Eren no tenía una postura definida a favor o en contra de la arbitraria decisión de la mujer, pero lo ponía nervioso el tener al Sargento a la entrada del abismo de su mente, y al cerrar la puerta, Hanji se percató de la tensión que reinaba silenciosa en la habitación.
-¿Cómo lo lograste?- Rivaille estaba realmente molesto, aun alegando importantes actividades inexistentes no había podido lograr que el Comandante lo eximiese de presentarse en los experimentos de Hanji.
-¿Quién sabe? Las mujeres podemos ser sumamente convincentes.- Respondió guiñándole con coquetería.
La inocencia de Eren no alcanzó a comprender del todo la situación, a diferencia de Rivaille, quien súbitamente halló explicación a cierta tarde en la que el despacho de Erwin se encontraba curiosamente cerrado con llave y, acercándose a la puerta, atisbó los gemidos de su Comandante. Obviamente ahora los identificaba como gemidos, pues antaño los justificó como los estragos producidos por una ventana abierta, un ave, o cualquier otra cosa.
De repente no se sintió bien. El Sargento se imaginó más de lo debido y terminó inclinado con la cabeza entre las manos, así de bizarra se le antojaba la escena y las consecuencias del shock no se hicieron esperar.
En la Legión la vida de todo soldado era solitaria. Con la amenaza de muerte perpetua sobre sus cabezas apreciaban la vida y todos sus placeres más que nadie, y ciertamente Rivaille nunca fue una santa paloma como para recriminar la actitud de su Comandante o los métodos de Hanji. Lo que importaba en ese momento era no perder la poca compostura que le quedaba y asumir la situación.
En la penumbra iluminada por unas pocas velas, el aroma a humedad y encierro era insufrible para el Sargento, a pesar de tratar de ignorar tales condiciones y centrarse en el muchacho que se iba sometiendo gradualmente a las firmes instrucciones de la científica.
-Bien, Eren. ¿En dónde estás ahora?
-En el interior.- Con esto, se refería a cuando se transformaba en titán y se hallaba preso en la anatomía de la criatura. Era bastante difícil inducirlo a llegar a ese momento y Hanji apenas podía contener su emoción mientras Rivaille parecía dormitar de brazos cruzados en una silla adyacente.
-Ajá… Y, ¿cómo se siente? Quiero decir, ¿percibes algún cambio con la temperatura, cómo están tus extremidades, algún efluvio en particular?
-Hace calor, mucho calor pero… no es desagradable. Mis brazos se sienten ligeros y… AAAAHHHGG- Eren cortó con un grito que sobresaltó a Rivaille para luego sumirse en la inconciencia de nuevo.
-Eren, ¿Eren?
-Mmmmnnght
-¿En dónde estás? ¿Puedes ver lo que hay a tu alrededor?
-Sargento Rivaille- Musitó casi inteligiblemente.
-¿Eh?- Para sorpresa del moreno, Eren lo llamaba, y por si fuera poco, repetía reiteradamente su nombre.
-Rivaille, no me dejes.- Los ojos del Sargento huyeron de los de Hanji, quien se dirigía a él con un gesto de acusación e incredulidad.
-¿Eren? ¡Eren!- Cuando el muchacho comenzó a moverse raro, agitando quedamente las extremidades y forzando una respiración ya dificultosa de por sí, Hanji temió que se hallara ante un nuevo episodio de convulsiones.
El Sargento por su parte, sabía perfectamente lo que ocurría en el subconsciente del mocoso y sopesó con seriedad el callejón sin salida en el que se había metido. Tal vez tendría que asesinar a la científica después de eso. Si acaso Hanji no lo asesinaba primero por tomar la virtud de un niño que por casualidades de la vida, era la esperanza de la humanidad.
-Suficiente, Eren.- dijo con la típica voz firme y seca, eso le inmovilizó por completo a pesar de la inconfundible expresión que le confería una gran cantidad de sangre agolpada en sus mejillas, los labios entreabiertos y húmedos, y los incipientes temblores que recorrían el cuerpo del muchacho.
Todo estaba extrañamente claro para Hanji. Eren tenía una erección y Rivaille también hubiese tenido una si la situación no amenazara con acabar con su vida.
-Cualquiera que sea la explicación que tengas para esto, Rivaille… me muero por oírla.- Dijo sin mirarlo, sacando a Eren del trance y saliendo ella misma de la habitación. Necesitaba tiempo para asimilar esa cantidad de información.
Feliz día del trabajo, mis queridos/as lectores/as.
¿Saben qué sería bueno? Festejar prostituyendo a Rivaille.
Ok, no. Mañana vuelvo a clases y toca gimnasio de pesas. Es mi paraíso: muchachos apuestos con poca ropa sudando a toda máquina… Me inspiran a escribir lindas historias.
Abrazos titánicos, como siempre.
Aprovecho para responder a la persona que dejó review: Sinceramente agradecida, espero que te haya gustado como se desarrolla y el próximo capítulo será el final. Por lo demás, no dejaré de escribir, aunque sea probablemente mi última historia del fandom (y del semestre, porque la UCE me está dando duro contra el muro). Abrazos :3
