Hola n.n/
He tardo en actualizar, lo sé, dos personas que conozco no han dejado de darme la chapa para que actualizara, pero a veces la inspiración se va de vacaciones y para cuando vuelve estas viejo y decrepito como para poder darte cuenta. Tal vez haya exagerado un poco, pero bueno, han pasado varias cosillas entre ellas que andamos organizando un concurso de navidad en la comunidad de retos :33 Si os interesa podéis acceder a él en mi perfil (L)
Sin mucho más que añadir dejo aquí el episodio y espero comentarios, tomate, ataques contra mi persona y todo eso que se suele decir en estás ocasiones e.e
Para Spreadmadness & LadyBlackA7X sin las que seguramente se me hubiesen quitado las ganas de escribir.
Disclaimer: Glee no me pertenece, seguramente mi Kurt los hubiese mandado a todos a fregar.
Capítulo 3: Visitas
Se encontraba agotado, los últimos días habían sido mortales para su paciencia y espalda. En el fondo era su culpa, pero las quejas no eran menores por ello, si no hubiese dejado que el trabajo se acumulara sobre su mesa no tendría que llorar por ello, desgraciadamente no era el caso. Su situación con Kurt lo estaba matando por dentro, una pequeña vocecita en su cabeza le decía que solo tenía que dejar que el tiempo corriera y todo se aclararía, mas los días se convertían en noches y nada cambiaba. Era imposible para el moreno no ponerse ansioso con toda la situación. Había dejado un último mensaje, que esperaría a que el castaño quisiera hablar con él, debería haberse parado a pensar de lo que eso significaba y es que parecía que vivía atado a su teléfono. Bueno, si tenía que ser sincero siempre vivía atado a su teléfono, pero normalmente no esperaba con ansias que sonara. El problema, la desilusión cada vez que lo hacía y no era ni por asomo el número que esperaba.
Saludó amablemente al botones que le abrió la puerta de su edificio y se dirigió directamente hacia el ascensor. Presionó el botón correspondiente a su apartamento y simplemente se apoyó en el espejo sin demasiado ánimo. No podía decir que se encontrase mejor, solo se había centrado en lo único que parecía salvarle de su desesperación, el trabajo. Cuanto más ocupado estuviese menos tiempo tenía para pensar que Kurt no quería saber nada de él, ni de la empresa, ni nada que tuviese su nombre incluido en la ecuación. Sabía que había dicho que no lo volvería a llamar, pero no estaba seguro de que estuviese actuando de la forma correcta ¿Y si ahora que había dejado de llamar realmente creía que solo lo quería por su trabajo? Tal vez ni siquiera hubiese escuchado el mensaje que le había dejado.
Golpeó su cabeza contra el espejo intentando alejar los demonios que no le dejaban en paz, ¿Acaso servían de algo? Obviamente no, solo eran otra forma de hacer que quisiera liarse a puñetazos con el mundo. El ascensor se detuvo y el chico sacó las llaves, prepararía algo de cenar y terminaría de ver la cuarta temporada de House, olvidando por un par de horas que se sentía terriblemente estúpido. Al menos esa era su intención, pero al girar la llave se percató de que la puerta no estaba del todo cerrada.
—No jodas.— Susurró para el cuello de su camisa.
Blaine era amante de la rutina, lo que era lo mismo a que nunca olvidaría cerrar la puerta con llave, a pesar de vivir en un edificio con suficiente seguridad como para que nadie tuviese las agallas de llegar al ascensor. Suspiró, soltando el pomo con delicadeza y sacando la llave con cuidado, intentando no hacer ruido. No estaba de humor para aguantar a nadie, y era demasiado consciente de quien tenía las llaves de su apartamento. Se dio la vuelta con toda la intención de bajar, con un poco de suerte encontraría el bar de al lado abierto, si subía suficientemente borracho podría ignorarlo sin que le sacase de sus casillas, pero su suerte seguía siendo una mierda así que la puerta se abrió antes de que consiguiera llegar al ascensor.
—Si lo que quieres es evitarme deberías hacer menos ruido, hermanito.
