ser positivo cuando Rachel le había dado la noticia, realmente lo había intentado, pero cuanto más tiempo pasaba más ansioso se ponía. Aunque fuese por pura insistencia debería cogerle el teléfono ¿No?
"Si tu padre te viese en este momento te pegaría un buen tortazo" Meditó en su silencio, dejándose caer sobre la cama después de haber estado caminando por su habitación como un completo loco. Fijó la vista en el techo y volvió a respirar, decir que no había pensado en nada más en todo el día era tan real que daba miedo. No podía evitar imaginarse el gesto decepcionada de Kurt, que hubiese creído que simplemente había dado su cita como irrelevante cuando llevaba esperando ese momento más de lo que ninguno de sus trabajadores podía imaginar, y ahora simplemente no le cogía el puto teléfono. "Quien no consigue lo que quiere es porque no lo persigue lo suficiente" La voz de su padre resonó dentro de su cabeza haciendo que cerrará los ojos. Era increíble como parecía ayudarlo cuando ya no estaba. Al final, si uno quería algo tenía que conseguirlo y pensaba hacer exactamente eso.
Su teléfono había empezado a vibrar en mitad de la conversación que mantenía con Elliott, pero al ver el número de la pantalla de lo primero que le entraron ganas fue de tirarlo al otro lado de la cafetería, sin embargo no quería que la gente lo mirase peor de lo que ya lo estaban mirando. Suspiró, dejando que sonara mientras el moreno lo miraba de forma inquisidora, si quería descifrar lo que pasaba por su cabeza tampoco es que fuese muy difícil, simplemente no quería tener nada que ver con aquel hombre. Dejó de sonar y Kurt aprovecho el momento para ponerlo en silencio, si había llamado una vez lo volvería a hacer y no tenía ganas de amargarse más de lo que lo estaba haciendo.
—¿Le vas a ignorar el resto de tu eternidad? —Preguntó Elliott sin perder su mirada inquisidora.
—Tal vez.—Se encogió de hombros.—De todas formas tengo una reunión en nada, no quiero entrar de mal humor y dar una mala imagen de mí mismo.— Ya estaba suficientemente cabreado, no necesitaba un cartel luminoso a su espalda.
Escuchó al chico suspirar, pero no hizo más alusiones al tema. Lo bueno de Elliott es que hacía tantas actividades y estaba en tantos grupos que no importaba cuanto tiempo estuvieses con él, siempre sería capaz de cambiar de tema para que no te sintieses incómodo. No le hizo mucha ilusión, pero terminó por despedirse de él y acudir a su siguiente cita. El edificio no era ni la mitad de glamuroso que el de Anderson, pero tenían buena reputación y el simple hecho de que no le hicieran esperar ni dos minutos fue un gran punto a favor, realmente no podría haber aguantado ni quince minutos de espera. Las condiciones no eran tan buenas como las que le había ofrecido Blaine la última vez y sinceramente era un poco desalentador, pero simplemente dejo que el hombre hablase y asintió a sus palabras. Todavía le quedaba otra empresa que visitar en un par de días, así que no confirmaría nada hasta hablar con ellos. Salió del lugar y lo único que quería era llegar a casa y simplemente ver cualquier película depresiva que tuviese a mano.
Llegó a casa y lo primero que hizo fue tirar sus cosas sobre la cama y mirar el teléfono para ver las llamadas y el aviso de mensajes que tenía, pero lo único que hizo fue tirar el teléfono sobre la cama. Cogió algo de ropa para estar por casa y se metió a la ducha, necesitaba tranquilizarse y no pensar en todo lo que había sucedido, porque era consciente de que si pensaba en ello se iba a volver a cabrear y bastante tenía con que a Blaine le hubiese dado la vena de acosador ¿Después de liarla quería arreglarlo? No gracias, no tenía intención de caer de nuevamente en la trampa.
El día continúo sin demasiados contra tiempos. Había acabado sentado en el sofá con una manta encima, viendo Sherlock y comiendo helado como si el mundo se fuese a acabar. Estaba meditando irse a dormir cuando el timbre sonó y el chico miró la puerta con cara de pocos amigos, tardó unos segundos en levantarse, primero porque no esperaba visita y segundo porque estaba demasiado cómodo en el sofá. Sinceramente y por la insistencia del segundo timbrazo pensó que sería su vecino de en frente pidiéndole sal de nuevo ¿No sabía ir de compras? En fin, abrió la puerta sin demasiada emoción y sin duda alguna no esperaba ni por asomo la persona que se encontró.
—Al menos puedo ver que sigues respirando, un detalle teniendo en cuenta que me estas ignorando.— Parecía fastidiado, y de alguna forma eso pareció molestarlo a él mucho más ¿Por qué se suponía que debía estar enfadado? Era él quien había hecho que todo se fuese a pique aquella mañana.
—Blaine.— Tenía toda la intención de volver a cerrar la puerta en sus narices, pero el moreno la sujeto antes de que pudiese hacerlo.
—No creas que me voy a ir sin más, Kurt.—Lo que faltaba para completar la noche.
