Santo Cielo...
Gracias. Iluminan mi alma o TTuTT o
Espero que sigan pasando unas felices fiestas!
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Miércoles 30 de Abril, 1851
I
«A lo lejos una voz llamándome con fuerza "Jaeger… Jaeger…" y no lo hace con afecto. En un violento estrépito recibo una serie de golpes en la cara.
—Reacciona mocoso imbécil, no tengo todo el día
Levantándome veo el cielo estrellado y la luna detrás de un rostro que recordé solo en una pesadilla, era el individuo que había irrumpido en mi casa buscando el paradero de Hans Zöe y el de mi padre.
—Despierta ya idiota —me vuelve a insultar dándome otro golpe en la cabeza que duele, y mucho. Este hombre tiene una fuerza descomunal, y no es como si darme más golpes en la cabeza fueran a regresarme más rápido en mi mismo.
—¿Quién eres?... ¿Qué es lo que buscas con mi padre?...
El extraño se levantó de estar en cuclillas junto a mí. Las piernas largas y estrechas, corto de estatura mirándolo mejor, pero sospechaba que con la fuerza de veinte hombres en uno solo. Me sentía enfadado porque le temía, por ello mi rostro tan sorprendido y duro.
—Mi nombre es Levi Ackerman—, vi su aliento salir al frío del exterior —y ya te lo dije, tu padre me robó. Estoy buscando a mi mujer, Hanji, puedes conocerle bajo el nombre de Hans Zöe
—Hans… —pronuncié recordando la advertencia del ángel, aún no podía ponerme de pie.
—La escuché llamarme —fui observado.
—Ella… pronunció su nombre…
—Así fue como me llamó
La mirada de aquel individuo era tan penetrante y mordaz como un puñal en la frente.
—Entonces tu también eres un…
—No —miró por sobre su hombro.
Su negación tan inmediata me dio escalofrío, sudor por toda la superficie de mi espalda y nuca. Mi inquietud e ignorancia cual niño.
—Pero ella es...
—Ella es un ángel antiguo, es aún más importante de lo que llegaras a imaginar.
Las ideas empezaron a revolverse en mi cabeza.
—Si no eres un ángel…— él arqueó una ceja mientras completaba mis frases—. Entonces eres…
Los ojos de Levi retornaron al escarlata brillante de antes, las pupilas se hicieron lineales como las de un gato con la luz. No me atreví a pronunciar la palabra. Pasé saliva.
—¿Qué crees que soy yo?
—Pero entonces… los demonios… —esperé a que reaccionara al nombre sin efecto alguno sobre él —¿los demonios protegen a los ángeles?
—No —respondió lóbrego de nuevo—Yo solo me ocupo de ella
—¿Para matarla?
Levi me miró con asco.
—¿Es que eres idiota? Acabo de decir que es mi mujer, ¿por qué querría hacerle daño? —retomó su espada señalándome directo al pecho —por confiar en mortales fue que acabó capturada por ese estúpido y soberbio de Leonhardt y tu padre, junto a esa porquería de Pixis, Verman y Arlert…
A cada nombre enumerado más sentía yo que cada uno era el clavo de un ataúd, uno que bien podía ser el mío.
Los pensamientos fluyeron más veloces a preocuparme, ángeles, demonios, Dios, Satán, los humanos, Annie. Hans. Y entonces esa idea de nuevo, Hans y Levi, Levi reclamándola como su mujer. Ellos eran pareja. Un ángel y un demonio.
—No está permitido, no lo digas —avanzó Levi hacía mi, una rodilla en el piso para estar más cerca de mi cara, la espada como soporte —esta prohibido unirnos, así que no digas su nombre y el mío juntos, tampoco los pienses
Me tomó del cuello de la camisa y me levantó, ya sobre mis pies era más alto que Levi, sin embargo jamás podría comparar mi fuerza con la suya.
—Vístete —me ordenó —iremos por ella ahora, si no te apuras te llevaré cómo sea que te encuentres
Lo único que me fue ofrecido fue calzado, pantalones y una vieja levita roída por polillas. Me apuré. Estábamos en el techo de un edificio de mi calle, lejos para ver mi casa, sin embargo podía reconocer las construcciones aledañas.
