LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO ;AAAAAAAAAAA;
Empecé recién y ya me atrasé un día, kill me please ;-; kahdfkadfadf disculpen, en serio, debo confesar que ayer se me fue y pasé a otro lado, y llegué muerta a la casa (? ;((((( y ahora me desperté hace poco y fue como - OH JODER. HOY ES SÁBADO (? *correr al pc*
Así que aquí estoy, pidiendo disculpas ;_; (latigueenme' no mas (? okya ) y subiendo otro cap uwu es más largo que el anterior y explica algunas cosas más! c:
Ya, no me atraso más y se los dejo ~
*Insulae es un tipo de 'casa' del imperio romano, parecido a unos departamentos, que eran varias habitaciones y espacios de ocio comunes. En una de ellas podían habitar varias familias juntas.
Will no estaba seguro de qué huía, pero tenía que correr para no explotar en pánico.
De un momento a otro, la cadena entre sus manos con la que guiaba al chico tras él se hizo mucho más pesada y el nudo en su garganta más grande.
Había hecho la locura más grande de su vida, estaba seguro de eso.
Es decir, tomar el dinero que se debía usar para comprar todo lo necesario para vivir durante por lo menos un mes – dioses, eran 800 monedas, había estado presente cuando su padre hizo las cuentas y se lo entregó a su madre - huir con él y usarlo absolutamente todo en comprar un esclavo que técnicamente era una boca más que alimentar para su familia sin pensarlo si quiera dos veces…
Su madre debía estar buscándolo frenéticamente en ese momento, tratando de darle explicación a lo que él había hecho y planeando un castigo que de seguro iba a recordar. Si eso era sólo por quitarle el dinero, no quería ni imaginar lo que iba a hacer cuando supiera lo del chico. Y luego le contaría a su padre y también a su hermano mayor...
'Oh dioses' comenzó a jadear inconscientemente 'Van a matarme, ¡van a matarme!'.
Torció por un callejón vacío y se detuvo aproximadamente en el medio de éste, respirando agitadamente.
Realmente no había planeado hacer nada de eso, pero de alguna manera… no podía arrepentirse.
No había pasado ni 20 minutos en el mercado cuando vió la venta de esclavos que se efectuaba en un rincón y se llenó de amargura. Su madre simplemente siguió su camino, pero él no podía dejar de lanzar miradas llenas de enojo hacia el grupo de personas participando de la venta.
Siempre había rechazado ese tipo de cosas, pues para él no podía ser normal de ninguna manera tratar a un ser humano como un objeto o incluso algo peor que eso, aunque la sociedad entera lo creyera así. Muchas veces le habían llamado loco o estúpido cuando expresaba su visión del tema, pero nada podía hacerlo cambiar de parecer. Además… sabía muy bien lo que aquellos que los compraba buscaba en ellos: los trabajos forzados siempre pasaban a un servicio de segundo plano.
Lo sabía desde siempre, y eso no había hecho más que acrecentar su odio al trato que le daban a los esclavos. Pero nunca había hecho nada más que tragar su frustración y tratar de no pensar en ello, porque después de todo no era más que un chiquillo - y ni siquiera uno con mucho dinero – por lo que no era nadie para hacer algo al respecto. Eso siempre se lo habían remarcado.
Pero ahora había sido distinto.
Ver a ese chico allí arriba, expuesto como un animal de feria frente a todas las personas reunidas gritando precios a su alrededor había despertado en él un coraje mucho más grande que ya casi estaba acostumbrado a sentir, y ver su expresión desbordando melancolía y desesperanza…
Se irguió nuevamente, con la respiración algo más acompasada, y se volvió hacia el muchacho a sus espaldas, quien lo miraba ahora con una expresión levemente confundida, acercándose a él.
Había algo en sus ojos, en su rostro y en todo su ser que le había llevado a seguir sin pensar el impulso que se encendió en su pecho y que creció furiosamente como fuego en el pasto seco.
Sacó rápidamente la roída llave que le habían entregado al momento de pagar, y abrió las esposas que apretaban sus delgadas muñecas. Al hacerlo, vio que las mismas estaban completamente heridas, a causa del roce del metal contra su piel quién sabe por cuanto tiempo y con cuanta fuerza.
Suspiró con pesar.
