Ninguna mala racha es eterna, y aunque aún no he salido de la mía ya no podía posponer esta continuación...

Con este fandom me siento comprometida, no les puedo fallar. Ya estamos cerca de que se acabe este fic...

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Jueves 1 de Mayo, 1851 Día de la Gran Exposición

III

«Hitch había salido con pies en polvorosa, la mujer de Nile también, en un callejón donde todos los indigentes corrieron despavoridos Levi estaba moliendo a golpes a un semidesnudo Nile con su bastón, agradecía que en esa golpiza por lo menos no hubiera desenvainado el sable del mismo. Éramos blanco de miradas y preferían evitarnos, esto parecía común en la zona, no iban a ayudar a ese pobre diablo con mala suerte, menos cuando alguien vestido como noble era su atacante.

Neil había soltado todo.

—Ya ye dije a dónde fue que lo acompañé con el cargamento, ¡no nos necesitó para nada más!

—Te volvió a contratar—, le pisó Levi una herida en la mano —¿dónde tienes la dirección?

—Iba a llegar alguien a decirme

—¿Cuándo?

—Hoy, a las tres de la tarde…

Avancé un paso hacia ellos, Levi sacó su reloj, el sol no importaba y estaba nublado en dónde estábamos. Eran las tres en punto. Vimos el carruaje afuera junto a donde debía estar el nuestro que ya había desaparecido con el dinero pagado por adelantado de Levi y el arma que le cedió.

Corrimos de regreso al edificio, un desconocido caminaba hacia la puerta de Nile sacando un sobre de sus ropas, iba con dos guardaespaldas, deslizó el sobre bajo la puerta y con esto Levi llegó tirándome su bastón a que lo sostuviera, dio un salto leve y golpeó la cabeza de los guardaespaldas del mensajero dejándolos devastados, no se iban a levantar. Reconocí al hombre, era un trabajador de Lord Leonhardt que tembló al ver a Levi, sus ojos llameaban en rojo de nuevo. Levi se acercó y de un golpe lo tiró por la ventana del pasillo cayendo del segundo piso del edificio hacia la calle.

—Agradece que nadie conoce tu nombre ni ha visto tu cara—recordó la bufanda, yo volví a cubrirme el rostro, debía ser cuidadoso de resguardar mi identidad.

Tomamos el carruaje en el que llegó el mensajero de Leonhardt.

—¿Dónde está el señor…

—No está disponible, dijo que tomáramos su carruaje —calló al cochero Levi, le pasó una cantidad de plata y no hizo más preguntas, azotó a sus caballos y partimos veloz.

Mi sorpresa fue grande cuando llegamos a la Oxford Street, un carro increíblemente grande con varios caballos al tiro, trabajadores esperando afuera para cargar algo, iban a subirlo en una rampa ya instalada. Era una tienda que estaba siendo remodelada, su fachada había sido tirada para empezar desde cero y era cubierta a la vista peatonal. Los carruajes se quejaban de estorbar el tráfico, pero en cuanto llegamos Levi respiró profundo y cambió de semblante, sus ojos se inyectaron de sangre y las venas en sus manos se marcaron. Pidió que fuéramos dejados antes de llegar a donde estaba la tienda, dos calles antes.

—¿Está ahí? -le pregunté.

—Puedo percibirla

—¿La hueles?

—No. Es más como su energía, no solo se percibe en el aire, también en la piel. No podría describir cómo se siente

Ajeno a lo que para él era esa sensación lo seguí hasta un callejón donde se recargaban las tiendas de al lado, Levi me sujetó del brazo y saltó en los muros hasta dejarnos en el techo, de ahí corrimos sobre los edificios sin llamar la atención aunque podría jurar que vi a varias personas señalarnos desde sus ventanas, solo que no habíamos sido producto de mucha atención. Al llegar al sitio indicado no había nada, el edificio tenía muros gruesos, conservaba una estructura importante.

—Tienen a Mikasa ahí adentro, estaba haciendo preguntas y Neil se la dio a los hombres de Leonhardt, intentó pelear, está asustada…

Con su cuchillo en la bolsa me sentí extraño, no por los sentimientos de Mikasa hacia mí sino porque me importaba, y saber que ella me importaba también fue un descubrimiento.

