Y después de dos semanas llegó la actualización e.e

Bueno, tengo que pedir disculpas por la tardanza del episodio, el problema es que tuve una semana de poca inspiración y después me fui de viaje, así que la actualización quedo pendiente y hasta hoy que he vuelto no he podido subir lo que tenía escrito, pero aquí esta para la gente que lo sigue y que le esta agradando o como sea :33

Espero que lo disfrutéis y realmente me dejéis opinión porque a fin de cuentas es lo que hace que uno este ilusionado, nuevamente lo siento por la tardanza, esperamos que con el siguiente no haya tantos problemas :33


Capítulo 2: Problemas

¿Qué no se iba a ir sin más? ¿Quién diablos se creía que era? No podía aparecer en su casa y pretender que no fuese a echarlo a patadas, si no fuese porque tenía la puerta sujeta hacía ya unos segundos que Kurt hubiese estado encantado de plantársela en las narices. Apretó la mandíbula y mantuvo la mirada sobre los ojos miel del otro hombre, el cual parecía aliviado de que hubiese dejado de aplicar fuerza en la puerta, tampoco era como si pudiese conseguir cerrarla con él ahí. Kurt esperó pacientemente a que dijese todo lo que tenía que decir y poder finalizar ese pequeño episodio, no estaba de humor, aunque sinceramente eso se podía ver a kilómetros de distancia. Quitando, claro estaba, que no iba a dejar pasar el incidente de la mañana, en parte pensaba que había quedado claro con ignorar su teléfono como si tuviese la peste, al parecer no había sido suficiente.

Los planes de Blaine siempre eran diferentes a los de cualquier otro, y eso era algo con lo que Kurt tendría que lidiar. Él debía ir un paso por delante de los demás y no tuvo problemas en empujar con suavidad Kurt para entrar en su departamento, ignorando por completo la cara de fastidio que el ojiazul le estaba regalando al darse cuenta de que no podía hacer nada por evitarlo. Blaine podía haber demostrado en más de una ocasión lo dramático que podía llegar a ser, pero no le gustaba que vecinos curiosos pudiesen escuchar discusiones o disculpas que no les interesaban. Cada persona debía aprender a comprarse su propia vida, pero por desgracia era más sencillo meter mano en la de los demás. Cerró la puerta a su espalda y vio al otro joven cruzado de brazos con cara de pocos amigos, a pesar de que en el fondo supiese que era lo mejor, no necesitaba miradas curiosas la próxima vez que bajase en ascensor.

—¡¿Por qué no te sirves un café ya de paso?! ¡Por el amor de dios Blaine!—Kurt se alejó unos cuantos pasos hacia atrás y a Blaine le gustaría decir que estaba tranquilo, pero sin duda su presencia lo había alterado más de lo que ya estaba en un principio.

—No es necesario que nadie más escuche nuestra conversación. —Respondió como si fuese lo más obvio del mundo.

—Eso no te da derecho a entrar en mi casa como si fuese la tuya. — Ya estaba, si quería hablar podía haber llegado a la hora a su cita y ya estaba. — Quitando que una conversación se da cuando dos personas quieren tenerla. — Y era más que obvio que Kurt quería repeler aquel momento lo máximo posible.

Blaine suspiró, teniendo en cuenta que había ignorado sus llamadas durante todo el día era obvio que no estaría dispuesto a hablar con él, pero se había mentalizado de ello, sabía lo que tenía que decir y no estaba seguro del todo de que fuese a escucharle, pero si no daba lo mejor de él no podía considerarse un hombre de palabra.

—Siempre me han dicho que soy bueno para hacer monólogos.— Estaba dentro, podía haber mirado quien era antes de abrir la puerta, ahora tendría que escucharlo. Entre muchas de sus cualidades se encontraba la de niño caprichoso, así que no se pensaba ir.

—Diez minutos.— Su tono fue de derrota, pero eso no impidió que los ojos azules de Kurt se posaran sobre el moreno, fríos como el hielo. Blaine no podía imaginar hasta que nivel el castaño se encontraba decepcionado con él. —Si en diez minutos no has terminado me dará igual, y si no te quieres ir estoy seguro de que la policía estará encantada de echarte.

