Esto es lo que pasa cuando escribes fanfiction y calculas impuestos al mismo tiempo.
Sorry chicos, he estado algo ocupada... pero tenía que regresar
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Martes 29 de Abril, 1851
II
«Las alas eran de color castaño, como las de un águila, la tez trigueña. El cabello largo y desarreglado color nuez.
Nos miró con atención a todos.
—Un ángel —repetí la expresión de mi madre sin voz, solo yo sabía que lo había dicho. Ella movió la cabeza imperceptiblemente.
—Esa palabra otra vez…
Su voz era la de una mujer normal, nada divino ni celestial.
—¿Puede hablar? —caminé intrigado por su estado. Nos comprendía.
Recibí una sonrisa de su parte.
—Puedo responderte yo misma, no necesito a terceros que hablen por mí, veo que eres el hijo del doctor
Superando mi temor avancé un paso.
—Eren —dije —Mi nombre es Eren, Eren Jaeger…
—Eren… —reaccionó positivamente a mi presentación —Eren… me gusta tu nombre. ¿Hay algo que quieras preguntarme?
—Ella sabe muchas cosas, otro signo de su naturaleza —se jactó Lord Leonhardt. El ángel apretó los labios.
—No pronuncie esa palabra sin saber su significado, no sabe lo que es la virtud —se movió entre sus cadenas, le dolió estar sujeta. No le agradaba Leonhardt, de esto estábamos todos seguros. Annie guardaba silencio de espectadora muy alejada.
Otro grupo de hombres se nos unió saludando, un hombre calvo llamado Pixis y otro llamado Verman. Anuncios y fotografías nos fueron mostrados sobre la presentación especial que se haría en la Gran Exposición. Sobre lo que esto significaría, donde la encontraron, su captura y sus capacidades de entendimiento, era un ser racional, y por las alas de su espalda no paraban de llamarla el Ángel de Yorkshire.
Pasado un tiempo de mirarnos analizante con grandes ojos abiertos y curiosos y una discreta sonrisa, nos habló. A una en específico.
—Te ama Annie Leonhardt… —miró hacia la señorita que nos acompañaba y que no había profundizado en la habitación como nosotros. Ella apareció a la luz acercándose unos pasos más en sus finos zapatos hipnotizada por el halo que la cubría a ella y a sus alas. Siguió hablando al ver que le era prestada atención—, Vi tu sueño. El te ama, ¿pero qué irás a hacer tú con su corazón?
Annie rompió en llanto. Nos extrañó a todos porque ella pocas veces mostraba sus emociones. Bertholdt le prestó su pañuelo, ella usó el propio y tuvo que ser retirada del influjo que el ángel ejercía sobre la joven. Annie no quería cerca a Bertholdt.
—¡No nos hables demonio! Nos intentas confundir —trató de defender a su hija el padre.
La mujer sonrió embravecida por el trato despectivo que recibió de Lord Leonhardt.
—¿Para ustedes que es un ángel y que un demonio? ¡Ciego e ignorante! ¿Por qué los amo tanto sin son capaces de tantas maravillas proporcionales a su vileza? Ustedes mismos avanzan hacia el barranco
El ángel cerró sus ojos bajando la cabeza entre sus cadenas. Parecía cansada. Sentí una pena inmensa por ella, así como asombro, también miedo. Annie había cambiado por esto. Si los ángeles existían ¿también eran reales los demonios?
Y si había ahí un ángel encadenado frente a nosotros, ¿Qué peligro podríamos correr? ¿Dios nos iría a castigar por aprisionar a una de sus criaturas sagradas? Sí. También pensé en Dios...
Mi madre se acercó.
—Carla—, quiso detenerla mi padre, pero ella se veía iluminada por lo que se volvía real a su mirada. Le habló con una tierna dulzura.
—Mi querida criatura, eres un ángel, una criatura del señor, por eso amas aunque duela, no eres un ángel de destrucción, amas al hombre
La extraña fijó sus ojos oscuros en mi madre.
—¿Por qué suenas cómo si tuvieras la verdad absoluta humana? ¿Es por qué tu misma la crees fielmente?