—Vamos —me tomó de la ropa, y dio un salto tan poderoso que llegó al otro lado de la calle. Solté un grito tan fuerte que retumbó por cada pared —deja de gritar, no te estoy matando
—¡Te llevaré! ¡Te llevaré, pero no vuelvas a hacer eso!
—Grisha debe estar en camino tras ella, no tengo tiempo que perder
—¡Si voy contigo y mis padres llamaron a Scotland Yard luciremos sospechosos! Tenemos que tomar un carruaje
—No
—¡Te lo suplico! Se racional, tenemos que lucir normales, volvamos al piso —le rogué.
Levi no confiaba en mí, pero tuvo que hacerlo. Me empujó hacia un callejón del que me tiró desde el techo de uno de los edificios que lo conformaban tomándome al vuelo y me devolvió a tierra firme temblando de miedo a dos pies de estrellarme. Me soltó como si fuera bazofia.
—Mortales débiles, podrían soltar los intestinos por el simple vértigo
Seguí temblando cuando fuimos a donde podríamos esperar por un carruaje, uno estaba ocupado, otro atendió nuestro llamado y estaba vacío, entramos y le di indicaciones. En el transcurso del camino no nos dirigíamos la palabra, veía a Levi intranquilo mirar la calle, atendiendo algo que llamaba su atención y después aburriéndose. Yo tenía miedo de solo respirar, el asiento se me hacía incómodo, tenía frío, tiritaba, me calentaba las manos con mi aliento y trataba de no mirar hacia él. Pensaba demasiado. Temía demasiado.
—Puedo ver lo que hay en tu mente, deja de pensar tanta mierda o te mataré por ello Eren Jaeger —rompió su frase el silencio.
El demonio sabía todo de mí.
—Mi nombre… yo no te dije mi nombre…
—No había necesidad
No sabía que decir, estaba seguro de que balbucearía tonterías, solo una de ella coherente que no me vi callando.
—¿Sabes cómo fue que la capturaron?
Levi en su asiento contrario al mío me miró. Podía estar entrometiéndome, mi curiosidad no la podía detener, y rogaba en mi mente que él supiera ver que no tenía malas intenciones al preguntar.
Retornó los ojos a la calle sin decir nada, me rendí a que quisiera responder, pero entonces empezó a hablar.
—Estaba lloviendo, eso es algo que jamás voy a olvidar. Había pasado mucho tiempo desde que había volado bajo la lluvia, semanas, quizás meses… a veces olvidamos contar las horas y cuando nos percatamos de la vida en la civilización humana esta ya ha avanzado a grandes pasos, o retrocedido en otros… No todos los gobernantes dejan su huella en el mundo, al menos una que en verdad interese. Desgraciadamente a Hans le interesa cada detalle hasta de lo más superfluo, desde sus patricios y senadores siempre estuvo involucrada...
Le dediqué una mirada intrigada, quería saber más. Sonaba increíblemente longevo, Hanji también.
—Habíamos visto a vikingos pelear y celtas pintados de azul desnudos en los campos batiéndose en guerra. En Normandía el nombre de William el Bastardo no dejaba de ser rumoreado, por eso cuando decidimos vivir en tierra humana escogimos Britannia, nos gustaba el clima…—respiró hondo— Cromwell fuera del camino, los puritanos marchándose al Nuevo Mundo, Charles II en la corona, su padre vengado… entre tanta fiesta y libación nadie iba a reparar en nosotros. No queríamos ir a una tierra desconocida sin nada construido ahí, nos quedamos
Sus palabras me descolocaron de mi sitio, estaba revuelto en sus ideas.
—Estas hablando de la Restauración
Levi tenía la cabeza en alto, seguro de que para mí era muy difícil creerle.
—Sí
—¿En el siglo XVII?
—¿Vas a preguntarme cómo era Guy Fawkes? Todos quieren saberlo
Mi emoción se disparó, un tipo cómo él no podía estar mintiendo. Era un demonio.
—¿Cómo era él?
—Religioso, tan cerdo como cualquier otro católico conservador de su época, el bigote y la barba más tupidos de lo que se cuenta, apestaba, nada en especial, otro conspirador cualquiera al servicio de España que quería regresar al Vaticano —afirmó, la mano en la barbilla.
Las preguntas fluyeron tras mi frente, empecé a sudar, pero Levi continuó su relato sobre mi pregunta inicial de Hans.
