Publico hoy porque estaré muy ocupada el fin de semana y ni hablar del lunes siguiente... (perdón por todo lo consecuente en este chap)
El jueves es el día más largo y el más complicado. Sorry!
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Jueves 1 de Mayo, 1851, Día de la Gran Exposición
I
«Annie fue a socorrer a Armin en el suelo que gritaba cómo si le hubieran disparado a él, como un loco. Estaba empapado de sangre en la cara, y ella también derramaba lágrimas, siendo fuerte ella por él. Los dos habían querido mucho a Sir Arlert cómo para verlo quitarse la vida.
Me cubrí la boca por la impresión, mis piernas querían fallarme así que tuve que obligarme a no caer ni gritar. Descubrí mi cara húmeda, en un parpadeo gotearon mis ojos.
Levi tomó la llave de la caja fuerte del cuerpo de Sir Arlert y se la entregó a Annie.
—No tardan en venir a ver lo que ocurrió. Esto le legó su abuelo, y muchas cosas más —se la entregó a la señorita Leonhardt—. Voy a matar a Grisha, también a tu padre
La rubia hundió a un desolado Armin en su pecho, la cofia con listones coronando su cabeza y sus rizos, lo mecía para calmarlo en un movimiento arrullador.
—Cállate… —cerró los ojos —haz lo que debas
A la puerta se acercaban pasos, y antes de saber qué era lo que estaba pasando Levi me tomó del cuello y me arrojó por la entrada tan rápido detrás de los hombres entrando que en un abrir y cerrar de ojos estábamos en el pasillo y luego en otro pestañeo entre el aire cortante por el que pasaba mi piel como en un túnel estábamos en la calle. No conocía ser o vehículo capaz de tales velocidades. Levi lo era.
Tambaleando y mareado le seguí. Llamó a un carruaje y subimos, yo estaba aún aterrado por lo que había pasado en el hotel, mi corazón latía tan rápido que dolía, y mis pulmones no se daban abasto. En el asiento tuve arcadas secándome los ojos.
—La gente que va a morir muere, no puedes hacer nada por detenerlo, es una fuerza imparable —me dijo Levi.
Yo poco lo escuché si seguí intentando dejar de llorar, el pecho y la cabeza me punzaban.
—¿Ahora comprendes Eren por qué las especies no deben colisionar?—retomó al momento —El hombre está corrupto, encerrará a los ángeles y juzgará a los demonios
Un pensamiento cruzó mi desesperación.
—Hanji conocía a Sir Arlert… —susurré. Era la primera vez que llamé a Hans Zöe Hanji.
Levi tronó la boca.
—Eso quedó entre ella y Arlert. Jamás se queda quieta, trata de buscar luz en donde solo habitan sombras, pero su calidez tampoco es un obstáculo cuando debe pelear… se ha hecho blanda...
La inquietud me invadió en medio de mis espasmos de terror por el suicidio que había visto.
—¿Ella pelear?… es un ángel…
Levi me miró exhortando con su mirada a que dejara de hacer preguntas antes de tranquilizarme. Yo tenía unas inmensas ganas de orinar ya fuera por miedo, nervios o lo que fuera. Sus ojos brillaron carmesí.
—Han habido muchas guerras en este mundo Eren, no todas han sido humanas...
A mi me sobrevino otra arcada.
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Por un largo tramo llegamos a Picadilly Circus desde el hotel bajándonos del carruaje. Levi se puso en medio de la intersección con la Glasshouse Street y respiró hondo de nuevo concentrado. Al volver en sí tomó su rumbó y empezó a caminar hacia el Este un par de calles hasta donde estaba seguro Picadilly se acababa. Llegamos a una puerta de un edificio viejo a la que tocó y le fue abierto. Reconocía el edificio con sus atlantes en la entrada, en la izquierda un Atlas cargando un mundo, el otro con medio cuerpo de pez enredándose en la columna con facciones grotescas que le hacían parecer más una gárgola que un hombre, algún monstruo de mitología griega cargando una piedra, quizás un titan derrotado por Zeus. El de la izquierda de porte vetusto, el otro monstruoso cuya fealdad nos deteníamos a ver a cada cliente resaltando más la belleza de Atlas. Cada que podía comparaba ambas figuras observando siempre lo mismo cuando me reunía con mis camaradas a enterarme sobre las últimas noticias de nuestro círculo bebiendo café. Esa era la Cafetería del Titán. Por todos era conocido que ahí se podría conseguir opio en los pisos de arriba pero no fumarla, abajo estaban los baristas.
Levi andaba cómo si conociera todo ahí, preguntando por nombres cómo si fueran conocidos, siempre regio y atemorizante. Me sorprendía su adaptabilidad, yo me cubría la cara con el cuello de la levita, había gente ahí que podría reconocerme, y ello sería un problema.