—Lo creo —le respondió —es la única que hay
—Lo he oído antes. Todos ellos creyeron tener la razón, ¿qué te hace diferente? Igual se escudan en los mártires caídos ¿Y si solo soy una mujer normal que ha nacido con alas no podría convencerte de ser un caso único en esta increíble naturaleza? —mi madre, creyente de Dios, no se dejó engañar. El espécimen dejó de intentarlo —De todas formas soy paria de donde vengo, un ángel caído de la "gracia divina" si lo quieren ver así. La figura de la que hablan no existe, nadie la ha visto, no entenderían de lo que hablara pese a que yo sepa su idioma, me costó trabajo aprenderlo. También me pregunto de dónde venimos y cómo empezó todo, no me creo los versos que se aprenden
—Hereje —la nombró Lord Pixis —solo no nos quieres decir la verdad
El ángel volvió a sonreír cómo si supiera todo.
—No soy una apostata. Debería creer primero para que me acuñaran el término. Preferiría la muerte antes que la traición… no soy otra cosa más que una prisionera, ¿piensan pasar a la tortura? —soltó una carcajada. Se quedó en silencio pendiente de su prisión y luego alzó la cabeza —Bertholdt, amable Bertholdt, ¿ves cómo no pudimos ser amigos? No hay verdaderos secretos en tu mundo… esa caballerosidad no existe
Volteé a mirar al moreno al que señalaba el ángel, ella cambió de actitud, nunca se mostró superior salvo en ese instante.
—Deben liberarme, háganlo antes de que sea tarde. Si no soy libre para el atardecer mi nombre será pronunciado y no garantizo sus vidas
—¡Demonio! —la insultó nuestro Lord Leonhardt —Nos amenazas…
—¡Es una advertencia hombre nefasto! Por tu hija, no me obligues a decir mi nombre o vendrán por mí
Lo que dijo me heló la sangre. Mi padre no se amedrentaba por la sobrenatural criatura que había capturado. Si tenía aliados, si tenía protectores, si tenía amigos, todos corríamos el mismo peligro. Las familias de los responsables eramos blancos para atacar.
—Dinos ángel, ¿cuál es tu nombre? -lanzó el reto mi padre, aún y cuando no le conocía esa ambición hasta ese día.
Las alas castañas se movieron intentando zafarse de las cadenas y candados.
—Mi nombre… —susurró expectante de la seguridad que demostraba Grisha quizás porque no quería decir lo que la estaba obligando a decir—, mi nombre dejará viuda a Carla y huérfano a Eren. El mismo destino tendrán tus camaradas
Mi padre no se inmutó. Siguió firme en ello.
El ángel nos mostró una sonrisa rota, cómo si ella misma quisiera evitar pronunciar las palabras, pero fue tarde cuando la escuchamos decir con los ojos de un enfermo mental: "Mi nombre… es Hans Zöe"
El primer silencio se rompió por alguien inusitado.
—¿Hanz? —quería hacer una broma Pixis.
El ángel pareció recobrar sus ánimos en un suspiro. Coloradas las mejillas y los párpados inferiores llenos de lágrimas se empezó a reír a carcajadas totalmente enloquecida. Luego, recuperando la calma, miró a Dot Pixis con un infantil rostro.
—No comprenderías mortal
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A la salida de la visita mi padre cubrió al ángel de nuevo que se quejó de ser privada de la luz otra vez. Bajo la tela y sin nadie adentro para vigilarla se le sumía en oscuridad total pese a que no pudiera salir de ninguna forma con las alas atrapadas y encima estar encadenada por precaución.
—Es muy bonita, ¿no te lo parece Eren? Las escrituras sagradas son reales—, decía mi madre revoloteando en el camino a la salida del edificio, creyente ahora más que nunca de la Biblia —tu padre me contó que cuando la capturaron no paraba de repetir el nombre de Levi, hijo de Jacob, y que hablaba en lenguas…
Por más entusiasmo que tuviera mi madre al menos mi padre pudo ver que yo no me encontraba completamente bien. Annie había visto más cosas de las que yo, pues ella había cambiado a como era ahora, aún más taciturna y sin alejarse del rosario de su mano.
El camino de regreso a casa fue un tedio, una amarga experiencia en la que no paraba de rogar que llegáramos rápido porque me sorprendí a mi mismo queriendo blasfemar por la impresión.
A una criatura tan magnífica no le debería ser prohibido volar, tenga o no la capacidad de saber que existe, pues esta vivía y pensaba.