—Vale.— ¿Para que servía discutir? Era consciente de que el tiempo corría y que no tendría otro momento para decirle lo que había sucedido. — Sé que crees que te he dejado tirado esta mañana, pero todo ha sido un gran malentendido. Pedí expresamente que cambiaran la hora de tu cita, pero Rachel no se molestó en ver si tenía trabajo. Nunca faltaría a una cita contigo, llevaba esperando verte un mes, eres importante para la empresa. No sé que te pueden ofrecer las otras empresas, pero nosotros somos mejores Kurt.

No era lo que buscaba, no eran las palabras que esperaba oír, no era esa disculpa la que deseaba, las citas se retrasaban por diferentes motivos, pero una vez más Blaine demostraba que lo único que le interesaba de él era su forma de trabajar. El simple hecho de tenerlo en la palma de su mano y usarlo cuando quería. No, no quería trabajar con él, no quería caer de nuevo en la trampa y no quería que se viniese a disculpar simplemente porque la empresa lo necesitaba.

—Fuera.— Cortante como un cuchillo, por mucho esfuerzo que pusiera no era esa sinceridad la que buscaba.

—Kurt, por favor.— Estaba casi suplicando, pero el otro joven negó con la cabeza.

—No soy idiota, si vienes a decirme que tu empresa es la mejor opción ya lo sabía.— No era tan ingenuo como para no darse cuenta de donde estaban sus mejores posibilidades.— Pero no era lo que quería escuchar Blaine.— Negó terminando por darle la espalda con una mano sobre su frente y otra sobre su costado. — ¿Querías verme? Ha pasado como un mes desde la última vez que tuve noticias de ti. No soy un juguete Blaine, no puedes esperar solo cuando a ti te interese y creer que me arrastrare solo porque tu empresa es la mejor opción.—Blaine parecía haber perdido color durante el discurso de Kurt, pero lo único que podía observar era la espalda del joven, como sus hombros se hundieron ligeramente. —Ahora vete.

—No eres un juguete —Ignoró por completo la petición, sabía que antes o después Kurt perdería la paciencia y lo veía capaz de llamar a la policía. — Nunca has sido un juguete y nunca lo serás. Eres tan importante para la empresa como para mi. — Sabía que no debería, pero aun así caminó hasta donde se encontraba y le hizo voltearse para mirarlo a los ojos. — ¿Crees que yo no he querido verte en el último mes? Eres como una droga.

Kurt vio las intenciones y cuando las yemas de sus dedos iban a rozar su mejilla lo aparto de un manotazo.

—¡Basta!— Había escuchado ese juego en demasiadas ocasiones, se había enamorado de una sonrisa y acabado en la cama del hombre que debía financiarlo. Al principio no era más que un juego y sabía que le atraía, pero la primera vez que lo ignoró fue como si se hubiese vendido por esa maldita publicidad. —No quiero jugar a esto Blaine, deberías haber hecho todo de otra forma, ahora simplemente vete.—Volvió a darle la espalda, esta vez apoyando las manos sobre la mesa y cerrando los ojos con fuerza, solo quería que lo dejase en paz.

Blaine estaba convencido de que si escuchabas con la suficiente atención podías darte cuenta de que algo se quebraba dentro de él. Consiguió adoptar la pose indiferente de su trabajo y entrelazar los brazos en su espalda con fuerza, la debilidad tan solo era una forma en la que los demás podían jugar en tu contra. Necesitaba pensar rápido en una solución, pero Kurt se había cerrado a cualquier explicación que quisiera darle y por primera vez en mucho tiempo se dio cuenta de que estaba perdiendo la partida. No importaba que hiciese, no había nada que pudiese hacer en ese momento.

—No creas que me voy a dar por vencido.— Blaine Anderson conseguía lo que necesitaba. — Ambos somos la mejor opción del otro.

