::: Encontrándote :::

Los parajes eran inmensos, cada montaña era un paraíso mismo rodeado de hermosa vegetación y un sinfín de criaturas que revoloteaban por todos lados. Felices. Sin preocupaciones. Los ríos y lagos que adornaban y nutrían con sus aguas los bosques, eran tan cristalinos que fácilmente uno podría ver el fondo del mismo; donde los peces nadaban sin temor alguno, disfrutando del refrescante liquido vital para la vida misma. Los cielos, siempre hermosos, siempre azules, adornados con sutiles y esponjosas nubes blancas, siempre transmitían una inmensa paz y tranquilidad, iluminados por el magnificente Helios durante las horas diurnas, y por Selene en la oscuridad nocturna. Los pastos, siempre vivos, de diferentes verdes por todos lados, se asemejaban a enormes mantos cálidos que cubrían la inmensa y llana tierra. Cobijando entre sus pasturas a diferentes criaturas que vivían debajo.

Arboles inmensos, tan altos que parecieran alcanzar el mismo cielo. Llenos de vida, con nidos de las hermosas aves del cielo que anidaban entre las ramas de cada uno de ellos. El aire, limpio y puro, se respiraba sin dificultad alguna. Embriagando con su frescura a todos los seres vivos que habitaban la tierra de Gaia.

Y un hombre, tan robusto como un dios, con sus largas cabelleras a cuestas, una mirada cálida y movimientos danzantes, deambulaba por las verdosas pasturas, maravillándose con lo que sus ojos veían. Los animalillos, todos curiosos por el extraño ser, dejaban sus quehaceres diarios para observarle, otros mas curiosos incluso se le acercaban, olfateaban el aire a su alrededor y, cuando este hacia algún movimiento, salían despavoridos a esconderse entre los altos pasto cercanos.

Con una sonrisa, aquel a quien le gustaba llamarse a si mismo como Cronos, deambulo por los parajes, siempre buscando con ojos anhelantes algún ser que se le asemejara. Su caminata llevaba ya varios días de haber iniciado, Helios, le proporcionaba la luz durante las horas necesarias, y Selene, siempre amable, le proporcionaba su luz durante las noches obscuras. Ingería frutos de los arboles que encontraba, siempre jugosos y frescos. Tomaba agua de los ríos cristalinos y seguía su camino. Había pasado ya varias llanuras y montañas, había caminando tanto que sus pies deberían sangrarle o dolerle, incluso el mismo debería estar fatigado, pero él, quien hacia y veía cosas impresionantes, poseía una determinación de hierro y una fortaleza impecable. El Titan, Cronos.

Su caminata le había llevado hacia un inmenso bosque, mas hermoso que los que hubiera visto antes en su camino. Ansioso por explorarle, se adentro en el. Ignorando que varios de los animalillos que le seguían, se detuvieron justo en el limite de dicho lugar, hacían alguna especie de reverencia respetuosa y regresaban a sus hogares.

Deambulo por entre aquellos magníficos arboles, observando todo lo que sus ojos le permitían. Maravillándose del como los hermosos rayos de Helios se filtraban por entre las hojas y dejaban a la vista, entre las copas de los arboles, una hermosa pintura multicolor. El su camino se topo con algunos ciervos, quienes extrañados habían dejado de hacer sus caminatas por el bosque y le observaban hasta que se perdía de vista, para después seguir su camino.

El dia culmino con un muy fascinado Cronos, quien apenas vio salir a Selene en los ennegrecidos cielos, se dispuso a descansar, repasando en su mente las maravillas que había observado en su travesía, y sin querer, en su ensoñación, cayó presa del cansancio que ignoraba tener. No fue sino hasta varias horas después, cuando Selene se encontraba en su punto mas alto, que una melodiosa voz inundo el bosque, despertándolo de sus cálidos recuerdos en forma de sueños.