Cerró su mano con fuerza alrededor de sus llaves, sintiendo como estas se clavaban en su palma. Estaba de espaldas, pero podía imaginar la burla en su rostro. Se forzó a sonreír como pudo y se dio la vuelta para ver a Cooper apoyado en el marco de la puerta, sin camiseta. Aguantando las ganas de poner los ojos en blancos siguió con su sonrisa falsa.
—Había olvidado algo en el coche. —Ambos sabían que no era cierto.
—Estoy seguro de que puede esperar, a fin de cuentas hace meses que no ves a tu hermano.— Cooper se adelantó para darle un abrazo y en lo único que podía pensar Blaine era en cambiar la cerradura de la puerta de una maldita vez.
Lo arrastró dentro, lo que era extraño porque realmente lo estaba arrastrando a su casa, su santuario. Cooper tenía la habilidad de destrozar sus momentos de calma.
—¿Qué haces aquí?—Preguntó Blaine sin demasiado ánimo.
—He venido a verte. —Respondió Cooper con una sonrisa.
—En serio, ¿Qué haces aquí?—Conocía a su hermano lo suficiente como para saber que eso era mentira.
—Tenía una audición y he pasado a verte.— Eso sonaba más creíble.
Blaine dejó la chaqueta del traje sobre una de las sillas del salón y aflojó su corbata mientras su hermano cogía un par de cervezas de la nevera. Como gorrón no tenía precio.
—Si querías verme podías haber llamado, podría haber estado fuera de la ciudad, los negocios son más compli…—Blaine cortó la frase a la mitad cuando se dio cuenta de la rubia que salía de la habitación, de SU habitación.
—Gracias por tu tiempo. —La rubia lanzó un beso y Cooper le guiñó un ojo.
—Prometo volver a llamarte, cielo.
Blaine se había quedado estático, su hermano dejo la cerveza que había sacado para él a su lado mientras le daba un trago a la suya. No importaba el tiempo que pudiese pasar, Cooper siempre sería irresponsable hasta decir basta.
—¿Has usado mi casa como picadero?—No sabía porque preguntaba si conocía la respuesta.
—¡No!— Bramó enfadado. —Ella y yo tenemos algo muy especial, necesitaba compartirlo en algún lugar y tú habitación es del tamaño de mi apartamento, sin contar el armario.
—¿Especial? —Se mofó Blaine cogiendo su cerveza y bebiendo sin pensarlo dos veces, borracho tendría menos ganas de pegarle un tiro. —Si tan especial es, ¿Cómo se llama?
Su hermano lo miró como si fuese una especie de extraterrestre, genial, se acababa de acostar con alguien en su casa y no se molestaba en aprenderse el nombre.
—Eres increíble.— Hubiese preferido estar otros dos meses sin verle.
—Eso dicen ellas. — Levantó su cerveza antes de volver a beber y severamente Blaine tuvo intenciones de aventarle la botella en la cabeza.
—Recuérdame quemar las sabanas. — Cooper hizo una pequeña mueca.— ¿Qué?
—Si piensas quemar los lugares en los que he procreado deberías quemar la encimera de la cocina. —En esa ocasión no pudo evitar poner los ojos en blanco.
—Que te jodan.
El mayor observó al pequeño de arriba abajo, intentado descubrir información que parecía oculta bajo su expresión de fastidio y la irritación de su voz. Nunca se habían llevado del todo bien, tal vez por los años que se llevaban, tal vez porque le había cargado con toda la responsabilidad, pero a pesar de todo sabía reconocer cuando le pasaba algo. El único inconveniente era que en vez de ayudar a arreglar los problemas los hacía peores.
—Alguien no ha follado en mucho tiempo. — Asintió con la cabeza como si esa fuese la solución a todo.
—¿No sabes pensar en otra cosa?— Blaine sonaba exasperado.— No todo el mundo tiene tu obsesión y mucho menos la mala educación de entrar en una casa ajena sin permiso. Si has venido a tocarme la moral, felicidades, ya te puedes marchar.
