Extra

Advertencia: Este capítulo posee escenas fuertes, salidas de tono, o como quieran llamarlas.

- Ya oíste a Pixis. No fue Hanji quien desencadenó el pequeño escándalo, en realidad, parece que fue la última en enterarse. –Dijo el Comandante, asomándose con su gallardía característica por la puerta, no bien Pixis torcía una esquina para descender e irse ebriamente en pos de su siguiente reunión.

- Y espera a que sepa de lo que le haces a aquel rubiecito. –Respondió Levi con desenfado. Para él todo había sido concluido, pese a la ola de bochorno que le provocó la declaración de Pixis.

- En fin –eludió Erwin con una sonrisa digna de un premio-, es bueno que estés aquí, Levi. Iba de salida, ha llegado un comunicado. –Mencionó abriendo más la puerta y asegurándose de que todos los implementos de su atuendo estuviesen en su lugar, cerró el despacho tras sí.- La siguiente expedición ha sido autorizada para dentro de trece días y necesito un recuento de todos los recursos. Ocúpate de informar al resto, no vemos en el comedor a la hora de la cena.

Levi hizo el saludo correspondiente. Erwin ni siquiera puso atención en el joven Jagger, quien torpemente apenas podía con el cúmulo de emociones que desbordaban su anatomía. En realidad, nadie había reparado en la presencia del titán, y él, lejos de sentirse ofendido, pues todo la situación hasta su desenlace giró en torno a si; estaba embargado por una sensación de alivio tan grande que de un momento a otro, cuando el comandante torcía la misma esquina que Pixis, creyó desvanecerse.

Afortunadamente, el sargento lo agarró en el acto, entonces decidió que una vez pasado el mal trago, festejaría la ausencia de consecuencias de la mejor manera. El despacho del Comandante había sido dejado sin seguro intencionalmente, según Levi.

Condujo al ofuscado muchacho tras cerrar la puerta hasta el gran escritorio de noble madera, que seguramente soportaría el peso de ambos. Eren cayó en cuenta de las intenciones del sargento en cuanto las manos de éste asieron con fuerza sus caderas, aprisionándolo entre el mencionado mueble y su propio cuerpo, le pareció algo terriblemente inapropiado y a la vez morbosamente atractivo. Presentó una ligera resistencia a la que el Sargento apeló:

- Vamos, Eren. Que yo recuerde, siempre quisiste hacerlo sobre un escritorio. Debo decir que este tiene mayor alcurnia que el mío.

Levi se lo tomaría como una pequeña venganza a la autoridad, dada toda la angustia que había sentido en esas últimas cuarenta horas. Claro que jamás admitiría que tal angustia había anidado en su pecho, pues eso no sería admisible en el mejor, el más valiente soldado de la humanidad.

Eren volvía en sí junto a los colores rosáceos que se apresuraban a ocupar mejillas y labios. Con el trasero firmemente apoyado en la superficie, abrió las piernas según la exigencia del sargento y cedió a su pasión.

El sargento recorría con la lengua desde los labios de su subalterno, pasando por sus mejillas y mandíbula, mordisqueó un poco el lóbulo de la oreja del joven titán que a su vez aferró las caderas de su sargento con sus propias piernas, haciendo que el par de incipientes erecciones se rozaran por sobre la característicamente ajustada ropa.

Levi esperó poco para desvestir a Eren, el equipo de maniobras tridimensionales no estorbaba tanto como se pensaría, y el sargento estaba más que acostumbrado a maniobrar con su presencia. Él mismo ayudó al muchacho a deshacerse de la chaqueta y el pañuelo que protegía perenemente su cuello, además de algunos botones de la camisa, para que Eren tuviese acceso a adorar un poco más de la piel del Sargento.

Eren, semidesvestido y jadeante alzaba desvergonzadamente una pierna por sobre el hombro de su amante. Extendido a lo largo del escritorio, tuvo una maravillosa vista de la ciudad que se dibujaba al revés del otro lado de los cristales, al echar la cabeza hacia atrás por el empuje del sargento, que se abrió paso de una sola, aunque lenta y palpitante estocada en su cuerpo. Un jadeo sordo abandonó los labios de Levi al sentir la presión que ejercían las paredes del interior de Eren sobre su miembro. Eren poseía una cosa que ninguno de sus amantes había tenido algo, un magnetismo, una suerte de succión que lo atraía a enterrarse cada vez más profundo, arrancándole al mentado muchacho gemidos que nada tenían de castos ni pudendos.

Levi atrapó cuántos de esos gemidos pudo con sus labios, evitando que Eren pusiese en sobreaviso al edificio entero. Por su parte, el muchacho sentía entrar y salir aquel gran pedazo de carne con las piernas escandalosamente extendidas, rozando de ida y regreso el punto especial que le hacía proferir toda clase de juramentos, algunos sagrados y otros blasfemos.

Los ojos de ambos mantuvieron un contacto tan apasionado e íntimo como el que se estaba dando algunos decímetros más abajo. Si había un momento en la historia y el tiempo como ese, el momento de desnudar y reconocer la belleza de un alma afín, ese era maravilloso y único para los dos.

Desafortunadamente, el encuentro no duró mucho, pues la mano del sargento puso especial afán y vehemencia en acariciar el miembro de Eren, en beneficio de su placer y este estalló en una explosión que los salpicó a los dos. En seguida, las embestidas del mayor de los dos apresuraron el compás y a los pocos segundos, acompañó al jovencito en los espasmos propios del orgasmo, llenándolo con su semilla, en seguida dejó caer su peso sobre Eren, que acunó el cuerpo del sargento sobre sí tal cual había hecho Levi con él la noche anterior, con una mezcla de ternura, cariño, gratitud y pasión.

Ninguno cayó ni remotamente en cuenta, que un par de ojos, o mejor dicho, una curiosa cuatro ojos había presenciado aquel despliegue de amor físico por la rendija de una puerta mal cerrada.

FIN

Notas

¿Alguien tiene alguna duda acerca de cuántos han pasado por entre las sábanas del comandante?

Jajajaja en fin, es el leemon (o algo así xD) que le prometí a alguna señorita. Aprovecho para declarar que probablemente este sea mi último fic en cualquier fandom, al menos hasta Agosto. Mañana me matriculo y el lunes próximo inicio el semestre.

Hay un tema que me gustaría compartir, ayer caí en cuenta que tengo algunas lectoras venezolanas, chicas… o chicos, cuéntenme qué tal va la situación por allá. Es un asunto que sigo tan de cerca como me es posible y personalmente me preocupa mucho. Les envío mis saludos y mi afecto, ¡ánimo! Eventualmente la situación se solucionará y aunque me temo que será de la forma menos agradable, espero que sea definitiva.

Un abrazo.