Ok. Estamos en la colina, ya alcanzamos la cima. Aquí viene el descenso...

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Miércoles 30 de Abril, 1851

III

«Armin salió un poco reafirmado en sus plantas al salón donde habían remitido a su prima, el de dibujo, donde lo primero que hizo la hija de Leonhardt fue correr a él con tanto desamparo que parecía una Annie distinta.

—Armin— recaía en sus brazos como doncella en predicamentos. Mi amigo la recibió como una niña pequeña que se desmaya —Oh, Armin…

Mi amigo no se daba cuenta de lo que pasaba sino que solo se dedicó a devolverle el abrazo como si los dos fueran algo más que en secreto yo no sabía, y me sorprendí a mi mismo de sentir rencor, dolor y ardor de verlos juntos fundiéndose en ese abrazo, Annie con su inestabilidad, Armin con el golpe a su mente que le había sido dado hacía unos minutos. Los dos necesitaban ese gesto más que el aire o el agua.

—Mi padre, él hizo algo malo —empezó a decir ella. Se separaron para verse cara a cara— Eren, se llevaron a Eren. Seguiré yo por ser su hija… y después tu padre, o tú… tienes que huir. Armin, debes irte

El rubio le miraba sin entender.

—¿De qué estás hablando? ¿Qué se hizo para que nos persigan Annie?

—No me lo creerías —se dejó decir.

—Annie —la retó con la voz que pese a ser suave ejercía un extraño influjo sobre ella.

Yo podría tratarla con algo de familiaridad porque habíamos crecido relativamente juntos por la cercanía de nuestras familias pese a su sobria personalidad a veces amargada, pero a Armin lo escuchaba con atención sin proferir sonido así como siempre intentaba protegerlo. Con esa misma atención se veían los dos ahora.

—Annie, te sorprendería de lo que sería capaz de creer justo ahora…

La rubia lo miró sin hacer un gesto solo para acabar sorprendida con horror. Su gesto impávido, sin embargo los ojos temerosos.

—Lo sabes… ya lo sabes…

Levi apareció por la puerta donde estábamos espiándolos para interrumpir la entrevista de Armin con Annie.

—Leonhardt, ¿dónde está tu padre?

Annie se separó de Armin pero este hizo de querer detenerla para que no se acercara a Levi. Con el valor que siempre la caracterizó no se dejó amedrentar por el extraño y tampoco preguntó quién era. Me miró al lado del extraño que estaba confrontándola, Annie pareció perder el aliento al ver los ojos llameantes de Levi pero no se movió de su decisión.

—Si Eren está contigo no les has arrebatado la vida, aún… —enfriaba el aire su voz.

—Tu padre —insistió Levi sacando la pistola que llevaba bajo el frac, solo para evitar jalar el gatillo cuando escuchó:

—Hanji

Y la bala pasó cerca de la cabeza de Annie Leonhardt.

—¡Annie! —quiso protegerla Armin aún cuando ella quería hacer lo mismo por él.

—Perra —bufó Levi —¿era este tu plan? —cuestionó sin bajar el arma.

—No sé de qué me hablas

—Intentaste rescatarla solo para que ella creyera que eras buena y poderte proteger a ti y a tu asqueroso padre…

—No —aulló Annie —la quería liberar porque Bertholdt la traicionó y con mentiras acabó encadenada. Estuve ahí cuando pasó… —rodaron lágrimas por sus mejillas, silente su llanto como la calma inherente y natural al alma de Annie Leonhardt—. Esa escena me ha perseguido desde que la vi, no hice nada para detenerlos… me vio a los ojos, pedía ayuda, y no me culpó por no haber intervenido…

Levi no se conmovió por ella. Armin había vuelto en sí preocupado por ver el estado emocional de su prima política.

—La deuda no es contigo si no la quieres hacer personal, tu padre fue la mente maestra tras este plan

Annie defendiendo a su familia.

—Sigue siendo mi padre

La lluvia empezó a caer más pesadamente afuera repiqueteando en los cristales de las ventanas. Nadie hizo ningún movimiento, todos temiendo las repercusiones de la más leve respiración.

—La Colt… ¡la Colt de Sir Arlert!—pareció recordar algo Armin de la nada. Lo vimos salir corriendo hacia el pasillo donde Mikasa se había quedado.

—Joven Arlert, escuchamos un disparo, ¿debo buscar ayuda? —preguntó el angustiado mayordomo.

—No —resolvió Annie que por ser familiar de su amo tenía la palabra si este lo estaba ignorando. Mikasa nos siguió igualmente preocupada, había cambiado su expresión desde el disparo, ahora con la mente fría.

