Cap. 3
Al separarnos, ambos volvemos a la realidad, a la dura, cruel y sucia realidad. Y cuando vuelvo a ver su rostro, otra vez veo a la chica fuerte, valiente y dispuesta a todo que es Beatrice.
Doy los toque tal y como lo indicó, la madre de la chica, y de inmediato se abre la puerta. Es Caleb.
Ambos se abrazan, pero Beatrice respinga y le advierte del hombro.
-¿Tobias?- también me reconoce.
-Sí, soy yo- sin pensarlo, respondo fastidiado; pero no es porque ya me han preguntado tres o cuatro veces lo mismo este mismo día, es porque hay algo en él que me dice que ya no es ese chico de Abnegación ejemplar que todos solíamos creer que era y por lo tanto ha dejado de ser confiable en lo que a mí respecta.
Entro en la pequeña habitación, pero un escalofrío recorre mi espalda cuando siento la mirada de Marcus sobre mí y lo veo acercarse. Me abraza como si de verdad le preocupara, como si de verdad fuera mi padre.
-¿Dónde estuviste?- susurró en mi oído, algo molesto
-Mientras estabas trabajando,- traté de no titubear, generalmente sabe cuándo le miento –fui por algo de comida para los abandonados, entonces Natalie me encontró. No hice nada malo.
-¿Y qué significa el arma que está en tu cintura?
Maldije en mi cabeza. Lo olvidé, y ese detalle me saldrá caro. Nos separamos al oír el quejido de Beatrice. Caleb estaba sacándole la bala del hombro. Aproveché para ir a ayudarlo a mantenerla quieta y alejarme de mi padre.
Tomé su mano y ella la estrujó con fuerza. Recuerdo a Natalie y le digo:
-Sé valiente.
-Hay que hacer algo- dice Beatrice una vez más consiente -, no podemos quedarnos aquí.
- ¿Pero qué podemos hacer? –pregunta el señor Black, padre de una de mis iniciadas.
Ella se queda pensando un momento, analizando la situación y con la mirada perdida.
-Hay que detener la simulación- respondió
-¿Y cómo sugieres que lo hagamos siendo tan pocos y sin conocer el plan de Erudición?- cuestionó mi padre.
-No hace falta que seamos un ejército para acabar con la simulación- dedujo la chica, aún con la mirada perdida.
Tiene razón, solo hay que encontrar desde dónde la controlan. No importa cuánto planees algo, el plan siempre tendrá un punto débil. Por pequeño que sea es una ventaja para nosotros si contamos con lo necesario.
-Hay que entrar a Osadía- dijo finalmente
-Eso es una fortaleza- objetó Marcus -¿cómo esperas que entremos? ¿y qué objetivo tiene que entremos?
-Desde ahí controlan todo, no tiene sentido que lo hicieran desde su sede, sería totalmente predecible. Lo más lógico es hacerlo desde donde están tus aliados.
Tiene razón, en Erudición no podrían proteger nada y es un área muy despejada y abierta. Osadía en cambio he escuchado que incluso está bajo tierra.
-Es cierto- intervengo -¿Conoces algún acceso que no vigilarían?
-Sí- aseguró
-Necesitarás ayuda- dijo su padre -, ¿de qué tipo necesitas?
-Que no le tengan miedo a usar un arma- puedo ir -, que se atengan al riesgo- puedo ir -, y que no le teman a las alturas- creo que puedo ir.
El tren no tardará en llegar, según Beatrice, así que esperamos a un lado de las vías.
Aún no puedo creer que Marcus se ofreciera a ir, hasta cierto punto creo que lo hace para tener un ojo sobre mí y que no escape.
Caleb y Andrew también vienen.
El resto de los abnegados, fue a Cordialidad a buscar refugio.
La bocina del tren suena y comenzamos a correr en cuanto está lo suficientemente cerca.
-Ya casi hemos llegado- dice la chica por encima del viento
Estamos a una gran altura, y dudo que llaguemos a la altura del suelo antes de bajar. Esto me pone nervioso, porque le temo a la altura.
Sean Valientes. Dice Natalie en mi cabeza.
Cuando es el momento, salto junto con Caleb y llego con éxito a la terraza del edificio. Marcus queda colgando de la orilla, así que entre Andrew y yo lo llevamos a tierra firme.
-¿Ahora por dónde?- pregunta Caleb
Beatrice subió a la cornisa opuesta y dijo:
-Por esto pedí que no le temieran a las alturas.- se volteó –No piensen, solo salten. Hay una red en el fondo.
Y saltó.
Todos nos quedamos con los ojos muy abiertos y corrimos para ver si había caído a salvo; pero la distancia es muy grande (siete pisos aproximadamente) y no se podía distinguir nada más allá del gran agujero oscuro.
Esto es aún peor que el salto anterior, pero no puedo quedarme aquí cuando hemos llegado tan lejos.
Subo a la cornisa, tratando de calcular de dónde saltó Beatrice. Con un nudo en la garganta y un mar de emociones. Doy el salto.
Mientras caigo, siento el fuerte y rápido palpitar de mi corazón, y cómo mi garganta se desgarra con un grito. Entonces golpeo contra algo. Es la red. Después de rebotar en ella, me aferro para poder estabilizarme y bajar de esta cosa. Cuando mis pies tocan tierra firme, tambaleo un poco y suelto un gran suspiro. Seco el sudor de mi frente con el dorso de mi mano.
-¿Estás bien, Tobias?- pregunta la chica –Te ves pálido.
-Estaré bien- logro decir.
Aún siento su mirada sobre mí, esa mirada que tiene cuando quiere descifrar algo.
-Le temes a las alturas- asegura – y aun así viniste y saltaste después de mí.
Me limito a asentir.
El siguiente en caer es Caleb.
Una vez todos abajo, me siento mucho mejor y mis ojos se acostumbran a la oscuridad.
El complejo está compuesto de pasadizos cavernosos iluminados por unas cuantas luces azuladas que hacen que mi piel brille. Beatrice parece sentirse en casa aquí abajo.
Continuamos nuestro camino con cautela y cuidado de los guardias y cámaras. Ella nos guía para no perdernos.
Llegamos a una pared y empezamos a escalarla. Vamos a un buen ritmo, aunque Marcus y Andrew se estén quedando un poco atrás. Es mucho más fácil escalar que saltar, pero siento esa punzada de miedo en el pecho cada impulso que doy para subir.
Seguimos hasta que en un susurró la chica indica que paremos, voy tras Caleb que me indica que avise al resto y lo hago. Ella avanza más y da vuelta, así que ya no podemos verla. Se oyen algunos golpes y luego una conversación.
-Contra la pared- ordena Beatrice- ¿Por qué estás con ellos?
-Porque me necesitan- responde una voz masculina –y soy más listo que tú
-Llévame a la sala de control
-No, no es como si fueras a dispararme
-Subestimas mi carácter- se oye un disparo y un quejido - ¡Habla!
-Lo haré si me llevas contigo
-¿Por qué haría algo así?
-Porque estás desesperada y yo no quiero seguir con ellos
Tras un rato, no muy largo, la chica se resignó y respondió:
-Está bien, Peter.