Abandonar el piso requirió de todo su control, quería abrazar a Kurt, pero no podía dejar de pensar en las palabras que le había dedicado. Seguía siendo tan estúpido como siempre. Se dio la vuelta y salio del lugar, tenía que armar un plan, pero no estaba seguro de que nada fuese a funcionar. Kurt abrió los ojos aliviado cuando Blaine salió por la puerta. Había temido por su propia confianza, por la forma en la que el joven parecía hacerlo reaccionar, pero parecía haber llegado a su límite y no sabía si era bueno o malo. Arrastró los pies hasta la habitación tras apagar la tele lo único que quería era olvidar aquel día.


Tres días, tres días en los que había tenido que aguantar las diferentes llamadas de Blaine. La conversación no parecía haber sido suficiente para dejar claro que si quería hablar con él sería quien diese el primer paso. Santana había terminado por coger el teléfono en un ataque de rabia, principalmente porque parecía distraer la atención del castaño ante su gran conquista, una bailarina en la última convención de arte a la que había asistido.

No dijo nada al respecto, al final la morena tan solo había pedido de forma no amable que dejase de llamar. Y por alguna extraña razón las llamadas cesaron durante un largo rato, lo suficiente como para que ella contase detalles innecesarios sobre un viaje demasiado largo.

— Lo mejor de todo es que la chica es de Nueva York.— Terminó su historia mientras Kurt daba vueltas a su café de forma distraída.

—Aja— No era que no le interesase, pero siempre era la misma historia. Había perdido la cuenta de cuantas mujeres había conquistado su mejor amiga y después dejado de forma estrepitosa por una falda nueva.

—No me estás haciendo ni puto caso.— Respondió de mal humor.

— Te estoy escuchando Santana.— se encogió de hombros.— Pero no me cuentas nada nuevo.

— Si, te estoy diciendo que creo que estoy enamorada.— Kurt puso los ojos en blanco.

— Te he escuchado decir eso más veces que al tío de Como conocí a vuestra madre. — Negó con la cabeza.— Admítelo, solo te queda ponerte traje y serías lo más parecido a un Barney en versión femenina.

—No te pases Hummel— Bufó la morena cruzando los brazos sobre la mesa.

—Las verdades ofenden— Al menos pudo sonreír de medio lado.

—Sin comentarios.— La joven se echó hacia atrás en su asiento. —¿Y bien? ¿Me vas a contar quien es el tío que te acosa?

—No me acosa, solo quiere que trabaje con ellos.— Ni ganas tenía de hablar de ello así que cuanta más importancia le restase mejor.

—Claro y yo tengo tres pezones.— Volvió a poner los ojos en blanco.— Nadie llama tantas veces por simple trabajo y sinceramente Kurt si el Blaine que te llamaba era el de los Anderson dudo mucho que te fueses a negar a trabajar con ellos. La primera vez fue de lujo.

Kurt retomó su labor de observar detenidamente la taza de café que tenía delante. Era consciente de que Santana sabía la situación porque dudaba mucho que Elliott no se lo hubiese contado, simplemente estaba esperando a que él lo hiciese.

—No apareció en la reunión y ahora quiere arreglarlo, pero no quiero trabajar con alguien que no se toma su trabajo en serio.— No, la respuesta correcta era que no quería sentirse como un muñeco usado.

—La gente comete errores cariño, sé que tienes más opciones, pero si ellos son los mejores no deberías dejar que tu orgullo te ciegue.

El silencio corrió entre ambos durante un par de minutos. La latina apretó los labios preocupada, su tercer ojo de adivina mexicana ya le había dado señales de que ocurría algo extraño con aquel tema, pero hasta el momento Kurt no parecía estar mal con ello. Todo había cambiado en los últimos tres meses y lo cierto es que ella se estaba cansando de no obtener respuestas, así que si Kurt no era sincero con ella simplemente averiguaría la verdad por las malas.

— Gracias por el consejo— Terminó por responder Kurt sin querer indagar mucho más en el asunto. — ¿Cuándo voy a conocer al nuevo amor de tu vida?

El cambio de tema no le sorprendió, si Kurt no quería hablar de algo simplemente lo eludía con un nuevo tema de conversación.

—En el momento oportuno.— Había aprendido a cuando dejar de presionar. Antes o después se enteraría aunque tuviese que plantarse en la empresa ella misma.

