Madre mía, deberían darme un golpe impresionante por haber tardado tanto en actualizar, me pondría a poner excusas, pero realmente no sirve para mucho hacerlo. La realidad es que mi inspiración se fue de señoras vacaciones y con ello quiero decir que cada vez que escribía me parecía una mierda pinchada en un palo, al menos más de lo que me parece habitualmente.

Supongo que el año nuevo me ha dado un poco de inspiración y he conseguido acabar el capítulo, pero como siempre digo los tomates se esperan con mucho amor, porque al final es lo que merezco (?)

Gracias a todos aquellos que andan leyendo la historia y espero opiniones de muerte hacia mi persona, os quiero :33


FELIZ AÑO NUEVO A TODO EL MUNDO :33


Disclaimer: Glee no me pertenece, si fuese por mi Kurt habría cortado el contacto con la mitad del universo.


Capítulo 4: Trabajaré contigo.

Agotado. Era la palabra para describir como se sentía Kurt. Discutir nunca había sido su fuerte, mucho menos con su mejor amiga, era consciente de que Santana solo estaba buscando lo mejor para él, siempre lo hacía. Podría explicarle la situación, pero no se sentía capacitado para hacerlo. El temperamento de Santana era difícil de tratar, mucho más cuando había un secreto importante en medio y por desgracia Kurt había vuelto una mota de polvo la montaña más grande del universo.

Su relación con Blaine había pasado de máximo secreto a vivencia extinta, mas hay situaciones que uno no puede ocultar, mucho menos olvidar. Había querido a Blaine como a nadie, lo había esperado y al mismo tiempo había tenido miedo de que cualquiera pudiese notar la relación que tenían. Era estúpido, pero Kurt había terminado por preocuparse por su propia reputación.

¿Quién no iba a juzgarlo por salir con el jefe de la empresa que lo patrocinaba? Necesitaba que el mundo lo reconociese por su talento, no porque hubiese salido con Blaine Anderson. Era la razón por la que siempre había declinado acompañarlo a fiestas, por lo que prefirió que nada saliese de las puertas de su apartamento o el de Blaine y al final sin darse cuenta terminó ahogándose en sus propias decisiones.

Las dudas terminaban apoderándose de su cabeza cada vez que el moreno salía. Los negocios quería repetirse, pero cuando pasaba dos semanas sin noticias de él todo caía como plomo sobre su alma. No tenían una relación, al menos no una sana, simplemente quedaban cada vez que podían y terminaban desfogándose como si el mundo fuese a terminar.

Un juguete. Sí, se había terminado sintiendo de esa forma, pero si se paraba a pensarlo ¿No había hecho lo mismo con Blaine? Esperando por él, negando cualquier invitación a pasar más tiempo juntos en público, por el simple hecho de proteger su nombre, porque su reputación valía mucho antes de siquiera tener una.

Debía cortar sus pensamientos, había hecho lo que tenía que hacer. Estaba siendo egoísta, cabezota y seguramente un inmaduro. Blaine se había disculpado, haciendo que terminase poniendo el teléfono en silencio en varias ocasiones. Kurt terminó por negarse a todo, no quería entenderlo, sus sentimientos lo habían cegado hasta el punto de querer hacerlos desaparecer. Su trabajo era más importante o al menos quería creer que lo era, al final sólo consiguió desbordarse y comportarse como un idiota.

No quería volver, no quería enfrentarse a Blaine y saber que acabaría llorando. Prefería mantenerse alejado, dejar que todo pasara y sí, puede que estuviese tirando una oportunidad a nivel de empresa, pero todo iba un paso más allá. Eso era lo que no podía explicarle a Santana, el hecho de que todo lo que le pasaba fuese simplemente porque se hubiese enamorado de la persona equivocada.

¿Cómo lo miraría Santana? ¿Incluso Elliott? Nunca te involucres con la persona que trabajas, mucho menos con una persona que está invirtiendo en tu proyecto. El problema llegaba cuando antes de saber quién era te habías interesado en él.

