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Miércoles 30 de Abril, 1851

II

«Levi y yo volvimos al carruaje. El me llamaba su seguro contra Grisha Jaeger por si no quería devolverle a su esposa. No iba a ir a ningún lado sin él siguiéndome, tampoco era como si fuera dueño de mi camino y gracias al sol las horas en que el astro reinara sobre Londres las tendríamos en reclusión. Tratamos de ganar la carrera al amanecer y llegamos a un hotel en el cual nos recibieron, todo a nombre de Mr. Ackerman que había llegado a Londres hacía tres días y pedía extrema discreción a los empleados, ninguno podría molestarle en sus habitaciones.

Me permitió y casi ordenó que me comunicara con los Arlert en su suite. Lo primero que hice fue escribirle una carta a Armin para que se comunicara conmigo y no diera noticias de mi paradero. Le rogué a Levi que confiara en mí, algo supo leer en mi mente que lo convenció, así que mi mensaje fue enviado y nos quedamos a esperar a su respuesta.

La espera fue otro tedio. Mi secuestrador era a veces un diablo y otras respetaba su estampa como caballero. Me permitió ordenar comida, él iba a pagar de todas formas y no consumía todo lo que le daban ahí. Él pidió té, lo único que pareció beber fue té, nada más que té. La forma en que sostenía su taza era de una forma muy peculiar. Colocaba el azúcar sin salpicar revolviéndolo con la cucharilla en un movimiento casi hipnótico. Si sus modales eran tan pulcros su más grande contraste venía a ser su forma de dirigirse a los demás tan hosco.

Comí amargado no porque los alimentos fueran malos sino porque estaba temblando de nervios. La respuesta de Armin me llegó en la tarde.

"Eren,

Es un alivio que te encuentres bien, hace unos minutos tus padres acaban de preguntar en mi casa si hemos sabido de ti, tu carta no había llegado pero aunque hubiera sido antes a su arribo no les habría dicho nada, puedes confiar en mí.

Mi abuelo se encuentra conmigo, saldrá en la noche, tiene planes con sus demás socios, entre ellos Lord Leonhardt y el Dr. Jaeger. Me ha dicho sobre un descubrimiento en Yorkshire pero no me ha adelantado nada más, ¿es por eso todo este alboroto? Sir Arlert dice que aguarde hasta la inauguración mañana en el Crystal Palace porque harán su gran anuncio a todos en cuanto llegue la reina. Me desconcierta saber que por este asunto tu casa haya sido atacada. Confía en mi discreción, más me encuentro intrigado.

¿Te encuentras bien realmente? Nos tienes preocupados a todos"

Levi me quitó la carta y la leyó.

—Mi amigo no sabe nada sobre Hans

—No le creo

—¡Yo sí! Es de Armin de quién estamos hablando

El resultado de alzarle la voz fue conciso. Violento.

—Arlert fue un partícipe en la captura de Hanji —me recordó sujetándome del cuello a estrellarme en el muro —piensa en eso humano de mierda —escupió su amenaza a mi cara.

Fingir que no me intimidaba no funcionó. El demonio fue a mirar por la ventana. Llovía. En sus manos un bastón sujetándolo como otra cosa. Sujetándolo cómo si quisiera golpear algo, apretándose sus dedos enguantados en su circunferencia.

—Nos vamos ahora —reafirmó las manos.

En la recepción pedimos un carruaje, salimos lo más pronto posible. La lluvia mantenía el cielo cubierto de nubes, Levi pasaba desapercibido como un hombre elegante, distinguido y serio. A su lado yo era su mozo. No sabía si alguien podría reconocerme o si Scotland Yard ya me estaba buscando por las calles, lo cual dudaba. Trataba de disimular con el gorro lo más que podía, el mismo que Annie había usado cuando fuimos a rescatar a Hans y ella nos pidió que nos fuéramos, Levi lo había tomado de mi habitación, hasta ese momento decidió alcanzármelo. El pensamiento sobre Hans pareció mover a Levi que me miró y me lo quitó de la cabeza, había olvidado lo que me había dicho sobre ver lo que había en mi mente, pues se quitó un guante y empezó a tocar la tela y las costuras, el interior, adentro encontró un cabello rubio no muy largo, lo miró con detenimiento entre sus dedos, era una hebra delgadísima iluminada, parecía una línea que se curvaba hecha toda de luz.

—Leonhardt ama a su hija, un sentimiento normal aún en el más despreciable de los hombres, pero ¿Qué es ella para ti Eren?

Mi corazón dio un vuelco al escucharlo.

—Es mi amiga de la infancia, nos conocemos desde que éramos niños, en Frankfurt

—¿Solamente eso? —me interrogó cómo si supiera muchas cosas más.

—Sí —me vi dudando de lo que era cierto. Sus ojos penetrantes me hacían dudar hasta de que la tierra girara alrededor del sol.

