Aquí está el tercer capítulo, el favorito para mi. Sólo queda uno más para el final, espero que os guste. Gracias por todos los favoritos y los follow, y a Lenika08 por los comentarios.

Capítulo 3

Desde su posición entre los brazos de Hotch, Alex podía ver su alianza de boda encima de la mesilla de noche. La había dejado allí la noche anterior, justo antes de que Hotch la tumbara en la cama e hicieran el amor dos veces. Se preguntó si James también se la quitaría cuando se acostara con su amante. Cerró los ojos y se sorprendió al no sentir remordimientos por lo que había hecho. Sabía desde hacía tiempo que su marido la engañaba, y que su matrimonio no funcionaba, y que irse a Boston para volver a ser la familia que siempre habían querido ser había funcionado durante muy poco tiempo. Su matrimonio había funcionado siempre porque no estaban juntos, porque habían conseguido que así fueran las cosas bien, y estar juntos todos los días, dormir cada noche en la misma cama, los había desgastado antes de lo que ninguno se hubiera imaginado.

Volvió a abrirlos, y allí seguía la alianza, un objeto inanimado que no se movería hasta que volviera a colocarlo sobre su dedo. Sintió la suave respiración de Hotch en su nuca, y sonrió. Recordó la noche anterior, las caricias, los besos, la dulzura con la que la trató Aaron. Parecía dónde saber tocar para hacerla perder el control, como si la conociera. Con James hacía mucho que la magia se había perdido.

Sintió ganas de ir al servicio, pero no quería despertarlo. Se movió despacio, pero aún así Hotch se despertó.

-¿Dónde vas? -preguntó adormilado.

-Al servicio, vuelvo enseguida -se puso el camisón que tenía debajo de la almohada y se levantó. Cinco minutos después, volvió a la cama, acurrucándose al lado de Hotch.- Todavía me queda una hora para tener que levantarme.

-Mmm, me alegro, todavía tengo sueño -Aaron le besó la nariz y cerró los ojos, atrayéndola hacía él. Alex se acurrucó en su pecho.

Una hora después, la alarma sonó, y ella la apagó antes de que Aaron se despertara. Aprovechó para observarlo un momento. Estaba tan guapo dormido, tranquilo, despeinado, que no pudo evitar recorrer su cara con las yemas de sus dedos. Aaron gimió y se movió, pero no se despertó. Alex recordó de nuevo la noche anterior. Había sido perfecta, él la había hecho sentir que todavía era una mujer a la que poder amar. Mirándolo, sintió una gran tristeza, podría acostumbrarse a eso. No es que en tres días se hubiera enamorado de Aaron, ni mucho menos, pero dentro de ella sentía que algo estaba cambiando.

-¿Te gusta lo que ves? -la voz somnolienta de Aaron la sacó de sus pensamientos.

-Por supuesto -se inclinó hacia él y lo besó brevemente en los labios.- Debemos levantarnos, tengo una hora para arreglarme e irme al trabajo -dijo levantándose de la cama.

-De acuerdo. Estás segura de que James no aparecerá ¿verdad? -ella asintió con la cabeza antes de meterse en el cuarto de baño.

Veinte minutos después, los dos tomaban café con tostadas en la cocina, como una pareja normal hace cada mañana, pensaron los dos para sí mismos, aunque ninguno lo dijo en voz alta. Sabían que eso se terminaba en el mismo momento en que saldrían por la puerta, y por las miradas que se echaban, ninguno quería eso. Estaban demasiado agusto uno con el otro para dejar escapar eso, ambos se habían dado cuenta, pero su vida, su día a día, no se lo permitía, y ellos lo sabían. Había sido una aventura de una noche y nada más.

Recogieron la cocina y Alex se terminó de preparar. Hotch la esperó pacientemente en el salón, esperando que nunca llegara el momento de despedirse.

-Supongo que esto se termina aquí -murmuró sin mirarlo a los ojos. Hotch le levantó la cara, obligándola a mirarlo.

-Eres maravillosa, Alex, no lo olvides nunca, y no me arrepiento de lo que ha pasado, no podría hacerlo.

-Yo tampoco -se puso de puntillas y lo besó en los labios.- Llámame de vez en cuando ¿vale? quiero saber cómo te va, a ti y al equipo.

-Lo haré -sonrió.-Pasaré a despedirme el Lunes, antes de irme, y podemos tomar un café con James, si quieres.

Alex sonrió y lo guió a la puerta, era hora de irse. Cada uno subió a su coche, cada uno con un rumbo diferente y cada uno con un nudo en el alma.

...

Ese día fue un infierno para Alex. Fue incapaz de concentrarse en nada. La semana siguiente empezaban las clases, y tenían que preparar el programa educativo. Su ayudante, Cindy, se dio cuenta de que estaba distraída, pero no hizo ningún comentario. James fue a verla a media mañana con un café para ambos, y se sentaron a charlar un rato. Él le contó lo que hizo la noche anterior con sus amigos, y Álex simplemente asintió. Sabía perfectamente que le estaba mintiendo, que a pesar de haberse duchado y cambiado de ropa, todavía podía sentir el olor dulzón de la otra. Eso la puso enferma, a pesar de que ella había hecho lo mismo la noche anterior. Se disculpó con su marido, diciéndole que tenía mucho trabajo, que se verían a la hora de comer si quería. Él se despidió con un beso, dejándola sola. Alex se sentó en su mesa y suspiró. No sabía cuanto tiempo más podría seguir fingiendo.

La tarde tampoco fue mejor. Tenía un par de reuniones con el resto de profesores del departamento para preparar las clases, pero estaba totalmente ida. Tenía alguna idea que aportar, pero estaba en otro mundo y no abrió la boca.