—Eso significa que nunca— Kurt terminó su café y miró su reloj aún tenía un poco de tiempo antes de presentarse en la última reunión. Esperaba que aquella vez fuese mejor que la otra.

—Sin pasarte, yo nunca te presionó para que me presentes a ninguna de tus parejas.

—Porque no tengo.— A pesar del tono de broma Santana se dio cuenta de que acababa de entrar en un terreno terriblemente inestable.

—Porque no quieres.— Kurt se encogió de hombros y Santana supo que era hora de empezar a meditar sus palabras antes de decirlas. —¿Qué tal si salimos a dar una vuelta?— Cambio de aires, cambio de tema.


—Hay más opciones que ese chico Blaine.— Sebastian parecía querer ser la voz de la razón en aquel aspecto, pero no era estúpido. Cualquiera con dos ojos podía darse cuenta de que si decía eso era porque Kurt nunca le había agradado. Captaba la atención de Blaine como nunca la había captado nadie y obviamente eso era una gran putada.

—Ninguna tan buena como él.— Repitió como llevaba haciendo desde los últimos días.

Sebastian resopló sin darse cuenta, parecía imposible tratar con Blaine y se estaba cegando en algo que no debería. La empresa era mucho más que una persona y como presidente no podía tomarse el lujo de estar preocupado de una sola persona.

— Estás dejando que te afecte más de lo que debería Blaine.— Intentó razonar una vez más.

— Estoy siendo lógico.— Peleó.

—No, si fueses lógico dejarías de obsesionarte, pondrías tus cartas sobre su mesa y esperarías como siempre. Sabe lo que le conviene y tú tienes una empresa que dirigir. Han pasado tres días y no te has hecho cargo de un solo cliente por el hecho de que ese chico tiene una rabieta.

Blaine apoyó la frente sobre sus manos entrelazadas. Lo peor de eso era saber que tenía razón, que sin darse cuenta se estaba obsesionando con Kurt, pero no podía evitarlo. Nunca antes se había sentido tan aliviado al abrazar a alguien, pero era consciente de que su trabajo hacia mella en tener una relación si es que alguna vez habían llegado a ello.

—No lo puedes entender.— Murmuró, realmente se sentía abatido por todo.

—Nunca lo hago, solo soy uno de tus tantos trabajadores, pero tío como amigo te aconsejo que muevas el culo de esa silla y que atiendas al resto. Puedes obsesionarte todo lo que quieras, pero no te olvides de tu alrededor.

Sebastian se había inclinado en su silla, mirándolo directamente. Le jodía, claro que le jodía, porque por mucho que estuviese siempre a su lado parecía que Blaine era incapaz de ver que estaba allí, por eso lo único que le quedaba era ser amable y esperar su oportunidad.

—Necesito arreglar esto primero.— Blaine le dio la espalda masajeando el puente de su nariz.— Soy incapaz de concentrarme si no lo hago.

—Piensa en como te miraría tu padre si te viese dejando responsabilidades por una sola persona.—Acababa de atacar un punto bajo y se alegró de que su jefe se encontrase de espaldas para que no lo mirase peor que mal.

Blaine apoyó la cabeza sobre el respaldo mullido de su silla y fijo la vista en los enormes ventanales. Todos los años en los que lo observó a su padre, este, supo conservar la vista en su trabajo, a pesar de perder a alguien importante seguía trabajando. La diferencia residía en el simple hecho de que su padre había sido un experto en ahogar cualquier sentimiento y convertirlo en trabajo. Su familia quedaba replegada a un segundo plano cuando se trataba de la empresa, pero en su caso esa lección había quedado pendiente cuando falleció.

—A veces te odio.—Fue la única respuesta que le ofreció.

— Eso no es nuevo.

—También me alegro de haberte contratado.

— Eso tampoco es nuevo.— Sebastian le dedicó una sonrisa viperina cuando Blaine se volteó a verlo de nuevo.

— Puedes decirle a Rachel que necesito hablar con ella. — Blaine suspiró sabiendo lo que venía a continuación. Lo había meditado durante días, sabiendo que su decisión cambiaría la relación de ellos dos, pero si no hubiese sido por ella ahora mismo se encontraría en una situación muy diferente.

