Elegí… y cometí un error imborrable.

Prólogo.

Hoy es la Ceremonia de Elección. Tal vez ya no sea la mía, pero mi padre dijo que tengo que ir a ver su discurso de apertura; piensa que si no voy lo dejaría en vergüenza y su imagen es muy importante para él, como siempre.

Hace dos años cometí un error, un error que no puedo corregir, un error que me costó mucha de la poca libertad que llegaba a tener. El error fue: dejar caer mi sangre en las rocas. Sé que no sirve de nada lamentarme, pero no puedo dejar de reprochármelo desde mis dieciséis años.

Últimamente, han salido notas que manchan a Abnegación; entre ellas una que habla sobre el maltrato de Marcus hacia mí, lo cual es cierto. Sin embargo, el hecho de que no me cambiara de facción hace creer a los otros que no es cierto; sin mencionar que el amigo de Marcus, Andrew, lo defiende hasta el final. Andrew Prior es muy buen amigo como para mi padre que es un mentecato.

Las pocas veces que he convivido con la familia Prior, me he dado cuenta de que es una familia unida, cariñosa y en la que se puede confiar. Es exactamente el tipo de familia que hubiera querido.

Cuando llego con mi padre a la ceremonia, veo a los jóvenes Prior sentados hasta en frente; lo cual indica que hoy elegirán facción.

Puedo recordar perfectamente la sensación de estar en frente con un cuchillo en la mano, a punto de hacer la elección más importante de tu vida. Es inolvidable.

Después de verlos, bajo la mirada y voy a sentarme en la segunda fila, por es el hijo del líder de nuestra facción tengo un lugar "privilegiado". Estoy justo atrás del hijo mayor de Andrew: Caleb.

La ceremonia da inicio y mi padre comienza a dar el típico discurso sobre el origen de las facciones, pero su voz suena como un eco distante en mi cabeza. No puedo dejar de ver lo nerviosa que está la hermana de Caleb, Beatrice; juega con sus manos hasta que Caleb se la toma, se está mordiendo la mejilla y podría apostar que de no ser por el moño con el que está peinada, estaría jugando con su cabello rubio ahora mismo.

-Prior Caleb- dice mi padre.

El chico suelta la mano de Beatrice y camina hacia los tazones, toma el cuchillo y entonces elige.

-Erudición

Andrew, su esposa y Beatrice se quedan atónitos con la elección de Caleb.

-Prior Beatrice-anuncian, antes de que pase la conmoción de los Prior.

Beatrice se levantó lentamente y se dirigió al centro del escenario, tomó el cuchillo, se cortó a sí misma y luego vaciló; su mano se encontraba entre dos tazones, uno con rocas y otro con carbón caliente. Su brazo temblaba hasta que dejo caer su sangre en un tazón.

-Osadía

Probablemente es ahí donde pertenece, ya que tuvo el valor de hacer lo que yo no, incluso teniendo una gran familia. Me siento un cobarde.

Al final del evento, los estirados nos quedamos a acomodar las sillas. Puedo ver lo dolidos que están los Prior, los únicos que quedan en Abnegación, especialmente Andrew. No puedo distinguir si son lágrimas de tristeza o de furia las que trata de contener. Tal vez ambas.

Cuando terminamos, Marcus se acerca a mí.

-Vámonos, Tobias- ordena.

-¿No le dirás nada?- pregunto refiriéndome a su supuesto amigo.

-Tobias, vámonos

Él caminó hacia la salida, pero yo me quedo parado. Sabía que Marcus era cruel, aunque pensé que sólo conmigo.

-¡No!- grité, y él se dio la vuelta -¡No nos iremos!

Mi padre apretó los puños y me mira con furia. De dos grandes zancadas llega hasta donde estoy y me toma el brazo con fuerza para luego arrastrarme hasta la casa. Aunque tenga la fuerza para zafarme, no puedo hacerlo porque cuando me toca me paralizo.

-¿Qué es lo que te sucede?- me pregunta furioso en cuanto cierra la puerta.

-Es solo que no me pareció correcto- titubeo y trago con fuerza -, Señor.

-¿Correcto? ¿Y tú quién eres para decidir si lo que hago es correcto o no?

-Es que Andrew fue quien más te ayudó cuando murió mamá…

-¡No te atrevas a mencionarla dentro de esta casa!- interrumpió- Solo tratas de hacerme quedar en ridículo- gruñó entre dientes-¿No te das cuenta que Erudición nos está atacando? ¡Por tu culpa las facciones perderán credibilidad en Abnegación! ¡En mí!

Cuando empieza a desabrochar la hebilla de su cinturón, el miedo empieza a penetrar mi pecho, y el valor que hace un momento poseía se ha esfumado.