Hipnotizado, se levanto del lecho de hojas donde se había quedado dormido, y camino hacia donde su oído le indicaba que era la fuente del motivo de su despertar. Embelesado, extasiado y curioso, camino por varios minutos, ignorando a todos los animalejos que estaban a medio bosque, mirando fijamente a Selene en la negrura de la oscuridad y a las compañeras minúsculas de esta. Pronto, el canto de aquel ser, se escucho mas claro y hermoso, su voz inundaba de tranquilidad cada centímetro del cuerpo de Cronos, hechizándole casi por completo. Aquella melodiosa voz era acompañada por el sonido del correr del agua tanquila, maravillando aun mas al Titan. Sus pasos le llevaron a la orilla de un lago, el cual conectaba con un rio que bajaba por las rocosas del bosque y conectaba con el rio principal que abastecía al valle al completo. Este, a su vez, era alimentado por una muy pequeña cascada casi silenciosa, donde cuyas aguas bajaban por un par de superficies rocosas escalonadas, y entre ellas, una cueva, profunda y enigmática, bañada por la humedad.

En medio del lago, una enorme piedra semi-plana, rodeada de piedras mas pequeñas, y sobre ellas. Una mujer. Cronos no necesito que nadie se lo dijera, ella era su pareja. El lo sabia. Lo confirmo apenas sus ojos del color de la miel se posaron sobre aquellos ojos grises. Ella, apenas le vio, le dirigió una resplandeciente sonrisa, la cual iluminada por Selene, le otorgo una belleza y calidez inigualable. Cronos, embelesado, se acerco poco a poco a ella, flotando por sobre el agua, sin apartar su mirada miel de la gris de aquella magnifica criatura. Ambos se observaron detenidamente. Ella, apenas él estuvo cerca, acaricio su larga cabellera con la yema de sus dedos, en un rápido y fugas movimiento, se bajo de aquella roca, para estar a la altura de aquel ser al que su canto había llamado por varios días. Recorrió cada centímetro de aquel rostro con la punta de su dedo índice, acariciando la suave piel de aquel ser.

Ella dejo de cantar y él, guiado por la voz de su alma, la acerco hacia si, rodeándole completamente con sus brazos, aspirando el aroma que aquella hermosa criatura desprendía. Embriagándose por completo por el aroma a Azucenas. Sonriendo satisfecho, le acaricio el rostro, apenas con las yemas de sus dedos, dibujando en su mente las facciones de aquella hermosa criatura como si de un ciego se tratase.

Gaia. – susurro Cronos para si mismo, mirando aquellos ojos grises con un infinito amor, un amor implacable. – Mi amada Gaia. – le nombro sin siquiera saber si aquel seria su nombre, impulsado por su alma. Otorgándole su corazón al entero cuando sus labios soltaron aquel nombre sin reparo.

De todos mis nombres y de todos los tuyos, que nuestros descendientes nos recuerden como Urano y Gaia. – susurro aquella mujer con voz melodiosa. Aceptando el nombre que su amado le había dado, aliviada de que fuera uno de los suyos y uno de sus predilectos. – Urano, dios de los Cielos y Gaia, diosa madre de la tierra. – sus labios apenas tocando los de el ahora conocido como dios de los cielos. Urano.

Y asi, ambos, sellaron sus labios con la promesa de siempre permanecer unidos.


Por fin, después de muchas lunas, y muchas consultas, les traigo este primer capitulo. Eh utilizado, conscientemente, desde un principio a los dioses de la mitología griega, ¿Por qué? Porque no es mi fuerte y aun sigo con la ferviente idea de salirme de mi zona de confort. Estoy loca, lo se.

Ahora, aclaremos unas cosillas. Si bien utilizare un poco la mitología griega, no habrá muchos personajes en si, solo doce, los padres, que serian Urano y Gaia, y los hijos, que seria los diez primeros pilares. ¿Por que? Considero que será un reto aun mayor tratar de adaptar toda esa enredadera de descendencia a la telaraña de ideas que ya tengo en mi cabeza. Sera divertido.

Les advierto que serán capítulos cortos, lo mas cortos que mi obsesión por los capítulos largos me permita. Y creo que eso vendría siendo todo.

Perdonen las faltas de ortografía y la cacofonía.

Nos estaremos leyendo. Besos.