Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Concepto: Valor-Cobardía, propuesto por Genee.

Luces en la ciudad

Capítulo II. Sentimiento difuso

Mis manos y piernas tiemblan al compás de mi asustado corazón, ¿por qué no paran? Si no fuera por este odioso temblor saldría corriendo, a cualquier parte. Temo por mi vida, temo por el futuro que se avecina sigilosamente, al igual que un cielo claro que se rompe de repente, siendo sustituido por la lluvia.

Observo miradas a mi alrededor, ¿quiénes son ellos? Creo que los he visto en alguna parte, a lo largo de mi vida, pero mi mente se encuentra tan difusa que no se molesta en reconocer cada rostro.

Escucho voces y palabras de aliento que llegan a mi oído como un chasquido, odioso y doloroso.

Mis torpes manos no hacen más que moverse a ninguna dirección, tropiezan entre sí, y terminan enredadas en mi cabello. El miedo me ha dominado, soy un cobarde, quiero salir corriendo, sin embargo…

—Hermano, ya paso todo.

Una sonrisa cálida se abre paso entre mis pensamientos lúgubres. Por primera vez en horas reconozco un rostro; es mi hermana, Hikari.

Extiende su mano y la tomo rápidamente. Me guía dulcemente hasta una puerta blanca. Aún sigo viendo todo con bruma a mi derredor.

Al entrar, lo primero que diviso es una grácil silueta que yace recostada en una pequeña cama. Su cabello castaño, sus ojos centelleantes, es como si de repente cayera de nuevo al piso después de mucho tiempo. Pero, lo que me trae de vuelta, es aquel sonido que escucho por primera vez, como si fuese lo que siempre he esperado. El llanto de mi hijo, mi primer hijo.

—Taichi, no te quedes ahí parado, ven aquí, ya no siento mis brazos —dice Mimi, mi amada. Parece que su voz, llena de vitalidad, se quebrara en cualquier momento.

Me acerco con lentitud, mi mente cada vez está más clara. Ella pone al bebe entre mis brazos con una delicadeza que conmovería a cualquiera.

De repente, siento que mi cuerpo ha retornado a su forma habitual. Mis piernas y manos han dejado de tiritar, mis brazos están más firmes que nunca, ya no puedo flaquear. Es difícil de creer que esta personita tan pequeña, evoque en mí un valor indescriptible.

Aun así, ¿por qué estoy llorando? ¡Ah! Ya comprendo. Nunca dejare de sentir miedo, nunca dejare de sentir valor. Tu llanto será mi mayor miedo, tu sonrisa mi valor. Mientras tú y ella estén a mi lado jamás me alejare de estos sentimientos.

El amor requiere del miedo para afrontar los problemas, la vida necesita del valor para seguir y seguir, ¿cierto?


¡Hola! Em… pues es el segundo capítulo y espero les guste, no estoy segura si cumplí con el tema, pero bueno.

¡Nos vemos! Muchas gracias por leer :3