Al momento de verlo sólo había entendido que no podía dejarlo. No a él.
Sabía que sonaba como una tontería – incluso él lo pensaba ahora, con más calma – y ni siquiera podía explicarlo bien, pero al verlo supo que tenía que hacer lo que fuera necesario para sacar a ese chico de ahí y ponerlo a salvo.
Y lo había hecho, porque aunque no sabía nada de aquél chico, sólo sentía que tenía que cambiar las cosas con él y…
Trató de tomar levemente entre sus manos una de las de él para examinar con detenimiento el daño hecho, pero en cuando lo tocó… por los dioses, podría haber sido sólo él pero juraría que sintió una descarga eléctrica justamente donde sus pieles tuvieron contacto. Levantó rápidamente la mirada hacia los oscuros ojos del chico – casi cubiertos por unos mechones de cabello negro cayendo sobre ellos – y por un segundo le vio muy un momento Will se cuestionó si también había sentido la descarga, pero desechó la idea de inmediato. ¿Qué estuviste comiendo ayer, Will?
-¿Q-Qué estás haciendo? – masculló el moreno, retirando su mano inmediatamente de entre las del otro chico y frunciendo el ceño.
-Uh, lo siento – se disculpó, aunque no tenía muy claro por qué, y trató de volver a concentrarse en la situación – pero tus muñecas… están heridas y creo que puedo curarlas en m-
- ¿Estás preocupado por esto?– le interrumpió de pronto el chico, levantando sus manos hacia él, y luego dejándolas caer de golpe – ¿Ahora resulta que me compraste para curarme? Tú realmente… - soltó un suspiro con fastidio sacudiendo la cabeza, sin quitarle la aguda mirada de encima - ¿Quién eres y qué quieres de mí?
La mente del rubio pareció quedar a oscuras por unos momentos.
-Yo… - comenzó a decir, tratando de ensamblar alguna frase coherente – De ti… nada en especial, es decir sí, pero… oh dioses, como decirlo, no algo como… - se removió inquieto en el lugar, revolviendo su cabello con una mano. Realmente no sabía qué decir. ¿Qué quería él? Ni siquiera se lo había cuestionado hasta el momento. No podía simplemente soltar todas sus ideas y emociones del momento ¿Qué clase de respuesta sería decir que sólo quería alejarlo de todos aquellos que pudieran hacerle daño? ¿Qué sintió un implacable deseo de asegurarse de ponerlo a salvo y que de pronto sólo necesitaba que estuviera a su lado?
Le dio mirada de reojo. Su expresión se había suavizado levemente, y un par de mechones más de su desordenado cabello negro se desplazaron hasta su frente. El chico tenía un aspecto muy frágil y enfermizo – delgadísimo, con una miserable ropa casi roída por completo y con la piel mortalmente pálida – pero sus oscuros ojos cafés tenían un brillo que, por el contrario, le daba un aura ciertamente tenebrosa. Aunque eso estaba lejos de provocar rechazo o miedo en Will. Por el contrario, le daba cierta agitación ansiosa.
Espera. ¿Qué?
Apartó con nerviosismo la mirada del chico que aún esperaba respuesta, hacia un punto indefinido fuera del callejón, específicamente en el flujo de las personas en el mercado.
Dioses, ni siquiera sabía su nombre, ¿Cómo podría si quiera tener sentido todo lo que pensaba?
Suspiró largamente. 'Claro que no lo tiene'
- Pero es la verdad…
- ¿Qué cosa? – la voz del chico le hizo dar un salto.
-¿Ah? No, nada, olvida eso – habló rápidamente, volviendo a fijar la mirada en las personas que pasaban por fuera del callejón.
Y vio algo que le hizo abrir los ojos como platos.
- Ay, no. Tienes que venir conmigo – De un segundo a otro, había vuelto a ser presa del pánico, y sin esperar respuesta, aferró una de las manos del escuálido chico y emprendió una nueva carrera que no planeaba detener hasta llegar a la Insulae donde residía.
- ¿Eh? pero no has respondido mi pregun-
- Will, me llamo Will – replicó sin detenerse – y por favor dime el tuyo cuando lleguemos, porque ya no hay tiempo para presentaciones.