Mi aislamiento duró toda la tarde a nuestro arribo, nulas palabras y nulas impresiones, con mi padre en casa Lord Leonhardt no se vio molesto por mi ausencia, la impresión que había producido su descubrimiento en mi mente joven había sido arbitraria, por una parte sentí miedo, terror de lo que fuera a pasar a todos los que nos viéramos involucrados, por otra alivio de que habrían respuestas a preguntas que alguna vez me habría hecho. Y en la soledad de mi cuarto sin luz alguna, yo temí. Temí por mi padre si era uno de los perpetradores de la captura del Ángel de Yorkshire si alguien buscaba responsables.
No sabía en que podría estar involucrado Bertholdt Fubar, pero si Hans Zöe lo había señalado debía ser por una razón.
Pegué la cabeza en la almohada sin darme cuenta de qué hora era, si me había quitado los zapatos o si seguía con la mayor parte de la ropa puesta solo sé que me perdí, que el sueño estaba reclamando mi mente y alma a fenecer momentáneamente a lo que pasaba. Solo me dejé consumir por el aislamiento.
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Al volver de la oscuridad de la inconciencia pestañeé en dos ocasiones y me puse de pie cual autómata. Había llegado a una respuesta a todas mis inquietudes, misma que iría en contra de todos los planes que mi padre y sus socios tenían.
Antes de abandonar mi habitación di un golpe en el viejo armario, la madera cedió a mis nudillos haciendo un agujero en el mueble.
Resuelto, mejor conforme a como llegué, -quizás con los ojos inyectados en sangre por lo que me asaltó, me reuní con mi familia y nuestros invitados que seguían hablando sobre la Gran Exposición y sobre Inglaterra, sobre la Reina, y sus inversiones. La plática me repugnaba y no fui partícipe, me dediqué al té y los refrigerios pese a que solo tomé uno gracias a mi falta de apetito. Todo me parecía repulsivo ahora en mi propio hogar. Una peste había llegado a contaminarnos a la familia Jaeger, todo empezó en cuanto Lord Leonhardt puso un pie aquí.
Después de horas de esparcimiento Reiner mantenía a raya a Bertholdt lejos de Annie charlando sobre lo que no me interesaba ni les ponía atención. Pedí que me sirvieran vino como al resto de caballeros en lo que era una reunión social con nuestras amistades, pero noté lo malo de esta tendencia mía de beber si tenía otros planes. Luego vi a Annie reservándose lejos del licor, antes de salir a otra sala me dirigió una mirada. Fui a alcanzarla. Teníamos una plática pendiente ahora que mi ignorancia se veía iluminada por el conocimiento de la existencia de Hans Zöe. La encontré frente al ventanal que daba hacia la calle, habíamos evitado esa conversación todo el día.
—Era esto de lo que no querías hablar —caminé a su imagen en el pasillo. Lo mío era afirmación, no pregunta. Necesité vino para recuperarme de lo visto en ese edificio en cuanto regresamos de nuestra salida a ver el importante descubrimiento de nuestros padres. Ella me quitó la copa para beber un largo trago sin alterarse.
—Te ibas a enterar. Si los científicos se lo sugieren a la reina la disecarán y correrá a manos de tu padre el estudio anatómico de su cadáver…
—Por supuesto que no… —salté a decir —mi padre no haría algo así… no sería capaz…
Detener tanto mis palabras le cedía la razón a Annie que me regresó mi copa casi vacía y la empiné para beber las últimas gotas que quedaran.
—No he visto a los Arlert aún, en cuanto Armin se entere reaccionará igual. Los escuché decir que mañana se verán con Sir Arlert. Mañana Armin también lo sabrá, sino es que ya lo sabe
—Annie—, conversábamos al amparo de la luces del candelabro y la imagen tras el cristal de un gris y húmedo atardecer. Estaba oscureciendo—. Si existe el cielo o el infierno este no es lugar para un ángel…
Recibí una mirada indiscreta.
—¿Quieres libertarla? —susurró.
—Si así fuera ¿le dirías a tu padre?
No me siguió mirando, se quedó a ver por la ventana.
—¿Cómo vamos a salir?
—¿Piensas venir conmigo Annie?
—Se vería demasiado sospechoso que fueras tu solo, eres tan tonto que no podrás hacerlo sin mi ayuda
Su insulto me pareció terrible. Su doncella, Mina Carolina, estaba detrás de nosotros pendiente de lo que decíamos a una distancia prudente. Una señorita no se debía quedar a solas con un varón nunca. Como ya no dijimos nada Annie tomó en sus manos el plan.
—Mina—, llamó su ama a la doncella sin apartarme los ojos —vamos a salir.
Todo quedó dicho»
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Solo tengo algo que decir... LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI LEVI