Podía recordar cada detalle de aquel día. Sentado en una cafetería cualquiera, revisando los diseños que había terminado la noche anterior. Nervioso, sin saber si debía molestarse en entregarlos o debía dejar su talento bajo tierra ¿Acaso alguien se había interesado? Hasta su instructor en vogue lo había mirado como si fuese un idiota. Un niño ingenuo con demasiados sueños, esperando a que su mejor amiga la llamase para poder llorar a gusto y sin darse cuenta cruzándose con los ojos que cambiarían su forma de ver el mundo.

No podía decir cuánto tiempo quedó pendiente de aquellos ojos miel, en que momento tuvo que apartar la vista por invadir la intimidad de otra persona. Kurt estaba casi seguro de que de haberse quedado unos segundos más mirando al moreno le habría atravesado la ropa y sin darse cuenta lo tuvo sentado en frente. Charlando como si fueran amigos de toda la vida, sin una presentación previa, simplemente hablando hasta que el contenido de la carpeta salió a flote.

En un principio pudo parecer una broma ¿Por qué un hombre desconocido quería concertar una cita con una de las mejores empresas de la ciudad? Sin duda alguna su cara al darse cuenta de quién era aquella tarde tuvo que ser la más épica del universo, mucho más cuando su proyecto se dio por aprobado. Sin comerlo ni beberlo la vida le había dado un impulso para que sus primeros diseños viesen la luz del día.

Si solo hubiesen sido los diseños todo hubiese estado bien, pero tuvo que hablar, tuvo que dejarse llevar por los impulsos de la primera impresión e invitarlo a cenar a su casa. Nunca fue de los chicos que se acostaba con todo lo que se movía a su alrededor, pero la confianza que le dio Blaine, la forma en la que ambos conectaron fue algo único y por un instante Kurt creyó que no importaba el mundo de alrededor.

Esa era la historia de la primera vez que se acostaron, y tal vez debería haber sido la última, pero nunca lo fue. Empezaron a quedar, siempre que los negocios no tuviesen ocupado a Blaine y esos momentos eran únicos, podía evadirse del universo, simplemente ser ellos dos, hasta que el primer bache llegó. El momento en el que Blaine le invitó a asistir a una fiesta con él, como si fuese su cita, pero simplemente siendo otro de los tantos a los que el hombre financiaba. La duda, el miedo, todo en general hizo que se cerrase y recordaba perfectamente su cara de decepción, casi como si le hubiese dado un puñetazo en el estómago, mas Kurt creía que si alguien se enteraba dejarían de apreciarlo por su talento antes de demostrarlo.

Y así se había desarrollado todo, queriendo alejarse, intentando no devolver llamadas y siempre cayendo en la trampa. Porque verse significaba ceder, saber que no tenía nada que hacer porque estaba enamorado y al mismo tiempo aterrado. Sí, había jugado un juego peligroso y se había quemado, prefiriendo alejarse del todo, haciendo que nada había existido. Y ahora Santana lo revolvió todo. Porque estaba bien poniendo a Blaine como el malo, porque estaba bien pensando que no estaba trabajando con él por la poca seriedad demostraba, pero en realidad solo tenía miedo. Miedo de enfrentarse a su realidad, de saber que haber pasado un mes sin verlo lo había destrozado y que le hubiese plantado en la reunión sólo había incrementado un rencor que no debería haber desarrollado. A fin de cuentas tenía tanta culpa como él, tal vez más.

¿Dónde había estado ese pensamiento a lo largo del año? ¿Realmente había preferido proteger un nombre que no tenía que admitir que estaba enamorado? Terminó por lanzar las mantas por encima de su cabeza y ocultarse debajo de ellas, abrazando sus rodillas y dejando que las lágrimas terminase escapando de sus ojos.

—Eres idiota.— Nadie lo podía escuchar, pero no importaba, era la única y auténtica realidad.

