Cap. 6

Tris lleva unas cinco horas ahí dentro. Después de la pequeña discusión que tuve con Johanna, traje a la chica drogada a su habitación; y ahora como cada hora me asomaré por quinta vez y con algo de suerte ya habrá dejado de comportarse como una lunática.

La veo sentada de brazos cruzados en la orilla de la cama mientras frunce el ceño. Suspiro de alivio.

Vaya que tardo en irse el efecto –digo.

Entro en la habitación y cierro la puerta detrás de mí.

Dime que no me vi tan estúpida –cubre su cara avergonzada y al mismo tiempo frustrada.

Tranquila, solo espero que no se repita.

Volvió a cruzarse de brazos.

Todo es culpa de Peter –bufó.

Por un momento me la imagino como una niña haciendo berrinche porque no le dieron un dulce cuando lo quería y no puedo evitar reír ante mi pensamiento.

¿Qué es tan gracioso? –no parece contagiarse de mi humor.

Nada, es solo que nunca pensé verte así.

¡Qué horror! Debió ser horrible –me siento junto a ella- Es solo que Peter me saca de quicio.

Su expresión cambia y se para bruscamente, y creo saber porque lo hizo.

¿Dónde está?

Calma, Tris –dije antes de que volteara el cuarto entero- , yo lo tengo.

Saqué el disco duro de mi bolsillo y ella lo miró con alivio para luego volver a sentarse.

Gracias –suspiró- . Ya no soporto estar aquí.

Ni yo –torcí los labios- . Y con lo que pasó, no nos dejarán quedarnos mucho más.

Definitivamente la pelea entre Tris y Peter rompe el acuerdo al que se llegó, además, no creo que le haya dejado una muy buena impresión a Johanna con lo que le dije. Perfecto.

Lo sé –contestó- Quiero ver qué pasa con Verdad.

Por su manera de sentarse encorvada y la forma en la que juega con sus manos puedo deducir que está preocupada.

Probablemente es un refugio también –me enseñaron a no entrometerme en la vida de los demás personalmente, solo puedo ayudarlos sin saber mucho al respecto.

Quizá –hizo una pausa y siguió con la vista fija al muro de enfrente- . Si quieres, puedes venir con nosotros, pero no sé si a tu padre le agrade la idea de ir a Verdad.

Esta vez yo guardo silencio. No quiero saber nada de Marcus pero ella cree que quisiera su compañía en esta situación y está muy equivocada.

Realmente no me importa mucho a dónde vaya –contesto de forma indiferente.

¿Por qué? –me mira fijamente, como si acabara de decir algo insólito- Es tu padre.

Hay cosas que no sabes, Tris –desvío la mirada y busco algo con lo que cambiar el tema- Por cierto, ¿en serio crees que mis ojos son bonitos?

Cuando vuelvo a verla está roja como un tomate. Bingo, ya tengo una distracción y me aferraré a ella.

Yo también puedo hacerte sonrojar, Tris –dije de manera burlona.

Cállate, Tobias –ya no aguantaba la vergüenza.

¿Qué pasa? ¿Ya no estas de buen humor como para besar mi mejilla y colgarte de mi cuello? –digo entre risas.

Ni una palabra más –advirtió.

¿Quieres que te vuelva a cargar? Dijiste que es divertido.

¡Largo! –se levantó señalando la puerta.

Me reí y me puse de pie. Le di un beso en su mejilla roja por la furia y me dirigí a la puerta.

Nos vemos, Betrice.

/

Más tarde en la cafetería Cordial, Tris no ha venido para la cena. Fue divertido gastar un par de bromas con ella, debo admitir. He cambiado mucho desde el día del ataque, lo cual fue hace unos días. Antes no se me hubiera pasado por la cabeza disparar un arma, subir al tren, saltar de un edificio, pelear cuerpo a cuerpo, recibir un balazo, a Marcus confiándome un secreto, y mucho menos abrazar y besar en la mejilla a alguien que no es de mi familia.

Con que distraído, ¿eh, estirado? –Zeke me lanza un pequeño trozo de cereal.

Hola, Zeke.

Zeke es el chico que me disparó y al que le lancé un cuchillo para que no fuera detrás de Tris. Desde entonces hemos hablado un poco más. Cabe mencionar que verlo a veces me recuerda el daño que le puedo llegar a hacer a una persona y me hace creer que puedo llegar a ser como Marcus.

¿Sabes? No puedo seguirte llamando Tobias, es muy… anticuado. Tengo que encontrarte un apodo.

Lo que digas –pongo los ojos en blanco.

Quiero hacerle una pregunta, pero es muy inapropiada y más para un abnegado.

Zeke, ¿Tris y tú están en una relación? –al diablo la discreción.

¿Qué? –comienza a reírse- No.

Por algún motivo, eso me tranquiliza.

¿Te gusta Tris?

Casi me ahogo con el pedazo de pan que tenía en la boca.

No –respondo convencido- , ni siquiera la conozco mucho.

¿Cómo? –dice sorprendido- Los dos de Abnegación y no se llevan por mucho, ¿cómo es posible que no se conozcan mucho?

Era un tipo muy reservado y mi padre me ayudaba en eso –Oh, sí. Mi padre me creo el peor estatus social de la historia

Wow –siguió riendo- . Pero bueno, el caso es que no salimos, yo tengo novia y creo que ella…

El estrepitoso sonido de las puertas abriéndose de golpe lo interrumpe, y veo a Tris entrando con la respiración agitada.

¿Tris? –susurro, aunque sé que no me escucha.

Erudición –dice tratando de recuperar el aliento- viene para acá.

Todos los refugiados e incluso los cordiales comienzan a alterarse.

Sabemos que vienen por nosotros, y no me refiero a Abnegación, me refiero específicamente a Zeke, Tris y yo. Vienen por los que detuvimos el ataque.

¡Diablos! –maldice Zeke golpeando la mesa.

Hay que actuar, ya –después de decirlo nos levantamos y corrimos hacia Tris para planear algo.