Dejo la botella sobre la mesa de mal humor dirigiéndose a su habitación para cambiarse de ropa. Pateo las sabanas del suelo, al menos las había cambiado, pero eso no le molestaba menos, tenía claro que se aseguraría de que alguien cambiase la cerradura al día siguiente. Estaba terminando de ponerse la parte de arriba del pijama cuando se percató de que su hermano se encontraba en la puerta de la habitación.
—Pensaba que había dicho que ya te podías ir.
—Te he escuchado y a pesar de que las damas agradecerían la vista no creo que sea lo más inteligente.
—La inteligencia la perdiste hace mucho tiempo.— Cooper chasqueó la lengua.
—Voy a hacer como si no hubiese escuchado ese comentario.
—Entonces vístete y haz como si nunca hubieses estado aquí.
Paso por su lado sin demasiado interés, pelear con su hermano siempre había sido un deporte de riesgo. No importaba el tiempo, Cooper siempre buscaba la forma de molestarte, aunque ni siquiera estuviese intentándolo. Había visto a su padre discutir con su hermano en varias ocasiones y ser consciente de que no importaría, Coop siempre terminaba ganando la partida. Sin decir nada, el mayor se acercó hasta donde estaba el menor, sentándose a su lado y apagando la televisión.
—¿Qué te pasa? —Preguntó esta vez más serio de lo que había estado en mucho tiempo.—Quiero decir, siempre has sido tan estirado como papá, pero hoy estas delicado.
—¡Que te importa! ¡Ya te has tirado a tu rubia! ¡Misión cumplida! Ahora puedes seguir haciendo el capullo donde quiera que trabajes.
Se acababa de comportar como un niño pequeño de dos años, pero le importaba una mierda, estaba cansado de tanta tontería, de tener que ser siempre el que cediese ante su hermano y sinceramente nunca se había preocupado lo suficiente de la familia como ahora pedirle que le contase sus problemas. La empresa nunca había sido de su interés y claramente Blaine no pensaba decir una palabra de Kurt a alguien que tenía problemas severos con recordar con cuantas mujeres se acostaba a la semana.
—No tienes que pagar conmigo tu frustración, Blaine.—Suspiró.— No soy un desalmado, me preocupo por mi hermano.
—¿Si?— Blaine negó como si acabase de hacer un mal chiste.— Hace mucho tiempo que aprendí que la única persona por la que te preocupas es por ti mismo Cooper. —Si estaba intentando que le diese información se iba a caer de morros. — La confianza que deposito en ti siempre queda hecha añicos y sinceramente ni siquiera deberías estar aquí, así que ahora vístete y búscate una falda con la que quedarte porque no eres bienvenido y no voy a hablar contigo.
El silencio se extendió entre ambos hasta que el mayor se levantó para ir a por su ropa y la mochila que había traído, no le costaría encontrar un sitio para dormir, pero eso no quitaba que una parte de él se sintiese decepcionado. Eran demasiado diferentes, nadie podía cambiar ese hecho y no estaba dispuesto a que lo sacaran de allí a golpes.
—Tiene que ser muy guapo para que estés así. —Se paró en la puerta, Blaine no le miraba, pero sabía que le estaba escuchando. — Sea lo que sea, deberías hablar con alguien antes de que tu solución sea cortarte las venas.
—Deja de montarte películas y vete. —Fue lo único que le respondió.
—Eres un cabezota.—Podría ayudarlo, podría dejar que se desahogara, pero Blaine no quería y Cooper no podía culparlo. Si hubiese hecho todo de forma diferente tal vez pudiesen conectar como hermanos, pero al final Blaine tenía razón. Él había hecho su vida sin contar con que su hermano podía pasarlo mal y ahora no tenía forma de volver atrás. Solo quedaba esperar que no se encerrara como lo había hecho su padre.