Sostuvo férreamente la mano del chico mientras atravesaba a toda velocidad las calles y esquivaba a las personas que se atravesaban en su camino, mirando sobre su hombro de vez en cuando para asegurarse de que el chico estaba bien y tomando aire a grandes bocanadas.
Ver fugazmente a su madre le había traído de vuelta a la realidad y le había recordado lo complicada que estaba la situación de un solo golpe. Tenía que ganar tiempo y tratar de planear algo para no salir mal del lío en el que se había metido… o al menos, no tan mal.
Llegaron por fin a su hogar luego de unos 5 minutos, y se dejaron caer al lado de la entrada, apoyando la espalda en el muro y jadeando.
Will echó un vistazo, y se aseguró de lo que venía rogando que pasara desde que empezaron a correr: había uno que otro anciano y niño jugando en la terraza, pero nadie de su familia se encontraba allí.
-Bien, debemos ir a… las habitaciones del tercer… piso – consiguió decirle al chico moreno entre jadeos, y sin soltar su mano e ignorando la leve resistencia que le puso, le condujo a través de la residencia – algunos curiosos miraron, pero no dijeron palabra – y con paso rápido subieron las escaleras.
Pasaron frente a unas 4 habitaciones pequeñas, y finalmente ingresaron a una con un par de lechos acolchados y desgastados.
-Aquí es – anunció Will con enorme alivio en su voz, mientras se desmoronaba sobre una de ellas y dejaba ir por fin la mano del esclavo, quien puso las manos en sus rodillas y comenzó a acompasar su respiración– por fin… llegamos.
Pasaron unos instantes así, en los que no se escuchaba más que sus agitadas respiraciones, y en los que Will procuraba ordenar todas sus ideas.
En cualquier momento llegaría su madre furiosa. O quizás iría a ver a su padre para luego llegar juntos y enfrentarlo. O incluso iría donde su padre y luego donde su hermano, y traería a una turba furiosa a la villa para darle un épico castigo imperial. De cualquier manera, debería preparar un hermoso discurso y una excelente explicación para sus actos – que ni él terminaba de entender – y aún así prepararse para algo grande por hacer que la familia entera pasara un mes sobreviviendo a duras penas día a día.
Torció el gesto en una mueca de resignación mientras respiraba profundamente.
Tenía claro que se merecía un buen castigo por eso e iba a hacerse responsable por sus actos. Pero también tenía claro que pasara lo que pasara... defendería la permanencia del chico en su familia, cualquiera fuera el precio.
Él se haría cargo de todo y cedería en todas las demás peticiones de su familia, pero no podría aceptar de ninguna manera que intentaran arrebatarle a la primera persona que le trastornaba de esa manera y por la que era capaz de tamaña locura sin si quiera conocer su nombre.
-Nico.
El susurro le sobresaltó, sacándole bruscamente de sus reflexiones.
-¿Cómo dices? – preguntó en el mismo tono, elevando un poco el cuerpo y apoyándose en sus codos.
- Mi nombre – respondió irguiéndose levemente el chico frente a él, mirándole fijamente – es Nico.
El nombre pareció reverberar en su cráneo.
-Ya veo, Nico… - balbució, sentándose por completo en el lecho. Sintió un impulso de sonreír sin razón, pero se contuvo - ¿Qué te está pasando, Will? – y extendió el brazo levemente, con la palma hacia abajo en un saludo formal – es un gusto.
Al contrario de lo que de alguna manera esperaba – algo como una sonrisa y un saludo romano de vuelta – el rostro moreno adoptó una extraña expresión que mostraba entre impacto, confusión e incluso un poco de enojo.
-Definitivamente no eres como… los demás. Tú no sabes tratar con esclavos.
Will dudó un poco antes de responder, puesto que las palabras del chico lo descolocaron. Luego, con su coraje renovado, se levantó y le enfrentó.
-No. Yo no trato con esclavos –dijo mirándolo fijamente a los ojos e ignorando el cosquilleo leve que comenzó a sentir en el estómago, concentrándose el lo que iba a hacer a continuación – Yo trato con personas, como lo son todos los seres humanos.
Nico retrocedió un poco, visiblemente confundido.
-¿Q-Qué?
