Cap. 2

Beatrice toce mientras se sostiene de mí.

-Gracias- dice mientras sube la mirada para verme, creo que me reconoce.

-No hay tiempo,- digo –hay que encontrara tu madre.

-¿Mi madre?

-Sígueme.

Corro fuera de la habitación, y busco a Natalie. Está casi al final del pasillo. Beatrice corre para reencontrarse con su madre, y después de abrazarse comienzan a conversar, su tema de conversación llega hasta los Divergentes y lo que significa ser uno; logro escuchar a pesar de la distancia, pero mejor me pongo a vigilar. No quiero ser maleducado.

Todo está tranquilo, probablemente demasiado.

Trataré de descifrar el porqué de esta situación con la información que tengo. Erudición ha estado atacando con artículos a Abnegación, incluso a Andrew (acusándolo de lo mismo que a mi padre). De alguna forma Erudición se las ha ingeniado para tener a los Osados en la palma de su mano. Lo poco que he interactuado recientemente con ese ejército he notado que algunos actúan diferente, parece que están dormidos, inconscientes de lo que hacen. Hay una masacre en progreso en mi facción. Natalie está buscando algo, pero ¿qué busca? Hasta ahora me lo pregunto. He seguido hasta aquí a una mujer que ni siquiera me ha dicho por qué estamos aquí. Beatrice de alguna forma está aquí y no en Abnegación con los demás Osados, lo que significa que en ella no funcionó lo que Erudición tenía planeado así que decidieron deshacerse de ella. Beatrice también está muy interesada en el tema de los Divergentes. Según lo escaso que he logrado saber sobre los Divergentes es que es un tema muy peligroso.

Sin embargo, la información que tengo parece no relacionarse y no tener sentido. Tendré que recopilar más datos.

Aún nadie. Pero en cada pasillo noto que hay por lo menos 3 cámaras que aseguran visión total del espacio. Por toda la ciudad hay cámaras, pero sé que no es solo por seguridad como fueron pensadas, quieren tenernos en la mira para evitar que hagamos algo que no les guste. Lo he notado desde hace mucho, era un de las cosas a las que me enseñé durante mi infancia; me hice muy observador, especialmente de mi entorno.

Escucho pasos acercándose rápidamente.

-Creo que es momento de irnos- les digo.

-Por aquí- dice Natalie, y yo y su hija la seguimos.

Podría jurar que este el complejo de Erudición tiene algo de laberinto, yo ya me habría perdido pero tal parece que ella no.

Cuando soldados osados aparecen, les disparo y trato de cubrir a mis acompañantes. Algunos disparos llegan a ser esquivados, pero logro darles antes de que ellos a mí. Nos detenemos de repente.

-Escuchen- dice la señora Prior –Van a ir a las afueras de Abnegación…

-¿Vamos?- interrumpe su hija.

-Escuchen- insiste –encontrarán una pequeña construcción abandonada, irán al sótano y tocaran la puerta dos veces, luego tres y por último seis

-No me iré sin ti- le dice Beatrice, y se le rompe la voz un poco.

Natalie se acercó a su hija, la abrazó, besó su mejilla y le dijo: -Te amo, Beatrice.

Luego se dirigió hacia mí, me tocó el hombro y susurró en mi oído: -Cuídala, y corran a mi señal

Solo logré asentir.

-Sean valientes- dijo para después correr y distraer a los soldados.

Disparó a algunos que la siguieron, y gritó: -¡Ahora!

Tomé el brazo de Beatrice y corrí reconociendo el camino de regreso a las vías del tren que nos llevarían a Abnegación. Volteé a ver si no nos están siguiendo. No. Pero alguien se lanza contra mí y me tira al suelo con él encima. Mi arma quedó lejos de mi alcance, sin embargo Beatrice la toma aunque no apunta al sujeto sobre mí, sino hacia enfrente.

Mi pecho arde y mis pulmones luchan por obtener algo de aire. Trato de darle batalla al osado, pero soy débil.

No pienses eso, definitivamente no ayudará

Está tratando de inmovilizar mis brazos, así que los muevo rápido sin dejar de intentar golpearlo. Logro hacernos girar y tomar la ventaja, le doy golpes en el rostro hasta que queda inconsciente. Al ver la sangre en mis nudillos siento una gran culpa, o peor aún, me siento como Marcus.

No puedo pensar con claridad, todo me cae encima. Mi respiración se agita y mi corazón late a toda velocidad provocando un dolor en mi pecho. Sé que no es por la actividad física, es por miedo.

-¡Tobias!- me llaman y vuelvo a la realidad. Es Beatrice que viene hacia mí con una expresión de terror.

-Vamos al tren- me levanto y cuando estamos hombro con hombro tomo su brazo y nos dirigimos hacia el tren.

Dos. Tres. Seis.

Repaso la clave de toques, pero aún ni siquiera bajamos al sótano. Beatrice está muy alterada y decidió calmarse un poco antes de entrar.

-Mamá- dice entre sollozos –Will.

Está recargada en una pared dándome la espalda. Es injusto lo que le está pasando, teniendo 16 años vio perdió a su madre, casi la matan y está en medio de esta guerra.

Natalie Prior se sacrificó por los dos, por mí. Entiendo que lo haya hecho por su hija, pero ¿qué hay de mí? Ella es –fue- una de las personas más altruistas que he conocido, y solo le puedo agradecer su sacrificio haciendo lo que me pidió: cuidar a su hija.

-¿Qué hacías con mi madre?-me pregunta volteándose y secándose las lágrimas.

-Ella me encontró.

Hasta ahora puedo ver con detalle cómo ha cambiado la pequeña chica de Abnegación que conocí. Ha ganado músculo, seguro que por el entrenamiento que les dan, y tiene tatuajes: tres cuervos en su clavícula con dirección a su corazón. Sin mencionar la ropa negra.

-¿Estabas en Erudición?

-No, en las afueras de Abnegación.

Que no pregunte qué hacía ahí. Qué no pregunte qué hacía ahí.

Es entonces cuando veo un líquido rojo recorriendo la manga de su chaqueta. Me acerco a ella. Le han dado en el hombro.

-¡Tenemos que curarte eso, Beatrice!

Camino rumbo al sótano, pero ella me detiene tomando mi brazo.

-Espera- hace una pequeña pausa antes de continuar –Es la primera vez que veo a mi padre desde la Ceremonia de Elección y no quiero que me vea así

Asiento y las lágrimas surcan sus mejillas. Al verla así, no importan los tatuajes o la ropa negra, se ve indefensa, contrario a la verdadera Beatrice.

-Tobias- nuestras miradas se encuentran.

-¿Si?

-Voy a hacer algo a lo que no estás muy acostumbrado- dice –pero es algo que necesito, ¿está bien?

Asentí levemente, y ella me abrazó. Correspondo el abrazo lentamente y con cuidado de no tocar su herida.

Se siente bien tener s mejilla en mi pecho, sus brazos rodeándome, mi nariz en su cabello y mis brazos en su cintura. Hace tanto que no sentía un abrazo así, mi madre fue la última en darme un abrazo así. Por un momento creo que me siento bien.

-Gracias- susurra todavía contra mi pecho.