—Claro.— El chico hizo una pequeña mueca antes de levantarse para salir.

Blaine asintió con la cabeza y tomó una bocanada de aire. La puerta se cerró con suavidad y su vista se centro en los papeles que tenía en frente de él. Sebastian no podía entender su posición, porque antes de enamorarse del trabajo de Kurt se había enamorado de él y ahora lo había perdido todo y puede que terminar en la cama cada vez que se viesen no fuese la mejor manera de demostrarlo, pero él era un completo desastre para las relaciones, lo único que le habían enseñado era a como mantener una empresa. Además las veces que había ofrecido al castaño a acompañarlo en alguno de sus eventos este de negó en rotundo.

El sonido de la puerta lo volvió a sacar de sus pensamientos. Se aclaró la garganta antes de permitir pasar a la persona que esperaba al otro lado de la puerta, sabiendo de sobras quien era.

—¿Me has llamado? — Preguntó nerviosa.

— Obviamente, para qué te avisaría Sebastian de otra forma.

Su expresión había cambiado, con Rachel se comportaba diferente al resto, ella tenía la culpa a fin de cuentas. La castaña bajo la mirada a sus manos entralazadas mientras Blaine pasaba una página del informe que ni siquiera había leído.

— Soy consciente de tu sueño de modelo frustrada, pero haz el favor de sentarte.

—No hace falta que me hables así.—Refunfuñó de repente.

Rachel caminó hasta la mesa y se sentó, intentando no ver lo negativo de toda la situación que estaba viviendo en ese instante por un pequeño y misero error. Ambos estaban frente a frente y Blaine dejo de fingir que hacía cualquier tontería para entrelazar las manos sobre las mesas y mirarla directamente.

—En realidad tengo derecho.—Respiró un poco más fuerte de lo que debería.—¿Recuerdas aquel verano en el que me tropecé y manché tu vestido favorito con zumo de arándanos y decidiste que no querías hablarme el resto de tu vida?

Rachel parecía sorprendida, no era para menos a decir verdad. Recordaba aquel verano, claro que lo hacía porque le había costado horrores que le compraran aquel vestido y después su amigo no había tenido cuidado con ello. El problema era que no entendía que tenía que ver todo eso con lo que estaba viviendo en ese momento. Su puesto peligraba y Blaine decidía recordar tiempos sin importancia.

—Me acuerdo.— Respondió simplemente.

—Ya.—Blaine parecía ausente en su propio mundo.— Recuerdo que pensé que el mundo se iba a caer, no tenía muchos amigos y teniendo en cuenta mi educación no es que pudiese hacer demasiados. Corrí hasta mi padre y le pedí que te comprásemos un vestido nuevo, porque pedir disculpas al borde del llanto no parecía funcionar. En ese momento no me di cuenta, pero lo que hice fue comprar tu perdón.—Rachel seguía sin saber hacia donde estaba yendo aquello. — El problema es que no se puede comprar a todo el mundo, hay personas que tienen criterio y lo material no es lo que les importa.

Se quedo en silencio mirando un punto fijo en la mesa, casi como si estuviese ordenando sus ideas, pero Rachel seguía tan perpleja como al principio del relato.

—Eramos niños Blaine.— Y ella había sido una niña terriblemente caprichosa.

— Y ahora somos adultos y nada parece haber cambiado.— Rachel tragó saliva.— Crees que cada vez que patalees lo pasare por alto, que tus errores no cuentan, pero te equivocas. Yo no soy el tipo de persona que rompe su palabra, pero tú provocaste que lo hiciera.

—No fue...— Blaine levantó la mano para hacerla callar.

—Kurt no quiere saber nada de la empresa.— Omitió el pensamiento sobre él mismo.— Te repetí en más de una ocasión la importancia de lo que representaba. — Suspiró suavemente.— Lo siento Rachel, los errores de este calibre no son aceptables.

—Blaine...— Cortó la frase de nuevo, sintiendo la garganta seca.

— Estas despedida, el viernes será tú último día de trabajo.— Zanjó.