—Hanji habló con el hijo de un Jacobino en París, pocas veces viajamos, con los nuevos inventos ha estado más inquieta que antes. No para de hablar del telégrafo. Le dijo sobre la exposición de la cual ya había oído. De regreso no dejó de llover ni un solo día y por nuestras tierras se encontró desde el aire con un cazador perdido que intentó derribarla aún si ella no presentaba peligro, solo le temió. Su nombre era Bertholdt Fubar
Todo cobró sentido para mí, las escena de Annie golpeando a Bertholdt en la sala.
—Le ayudó a regresar a su casa, curó sus heridas, le pidió que le platicara sobre Paxton y la exposición, sobre la reina, todas las noticias que tenía atrasadas. No fue la única vez que se vieron, en la última Leonhardt había interrogado a Fubar, ella sabía que era una trampa y aún así fue a reunirse con él. Mi error fue no acompañarla y haber salido a Londres esa mañana, cuando volví ya no estaba, la única pista que tenía para buscarla era el nombre de ese traidor de Bertholdt, y el conocimiento de que había estado viviendo en la casa de campo cercana que fue rentaba a un tal Lord Leonhardt. Cada pista me trajo hasta aquí, a ti, y si Hanji no quiere que te mate es porque algo debiste haber hecho por ella, ¿qué fue?
Me hundí en hombros sin pretender ser humilde.
—Intenté liberarla… —dije —la señorita Leonhardt y yo intentamos liberarla…
Levi pareció creerme a medias.
—¿Dices que la hija de Leonhardt quiso liberarla?
—Es verdad. Ella lo tenía planeado desde antes, seguimos su plan
Al llegar al edificio bajamos, al irlo guiando veía que algo estaba mal, los centinelas anteriores no estaban, la seguridad había desaparecido. Levi me siguió hasta la puerta de hierro bajando las escaleras, estaban corridos los cerrojos, el sistema de bujías aún funcionando, encendí las luces, pero las cadenas estaban sueltas, plumas color café en el suelo de diversos matices, probablemente Hans había peleado. Se la habían llevado de ahí.
—¡No!... No… —reaccioné aterrorizado —¡estaba aquí! Annie y yo vinimos por ella justo en este sitio, ¡tienes que creerme!
Levi no desenfundó su espada, se dedicó a observarme con poca paciencia.
—Fue hace unas cuantas horas, ella dijo que no nos daría tiempo de liberarla, ¡por eso nos dijo que si éramos perseguidos dijéramos Hanji! Me lo dijo a mí y a Annie
Mi secuestrador esperó hasta que me acercara para tomarme de un hombro y propinarme un rodillazo en la boca del estómago bajando mi tronco a doblarme.
—Claramente ya no está aquí —dijo lo obvio.
Me fui de rodillas por el daño hecho. Quedé sin aire.
—Jaeger —me dijo ahora la espada en mi cuello, yo de nuevo en el suelo —te dije que tu familia me debe su vida por lo que me hizo. Mas te vale pensar en otro lugar dónde puedan tenerla o vas a sufrir lo que un humano no conoce…
Me arrastró hacia afuera del edificio y el sol fue despuntando entre las ventanas, luz matinal, albores de la mañana.
—Sir Arlert… —dije—. No podemos regresar… a mi casa… Sir Arlert está en el negocio, él debe saber algo…
Percatarme de que podía estar llevando el infierno hacia la casa de mi mejor amigo de la infancia no lo dilucidé hasta que ya lo había dicho. Levi sacó su reloj de bolsillo y miró la hora.
—Está amaneciendo. Solamente te daré otra oportunidad de vivir ¿Dónde voy a encontrarlo?
—Puedo llevarte —expliqué, no quería que fuera solo a hacer lo indecible.
—No puedo salir al sol —negó guardándose el reloj.
—¿Qué?... —me sorprendí —¿Por qué?
Pero en el momento en que mi cuestionamiento fue hecho una nube despejaba la luz solar por la ventana apenas entrando una raya al interior de la descuidada construcción, y esta empezó a quemar a Levi donde lo había tocado, específicamente en la cabeza y el cuello, llamas que no se detuvieron hasta que él caminó fuera de la luz y las apagó con su mano.
El sol, como una condena hacia su raza o persona, hacía combustión al contacto con su cuerpo. Por más humano que él pareciera físicamente, en realidad, no lo era.»
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