Nunca le agradó quedarse dormido llorando, hay veces que uno no tiene más opción que hacerlo.


Santana se movía inquieta por la habitación. Había aparecido en la empresa de Anderson sin saber exactamente hacia donde debía ir o si tendría alguna posibilidad de hablar con aquel moreno engominado. Su preocupación por Kurt se había disparado y podía ser que Elliott pudiese vivir con la poca información que les ofrecía, pero ella no. Había sucesos que se le escapaba de las manos, no importaba cuanto intentase que Kurt los contase, la conocía lo suficiente como para eludir sus preguntas con éxito.

Eso era lo que más le preocupaba, no estaba siendo el Kurt que ella conocía, aquel que levantaba la cabeza y se enfrentaba a cualquier marea sin importar lo que dijesen ¿Por qué iba a bajar la cabeza ante aquella empresa? ¿Por qué dejaría que su orgullo le comiese en su mejor movimiento? Había ido a averiguarlo y la respuesta no le había agradado en absoluto.

Anderson era mediocre. No era la primera vez que lo veía, pero estar a solas con él había sido otra historia y exigir las respuestas que necesitaba peor, casi como si quisiera buscar culpa en su comportamiento y entonces apareció, la historia que jamás fue contada por el que consideraba su mejor amigo.

Una aventura, casi como si Santana pudiese formar un puzzle inacabado en su cabeza. Las veces en las que había desaparecido sin dar una explicación, las sonrisas idiotas cuando hablaban de buscarle pareja, la forma en la que eludía el hecho de no haber contestado sus llamadas un fin de semana. Hasta aquella vez que tardó diez minutos en abrirle la puerta y no dejó que entrara.

Su mente se había bloqueado durante unos segundos, sin saber a quién quería pegarle el puñetazo más fuerte, si al idiota que tenía delante o a su mejor amigo por no saber pedir ayuda cuando se estaba ahogando. ¿Ese era el problema? ¿No quería trabajar con Anderson porque se había acostado con él? Esa no era una razón para tirar un futuro por la borda, por muy incómodo que fuese.

Sin duda alguna tenía que arreglar aquel lío y había dejado instrucciones precisas al idiota engominado para que se quedase en su oficina la mañana siguiente. Iba a conseguir que Kurt fuese a hablar con él costara lo que costara y más le valía aprovechar bien la situación.

—Si le llamas vas a matarlo.— Frunció los labios mirando a su teléfono sin demasiada simpatía.

Se sentía como una bomba de relojería, con demasiada información en su interior y sabiendo que si soltaba las palabras incorrectas Kurt sabría que Anderson le había contado lo que tuvieron. No le convenía, bastante tenía como para terminar de cortar el último hilo de confianza que podía tener. Aquel que debía tocar con cuidado si quería que Kurt moviese el culo hacia aquel edificio la mañana siguiente.

Envió un mensaje de texto, rápido y conciso, esperando que el castaño no estuviese durmiendo y llegase a verlo. El tiempo iba a traer una gran tormenta y Santana solo podía esperar a que el viento soplara en su favor. Eso sí, en cuanto todo estuviese solucionado pensaba hacer confeti de Kurt.


Blaine estaba confundido. No sabía qué diablos había hecho aquella mujer para dejarlo tan desarmado, pero el nombre de Kurt entrando en la conversación terminó de matarlo. Ella le conocía, poco después descubriría que era la mujer que le colgó de mala manera una de las tantas veces que estaba intentando hablar con el joven. Sin duda alguna era tan poco agradable en persona como por teléfono.

Sus preguntas parecían clavarse como dagas en su espalda y en algún momento se había cansado de sus acusaciones gritando que no entendía nada. Lo había confesado, había roto la promesa que le había hecho a Kurt revelando su historia, admitiendo que lo que sentía por el diseñador era más fuerte de lo que nadie podía llegar a entender.

