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Esta es mi segunda historia de SnK... Me alegra que no sea un One-shot.
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Lunes 28 de Abril, 1851
Todo lo que se escuchaba en la calle, en el periódico, en las reuniones distinguidas y cafeterías donde hasta los baristas sabían del tema, era sobre la Gran Exposición, si les gustaba o no la obra de Paxton, sobre la Reina y los nuevos inventos, de todo lo exótico que podría verse ahí. Extranjeros por todos lados en las calles.
Entre mis camaradas el más emocionados era Armin. Del gremio contrario al nuestro Jean Kirstein nos veía como niños, y nuestro respetable Thomas Wagner hacía de tregua entre los dos bandos por si nos considerábamos mejores los unos de los otros. Lo que más le incomodaba a Jean era que con su cara de caballo no había podido conseguir la amistad y favores de Lady Mikasa que pese a su fría personalidad era notable su preferencia conmigo que con cualquier otro, lo cual —aunque solo se lo había contado a mi amigo de la infancia Armin Arlert, se debía en su gran mayoría a que la joven la había salvado de un asaltante cuando la confundió con una vulgar cortesana. Mikasa, para tener sangre oriental, era una artista, de esas de eventos privados mostrando culturas lejanas, y mientras todos estaban casados con la porcelana china, Mikasa vestía kimonos japoneses. Según ella su familia había emigrado a Corea y de ahí abandonaron Asia hasta llegar a Londres donde logró encontrar una forma de vida gracias a su belleza.
Si he de ser sincero Mikasa no era para mí una mujer sino una estatuilla de vitral, una figura coleccionable, por eso la trataba con afecto, una amiga valiosa, más no como a ella le gustaría que la viera. No podría verla cual amante. Lo que es cierto es que para ser solo un burgués hijo de un reconocido doctor, el Conde de Reiss me tiene en la mira para comprometerme con su ahijada Historia Reiss, que pese a ser bella, a mis ojos ella no es más que una niña.
Mi padre, el respetadísimo Doctor Grisha Jaeger, prometió regresar a Londres antes de que terminara Abril para participar con sus contemporáneos a la apertura del evento al lado de mi generación. Su mensaje llegó a tiempo con un noticia interesante acerca de uno de los amigos de mi padre que tenía planes en grande con el telégrafo y estaba por ir a hablar con la Reina. La idea me pareció emocionante. En su nota incluía que uno de esos amigos suyos vendría a hospedarse en nuestra casa y que mi madre y yo deberíamos tratar como familia a nuestros distinguidos invitados. Ciertamente no me lo tomé muy a pecho al escuchar que se trataba de Lord Leonhardt, pues su hija, la "dulce" señorita Annie Leonhardt, había sido sugerida por mi madre cómo posible esposa para mí. Y la verdad ninguno de los dos nos creíamos aquello cómo algo posible. Si bien yo admiraba a Annie y ella podría considerarme su amigo nuestra amistad no podría convertirse en amor. De niños ella siempre había sido la clase de chica que no se detiene en soltar un golpe.
Una vez abandoné a Armin Arlert en el carruaje que tomamos porque él iba más lejos descendí a unas calles de mi casa dispuesto a caminar, estirar las piernas y hacer algo de ejercicio antes de acompañar a mi madre con un té. Ella me recibió en la entrada con el mayordomo informándome del arribo de los Leonhardt y un par de jóvenes extra cercanos a mi edad con los que debía entablar comunicación.
Saludé a Annie con cortesía besando su mano, los chicos que decían ser amigos de Lord Leonhardt no me miraron bien por mi gesto. A Annie le vino dando lo mismo, se ocupaba con su abanico dándole mensajes encriptados a su dama .
—Mi querido Eren Jaeger, mi amigo, al que veo cómo a un hijo—, empezó a decirme Lord Leonhardt en la sala de juegos mientras nos tomábamos nuestro turno para una partida de cartas. Annie estaba ocupada a la ventana con un libro y mis otros invitados disfrutaban de la mesa nueva de billar —Grisha me dijo que llegaría pronto a Londres para acompañarnos, esta es una bella ciudad, nada como la campiña porque no hay tanto movimiento como aquí. Pero déjame decirte Eren que esperamos vuestra visita en Berlin para las fiestas, la temporada social en la patria también es importante —repetía.
Dejé mi partida pasar pese a que mis cartas fueron mejores que mi invitado, no quería mostrarme impropio pero el carácter de Lord Leonhardt siempre había sido irascible así que prefería no provocarlo con mi Flor Imperial.
A la que no fui capaz de engañar fue a Annie que me dijo idiota por no ganarle a su padre. Tampoco pasó por alto el gusto de este por los celos que provocaba en sus acompañantes Reiner Braun y Bertholdt Fubar ya que según sus presentaciones el que tenía mas rango de los tres era yo. Mi madre no paraba de halagos con Leonhardt y él de hablar bien de mí. La posible alianza en nuestro compromiso parecía gustarle. Mi madre era inglesa, yo era inglés, Lord Bertholdt parecía tener un gusto predilecto por la Inglaterra Victoriana.