—¿Estás preparado? —me entregó un arma cargada —si fallas un disparo no podrás recuperar esa bala. Este asunto no te incumbe

—Me incumbe si es mi padre, y también si secuestraron a Mikasa-. La tomé decidido -Esto no puede involucrar a más gente inocente. Sir Arlert no se merecía esta culpa

—Si el no participaba buscarían a alguien más. Hanji no lo perdonó porque vio en él su arrepentimiento, para ella no había nada que perdonar. Leonhardt y Grisha no se van a arrepentir de lo que han hecho, y si lo hacen no será honesto

—Lo sé

—Tu padre me debe su vida

—Estoy consiente

—¿Piensas detenerme?

—Sí —decidí no mentirle si leía mi mente, habría sido peor mentir —si logro convencerlo de retirarse te pido que no lo mates

Levi se tomó un tiempo para analizar mi respuesta, había sido honesto, hacerlo me había costado mucho valor.

—¿Qué va a ser de su futuro sin este hallazgo?, con su nombre en ridículo se volverá lúgubre. Invariablemente tendrá un final como el de Arlert

—¡Déjame intentarlo!

Recibí una fría mirada de incredulidad.

—¿Qué pasa si no lo logras?

Choqué los dientes lleno de dolor. Cabía esa posibilidad.

—Entonces al menos lo habré intentado…

Levi tocó el perno de la puerta del techo, esta se derritió al rojo de alguna fragua maléfica y empujó para que bajáramos, encontramos a un par de hombres cuidando, Levi desapareció en un borrón y ya los había quitado del camino. Seguimos hacia abajo y encontramos más cuidadores, por más que levantara mi arma a tratar de defenderme o ser útil Levi ya se había encargado. No pudo hacer un trabajo limpio, hubieron algunas bajas sangrientas.

Este escándalo atrajo a más hombres que salieron a nuestro encuentro y a prepararse a los que estaban en el lugar más apartado y seguro para lo que ya se venía, a donde debíamos llegar era el sótano. Levi ocupó las armas de fuego de los caídos, levantaba con los pies tejas o ladrillos en el suelo que acababan siendo pateados dejando inconscientes a los que recibieran el impacto. Se esforzaba por no matar a nadie, no siempre lo conseguía.

A uno de ellos me vi disparándole, el impactó acabó en un hombro, me sentí aliviado de no haberlo matado porque de haberlo hecho me habría sentido criminal, pero cómo este no se detuvo en continuar su ataque contra mí Levi disparó en medio de su propia lucha, volando cómo si no hubiera gravedad y usando las paredes para correr en ellas tan rápido que parecía romper toda ley de la naturaleza; así vi al hombre con el que me enfrentaba ser atravesado de la cabeza transversalmente por la bala de Levi a caer muerto frente a mí.

Me quedé quieto, yo no era una amenaza tan grande cómo lo era Levi Ackerman al que todos se le abalanzaban y eran suprimidos uno a uno. Pocos reparaban en mí a no ser que fuera para distraerlo. En alguna parte era su responsabilidad y me mantenía a salvo, solo cuando se acordaba. Sabía que era un extra en su equipaje y que no debía estar ahí, pero era mi deber, todo este asunto incumbía a mi familia.

Cuando los acabó no pareció quedar nadie, me equivoqué al suponerlo cuando Levi lanzó uno de los cuchillos de un hombre que lo estaba atacado y que fue directo al pecho de otro que corría contra él con un palo en las manos, y el segundo cuchillo que recogió iba contra alguien detrás de mí, todavía un tercero, que esquivó de nuevo y logró darme alcance. Me dio una patada y estranguló desde la espalda, puso un arma contra mi sien.

—Ríndete, deja el arma —ordenó escupiendo en mi cuello, era más alto que yo—. Lo mataré… ¡te juro que lo mataré!

Pese a su determinación le temblaba la voz amenazando con asesinarme, estaba aterrado por lo que un solo hombre había hecho en unos cuantos minutos, no era posible y no era humano. Se trataba de Levi, solo humana era su estampa de presentación, su alma y el resto no.

Como Levi le rompió el cuello a su actual víctima que pasó a serlo de ser agresor, me sentí intranquilo tragando pesado.

—¡Abajo! —le gritó. Levi no tiró su arma, me veía a mí, yo gruñía por lo estúpido que había sido para poner mi vida en peligro y ahora tener que contar con la decisión de Ackerman para salvarme, parecía que dudaba en prestar ayudar porque, ¿que era yo más que un estorbo en su misión de rescatar a Hanji?—. ¿No me estás escuchando?

—¿Acaso no sabes quién es él? -inquirió Ackerman sin mover un solo dedo.