— Soy tu mejor amiga.— Rebatió como si eso la pudiese salvar de todo.

— Y la peor trabajadora de toda la empresa Rachel.— Alzó la voz suavemente. — He recibido quejas de tu comportamiento en múltiples ocasiones, esto no es una escenario donde puedas ser una diva. No eras mejor que nadie y lo deje pasar por el cariño que te tenía, mientras hicieses tu trabajo todo estaría bien, pero ni siquiera eres capaz de hacer eso.— Suspiró suavemente.— Ahora por favor retírate.

Una decisión que a ojos de muchos debería haber tomado hace tiempo. Una decisión que había terminado por meditar demasiado tarde, una pieza defectuosa termina por tirarlo todo, por mucho cariño que se le tenga. La salida de Rachel de su despacho fue un momento amargo, no estaba del todo seguro, pero acabaría por perder a su mejor amiga.


No se esperaba eso, lo primero que había pasado por la mente de Kurt al entrar en el edificio era que le habían dado una dirección errónea. Al preguntar se había topado con que estaba en el sitio correcto, sin embargo el lugar parecía demasiado desorganizado para ser una empresa de verdad o al menos un intento de ella. Recordó los momentos en los que estuvo de mudanza la primera vez que llegó a Nueva York, pero bastante más exagerado. Parecía que todavía no tenían claro donde iba cada mueble, algunos se encontraban precintados y las cajas ordenaban el lugar. Sinceramente no parecían estar operativos, pero a fin de cuentas habían sido ellos los que se habían puesto en contacto con él a la hora de concertar la entrevista.

—¡Angélica!— Un chico rubio apareció detrás de una pila de cajas tropezándose en el último escalón de las escaleras y girándose para fulminarlo con la mirada un par de segundos antes de volver la vista para encontrar a la susodicha Angélica. Kurt tuvo que guardar la compostura para no sonreír más de la cuenta, porque realmente su torpeza había sido graciosa.

—¿Te encuentras bien?— Le preguntó una joven rubia que Kurt supuso que sería Angélica.

—Si, si, solo ha sido un escalón.— La vitalidad que desprendía aquel joven era como mínimo impresionante.— Te iba a decir que hay que llamar al fontanero, nuestro padre se ha asegurado de coger el lugar con más fallos del universo.— Resopló sin darse cuenta.— Y avísame cuando llegué mi cita porque te juro que como no me avise nadie terminó por quemar algo.

—Vale, avisaré a Joan de que llamé.— La joven miró por un momento a Kurt sonriendo divertida y mirando a su hermano después.— Tu cita esta detrás de ti.—Se acercó a su oído para que el invitado no los oyese.— Más te vale dar una buena explicación sobre el desorden... y cuidado con tropezarte.

El joven le dirigió una mala mirada a su hermana cuando esta se fue por uno de los laterales y se dio la vuelta para observar a Kurt con una amplia sonrisa. El castaño no estaba del todo seguro de donde se había metido, pero aún así sonrió cuando vio venir al rubio y estiró la mano en su dirección.

—Buenos días.— Saludó con la mayor amabilidad que pudo a fin de cuentas le habían recibido, en el mayor de los desordenes, pero al menos habían sido más que puntuales.

—Buenos días, gracias por venir y siento mucho el desorden. Estamos terminando de organizarlo todo.— Sin duda alguna era atractivo, pero lo más descolocante era su acento inglés.— Soy Adam.

—Kurt, aunque creo que eso es obvio.— Se mordió el interior de su mejilla sin darse cuenta. —No habéis abierto aún ¿No?

—Nope— Tardó un par de segundos en responder y se rascó la cabeza nervioso. — En un par de semanas estaremos completamente operativos. Digamos que esto es una nueva oficina.— Volvió a sonreír nervioso, pero lejos de parecer ridículo parecía adorable.— Creo que no es bueno hablar en mitad de la entrada, acompáñame por favor.— Caminó un par de pasos y después se giró hacia él.— Cuidado con el escalón.