Santana estaba sentada en una de las sillas del taller de Kurt, aburrida, esperando a que su amigo colgase el maldito teléfono. Se suponía que iban a tomar café, pero antes de salir el teléfono de Kurt tuvo que sonar, sin duda aquel maldito trasto estaba en su contra. Descruzó las piernas y se giró para poder ver el papeleo que este tenía sobre la mesa. Apartó un par de trozos de tela y lo único que parecía haber al alcance de su vista eran papeles sin importancia y bocetos de diseños que no llegarían a ver la luz del día, aparte de una masa de revistas de moda desparramadas.
Mordió su labio inferior, siendo consciente de que no debería abrir los cajones de la mesa, mucho menos tratándose de trabajo, pero era inevitable. Kurt la conocía suficiente como para saber que no podía dejarla sola más de diez minutos sin que se pusiera a revolver entre las pertenencias de los demás. Abrió el cajón ignorando su voz interior y simplemente vio unas cuantas revistas apiladas, bufó y lo cerró para acceder al segundo, consiguiendo su premio al segundo intento.
La carpeta de color arena no era una que ella hubiese visto anteriormente, mucho menos el logo que rezaba en la parte superior. La abrió, vigilando por el rabillo del ojo que la silueta de Kurt no apareciese, y se encontró con algo parecido a un contrato. El ceño de la latina se frunció casi de automático mientras revisaba por encima todo lo que estaba puesto, pero lo peor de todo fue ver la firma al final. Un pequeño bichito empezó a dar vueltas en su cabeza, no podía creer que realmente Kurt estuviese firmando un contrato con otra empresa teniendo a Anderson detrás de él. Escuchar la puerta de al lado hizo que saltase ligeramente cerrando la carpeta de improvisto y dejándolo en su lugar, pero su cerebro seguía trabajando sin quererlo.
—Siento haber tardado, mi padre estaba preocupado porque no le llame el domingo. — Kurt parecía cansado, pero Santana estaba demasiado metida en sus pensamientos como para hacer algún comentario respecto a ello. —¿Vamos?
—Claro.—La morena se levantó del lugar dedicándole una sonrisa, sabiendo de antemano que el café tranquilo que deseaba se iba a convertir en una discusión de campeonato.
No tardaron más de diez minutos en llegar a la cafetería. El silencio del camino había sido incómodo, principalmente porque a pesar de los temas que quisiera sacar el castaño, Santana parecía en su propio planeta. Una vez se sentaron, cada uno con su respectivo pedido, Kurt tuvo que sacar el tema ha colocación, no estaba seguro de que era lo que sucedía, pero odiaba quedarse mirando las musarañas.
—¿Has hecho voto de silencio? Te he dejado sola quince minutos, sabes como es mi padre.— Kurt arrugó la nariz sin darse cuenta.
—¿Cuándo ibas a contármelo?—Santana levantó la mirada del café a Kurt.
La expresión del chico cambio durante un segundo, estaba convencido de que estaba perdiendo color por segundos y por desgracia los ojos inquisidores de Santana no ayudaban. ¿Lo sabía? No, era imposible que lo supiese. Bebió un poco de su café intentando relajarse, y de paso apartar la mirada unos cuantos segundos.
—No sé de qué me hablas.— Respondió intentando aparentar la mayor normalidad posible. La respuesta de su amiga fue poner los ojos en blanco.
—He visto el contrato, no te hagas el idiota. — Decir que estuvo a punto de suspirar de alivio sería quedarse cortos, por su bien aguantó la compostura. Si Santana veía que se relajaba sabría que le ocultaba información, y sinceramente prefería que no se enterase de lo que había tenido con Blaine.
—No deberías haber abierto mis cajones, en serio, voy a contratarte un psicólogo para esa maldita manía.
—¡Al diablo con los psicólogos!— Uno de los camareros se giró a mirarles extrañado, desgraciadamente Santana no tenía ninguna intención de detenerse.—¡Se supone que soy tu mejor amiga! ¿Recuerdas la parte en la que me preguntas que me parece que firmes un contrato con una empresa de la que no reconocería el nombre ni su padre?
—No, no lo recuerdo.
—¡Deberías!
—No es tu trabajo.—Refunfuñó como un niño pequeño.
—Exactamente porque no lo es.