—Ingenuo —lanzó la gorra a mis manos. Se recargó en el asiento y miró por la ventana de nuevo. La calle donde vivía mi amigo Armin la empecé a reconocer. Entre más cerca estábamos de su domicilio más preocupado me veía yo.

Al bajar abrí el paraguas, Levi caminó cómo si el agua no le mojara. En la puerta soné la campana, y no conforme con eso llamé a la aldaba de león con fuerza. Nos recibió el mayordomo de la familia.

—Señor Jaeger —me descubrió empapado en el pórtico, un extraño me acompañaba. Yo vestía como pordiosero. Fui anunciado y por milagro Levi no actuó pesado irrumpiendo o rompiendo cosas a buscar a Sir Arlert sino que siguió las instrucciones conmigo de ir hacia el salón y esperar.

Casi cómo si intuyera algo Levi miró hacia la chimenea, un cuadro de la abuela de Armin, Lady Arlert fallecida hacía una década, colgado arriba.

—¡Eren! —fui llamado por la infantil voz de Armin en la puerta, rápido vino a mí tocándome de los hombros pese a ser más alto que él—. Estas bien. Estaba preocupado, ¿qué fue lo que ocurrió?

Mi humilde vestimenta fue pasada por alto, a Armin siempre le importan las personas, nunca la ropa, admira a los eruditos pero no discrimina al ignorante sino que preferiría enseñarle. Armin siempre ha sido así de bueno, del bueno que lo da todo hasta que duele. Es además un ser muy sensible.

—Mikasa —noté en la sala a otra invitada vistiendo kimono acompañando a mi amigo. El rubio acudió a excusarla.

—Fue informada en la Cafetería del Titán sobre tu desaparición por Scotland Yard, le hicieron preguntas. Cómo no estaba enterada vino conmigo, justo cuando llegó tu carta

Mikasa se acercó aliviada en el rostro.

—Lo lamento… —hizo una leve reverencia con las manos juntas y agachando el cuello —dijeron que te habían secuestrado

—Estoy bien. No me pasa nada —traté de evitar sus muestras de cortesía, pero luego, siendo perseguido por la mirada escalofriante de mi "secuestrador" tuve que continuar —Permitan que les presente a Mr. Levi Ackerman, tenemos algo que tratar con premura, con tu abuelo...

—Mi abuelo acaba de salir —dijo Armin.

—Habías dicho que estaba aquí —me vi pálido de repente.

—Sí, pero cuando nos enteramos de que tu casa había sido atacada se fue con tu padre, no dijo a dónde, ni cuando regresaría

Levi estalló.

—Estas ya son demasiadas coincidencias —alzó la voz surcándonos a todos. Me vi aterrado por el paradero desconocido de Sir Arlert—. Eren —me llamó como el amo al esclavo, dándome órdenes.

—Armin, te suplico, has memoria, trata de pensar en un sitio dónde tu abuelo y mi padre hayan podido ir ¡por favor!

—No lo sé —empezó a angustiarse —sé tanto cómo tú, ni siquiera sé de que trata el negocio que traen entre manos

—¡No es un negocio! —vociferó Ackerman —Dejen de llamarle así, sus familias son las responsables de esto, ustedes y su corrupta ambición

Mi extraño acompañante fue hacia la chimenea a tomar una caja oblonga de fina madera pulida, la que estaba bajo del retrato de Lady Arlert.

—Eso es de mi abuelo —trató de detenerlo Armin, pero Levi la vació hacia la alfombra saliendo de ella un puñado de plumas castañas de diversos tamaños que ligeras en el aire caían con la lentitud y calma de un copo de nieve.

Armin no comprendió, yo sí. Y entender la inocencia de mi amigo me despertó el fervor de defenderle todavía más.

Levi se aseguró de que no quedara nada en la caja, en el fondo recogió un papel asegurado mirándolo con atención.

—Todos esos mitos son solo eso, mitos, beber sus lágrimas o su sangre no los hará inmortales, a nadie…

Los ojos de Levi se incendiaron de llamas rojas, Armin se quedó sin voz al verlo, aquel individuo no podía ser humano.

Mikasa pareció pegar un grito en silencio, tembló sobre sus zapatos de madera alejándose de las plumas en el suelo que volaron hasta nosotros. A su lado la escuché hablar en su idioma materno.

Sono… akuma…

—¡Eren! —gritó mi amigo tropezándose con la alfombra.

—Levi, el no sabe nada ¡Ya te lo dijo! —la espada fue desenvainada amenazando de muerte al rubio. Yo a un lado tratando de convencer a Levi de que Armin no sabía nada—. Levi, ¡por favor!

—Tu abuelo. Dime dónde está. O te saco la verdad o te despides de tus intestinos. Habla

Mikasa expuso algo de la bolsita de terciopelo que había comprado en la ciudad llevándola al puño, un papel que sujetó entre dos dedos pegándolo a su cara como un rezo. Repetía las mismas palabras una y otra vez. Le temblaba la voz. El cabello negro de Levi corto casi a la raíz en la nuca empezó a arder. Levi levantó la mano quemándose el papiro que Mikasa sostenía, lo soltó espantada y cayó al suelo en cenizas, el demonio dejó de quemarse.