- No pretendo tratarte como basura, Nico, porque así te han tratado, ¿no?– Will volvió al lecho, pero esta vez para buscar algo debajo de él: una pequeña cajuela de madera. La abrió y sacó de ella una pequeña botella, un par de vendas, un recipiente lleno de ungüento y otro vacío– No voy a hacer nada de eso, y si aún te preguntas para qué te saqué de ese lugar… - se levantó, puso las cosas encima del lecho y se sentó, preparando todo – fue para evitar que alguien más lo siguiera haciendo. Ahora – dio un par de golpecitos en el lecho, a su lado – Aquí. Voy a curarte.
Nico miró el lecho, miró las cosas, y miró a Will. Casi se podía leer en su rostro el 'Qué-tártaros-está-pasando'.
-¿Por qué debería d-¡WAH!
No alcanzó a terminar la frase cuando ya se encontraba sentado en el lugar indicado. Will le había tomado el brazo lo había tirado de improvisto, y ahora se disponía a destapar la botella. El más delgado hizo el ademán de volver a ponerse de pie, pero fue detenido inmediatamente por una mano que se cerró sobre su antebrazo.
-Si me veo obligado a dar órdenes por tu bienestar, lo haré: quédate quieto mientras hago esto. Tengo que desinfectar la herida así que probablemente sientas cierta… molestia.
Nico le miró con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido por unos momentos, pero no opuso resistencia.
-Realmente eres el tipo más raro que-¡DIOSES! – trató de retirar la mano en un reflejo por el dolor, pero el rubio la sostenía fuertemente - ¡ESTÁS LOCO!
Había puesto el recipiente vacío en el espacio entre ellos, y luego había vertido el líquido sobre la muñeca del chico – que mantenía suspendida sobre el pequeño tiesto – de modo que al mojar la herida y desinfectarla cayera luego dentro de éste.
-Si, no eres el primero que me dice eso. Y te lo advertí – sermoneó Will suavemente – ahora la otra. Será rápido, lo prometo.
- ¿Por qué haces todo esto? – cuestionó Nico, con el rostro crispado por el dolor - ¿Y para qué?
- Porque quiero hacerlo y es para que estés bien. Si quieres verlo del otro modo… – tomó su otro brazo y se dispuso a repetir la acción, aunque se encontró con la resistencia de Nico. Le miró a los ojos – quiero que mi 'esclavo' esté sano y feliz para vivir aquí – hizo una mueca de disgusto – Mh. Realmente no me gusta el término. Pero eso debería ser suficiente explicación y de hecho… no tengo más. También puedes escoger si creerme o no, aunque creo que no te he dado razones para que creas que miento. Ahora, por favor, déjame curarte.
Will sonrió con suficiencia. Como adoraba la templanza que tenía al momento de tratar con los asuntos si al mismo tiempo estaba haciendo algo con medicina. Era algo que le permitía poner todo en su sitio, calmarse y al mismo tiempo, hacer aquello que amaba: ayudar personas.
Nico, por su parte, parecía todavía tener unas leves intenciones de resistencia, pero luego de unos momentos mirándole directamente a los ojos – Will pudo sentir nuevamente la emoción, pero la ignoró casi sin esfuerzo – pareció comprender que no servía de mucho seguir negándose a algo que 'aparentemente' era para su bien y además, que Will quería hacer. Si algo había descubierto en el corto tiempo que lo conocía – aparte de sus convicciones que diferían totalmente de las del promedio – era su enorme terquedad.
-Tch – soltó apartando la mirada y extendiendo el brazo, rindiéndose – haz lo que quieras. Sólo… termina rápido y déjame en paz.
El rubio asintió, victorioso.
-Perfecto, tenemos un trato – posicionó la mano de Nico y se dispuso a derramar en ella el desinfectante, sin que el chico mirara aún – después de examinar todas tus heridas. Claro.
-¿Q-¡AAHH! PODRÍAS DECIR ALGO ANTES DE HACER ESO? – gruñó el chico de cabello negro – ¿Y qué es eso de examinar todas mis heridas?
- Pues eso mismo, si voy a hacer el trabajo, lo debo hacer completo – replicó Will, dejando a un lado la botella tapada nuevamente y cogiendo el recipiente de ungüento – ahora esto debería aliviar un poco el dolor, luego te pondré las vendas y estará hecho.