—Eso no tiene sentido.
—¡Claro que lo tiene!—La mujer estaba a punto de levantarse y realmente le estaba molestando. —No tengo ni puñetera idea que te puede ofrecer esa maldita empresa, pero es un hecho que sean quienes sean no tiene el nivel que tiene Anderson y lo sabes.— Kurt se echó hacia atrás, dejando que la silla se sujetase en dos patas y mirando al techo con cara de pocos amigos. —No, no te escapes como si el asunto no fuese contigo Hummel.
—No se puede dialogar contigo si te pones en este plan.—Colocó bien la silla antes de que alguno de los presentes le llamase la atención.
—¿No se puede dialogar conmigo? —Santana parecía ofendida a cincuenta kilómetros de distancia.— Eres tú el que está dispuesto a sacrificar su carrera por orgullo.
—No estoy sacrificando nada, Santana. Sé que crees que estoy loco, pero no lo estoy.— Tenía que dar una explicación convincente o la morena no le dejaría en paz. — Puede que la empresa no sea muy conocida aquí, pero es una de las grandes empresas de Londres y se acaba de ampliar en Nueva…
—Irrelevante.
—Déjame hablar.—Kurt frunció el ceño.
—No.—Santana se acercó a la mesa para apoyar los brazos sobre ella y Kurt volvió a mirar al techo para respirar y pedir paciencia a lo que quiera que hubiese al otro lado.—Kurt, no necesitas una empresa con recursos en Londres, necesitas una empresa con recursos en Nueva York.
Aquel comentario fue directo al orgullo del joven, porque había meditado esa posibilidad y finalmente dado un salto de confianza hacia aquella sonrisa genuina y ese maldito acento.
—Que estén empezando aquí no significa que no tengan recursos. —Intentó razones mientras Santana seguía quieta como una estatua en su posición.—Además él es muy agradable y puntual.
—¡¿Él?!—Estaba convencido de que Santana acababa de conseguir que los oídos les pitasen a los de la mesa de al lado. — ¿Vas a decirle que si a una empresa por qué su director te pone cachondo?
—¡SANTANA!— Estaba convencido de que la sangre estaba subiendo a sus mejillas a una velocidad vertiginosa.
—Por muy desesperado que estés por encontrar a un inglés para ver si cuela como doctor, Kurt. —Santana estaba intentando razonar de la mejor forma posible.— No significa que te tengas que montar en su cabina azul.—Asintió, sin entender muy bien la mirada de estupefacción de su mejor amigo.
—No me lo puedo creer.— Kurt ocultó su rostro entre sus manos con los codos apoyados sobre la mesa. Esperando realmente que nadie hubiese escuchado la conversación.
—Yo sí que no me lo puedo creer.—Golpeó en uno de los brazos de Kurt.— Te he dicho que no te escondas.
—No estoy eligiendo trabajar con la empresa porque me…eso.— Desvió la mirada, como si de esa forma la vergüenza fuese a desaparecer.
—No me puedo creer que no puedas decir cachondo en voz alta.
—¡Cállate!—Gruñó Kurt.—Además no estamos hablando de eso.
La morena volvió a echarse hacia atrás, sin duda alguna tenía que meter mano antes de que Kurt decidiese arruinarlo todo por una calentura de pantalones. Su mayor problema es que solo tenía la mitad de la historia, era demasiado consciente de que había datos que se le escapaban y era imposible organizar hechos si no tienes todas las partes del puzzle.
—¿Ya le has comunicado tu estúpida decisión?
—No, solo he quedado para hablar con él la semana que viene, prefiere que le comuniquen las decisiones importante a la cara.—No debería, pero la joven suspiró de alivio.
—¿Qué día? Necesito planificar una agenda de cómo recuperar tu cerebro de entre tus piernas.— Kurt la fulminó con la mirada.
—Ya vale con ese tema.
—No es mi culpa, lo que pasa que estás demasiado ciego para darte cuenta.— Santana se encogió de hombros.
—No podrías estar más equivocada.
—Cariño—Tomó su mano entre las de ella.—, estoy segura de que no me equivoco en absoluto.