Declinó con amabilidad la oferta de Mary, su amiga, para cenar y charlar, pero le apetecía estar a solas. Tal vez algún día, sería capaz de contarle lo que había hecho esos días, pero no de momento.

...

Para Hotch el día tampoco fue fácil. Intentó hace lo mismo que los otros tres días anteriores, pasear por la ciudad, ser un turista más, pero ahora deseaba hacerlo acompañado de ella. No sabía muy bien lo que le pasaba, desde luego que a lo largo de su vida había tenido líos de una noche, pero nunca le había afectado tanto. Y empezaba a pensar que ya sabía la respuesta. A Alex la conocía. A ella la conocía y la apreciaba, y tal vez, poco a poco y sin quererlo, también empezaba a quererla.

Consiguió superar el día en una cafetería, bebiendo café sin parar, y viendo pasar a la gente. Cenó en el hotel, y subió a su habitación. Estaba sirviéndose su segunda copa cuando llamaron a la puerta.

-¿Alex? ¿Qué haces aquí? -preguntó sorprendido.

-Esto...yo...creo que no ha sido una buena idea que haya venido -intentó marcharse, pero Hotch la cogió de la muñeca y la metió en la habitación.

-¿Estás bien? -le acarició con cariño la mejilla.

-Yo...no he podido dejar de pensar en ti. Lo he intentado, es una locura, no puedo, no podemos, pero...-antes de que terminara la frase, Hotch la estaba besando.

...

Dos horas después, ella hacía dibujos con su dedo en el pecho desnudo de Hotch. Él acariciaba su espalda con suavidad, y el silencio reinaba en la habitación. Se habían dado cuenta que no necesitaban palabras, pero el tiempo volvía a agotárseles.

-Supongo que voy a tener que irme -susurró ella.

-¿Qué le has dicho a James?

-Que iba a cenar con una amiga, y que llegaría tarde, pero creo que ya es tarde -se inclinó hacía él y sonrió.

-Lo sé -Hotch la atrajo hacia él y la besó.

-Ahora sí se tiene que terminar Aaron, no podemos seguir así, no debería haber venido.

-¿No te ha gustado? -preguntó divertido.

-No me refiero a eso, y lo sabes -se dio la vuelta y empezó a vestirse. Él la imitó.

-Espero que no me odies, por favor.

-No podría Alex, no podría -la abrazó con fuerza y le besó la cabeza.

Antes de salir, Alex miró a Hotch a los ojos, y le partió el corazón verlo tan triste. Ella se sentía igual, quería quedarse con él, no quería volver a casa, al lado de su marido, el que le era infiel y le mentía cada día. Lo besó por última vez y abrió la puerta. Aaron la acompañó al pasillo y la vio alejarse. Sus pasos quedaban amortiguados por la moqueta, y cada paso que daba, era más lento que el anterior, hasta al fin, detenerse. Se dio la vuelta, y lo vio allí plantado. Con la respiración a acelerada, corrió hacia él. Se besaron apasionadamente, y entraron en la habitación, cerrando la puerta de un portazo.

...

Justo después del amanecer, Álex llegó a su casa. Vio a James mirar por la ventana de la cocina, y sabía que iría a su encuentro. En cuanto abrió la puerta, su marido la esperaba en el recibidor.

-¡Alex, cariño! ¿Dónde estabas? Estaba muy preocupado -James llevaba una taza de café recién hecho en la mano, y estaba recién duchado.

Ella lo miró un instante, y subió corriendo las escaleras, ignorando la llamada de su marido. Se encerró en el baño, intentando no derramar las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos. Vio la ropa de James tirada en el suelo, y la cogió. Allí estaba, como sucede en las películas, una mancha de carmín en el cuello de la camisa blanca, la prueba del delito. Abrió el grifo, se desnudó, y se metió bajo la ducha. Dejó que las lágrimas cayeran libremente, mientras el agua la empapaba. Lloró por la infidelidad de su marido, lloró por la aventura que había tenido con su ex jefe, lloró por ella misma, y lloró porque empezaba a sentir algo diferente dentro de ella.

Se deslizó por la bañera hasta quedar sentada, se abrazó las rodillas mientras el agua de la ducha y las lágrimas se confudían en su cara.

...

Ese día y el fin de semana fueron horribles. Lo superó como pudo, intentó concentrarse en el trabajo al máximo, aunque no siempre lo consiguió. Y en casa, le dijo a James que necesitaba tiempo y espacio, asi que dormiría en la habitación de invitados, él no preguntó nada. Se pasó encerrada casi todo el fin de semana en el cuarto, mientras oía a James trastear por el resto de la casa.

El Lunes, sobre las diez de la mañana, y sin esperarlo de nuevo, Aaron pasó a despedirse. Volvía a casa.

-Hey, ¿qué pasa? Estás pálida y ojerosa -la guió al sofá y la abrazó contra su pecho.

-Es que no sé cuanto tiempo más podré aguantar esto. He descubierto lo de James, no es que antes no lo supiera, pero ahora...Y después de lo que pasó entre nosotros, yo estoy hecha un lío y siento que estoy a punto de estallar.

-Alex, decidas lo que decidas yo te apoyaré ¿vale? Puedes contar conmigo para lo que quieras, los amigos estamos para eso -ambos sonrieron.

Después de que se fuera, se quedó un rato sentada, pensando. En un momento, miró el reloj, todavía tenía dos horas hasta que empezara su primera clase, así que cogió su chaqueta y cerró el despacho con llave.

Cruzó el campus a buen paso, y le costó quince minutos llegar a su destino. Llamó a la puerta y entró sin esperar respuesta. James miró sorprendido a su mujer cuando la vio cerrar la puerta.

-James, tenemos que hablar.

Continuará...