Cap. 5
Despierto en una habitación, que no sé si es precisamente de hospital (no está toda de blanco).
El último recuerdo coherente que tengo es que salte dentro del tren y mi hombro me mataba del dolor; nos dirigíamos a Cordialidad Zeke, Tris, Caleb, Peter y Marcus. Desactivamos la simulación y ahora está en un disco duro que posee Beatrice.
Trato de enderezarme, pero cuando recargo mi brazo izquierdo mi hombro me duele tanto que no logro más que gruñir de dolor. Toco mi hombro con cuidado, está vendado y algo así como curado. Es ahí cuando también me doy cuenta de que tengo puesta otra ropa. Traigo puesta una playera roja con unos pantalones amarillos holgados. No me queda duda de que estamos en Cordialidad.
La puerta se abre y Beatrice entra. Lleva el cabello hasta la barbilla.
-Hola, Tobias- saluda y se sienta en la silla a lado de mi cama
-Hola- contesto, pero con voz un poco ronca -. ¿Cuánto tiempo llevo así?
-Pues después desmayarte, llegamos a Cordialidad, dieron asilo, te llevaron al médico, y esta mañana vine temprano para ver cómo estabas. Me dijeron que habían hecho lo que podían pero que sería mejor que te llevaran a Erudición para que te atiendan bien.
Asiento, aunque me duele todo, sin mencionar que estoy entumido.
-¿Tan mal estoy?
-Dijeron que la articulación de tu hombro había sufrido daños considerables porque fue justo donde te dio la bala. Tuvieron que atorarlo para que mientras tanto no sufriera más daños.
-Entonces, ¿no puedo mover mi hombro?
Ella negó con la cabeza.
Eso me inhabilita para hacer muchas cosas y lo hará por un rato, tal vez para siempre; porque no creo que los eruditos me reciban con los brazos abiertos en estos momentos.
No me atrevo a probar cuanta inmovilidad tengo en mi brazo, porque me dolerá demasiado y no soy así de masoquista.
-Tobias- dice y subo la mirada para verla -, gracias.
Por un momento me desconcierta, tardo un momento en darme cuenta de a lo que se refiere. La medicina me puede entorpecer.
-Me salvaste- dijo -, bien podría estar en esa cama o muerta en la sala de control.
-No hay nada qué agradecer, Beatrice.
-Sonaste muy estirado- sonrió y a mí también comenzaba a salirme una -. Por cierto, no me llames Beatrice, ahora es Tris.
-Está bien, Tris- respondo.
/ /
Cordialidad puso algunas condiciones para poder permanecer en su facción: tenemos que hacer algunas pequeñas tareas para ayudar a la comunidad, y sobre todo, mantener la paz.
Su forma de ponerse de acuerdo me pareció hermosa, todos dan su punto de vista y es tomado en cuenta para la decisión final. Empiezan conversando con la persona a su lado y se van uniendo en círculos hasta que el representante de cada círculo le va a formar otro con Johanna donde se da el veredicto final.
No fui a esa reunión porque estaba inconsciente, pero Tris me contó todo.
Justo ahora me dejarán salir para tener mi propio cuarto como todos los demás, pero me encuentro con algo inesperado en mi habitación, que hace que me tense en cuanto entro.
Marcus.
-Me alegra que estés mejor, Tobias- dice, acercándose.
Su sola presencia hace que empiece a entrar en pánico, pero su cercanía hace que quiera salir de Cordialidad.
-¿Cómo está tu hombro?- actúa como si le preocupara de verdad, pero sé que algo quiere y no está aquí por gusto.
-No lo puedo mover, pero estará bien- respondo.
No me hará nada, no aquí donde pueden descubrirlo.
Guardamos silencio un rato. Él no sabe cómo comenzar, yo no sé cómo terminar.
-Tengo que decirte algo, Tobias- habla finalmente.
Asiento, porque creo que si digo algo equívoco empeoraré esta situación tan tensa.
-Pero no se lo contarás a nadie- vuelvo a asentir, esta vez más lento -, es por tu seguridad que nadie se entere de que lo sabes.
Sus ojos, que son como los míos, me observan fríos y oscuros como siempre. Al verlos me doy cuenta de que no es como si un padre le dijera algo importante a su hijo porque quiere hacerlo por el bien de su hijo; si no, es un padre que le dice algo importante a su hijo para mantener viva esa información y no hay nadie más que pueda saberlo por lo peligroso que también es.
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Camino por los pasillos de Cordialidad.
'Pero no se lo contarás a nadie' la voz de Marcus resuena en mi cabeza. ', es por tu seguridad que nadie se entere de que lo sabes'
Entiendo por qué me lo advirtió. Lo que ahora sé puede cambiar muchas cosas en nuestra ciudad, es capaz de cambiarlo todo. Me hizo prometer que tampoco haría algo al respecto, porque aún no era tiempo. Quiero hacer algo, y sé que soy capaz de romper esa promesa, pero no tengo ningún plan y no quiero compartir esto con nadie porque lo pondría en peligro.