—Sigo sin entender porque te sigo hablando.
—No podrías vivir sin mí.
—Deberías dejar de tentar a la suerte.— Kurt rodó los ojos apartando su mano de las de Santana para centrarse en su café nuevamente.
—Entonces, ¿Qué día?—Volvió a insistir.
—No sé de qué hablas.
—¿Qué día te reúnes con Doctor Who?— Kurt puso los ojos en blanco.
—El miércoles de la semana que viene, ¿Feliz?
—Mucho.—Levantó su vaso de café y pegó el primer sorbo desde que se habían sentado. Tenía una semana y media para hacerle cambiar de opinión, porque obviamente no podía quedarse de brazos cruzados viendo como Kurt tomaba la decisión equivocada.
No había podido quitarse las palabras de su hermano de la cabeza y nuevamente parecía que tenía sus pensamientos en cualquier otro lado menos donde debía tenerlos. Habían pasado un par de días, y sinceramente cada vez se sentía más inútil. Los rumores ya empezaban a circular por la empresa, era más que obvio que Blaine no se encontraba en sus mejores días y el hecho de haber despedido a Rachel ya había caldeado suficiente el ambiente como para darle más bola a toda la maldita situación.
—Sebastian, necesito que te encargues de la reunión de las tres, recuerda no hablar de lo que paso en Miami. —Le paso una de las carpetas con el papeleo necesario mientras caminaba hacia el ascensor. Delegar era una buena forma de quitarse trabajo, pero esta vez se estaba asegurando de delegar en personas de confianza y al menos Sebastian nunca había fallado.
No pudo evitar una mueca, desde que Rachel había abandonado el edificio el viernes sus caminos parecían haberse separado del todo. La extrañaba, claro que si, a fin de cuentas habían sido amigos muchos años, pero por desgracia no se sentía capacitado para llamarla y era consciente de que ella no querría saber nada de él en un largo tiempo. Lo que le llevaba a otra cuestión y es que necesitaba una nueva secretaria.
Suspiró recorriendo el pasillo que llevaba hasta su despacho y cuando abrió la puerta no pudo evitar la mueca de sorpresa al ver a una mujer sentada en su escritorio. Las piernas cruzadas, ojeando la pila de papeles que parecía tener en su mesa. Blaine cerró la puerta con fuerza queriendo llamar la atención de la chica y esta simplemente suspiró.
—Puedes dejar de hacer el paripé, sabía que venías desde que he escuchado el ascensor. —Musitó despreocupada fijando sus ojos en él.
—¿Cómo has entrado aquí?—La morena rodó los ojos.
—Tienes que ser muy gay si realmente no te has dado cuenta de cómo he llegado hasta aquí sin que nadie cuestione nada.—Señaló su escote y bajó del borde de la mesa. —¿Nos sentamos?
—¿Tengo que dar por hecho que me tienes que decir algo importante?
—Tienes que dar por hecho que tengo que hablar contigo y lo demás es irrelevante, así que siéntate.— Le dio la espalda para sentarse en una de las sillas para invitados y volvió a cruzar las piernas.
Blaine se movió con cautela, sin entender demasiado bien lo que estaba sucediendo hasta sentarse en su sitio. Soltando el botón de su chaqueta antes de ello. La curiosidad lo estaba matando por dentro, pero sobre todo el hecho de que estuviese allí sin más, normalmente las visitas esperaban fuera.
—¿Puedo saber quién eres?—Blaine se inclinó hacia delante.—El teatro está muy bien señorita, pero la seguridad de mi edificio la sacará en un parpadeó si se lo pido.
—No vas a llamar a seguridad.
—¿Qué te hace pensar eso?
—El hecho de que ambos queremos lo mismo. —Razonó acomodándose en su asiento. Blaine tuvo que guardar una sonrisa.
—¿Y qué queremos?— Sinceramente no recordaba haber visto a esa mujer nunca, aunque por alguna extraña razón había algo en ella que sí que le sonaba.
—Que Kurt trabaje contigo.