—Deja de hacer eso niña, no funciona con los de mi tipo, no soy un ánima

Mikasa pareció sorprenderse de que le hablara.

—Yorkshire… —de repente dijo Armin entre espantado y tratando de recordar —Mi abuelo… no ha sido el mismo desde que volvió de Yorkshire con el Dr. Jaeger, Lord Pixis, Lord Leonhardt y Mr. Verman…

Levi pareció creerle al verlo temblar.

—Jamás te lo dijo —afirmó.

—N-no…

—Pero lo intuiste…

—Mi abuelo cambió… no deja de beber, tiró la Biblia al fuego y la caja…

Con un rostro inmutable Levi le extendió la mano para que se pusiera de pie, Armin no habría podido ponerse de pie solo, fue la total fuerza del demonio la que lo levantó.

—Quieren hacerse los descubridores de lo que está prohibido. Buscaron su muerte ellos solos —dijo Levi.

Le extendió lo que había al fondo de la caja sobre la chimenea, no solo era un papel, eran varios, fotos, que al verlas Armin abrió la boca con espanto aferrándose al mueble más cercano para no caerse. Lágrimas le brotaron de sus ojos azules, parecía quererse arrancar el cabello por lo que veía.

—No —llegó a pensar que era una broma —Es… esto… esto es imposible… —su ojos se humedecieron como si se tratara de un niño perdido buscando a su madre con la mirada. No sabía si reír porque se trataba de una broma o llorar porque todo parecía volverse cierto. Había visto los ojos de Levi en llamas y eso aún no lo creía.

Mikasa caminó un paso hacia nuestro amigo mutuo. Las fotos se deslizaron de sus dedos laxos, en la alfombra pudo ver lo que yo ya había visto en persona.

Arienai…ie, arienai...

Levi miró a Mikasa cubriéndose los oídos y cerrando los ojos como si con esto pudiera negarlo todo.

Shikashi —señaló las fotos respondiéndole en su idioma —soko ni

En las fotos se veía a Hans enjaulada, encadenada de rodillas como un animal salvaje, las alas sujetas, una serie de imágenes dónde trató de huir desnuda, arañazos en todo el cuerpo, ella queriendo alzar el vuelo pero atada de un tobillo. La forma en que volvieron a capturarla.

Vi a Mikasa temblar. Al suelo fue a dar Armin, fui a su lado tratando de reavivarlo porque su mente se perdió en un abismo de incredulidad, casi idéntico al que yo tuve reconociendo a duras penas que había visto un ángel después de que mi padre me lo había mostrado debajo de la sábana que la cubría, pero en Armin este proceso de aceptación fue peor. Volvió a tomar una foto para comprobar que no había sido un engaño de su mente lo que vio y aunque no lo creía aún había un individuo peligroso en su casa que había llegado luego de secuestrarme para evitar que aquello fuera público.
Había algo que le adjudicaba veracidad.

A la puerta llamaron, Armin trataba de tranquilizarse. Levi se mantuvo expectante de lo que podía pasar, y contra todo pronóstico Mikasa no se marchó de casa de los Arlert sino que se quedó aún si no tenía mucho que hacer ahí, y la verdad, yo aún no la veía involucrada en lo absoluto. Se portó serena en adelante, lo cual me sorprendió bastante. El mayordomo de la casa Arlert nos indicó una visita.

—La señorita Leonhardt está buscándolo joven Armin —alzaba la nariz cómo si los invitados fuéramos una pestilencia, al que más odiaba era al que menos conocía, Levi.

—¿Annie?... —pregunté. Armin aún estaba perdido en su trance de escepticismo sin reaccionar a nada. Levi Ackerman se dirigió hacia el mayordomo —No. Levi, si la amenazas no hará que te diga nada… Armin, ¡es Armin el que deba hablar con ella!

Mi llamado no tenía muchas posibilidades de ser atendido, sin embargo y quizás por el cabello de Annie Leonhardt que encontró en el sombrero que me quedé de ella, esa mínima posibilidad lo hizo escucharme.

La servidumbre fue hecha a un lado. Armin se puso de pie, tuve que darle un golpe en la cara para que reaccionara, le dije que si quería saber la verdad después vería las cosas con sus propios ojos, y que no se preocupara por lo que no había comprobado aún sino que primero que nada atendiera a Annie que había acudido a verlo personalmente.

Annie fue la cuarta persona que se unió para atestiguar algo que no debió haber pasado.»

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Este capítulo me duele porque es el preludio de lo que empezará en el siguiente con un golpe bajo. Lloro al escribirlo, no me siento capaz de cambiar la historia cuando ya había visto su desarrollo en mi cabeza, por eso la dejaré tal y como va. Espero perdonen lo que va a pasar porque si estoy hablando de ángeles y demonios tenía que haber fuego y sangre...

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