Epílogo

La Mayor Hanji buscaba el sujetador de algodón entre los pliegues de las sábanas. ¿Por qué esa molesta cosa era tan difícil de encontrar? Entonces, tuvo la buena fortuna de vislumbrar un tirante que sobresalía del peso del cuerpo del comandante. Tiró con fuerza de él, más el rubio parecía una mole de granito o mármol simulando una estatua griega que dormía plácidamente, dándole la espalda a la científica castaña. Ella observó cómo los incipientes rayos solares acariciaban los firmes contornos de la silueta a penas cubierta por una somera sábana.

El comandante gimió molesto y extendió un brazo para extraer la pequeña prenda de debajo del propio muslo.

Ella llevaba puesto todo menos aquel implemento de tela blanca y encaje, y esperaba poder salir de la habitación sin que el comandante se diera cuenta. No había situación más incómoda en el mundo para Hanji que despertar con su amante y tener que dar la cara tras el invariable suceso que le sacaba uno que otro sonrojo, y menos aún tras la charla que habían mantenido post-coito unas horas antes.

Hanji se alivió al notar que el Comandante aún no se había despertado por completo, y que el sacar el braseare de debajo suyo había sido un acto reflejo. Se lo puso tan rápidamente como sus manos se lo permitieron, odiando cada broche, y decidió que ya era tiempo de decir adiós en silencio, como siempre lo hacía.

Su mano sobre el pomo se detuvo al escuchar la voz de su comandante llamarla.

-No olvides la conclusión de anoche. Hanji… eso no es asunto nuestro.

Hanji tenía una mueca extraña en su rostro. Por un lado, ella sabía que para un miembro de la legión era algo maravilloso tener a alguien para saciar los deseos primarios y refugiarse en ese calor, porque en cualquier momento la garra de la muerte tomaría forma de titán y se los tragaría impíamente.

De pronto, un destello de lucidez relampagueó por su cabeza.

- - El dolor también cuenta.

Erwin no entendió a la primera, y el silencio hizo que Hanji se explicara.

- - Duele, ¿no es así? Me gustaría ser hombre para saber qué clase de dolor experimentan. Y si Jagger se transforma al recibir estímulos dolorosos… piénsalo, Erwin. ¿Cómo es que no hemos muerto todos?

No hacía falta mayor explicación. Erwin vio el mismo destello tras sus ojos y de repente, sintió una arcada. Por supuesto que lo sabía. La experiencia era sumamente dolorosa y Erwin se sorprendía, pues, o el sargento era muy buen amante… de lo cual no le quedaban dudas, pues hacía tiempo que había pasado por su cama, o Eren todavía tenía muchos secretos. Pero lo primero no podía explicárselo a Hanji.

- - Entonces, señor, ¡¿Tengo su permiso?! –Exclamó Hanji con ojos brillantes. Su faz de repente había esfumado todos los signos de preocupación y desvelo. Su excitación y curiosidad se podían palpar en el aire.

Erwin no dijo nada. Se lo pensaría. No es como si le hiciera alguna gracia el tener a Hanji mirando como toda una vouyeur a Levi mientras se tiraba al chico.

Suspiró y miró el reloj. Todavía podía darse veinte minutos antes de tener que levantarse y enfrentar al sol que se erguía hacia el oriente. Se volteó hundiendo la cara en el colchón, con los mechones rubios enredándose más, e ignorando el chillido del Hanji. Definitivamente estaba al mando de una legión de locos.

Entre tanto, Levi montaba rumbo al cuartel. Lo hablaría con Erwin de una vez y por todas, mas no contaba con que Pixies estuviera de visita, específicamente saliendo del despacho del rubio, lo cual le chocó bastante.

- - ¡Señor! –Saludó con disciplina. Eren hizo lo propio, tratando de que el perenemente ebrio superior no cayera en cuenta de la urgencia que llevaba.

Sin embargo, fue en vano, ya que Pixies se daba cuenta de todo, y gracias a esa sensibilidad cuasi sobrenatural, fue directo al grano.

- - Acabo de hablar con Erwin respecto de su asunto, Sargento, Jagger… -Los miró de hito en hito, tratando de apaciguar el inminente ataque de hipo que le sobrevenía a causa del licor añejado en barril de roble que el Comandante acababa de compartirle- La falta de información puede llevar a inesperados colapsos, espero que este, ocasionado por la mayor Hanji haya sido momentáneo. Traten de mantener un perfil bajo, porque, si exceptuamos el hecho de que Jagger sea un titán, la condición que cae sobre ustedes no es nada novedosa.

Levi hizo una especie de reverencia, tratando de disimular con una bien trabajada cara de pocker su asombro. ¿Cuántos sabían de lo suyo con Jagger?

- - Tal es el problema, mis queridos muchachos. Tras las murallas no hay secretos. -Le oyó decir mientras se marchaba.

En fin. Aquí el epílogo que prometí. Más tarde tal vez escriba un leemon LeviXEren.