Armin entró al salón de cacería, abrupto, sobresaltando a los que los seguíamos, se veía inquieto. Mikasa se percató de Annie y pareció mandarle una mirada absorta y malhumorada por verla ahí, misma que le fue devuelta.

—¿Qué pasa Armin? —inquirí viéndolo abrir una vidriera de armas, buscando en un cajón una caja que sacó y lamentarse al verla vacía.

—No está —el satín donde debía estar el revolver tenía su huella en ella —no puede ser…

—Armin, ¿qué sucede?

Levi nos veía sin hacer otro comentario pero sin soltar su arma. Armin se veía desesperado por lo que le pasaba a sus seres cercanos.

—Es una promesa, siempre bromea al respecto, pero sé que no es verdad, ¡debe estar ahí!

—¿Tu abuelo?

—¡Sí!

—¿Dónde? —le cuestionó Levi, lo que a él le interesaba estaba en nosotros, solo por eso no nos había eliminado. Sospechaba que si no mostrábamos discreción no dudaría en matarnos.

—¿Irás a matarlo? —preguntó Armin, aterrado de saberlo. Levi colocó un rostro de desagrado aspirando el aire de la habitación.

—A juzgar por esta casa y por el aura de sus pertenencias quizás él se termine solo antes de que yo llegue, ¿dónde está?

Armin Arlert se quedó callado, miraba a Levi con temor, y por si mismo sentía rabia contra lo que pasaba.

—En un hotel

—Su nombre —iba a alzar el revolver de nuevo.

—Yo los llevaré, no pasará nada sin que yo esté presente

Annie y yo nos sorprendimos de la determinación de Armin, pero de nuevo nos dimos cuenta de algo que ya habíamos visto antes. Ese era el Armin seguro y firme que a veces salía a relucir. Quizás cerca de desplomarse, quizás temblando, pero lejos de rendirse cuando se restringía a si mismo de fallar.

En mi secuestro con Levi se acababan de agregar otras dos personas al viaje.

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Armin le dio la mano a Annie para subir al carruaje, ella no se quería quedar en casa y a la que dejamos fue a Mikasa porque realmente no tenía más que hacer en nuestra diligencia. Ella lo tomó mal pero no pudo reclamarnos, Levi la veía con odio en la mirada, había hablado su idioma y esto no dejaba de sorprender. Yo no dejaba de pensar que para haberme hablado de tiempos tan lejanos él debía conocer más de una lengua así como debió haber visto miles de sucesos ante sus demoníacos ojos de las cuales ya nada podría sorprenderlo.

Creía sin riesgo a errar que ya no sentía remordimientos ante la muerte y el asesinato, no si se trataba de alguien que no le importara o que odiara.

Su esposa debía ser el único ser vivo por el que se sintiera interesado además de si mismo.

Cuando Armin le preguntó a nuestro extraño acompañante quién era el respondió "el que secuestró a Eren", y cuando Armin preguntó el porqué dijo "porque su padre, tu abuelo y otro grupo de imbéciles se atrevieron a secuestrar a quién no debían y la piensan exhibir en la Gran Exposición de Londres", así que avergonzado y con las ideas movidas Armin tuvo que preguntar todavía en una tercera ocasión "¿qué significa ella para usted?", solo para que Levi le respondiera con el sarcasmo de un reptil: "Nada. Solo soy el demonio que se casó con ella".

En las calles nuestro recorrido era lento conforme las pisadas de los caballos. Escuchábamos a la única fémina en el carruaje mover las cuentas de su rosario rezando sin abrir la boca, solo en la mente, y con mucha fe. Levi se incomodaba, Armin intentó calmarla y quitarle las cuentas que acabarían gastándose de tanto ser usadas.

Estaba demasiado alterada.

—No soy tan buena como tú, ni tan fuerte en el interior pese a todo lo que piensen de mí —recuperó su rosario de la mano de su primo—esto es lo único que me queda. No me lo arrebates

Él la miró con sumo dolor.

—No es cierto —le contradijo —no estás sola —agregó, y la miró con la misma tristeza que ella le demostraba —Annie, me tienes a mí…

Armin quiso sonreírle, ella le tomó la mano. Los dos podrían llorar en silencio o aguantarse las ganas de romperse en su pena, pero solos realmente nunca iban a estar; y en esa compañía, yo y cualquier otro, saldría sobrando. Ni siquiera parecían reaccionar a que no estaban solos o que podrían estar haciendo algo indebido, quizás porque eran familia.

Verlos así de comunicativos sobreviviendo juntos en algo que no me correspondía intervenir ni cuestionar si eran familiares políticos, conmigo de espectador podría haber jurado que si no hubiera sido por el humor árido del demonio sentado al lado mío este habría estado riéndose de mí.