Ahora que se paraba a pensarlo sin duda había sido la peor idea del universo. No sabía que había pasado, simplemente tenía que decirlo, ella lo pedía a gritos. Odiaba que lo juzgarán como si nada, había obrado mal, pero eso no significaba que menospreciase a Kurt. Mucho menos entendía como ella podía hacer que Kurt quisiera aparecer por su oficina. Lo había intentado y por alguna razón se dio por vencido, tal vez comprender que era mejor dejarlo en paz. Lo que estaba claro es que se estaba muriendo por dentro.

Solo podía esperar que todo saliese bien.


¿Quién diablos estaba aporreando su puerta a las siete de la mañana? Kurt hundió la cabeza en las almohadas esperando que la persona que estaba al otro lado se cansara. No esperaba visita y por mucho esfuerzo que pusiera no tenía cinco minutos para hablar de ninguna religión. La insistencia hizo que acabase gruñendo, no podía creer que realmente estuviese sucediendo. Arrastró los pies fuera de la cama, queriendo matar a la persona que estaba al otro lado de la puerta y al hacerlo se encontró con una Santana más que cabreada.

—¿Qué se supone que haces aquí?— Pronto, era demasiado pronto, sobre todo para los horarios que ella solía tener.

—Hablar contigo.— Zanjó pasando por su lado para entrar en el apartamento y Kurt cerró la puerta detrás de ella.

—Genial ¿No podíamos haber hablado en un par de horas?— Porque de esa forma al menos podía haberse levantado sin ser un auténtico zombie.

—No.

Kurt observó a la morena que se había sentado en su sofá, en otro momento tal vez podría haberse dado cuenta de que todo estaba terriblemente mal, pero en aquel instante tenía sueño, así que su sentido del peligro aún se encontraba apagado. Frotó sus ojos con la manga de su pijama para sentarse al lado de la joven sin demasiado ánimo.

—¿Qué pasa?— Kurt suspiró, esperando que le contase que había encontrado nuevamente el amor de su vida.

—Tienes una cita con Blaine Anderson en hora y media.— Fue como si alguien activase las alarmas en su cuerpo, un gran código rojo que hizo que el sueño desapareciera de improvisto para mirar a la morena. Quiso replicar, pero antes de poder soltar palabra Santana continuo hablando.— Vamos, tendrás tiempo de quejarte, te avise ayer a la noche no es mi culpa que no vieses el mensaje. Ahora dúchate y vamos.

—¿Te has vuelto loca?— Estaba consiguiendo atar todas las neuronas posibles en ese momento.

—No, tan solo camina Kurt, porque después de esa charla de trabajo tendrás que enfrentarte al terror de mi enfado.— Que Santana hablase con tanta tranquilidad solo hacía que Kurt quisiera salir corriendo de allí.

—Fuiste a hablar con él.—Era un hecho tan obvio que Kurt se sorprendió a si mismo diciéndole en voz alta. Al mismo tiempo podía notar la sangre bombeando en sus oídos, casi como si terminase de atar cabos. —¿Qué te ha contado?— No obtuvo respuesta.— ¡Santana! ¿Qué diablos te ha contado?

¿Le había dicho que habían estado juntos? De ser así todo empezaría a ir cuesta abajo y sin frenos. No se sentía orgulloso de haberlo ocultado, pero no por ello estaba de acuerdo con que un tercero tuviese que contárselo a sus amigos. Mordió su labio inferior, Blaine no podía considerarse un tercero, aun así había dicho que no diría nada respecto a todo, pero… ¿Ella lo sabía? ¿Por qué temía tanto que se hubiese enterado? ¿Acaso era algo malo? Tal vez esconderlo había sido lo malo.

Respiró de forma irregular, dándose cuenta de que habían estado unos minutos en silencio, parecía que Santana estaba buscando las palabras exactas, matar a su mejor amigo no le llevaría a ningún sitio.