Nuestro día pasó sin mucha convivencia real. La verdadera plática sustancial que pude tener fue con Annie en el salón después de la cena previo a retirarnos cada quién a nuestras habitaciones.
—Eren, ¿has visto a Armin últimamente?
—Esta tarde —respondí —En la Cafetería del Titán, la de los Atlantes en la entrada en la Calle Piccadilly
Detrás de su abanico la boca, vi sus ojos sumidos en pensamientos profundos, sus manos enguantas de encaje y listones.
—Eren—, susurró mi nombre mirando por la ventana hacia la calle. Las pinturas se le hacían aburridas, no habíamos adquirido nada nuevo en el último año. Al menos no en ese cuarto —¿Crees en el cielo y en el infierno? —me preguntó asustándome un poco por lo improvisada de su pregunta. No la esperaba.
—Si me considerara devoto he faltado demasiado a la iglesia
Annie no dijo nada sino siguió viendo por la ventana.
—Para ser agnóstico compartía tu pensamiento hasta hace unos meses
—Jamás he dicho que no crea en Dios
—Pero no has tocado la Biblia en años, ¿o es que digo mentiras Eren? Mentir también es pecado
La religiosidad con la que Annie me habló fue aún más impactante para el recuerdo que tenía de ella y las informales cartas que llegaba a escribirle en felicitación de alguna causa familiar o evento de nuestras casas.
—Annie, ¿Ha ocurrido algo para hacerte cambiar de opinión sobre la vida después de la muerte?
Ella despegó los labios, una lágrima se le escapó de los ojos que quitó con su mano.
—Quizás—, quiso aparentar que ese lapso de debilidad no había pasado —¿Qué tan duro sería enterarte sobre algo que sonaba a solo fantasía... en realidad no lo es? Que no hay cielo ni infierno sino solo secretos, miles y miles de secretos. Oscuros secretos… ¿A quién le responde Dios de entre todos? El Hombre lo ha abandonado…
—Annie —me inquietó su plática escatológica, pero antes de poder preguntar algo más su padre y Reiner llegaron con nosotros para separarnos. Annie fingió que le aburría estar conmigo, se dijo cansada para retirarse a dormir seguida de su doncella Mina.
A solas Lord Leonhardt me cuestionó.
—¿Mi hija ha hablado de más sobre lo que no debe joven Jaeger?
—No lo creo milord, me temo que no tengo novedades para ella en Londres salvo la de la Gran Exposición
—¿No la encuentra intrigante? Dígamelo con honestidad, no sé qué hacer por ella
Tuve que recurrir a mi diplomacia para decir —No sé cómo responder a eso Lord Leonhardt. La encuentro como una oveja descarriada que quiere volver al camino de Dios. Me ha sorprendido, no se lo negaré, pero espero verla recuperada
Su padre quiso pretender que lo que decía era verdad. No sé de dónde me vino la labia, probablemente de mi desconcierto.
—Joven Jaeger, según me dijo su padre no tardará en llegar a la ciudad y espera sea en la mañana, así que debo decirle esto ahora. Formaremos parte de la Gran Exposición
—¿Cómo? ¿Mi padre y usted?
—Entre otros nobles caballeros ingleses y nobles germanos que nos han servido de financiamiento para este gran descubrimiento, la población lo tiene que conocer, el mundo cambiará su perspectiva en cuanto lo vea, la historia como la conocemos se reescribirá.
Sus palabras me dejaron anonadado.
—Pero, ¡de que se trata milord?
—Paciencia, paciencia Eren Jaeger –me dijo —mañana le mostraremos la nueva maravilla del mundo moderno que viene del antiguo. Es nuestra y la daremos a conocer a todas las naciones. Necesitamos seguridad, podrían robárnosla. Esto que hemos tenido la suerte de hallar es invaluable. Vive, y es de una magnificencia soberbia
—¿Vive? ¿Es que acaso se trata de un animal? —inquirí
—Oh, Joven Jaeger, es usted muy perspicaz pero deberá disculpar que no le adelante nada hoy. Mañana con su padre presente o no lo atestiguará de primera mano antes que cualquier otro. Considérese afortunado
Su discurso me envolvió. Nada más me fue revelado. Fui a la cama y poco pude conciliar el sueño. La visita de los Leonhardt me dejó perturbado para durar casi toda la noche en vela tratando de controlar la curiosidad de mi mente imaginando cosas.
Mi padre y él habían capturado algo, aún no sabía de lo que se trataba y con el comportamiento de Annie mucho menos estaba seguro de querer participar en ello. Aún...»
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