Jamás llegué a cuestionar mis sentimientos por Annie Leonhardt hasta que la vi tan vulnerable y cercana a otro que no fuera yo.

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Llegamos al hotel. Levi apuró el paso yendo a la recepción.

—Sir Arlert, ¿en que habitación se encuentra?

Armin lo siguió.

—Es mi abuelo, tengo que verlo

El empleado respondió: "Sir Arlert salió, no sabremos cuando regresará, quizás a cenar, iba a acompañado de otros caballeros"

—¿Quiénes? —cuestionó Levi.

—Un Doctor y otro Lord

Maldije en silencio nuestra suerte. Levi pidió la suite más cercana a la de Sir Arlert, nos fuimos a reunir ahí todos. Durante horas nos quedamos a esperar, nadie podía decir nada, y Annie empezaba a ponernos nerviosos entre más rezaba en silencio.

—¿Qué pasa si él mata a Sir Arlert? —soltó luego de un número incalculable de padres-nuestros.

Armin le devolvió una mueca de dolor.

—El no pudo haber hecho esto… ¿cómo pueden existir los ángeles?

Annie ya que no quería discutir sobre lo que existía y que no, eso lo daba por sentado.

—Tiene amenazado de muerte al Doctor Jaeger —me hizo sentir mal en mi asiento —va a ir tras todos los que la atraparon...

—Pero mi abuelo…

—Él no los considerará de otra forma, tu abuelo financió el proyecto

Le vimos resguardar la cara en las manos, cubriéndose como si su cabeza fuera a estallar. Nos daba pena y desmoralizaba a ambos.

—Eren, nos va a matar a todos te diga lo que te diga ese sujeto. Viste sus ojos, no es humano, él es el diablo

Enfadado quise mantener el control.

—Está buscando a su esposa, vino a Londres a rescatarla—, me propuse a decir en afán de defenderle —en lo que ha hecho está en su derecho

—¿Cómo puedes decir algo así? —susurró.

—Mocosos —me puso la piel de gallina la voz de Levi —por si no lo saben es descortés hablar de una persona entre ustedes si esta se encuentra en la misma habitación, estoy oyendo todo lo que dicen, aún lo que piensan. Dejen de hacerlo

Armin desesperó yendo a la puerta a esperar como un guardia. Levi le miró desde su asiento con el bastón entre sus manos.

Finalmente después de horas, la medianoche llegó. Levi respiró hondo y se puso de pie, fue hacia la puerta, Armin le siguió, todos le seguimos. Sir Arlert estaba en el pasillo seguido de un fiel colaborador suyo en su despacho de administración para sus negocios. Al ver a Levi pidió ser dejado solo, puso las manos en la espalda caminando cómo un ser ligero de alma, sin resentir los años acumulados en sus hombros.

—Mr. Ackerman supongo

—Arlert —masculló Levi serio cual hielo.

Los tres detrás de Levi nos hicimos notar.

—¡Abuelo!

—Tranquilo Armin, este es un asunto de caballeros. Tenemos mucho de qué hablar y espero que sea en poco tiempo mi estimado señor, Hans me ha hablado de usted pero no usaré su verdadero nombre porque no me considero digno de pronunciarlo, por favor —indicó la entrada hacia su suite.

Levi no se movió ni un paso.

—¿En dónde está? —reafirmó su postura inicial.

—Es complicado. El Dr. Grisha Jaeger es un hombre que respeto y aprecio mucho desde que tuve el placer de conocerlo presentado por otro caballero. Es brillante, tendrá que entender toda la máquina que trabaja detrás de esas gafas

—Sir Arlert —me acerqué al escuchar el nombre de mi padre —¿Qué es lo que está pasando?

El hombre me miró con tristeza y entró a su suite.

—Tendrán que escucharme. Todos —dijo, y sin más respuestas Armin y Annie entraron al cuarto seguidos por mi y de un serio y molesto Levi. Si no actuó de otra manera fue porque seguramente Levi ya sabía lo que iba a pasar, la información que necesitaba la iba a obtener de una forma u otra.

Lo vimos sentarse y servirse un trago invitándonos a lo que Levi le rechazó y nosotros también. Así Sir Arlert empezó su relato acomodándose en leve parsimonia.

—El joven Bertholdt Fubar encontró en una salida de cacería el encuentro más sorprendente del que cualquier hombre pudiera relatar, le habíamos advertido de la lluvia, él quiso confiar en su suerte, y el destino le llevó a las tierras de un extraño, las del Vizconde Rivaille —señaló a Levi que le miraba sereno.