—¡No me importa si es el Príncipe Alfredo! -recibió respuesta.

—Él es Eren Jaeger, hijo de Grisha Jaeger

El hombre pareció dudar.

—No me importa —dijo más nervioso que antes. Parpadeé un instante y al volver a abrir los ojos Levi ya no estaba.

—Debería importarte —escuché su voz a mis espaldas, golpeó al que me tenía sujeto y cayó al piso, alcanzó a disparar, me hice a un lado tarde y el proyectil atravesó mi cabello. Levi se dio cuenta—. Ten más cuidado idiota

Me revisé la cabeza, al ver mi mano solo había sudor, y olía mi cabello quemado por el paso de la bala.

Por orgullo no me disculpé pese a haber sido mi torpeza.

Continuamos descendiendo. Levi ya estaba impaciente, habían unos tipos con escopeta en frente, me regresé, no quería doblar la esquina del muro. Empezaron a disparar todos a la vez, Levi saltó hacia el techo, rodó en el aire y sin escuchar más escándalo los había quitado de su paso, quedó uno, me asomé levantando el arma que me había dado, pero como Levi ya estaba harto le tomó del rifle y lo empujó en su cabeza atravesándolo. Me quedé ahogando un grito de pavor. Desde Pixis no lo había visto tomar una medida tan drástica. El rifle dejó un enorme agujero en su cráneo y verlo así de expuesto era repulsivo y visual. El aroma de todas estas escenas es algo que jamás podré olvidar, esa pestilencia a vísceras vivas y humeantes entre carne abierta y huesos rotos expuestos, órganos que funcionan un rato más hasta que se dan cuenta de que su dueño ha muerto y están en proceso de desfallecer. Siguen latiendo y haciendo ruido hasta que se detienen. Todo eso jamás podrá ser borrado de mi mente.

Ví a Levi sacar un pañuelo y limpiarse la sangre de la mano.

—Asquerosa inmundicia… —murmuró, se guardó el pañuelo doblándolo y seguimos a otra puerta. Descendimos aún más varias escaleras, estaba iluminado perfectamente, era el mismo sistema de bujías que habíamos visto para la iluminación en el edificio industrial donde había sido llevado a ver el ángel dirigido por Lord Leonhardt junto a su hija y mi madre.

A los primeros que encontramos fueron a Bertholdt y Reiner que nos miraron extrañados y también como si ya nos hubieran estado esperando, ellos iban armados pero no nos amenazaron ni nos dijeron nada. Bertholdt bajó la cabeza avergonzado, Reiner sí me sostuvo la mirada con enfado. De alguna forma yo discerní que se sabían derrotados, y no hicieron nada por esconderlo.

Levi los ignoró, miró con desprecio a Fubar pero no continuó con él. A nuestro paso se movieron, íbamos de camino hacia el final de la bodega, escuchábamos voces, fuimos seguidos por ellos. Los que hablaban estaban en medio de una discusión.

—¡Si aceptaras venir con nosotros todo sería más fácil Hans, no seas tonta! —le decían revelando su ubicación exacta después de un día y medio difícil tratando de hallarla en Londres. Su personalidad sonaba intacta.

—Paxton es un hombre agradable, admiro sus invernaderos y me gustaría conocer el Palacio de Cristal, pero no reside en mí ir

La voz de Hanji me hizo suspirar de alivio, habíamos dado por fin con su paradero, no había nada más que saliera mal desde ese momento, Levi la tendría de vuelta como quería. La pesadilla debía terminar.

—¡Claro que sí! —le respondía la voz de Lord Leonhardt—. Podrías venir y conocer las maravillas de este mundo en la Exposición, toda la maquinaria que quieras

—Podría haber cambiado de opinión si lo hubieran preguntado al principio, al menos lo habría pensado. Ni siquiera respetaron a Arlert, ¿por qué confiaría en ustedes?

—Porque no queremos ser tus enemigos

Escuché a Hanji reír, parecía divertida pero a la vez triste. Lord Leonhardt debía ser un bufón a sus ojos de eras antiquísimas.

Entonces se detuvo y les dijo con un tono pacificador: —¿Es que no lo comprenden?... Ustedes no son mis enemigos…

—Pero míos sí lo son… —sonó una voz lúgubre desde las sombras, una que provenía de mi lado izquierdo.

Levi salió a la luz con el grupo reunido alrededor del ángel, al rededor de su mujer.

Su esposo celoso acaba de llegar por ella.

El terror inundó la habitación...»

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