"Estúpidos humanos y sus pensamientos de mierda" escuché en mi cerebro, Levi me miró, supe que él había dejado oír su voz en mi cabeza y esto me aterró más.
Me obligué a seguir adelante, llegamos a la zona de servicios y luego a la bodega. Un chino se acercó y en su idioma habló con él. Pareció tener que negarle el paso, pero entonces Levi sacó el sable de su bastón y le amenazó con cortarle el cuello. El anciano le abrió entonces.
—Xie xie —escupió en respuesta dándole un golpe que lo dejó en el piso. Era un armario, nada en su interior, una trampilla en el piso, detrás de ella escaleras marinas, Levi bajó de un salto y se me adelantó, yo me resbalé en los últimos escalones y caí. Seguramente el demonio pensó que era un idiota.
Seguimos andando por varios metros, eso era un túnel, y todavía debimos bajar más. Llegamos a lo más parecido a una gruta, antiquísimos arcos no muy altos de base a los edificios y al pasadizo que estábamos recorriendo. Corría en una sola dirección.
Llegamos a una zona iluminada por antorchas parpadeando por las corrientes de aire, varios hombres con armas de todos tipos, desde palos hasta de fuego. En el centro un hombre de sombrero, al voltear arrugas bajo los ojos y un bigote curvado de las puntas sobre una socarrona sonrisa. Lo reconocí.
—Pixis… —salió irascible la voz de Levi tan parco en demostrar emociones, siempre frío.
El nombrado sonrió arrugándose toda su cara.
—Tuvimos que arrancarle suficientes plumas, recolectar su sudor y sacarle algo de sangre para lograr la mezcla perfecta. Incineramos todo lo demás, ¿vas a poder conseguir su rastro?
Levi había vuelto a guardar el sable en su bastón, su mano se apretó a el.
—¿Qué fue lo que le hiciste? —preguntó entre dientes, quizás eso ya lo sabía viendo la mente de Lord Dot Pixis.
—Debes ser el esposo celoso… Levi, "hijo de Jacob". Escuché sobre ti
—Tú no escuchaste nada
—Es cierto, Hans no me lo dijo, pero Fubar sí. Está casada, marido celoso de mal carácter, sin embargo tan loca de amor por él como una Tisbe, en mi opinión habría sido más conveniente una Cleopatra… —soltó una carcajada.
Todos los hombres levantaron sus armas contra nosotros, en esa rotonda estaba preparado todo para nosotros. Empecé a sudar. Era una trampa. Todo había sido una trampa.
El plan era liquidarnos, tenían que deshacerse del marido del ángel. Yo era su guía.
¿Sería posible que Sir Arlert nos hubiera hecho esto? ¿Por eso se suicidó? Entonces ¿por qué Levi no lo había visto en su mente?
Los engranes en mi cabeza me hicieron razonar algo. Sir Arlert era el hombre más honesto que conocía en mi vida, no habría sido capaz de algo así ni de fingir u ocultarlo. Él solo había sido un peón para Leonhardt y quizás de mi padre también.
Mejoré mi vista más allá de Lord Pixis, detrás estaba Verman junto a un saco cubierto de rojo cuyo contenido se desbordaba, plumas castañas.
—Pese a las circunstancias Eren, me alegra verte a salvo—, se dirigió Pixis a mí —aunque no estoy del todo conforme con el lado que has tomado
Encontré ira en mi interior.
—¿Qué piensan ganar con el ángel? Si ella hubiera querido esto lo habría hecho por voluntad
—Yo no busco la verdad, no soy filósofo, no busco la fama, eso se lo dejaré a Leonhardt, ni me importa lo más mínimo el conocimiento, Grisha es el que esta obsesionado con eso
—¿¡Entonces qué!? —grité.
—Por su delicioso talle, las alas y el sarcasmo —se puso a reír—. Es algo que nunca había visto, una lástima que ya haya estado casada pero fue una agradable compañía
—Maldito degenerado —puntuó Levi. Su voz llegando a congelar mis huesos.
—Oh no sir. Ella es una dama, y casada, no puedo evitar confesar que en mi imaginación corrieron muchas escenas… Sus manos, oh sus manos, ¿habíase visto manos tan suaves? Estrambótica la mujer, rebelde pero adorable
—¿En dónde está mi padre? —pregunté.
—En algún lado. No sé nada, Verman tampoco. Grisha entiende que el esposo ha de tener una habilidad parecida a la de ella para meterse aquí —se tocó una sien —por eso no nos dijo nada
—Dejaste que los hiciera el sacrificio para su gran aparición —tiró Levi.
—¿Qué si así lo hice?
—Verman solo es el perro faldero que te sigue, viviendo de sobras
—Mr. Verman es más respetable que yo
Vi atrás de Pixis a quién estaban refiriéndose, él temblaba y sudaba mucho, el rostro empapado, su cuello sucio, grandes ojeras.
—Eren —, fui llamado de repente por Levi —al suelo —me fue ordenado.