Nico gruñó por lo bajo y observó como el chico le untaba muy delicadamente la zona desinfectada. Creyó que dolería tanto como el líquido, pero fue todo lo contrario, por lo que al poco tiempo se relajó y siguió con la mirada las acciones de las hábiles manos de Will. En poco tiempo cubrió ambas muñecas, y comenzó a vendarlas con rapidez.
-Bien, terminado – miró su trabajo por última vez y sonrió con satisfacción – ¿te sientes mejor ahora?
- Sigo pensando que esto no era necesario.
Will solo le miró fijamente sin dejar de sonreír durante un incómodo silencio.
-… Está bien, oh gran médico – bufó con fastidio y sarcasmo Nico, levantándose del lecho – me siento mejor.
- Aprendiz, de hecho – Replicó Will ignorando el sarcasmo olímpicamente, levantándose y guardando la caja de donde la había sacado –pero me alegro de qu-
- Will, creo que tu madre acaba de entrar y te está buscando hecha una furia – una chica pelirroja de alborotados rizos y el rostro con pecas se asomó por la entrada a la habitación – y creo que… oh.
Al ver a Nico en la habitación se quedó mirándole fijamente y en silencio, mientras que Will sentía que le acababan de lanzar por un precipicio.
Ya era hora. Y definitivamente aún no estaba listo para eso. Aunque bueno… la verdad nunca lo estaría.
-¿Está aquí… ya?
- Uhm, sí – afirmó ella, apartando la mirada de un Nico que comenzaba a sentirse incómodo – te busca para ir al trabajo de tu padre. Si fuera tú no la haría esperar…
- Oh dioses. Eh – Will caminó de un lado a otro, perdiendo toda la calma que había mostrado hace unos minutos. Su mente le estaba dando a una velocidad vertiginosa panoramas del futuro nada agradables – Esto es malo… Eh, Gracias, Rachel - le dijo a la chica antes de morderse nerviosamente el labio al mismo tiempo que Nico se movió levemente hacia un rincón.
- Suerte con eso – replicó la pelirroja, retirándose de la habitación de inmediato.
- Si, claro… eh, Nico – Will se volvió hacia el moreno de improviso, y éste lo miró de reojo – necesito que te quedes aquí hasta que yo vuelva. Por favor. – suplicó, sin dejar de moverse.
-¿Qué? ¿Por qué debería hacerlo? – desafió el esclavo, cruzándose de brazos - ¿Mi amo no quiere que me vean?
- Deja esa tontería – masculló Will rápidamente – nadie sabe que estás aquí y no deben saberlo hasta que… las cosas se calmen – desvió la mirada al decir la última parte – así que por favor te pido que lo hagas.
-¿Nadie sabe que gastaste todo ese dinero por tu cuenta? – preguntó incrédulo Nico, dejando por un momento de estar a la defensiva - ¿Qué tártaros-
- ¡Ya lo sé! ¡Fue una locura! Por eso debo… - Will comenzó a caminar hacia la puerta visiblemente afectado -debo irme ahora a explicar las cosas y todo eso… ahora, haz lo que te digo por… por… ¡razones médicas! – soltó antes de salir disparado hacia el pasillo, dejando a un Nico con las preguntas atascadas en la garganta y aún sin entender la situación del todo.
'¿Razones médicas?' se preguntó el nerviosísimo chico internamente luego de salir. No sabía muy bien lo que había querido decir con eso, pero le pareció algo bueno para cerrar la conversación.
Will inspiró profundamente antes de apretar el paso hacia el encuentro de su madre, en un intento por calmarse – que por su puesto, fue un enorme fracaso – y tratando de tomar un coraje prácticamente inexistente ahora de la fuerza de sus convicciones y reflexiones previas, fue a paso firme y rápido a enfrentar las consecuencias de sus actos.
Ahora le tocó hablar a Will ;u;! xdd
La próxima actualización si que va a ser el próximo sábado 21 ;_; i swear.
Y... oh, muchísimas gracias por leer! *A*
Los reviews, los follows y favoritos me dejaron muy happy como 3 días seguidos - andaba on fire kdfjda - , los amé u3u!
Como que francamente no esperaba todo eso y me emocioné mucho cuando llegaron *u* Así que muchas muuchas gracias a todas las lindas personitas que se pasan por aquí y mucho amor para ustedes *-*
Nos vemos! :*