Comienzo a escuchar ruidos familiares, últimamente familiares excepto por aquí. Corro hacia donde se oye la pelea. Son Peter y Tris
Con mi brazo sano trato de alejar a Tris del chico. Me llevo algunos golpes por parte de ambos, quienes parecen muy enfocados en lo que hacen para darse cuenta de mi presencia.
Con ayuda de algunos cordiales que llegan a intervenir, logran inmovilizar a Peter y yo sostengo a Tris.
-Calma- le digo
Deja de moverse tan desesperada y violentamente, pero su rostro todavía tiene una expresión furiosa.
-Quería llevárselo- dice Tris -. Peter quiere la simulación.
Sacan al chico de la habitación antes de que pueda contestarle.
-¿Se llevó el disco duro?- pregunto.
-Señorita- dice un chico Cordial, sin permitir que me responda –Tiene que acompañarnos.
Ella pone los ojos en blanco y lo sigue.
Me quedo para acomodar el desorden y buscar ese disco duro. Lo encuentro bajo la cama y cuando lo veo también alcancé a ver un arma debajo del colchón. Se supone que en Cordialidad están prohibidas, pero conociendo a Tris, debe ser una precaución.
Pongo el disco duro en mi bolsillo Salgo de la habitación, tratando de no mostrarme sospechoso ni nada por el estilo.
Sé que no sirve de nada seguir conservando esto, si Jeanine Matthews llegara a recuperarlo, podría reiniciar todo; y no será tan tonta como para permitir que nos entrometamos y seguramente conseguirá que nadie sepa a lo que tanto le teme que salga a la luz. Conseguirá lo que quiere.
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Las facciones son un desastre. Menos de la mitad de Abnegación continúa viva. Osadía está dividida entre leales y traidores. Y para qué hablar de Erudición.
Y pensar que hace una semana estaba ayudando a los sin facción, con la única preocupación que tuve: volver a casa para ver a Marcus. Eso era todo. Mi rutina diaria era levantarme, asearme, desayunar, saludar a Marcus, salir a trabajar, hacer algo "incorrecto" que llagaría a oídos de Marcus, a veces tener un momento libre, llegar a casa, esperar que el castigo de Marcus no fuera tan malo, y dormir adolorido.
Así fue siempre hasta el ataque comenzó y ahora tengo que luchar por sobrevivir un día o hasta unas horas más. También vinieron más cosas de las que preocuparme: asegurarme de que Jeanine no logré su cometido, salvar a las personas que pueda, guardar un gran secreto que lo cambiará todo, y cuidar a Beatrice.
Mi prioridad es cumplir mi palabra, no fallarle a Natalie, no fallarme. Sin embargo, para eso tengo que mejorar en mi combate. Digo, si no puedo conmigo, ¿cómo voy a cuidar a otra persona? Necesito alguna clase de entrenamiento.
Voy a la sombra de uno de los árboles de manzano en los campos cordiales.
Mi hombro sigue doliendo, y esa es otra cosa con la que tendré que tendré que lidia: la limitación de movimiento de mi hombro.
-¡Tobias!- escucho a alguien gritar -¡Tobias!
Busco la procedencia de la voz que me llama. Tris corre alegremente hasta donde yo estoy. Pero está sonriendo de una manera extraña.
-¿Tris?
Cuando está cerca, tropieza y cae sobre mi pecho. Como no estoy preparado, caemos al suelo. Siento una punzada de dolor horrible, pero me contengo para no gritar.
-Te encontré- dice entre risas.
Algo no anda bien. Estoy seguro de eso.
-¿Estás bien, Tris?
-¿Por qué no habría de estarlo?
Con dificultad nos levantamos.
-Es que te ves…- ¿cómo decirlo? –diferente.
-Oye, Tobias, ¿te han dicho que tienes ojos bonitos?
Frunzo el ceño. Esto se pone cada vez más raro.
-Está bien- no creo soporta esto por más -. ¿Qué te hicieron?
-Nada, solo me pusieron de buen humor- empezó a acercarse peligrosamente a mí.
-Tris, ¿qué haces?
Colocó sus brazos en mi cuello y besó mi mejilla. Luego rio mientras seguía colgada de mi cuello.
-Hice que te sonrojaras- rio más.
¡Suficiente! Esta no es ella. –Averiguaré qué te hicieron.
Tomé su brazo y comenzamos a caminar, pero se tambaleaba tanto que a unos pasos coloqué sus brazos del lado de mi hombro sano y la cagué-
-¡Esto es tan divertido!- dijo.
-Vamos con Johanna.