Kurt volvió a reír, era curioso como en diez minutos aquel chico desconocido le había hecho sonreír más que todos sus conocidos juntos en los últimos días. No tuvieron que caminar demasiado y al entrar se dio cuenta de que el despacho lucia el mismo aspecto que el resto del lugar, al menos tenía una silla en la que podía sentarse y una mesa, aunque esta si que tenía un millón de papeles encima.

—¿Puedo hacer una pregunta?— Adam lo miró expectante, así que Kurt lo tomó como un si. — Si no habéis abierto, ¿Qué hago yo aquí?

El rubio espero a que se sentase para sentarse en frente del castaño, tomando una pequeña carpeta que tenía delante para mostrársela al joven.

—Porque te queremos.—Respondió con la mayor tranquilidad del mundo.— Somos una empresa nacida en Londres, nuestro padre quería ampliar sus horizontes así que nos ha mandado a mi hermana y a mi para encargarnos de esta. Estuve en el evento en el que te presentaron, fue impresionante.—Adam terminó por sonreírle, como si estuviese en una especie de ensoñación que Kurt no terminaba de entender. — Tienes un talento innato y sinceramente quería poder hablar contigo cuanto antes... aunque te encontrases todo un poco patas arriba.— Porque lo estaba, demasiado a decir verdad.— La carpeta tiene toda la información y los contratos que en estos casos se ofrecen, me he tomado la molestia de dejártelo todo apuntado para que te lo puedas ojear con calma. Somos conscientes de que comparados con la empresa que te recogió en aquella ocasión no parecemos muchos.— Adam miró su despacho pleno de cajas y terminó por suspirar.— Pero somos buenos.

Kurt miró la carpeta unos segundos más antes de cogerla para echar un vistazo por encima. Al parecer el trabajo que había traído él no parecía importarle demasiado al rubio.

—Creo que ojearé esto en casa, pero me gustaría saber que es exactamente lo que buscan. Decir que yo estaba buscando financiación y publicidad para...

—El evento de París. Lo sé, esta apuntado en la información. Los diseñadores son complicados, no puedes hacer un contrato permanente al final, estoy casi convencido de que tras el desfile de París ni siquiera necesitaras una empresa que se encargue de financiarte porque la gente te buscara por su propio pie. No necesito que te ates a la empresa, solo que me dejes ayudarte a terminar de despegar.

Kurt se quedó en silencio unos segundos, no estaba muy seguro de lo que tenían los ojos de Adam, pero eran demasiado claros como para no confiar en él, sin embargo había aprendido a no fiarse de nadie, así que sin duda alguna prefería asegurarse antes de decir nada.

—Necesito pensarlo, no quiero saltar a ninguna piscina sin ver los pros y los contra.

—El tiempo que necesites, si aún te quedan dudas cuando termines estaré encantado de solucionarlas.

—Gracias.— Kurt sonrió de medio lado.

— Solo te pido que aceptes o deniegues te comuniques conmigo, no quiero ser un desesperado viendo si el teléfono suena.— Adam tendió una tarjeta a Kurt.

— Tengo el número de la empresa.

— Pero este es el mio — Estúpido y sensual acento. Terminó por coger la tarjeta y simplemente se levantó.

— Gracias por recibirme.— A pesar de que el lugar estuviese patas arriba.

—Gracias por no huir cuando has visto el esto. — Bromeó el rubio señalando a su alrededor y después se tomó la molestia de acompañarlo hasta la salida. — Esperare tu llamada.

La sonrisa fue única y Kurt asintió antes de perderse en las calles de Nueva York una vez más. A decir verdad aquella había sido una de las reuniones más raras de toda su vida. Se encontró sonriendo como un estúpido cuando los ojos azules del rubio que se acababa de topar fueron intercambiados por unos de color miel. Se detuvo en mitad de la calle, ganándose un insulto de un señor que caminaba detrás de él, pero en ese instante le importo bien poco. Por alguna extraña razón y sin darse cuenta parecía que en las únicas personas que podía fijarse siempre era en aquellas que tenían los medios para hacerlo despegar.

—Que listo eres Hummel. — Abrazó la carpeta que tenía entre sus brazos y se obligó a respirar, que le hubiese parecido atractivo no significaba nada, porque sinceramente Adam no podía convertirse en Blaine.