—¿Qué?
Levi giró en un pie dándome una patada en la cara que me derribó.
—Dije abajo —volvió a decir, sus ojos se incendiaron en llamas rojas, la misma mirada demoniaca.
Todas las antorchas se apagaron quedando solo el rojo haz de luz de su cara que se hizo una línea fugaz en toda la habitación en medio de los disparos estallando en las armas de los matones de Pixis. Hubieron gritos desorientados dolorosos y desconcertados, golpes de carne, sonidos de un filo cortando, una escandalosa muerte similar a la anterior y a la siguiente, repetitiva. Iban en serie. Más gritos que se ahogaban en la oscuridad al paso del halo carmín. Luego nada, esténtores de agonía de alguien, pasos, y un último disparo, uno que si vi bien, Levi le dio a la cara de un sujeto del que ya solo quedaba la mitad, esto en un acto de piedad. Vomitaría, tuve que controlar mis intestinos. Sentí mis dientes, uno de ellos bailaba, una muela, la arranqué de un solo tirón, el golpe de Levi me la había sacado. Pensé en tirarla, me la quedé en la mano.
Las antorchas se prendieron todas a la vez, la sobrenatural orden muda fue de Levi que ya sin fuego en los ojos se acercaba a Pixis en el suelo con una herida de bala en el pecho. Ahora con luz en la habitación fui testigo de la masacre, partes de lo que antes habían sido hombres por doquier, intestinos, sangre en las paredes, salpicado de rojo todo el lugar, disparos de cañón explotando en la carne en profundos agujeros. El aroma era a podredumbre y óxido, era sumamente asqueroso, me tuve que contener de volver el estómago una segunda vez. Escupí por asco. Pixis conservaba la sonrisa aún derrotado.
—Escoria —dijo Levi.
—Hombre con suerte—respondió él, balbuceando en el piso—. ¿Será cierto? ¿Se van a fundir en un beso hasta ser una sola entidad, ustedes… seres de distintos mundos?
—Lord Pixis, ¿por qué? —inquirí lleno de ira y angustia por mi padre. La sangre del golpe que me dió Levi se mezclaban con la saliva que caía de mi boca. Él tosió el color de sus heridas y me miró.
—A veces un hombre hace cosas tontas Eren, solo por un rostro bonito o unas lindas piernas… —sonrió más—no creo que lo comprendieras…
Levi bajó a su cuerpo y lo degolló con su sable, una cascada de rojo cayendo de la herida, un último intento de respirar burbujeante, y entonces su cabeza cayó en el cuello sin fuerzas. El demonio se irguió mirando a Verman enovillado en una esquina junto al saco de plumas, había ensuciado sus pantalones. Vi a Levi Ackerman levantar una de las armas de las que se había apropiado y disparar, la cabeza de Verman voló deshecha dejando su cuerpo horrendamente decapitado.
—Basura —lo llamó, yo seguí temblando en el piso.
Al salir de la Cafetería del Titán seguí aterrado y creía fielmente que mi aspecto sería el que tuvo Verman por tanto sudor. Me obligué a disimular ante los transeúntes tratando de no llamar la atención. Mi vestimenta me señalaba pobre, no mucho para que valiera su tiempo a señalarme. La repulsiva escena había terminado, pero nos habíamos quedado sin más pistas en nuestro objetivo. Me sentí extraviado. En nada había disminuido mi exaltación y por lo que había pasado esta había despuntado más.
—¿Y ahora qué Levi? ¿¡Dónde más buscarla!? —le preguntaba a sabiendas de que él tampoco tendría respuesta alguna.
Lo veía sostener su bastón con mucho qué pensar, se acomodó el sombrero.
—Continuaré—, decidió — no me importa buscar en cada calle de Londres, ella debe estar en algún lado, voy a encontrarla
Era una locura.
—Amanecerá en unas horas, ¿qué vas hacer? ¡Te incendiarás!
—Eso no me matará, solo es un estorbo
—¡Serás visible para todos! —grité, pero él solo me miró con unos ojos tan enceguecidos en locura que me robó el aire.
—No descansaré hasta encontrarla Eren
Tartamudeando de nervios hallé fuerzas para seguir hablando.
—¿Por dónde más seguir? ¡Ya no sé que más decirte! No tengo idea de dónde buscar
—Eso no me detendrá
—Levi
Por primera vez vi una mirada diferente en el extraño que me había secuestrado y llevado por las calles de Londres con un salmo en la boca rogando que no me matara. Estaba preocupado.
—Es mi esposa Jaeger, ellos se la llevaron… —expresó con dolor.
¿Qué más era lo que yo quería pedirle? Estaba tan perdido cómo yo, pero decido, nervios de acero.
Así fue como se escuchó un susurro que condenó a mi padre.
—Los voy a matar… los voy a matar a todos…»
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PERDÓN! PERDÓN!
SÉ QUE HE PECADO. PERDÓN...