—Si me lo hubiese contado tú tampoco hubiese sido tan terrible.— Lo sabía, algo presiono en el estómago de Kurt y agradeció no haber desayunado o estaría a punto de desperdiciarlo.— Sin embargo ahora eso no importa, porque no voy a dejar que lo tires por la borda simplemente por no saber lidiar con tus sentimientos. Vas a asistir a esa reunión, vas a aceptar trabajar con ellos y después vas a escuchar mi discurso sobre ocultar cómo te sientes.— Y no había más vueltas que pudiese darle. —Ahora dúchate.

Se movió por inercia, sin saber muy bien que decir o que hacer. Podría haber replicado, podría haber hecho un mundo, pero en ese instante simplemente se había bloqueado, porque ella lo sabía, porque Blaine le había contado que habían estado juntos de una forma u otra.

El agua caliente cayó sobre su cuerpo, esperando que este le relajara, pero su mente estaba bloqueada, vería a Blaine, ese era el destino que debía cumplir. Había estado huyendo de todo para acabar en el mismo sitio y todavía no sabía cómo enfrentarlo. Quería correr, pero Santana taparía la salida sin darle opciones. Tenía que asistir a esa reunión y ver a Blaine cara a cara nuevamente.

No quería, no importaba cuantas veces realizase la ecuación, el resultado seguía siendo el mismo, tenía miedo. Prefería alejarse, prefería forjar su propio futuro, porque de estar allí volvería a caer en la trampa, pero simplemente no había salida alguna.

Al salir Santana se había preocupado de dejarle un conjunto sobre la cama, podía oler el café recién hecho, pero no estaba de humor para nada. Se vistió, por primera vez en mucho tiempo fiándose de lo que la morena había elegido. Apenas tomó un par de sorbos de su café antes de que ambos tuviesen que salir del lugar. La joven lo acompañó hasta la puerta del edificio.

—Te esperare y juro que como te escapes a la salida no tendrás mundo suficiente para correr.— Lo empujó dentro antes de desaparecer entre la multitud.

La última vez que había pasado por aquel lugar tenía unas ganas inusuales de que la tierra lo tragase, en ese momento simplemente sentía que no debería estar allí. Tomó una bocanada de aire antes de caminar, no podía creer que estuviese allí, ni siquiera como no había replicado ni una sola vez en todo el trayecto. Era como si Santana hubiese sabido que botones presionar con dos segundos de conversación.

El ascensor se abrió, Kurt sintió como si sus pies pesaran dos toneladas más de lo normal. Caminando hacia lo que se suponía que sería una liberación, pero en cambio el miedo crecía a cada paso. No quería hablar con Blaine, no quería enfrentarse a la realidad, simplemente quería seguir siendo el niño egoísta que prefería ignorarlo todo. Si se viese desde fuera se terminaría por dar un tortazo a sí mismo, estaba casi seguro.

Llegó a la puerta, intentado aparentar decisión, a pesar de que casi todo fuese una horrible sensación de ahogo.

—Respira.— Intentó relajarse antes de ir a tocar la puerta cuando se dio cuenta de que estaba entre abierta.

¿Había alguien dentro? No debería, sabía que lo mejor era llamar y esperar, aunque le dijese que esperase cinco minutos, lo que debería ser pecado teniendo en cuenta experiencias pasadas, pero la curiosidad parecía poder con él. Sobre todo cuando escuchó su nombre de una voz desconocida.

—¿Estás seguro de que va a venir?—Preguntó aquella voz, pareciendo preocupada.

—Ella me dijo que lo traería y no puedo hacer nada más aparte de confiar.— La suave voz de Blaine respondió con respeto.

—A eso me refiero, ¡Podría ser una lunática!—Refunfuñó el desconocido como si nada.— Creo que estás demasiado obsesionado, Blaine.

El silencio quedó suspendido en el aire entre los dos, y Kurt tendría que parecer un idiota quieto en la puerta, pero en ese instante no quería interrumpir la conversación, mucho menos cuando hablaban de él.