No pudimos evitar nuestra sorpresa al escuchar que aquel inmortal del infierno poseía un título nobiliario.

Sir Arlert encendió su pipa sacando humo de su boca, la barba canosa, el cabello blanco, las arrugas en su cansado cuerpo parecían llenarse de rastros de tabaco.

—Dueño de tantos acres hay muchas aves en sus terrenos Vizconde, Bertholdt no pudo evitar la tentación, la tormenta arreció en su camino anegándose las zonas bajas, y atrapado vio a Hans en todo su ímpetu descender a ayudarlo. Primero el joven Fubar temió, intentó dispararle, pero cuando Hans demostró que venía a ayudarlo, que no debía sentir miedo, dejó que lo llevará a experimentar la vista que solo un pájaro es capaz de disfrutar... En cuanto el choque de mentes se dio Hans confió en él y su discreción. Hablaron de Sócrates, Platón y Aristóteles… un ángel interesado en los humanos, sus teorías, pensamientos, en su mente…

Levi le miraba circunspecto, sin hacer el más mínimo movimiento.

—Bertholdt se enamoró de sus anhelos tanto como yo. Rompió su pacto de silencio conmigo porque llevar un secreto tan grande como ese es una carga pesada. Creyó que le dirá loco, que no existía, lo que nunca esperó fue que le dijera que mi único deseo era volverla a ver.

Levi habló.

—Un ángel sacó a un niño caído en un pozo, nadie lo había encontrado, llevaba día y medio atrapado. Le dejó conservar una de sus plumas cómo recuerdo de lo que nunca le iba a ser creído

Sir Arlert buscó en sus bolsillos una llave mostrándonosla.

—De todas mis pertenencias mi más grande tesoro, una pluma, un sentimentalismo lleno del recuerdo de su elocuencia y curiosidad, de la locura compartida, y de su bondad. Una pluma, el único contenido de la caja fuerte —indicó un cuadro, detrás la caja fuerte de la suite.

—Fubar le habló de ti, Hanji aceptó verte de nuevo— siguió Levi la conversación.

—Y me reconoció entre estas canas y arrugas aún después de tanto tiempo —vimos a Sir Arlert llorar. Seguramente Levi estaba leyendo su mente—. Era solo un niño… creí que había sido un sueño tanto…

—Leonhardt los siguió —puntualizó el esposo del ángel.

—Metió la nariz donde no debía. Lo siento Annie, sé que es tu padre y merece respeto, sus últimas acciones han hecho que el respeto que hubiere sentido otrora por él se vea desaparecido

Annie le miró comprensiva.

—Yo tampoco lo respeto ahora

Ambos entristecieron sus semblantes.

—Es una pena —volvió después con Levi en un silencio raudo—gentilhombre, sé sobre el sable de su bastón, no hay razón para amenazarme porque yo también estoy armado—sacó la pistola Colt de su bolsillo que había tomado de su casa.

Levi siguió sin moverse, los ojos atentos pero indiferentes, con la frialdad de su legendaria raza.

—¡Abuelo!

—Lo siento Armin. Esto también ha sido culpa mía —su nieto quedó paralizado, sin comprender.

—No he venido a matarte —declaró Levi.

Sir Arlert le miró descuidado.

—Lo sé— habló—, el asunto es que yo ya no quiero vivir con lo que he sido participe

Desde que tenia memoria recordaba a Sir Arlert con la voz cascada, cansina y embotada, sin embargo lleno de vigor.

La voz que usaba ese día no tenía esperanzas encendidas.

—Mis manos están sucias, y no hay nada más allá en cuanto muera. Sin buscarla me he apagado una ilusión, eso quiero comprobarlo por mi mismo, a dónde va a caer mi alma...

Levi se puso de pie sosteniéndole la mirada.

—Cuando mueres dejas de existir, es así de simple

Arlert le sonrió.

—Nada menos lo que ansío

—¡Abuelo! —corrió Armin a tratar de detenerlo, pero el anciano le propinó una patada despegándose de su asiento, le miró en el suelo adolorido.

—Cuida a tus padres Armin, y también a tu prima, serás un gran hombre algún día —luego continuó su contacto visual con Levi—. Sigue toda la Regent Street, abajo, la tienen abajo, en Picadilly Circus… —alcanzó a decir antes de que los gritos de Armin Arlert, el único nieto del respetado y honorable Sir Arlert,sonaran por todo el hotel si el distinguido caballero que había rentado una suite de las más lujosas —misma dónde había vivido con su esposa cuando se mudó a Londres-, acababa de poner su preciada Colt de colección en la boca y jalara el gatillo dejando los restos de su cerebro en el papel tapiz, cuadros y adornos de la pared a sus espaldas...»

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