—Ella me dijo que lo traería y no tengo ninguna otra opción, no quiere hablar conmigo y no puedo permitir perder una inversión como él. — ¿Inversión? ¿Al final todo se resumía a qué era una inversión?

Tal vez se hubiese equivocado, pensando que Santana sabía que estaba enamorado, que le había contado que habían estado juntos de alguna forma. ¿Y si solo le había contado la bonita historia de qué no llego a la reunión? En ese momento se arrepentía no de haber preguntado, de simplemente dar todo por hecho porque todo pesaba como plomo en su alma.

—Es más que una inversión, no quieres admitirlo, pero nadie es estúpido aquí Blaine.— La voz parecía cansada.— ¿Crees qué nadie se fijaba en cómo lo mirabas? Le quieres y creo que eso nubla tu juicio. Sí, tiene talento, pero no es una gran pérdida, al menos no tan grande como lo estás dejando ver. — Algo se estaba rompiendo al escuchar esas palabras.— Creo que deberías ser consciente de que tal vez no atreviese esa puerta y tal vez sea lo mejor, te estás aferrando a una persona y descuidando lo demás.— Kurt dio un paso hacia atrás queriéndose alejar de aquella conversación.—Te gusta y le diste una oportunidad, no puedes estar ofreciendo oportunidades siempre, no cuando él te ha rechazado.

Y allí se encontró, sin querer escuchar el final de la conversación. Saliendo del lugar tan rápido como había entrado. Sintiéndose el mayor cobarde del universo, pero siendo consciente de que era real, de que todos sus temores eran reales, porque al final su talento había sido medido por lo bien que le miraba su jefe y quiso llorar.

Salió del edificio, olvidando a Santana, sin querer enfrentarse a ella, porque lo haría peor. No necesitaba un gran discurso sobre lo mal amigo que era, sobre lo mal que estaba ocultar información o no hablar de sentimientos. No, porque en aquel momento simplemente quería desaparecer, quería fingir no haber escuchado absolutamente nada y mucho menos admitir que durante un pequeño segundo pudo reconsiderar que era la mejor idea. Que Santana tenía razón y que su orgullo era una mierda.

Terminó en su estudio, encerrado en su despacho sin ganas de hablar con nadie. Con el teléfono vibrando sobre la mesa, pero sin intención de cogerlo. No puede decir el tiempo que tardó en calmarse, como su cabeza le reprimía por no haberse quedado a escuchar lo que Blaine respondería, pero el miedo, sin duda alguna el miedo era el peor enemigo de uno.

Limpio las lágrimas que querían escapar de sus ojos, sabiendo que lo que iba a hacer iba a sentenciar del todo aquel tema. Sabiendo que en cuanto Santana se enterase de lo que había hecho buscaría la peor forma de torturarlo.

Cogió su teléfono ignorando las llamadas de sus dos mejores amigos, no estaba seguro de si Elliott y Santana estaban juntos, pero no estaba de humor para hablar con ninguno. Tendría mucho tiempo para hacerlo, sobre todo cuando Santana estuviese buscando la peor forma de torturarlo y Elliott tuviese que mediar entre ellos. En ese instante Kurt estaba actuando por mero instinto y realizando la acción más lógica, antes de perder sus opciones, antes de darse cuenta de que no tendría donde aferrarse.

Marcó el número, llamando sin darse tiempo a reflexionar un par de segundos más, había tomado una decisión, tal vez no en las mejores condiciones, pero ya estaba hecho y por desgracia no tenía muchas ganas de echarse atrás. La voz respondió jovial al otro lado y Kurt tuvo que sonreír por primera vez en todo el día.

—Adam.—Saludó amablemente, queriendo marcar unos límites, porque sin duda alguna no iba a dejarse arrastrar de nuevo.—Si tienes un momento esta tarde quiero terminar de concretar un par de cosas.— Si, aquello era lo mejor que podía hacer ¿No?— Trabajaré con vosotros.

Porque uno toma malas decisiones, mas no siempre tienen que ser terribles.