KHR! No me pertenece.
Advertencia.Universo alterno retorcido. Yaoi. Humor negro, violento y/o ácido que surge sin intención.
Se busca.
5.
—No, no me abandonó.
Se dijo a sí mismo el moreno cuando después de dos horas no había ni rastros de su niñero. Su no hijo aún dormía pasivo sobre la suave tela del sillón. El coñac que brillaba en su vaso se acababa de a poco. Y en todo caso, no le importaba que ese bastardo se hubiera ido, podía conseguir a cualquier otro pobre diablo que sufriera el tormento de cargar con un engendro. Sí, por él, la basura ésa podría morirse.
Se levantó del sofá y rondó un rato por la casa: la pregunta ahora era ¿Qué haría con ese mocoso? Claro que él no se lo quedaría, primero muerto. Tampoco podía matarlo... por alguna inexplicable razón. Dejárselo al hombre-mujer alvino, aunque buena idea, no funcionaría; aunque odiara admitirlo, el remedo de hombre era demasiado inteligente. Dárselo a la policía no era opción, podrían hacer investigaciones y tal vez resultaba que esa basura era su..., no, eso no. Tenía que devolverlo a su madre, sí, eso.
¡Pero con un demonio, quién era esa jodida mujer!
No recordaba a ninguna «Carlotta». No recordaba a ninguna de las zorras con las que se mentía. Seguramente ese bastardito ni siquiera era suyo, seguramente la puta esa solo se lo dejó como última salida para deshacerse de él. Maldita sea. Se tomó de un solo trago todo el licor sobrante. Miró la figura descuidada del pequeño saco de basura; pobre diablo, ni su madre, ni su padre, ni él lo querían, era una de esas vidas que jamás debió existir.
El timbre de la puerta sonó y retumbó por todo el amplio lugar, haciendo un eco que asustó al bebé azabache; el llanto emergió estrepitoso, como solo un infante es capaz. La ira del mafioso se le fue hasta las orejas. Tomó una de sus doradas armas de la mesa de cristal; mataría al imbécil que despertó a la mini basura. Quitó el seguro del arma y abrió la puerta, apuntó entre ceja y ceja del cuerpo en frente del umbral, decidido a jalar el gatillo se detuvo instantes después de ver esa enorme sonrisa frente a él. Lo que le faltaba, una basura más.
Bajó pesadamente el arma y colocó nuevamente el seguro. Susurró alguna palabra altisonante. Azotó la puerta contra la cara del hombre frente a él y al darse media vuelta se encontró con el bastardo berreando sin control, Xanxus tenía los nervios de punta, maldita cosa ¿por qué no solo se moría? Se tomó las sienes, la cabeza le explotaría y todo empeoró cuando su para nada agradable visita comenzó a tocar insistente el timbre. Una idea llegó a su cabeza. Abrió nuevamente la puerta y se encontró una vez más con esa estúpida sonrisa que lo invitaba a golpearlo.
—Xanxus —saludó alegre como sólo el desgraciado podía—. Que gusto verte, yo...
—Cállate, basura —el moreno mayor ordenó impaciente. Jaló a su medio hermano dentro del departamento. Tomándolo como una bolsa de basura lo arrastró hasta la sala, donde el mayor de sus males lloraba—, has que cierre la boca, ahora.
—¿Qué? ¿Por qué tienes a un bebé aquí? —tomó a la criatura en brazos— ¿Está involucrado en algúna de tus mafias? —meció suavemente al azabache menor en sus brazos, y el pequeño calmó un poco su llanto. Xanxus estaba que se lo llevaba el diablo. El maldito escuincle se calmaba con todos menos con él.
Bufó y fue directo al bar de su casa, sirvió licor en su vaso y comenzó a beber. Escrutó con superioridad a Takeshi, ¿qué hacía ahí? Si bien había calmado a la mini basura, no era bien recibido en su casa. Además se presentaba en pésimas condiciones; sucio, desaliñado, y con golpes de en el rostro. Este bastardo tenía cara de blanca paloma; del tipo de sujetos que ayudan a los ancianos a cruzar la calle. Pocos creerían que era un mafioso que se había encargado de silenciar a más de una persona.
—¿Qué mierda haces aquí? —preguntó el oji-rojizo sin muchos ánimos de convivir con el japonés.
—Nuestro padre me envió una temporada aquí. Las cosas no andan bien en mi otra familia —la mirada se le afiló y entristeció, como solo el sentimiento de venganza era capaz de volver a las personas—. Mataron a mi padre, mi madre está deshecha. Timoteo cree que es solo una provocación hacia mí para que ataque a la mafia japonesa y haya una guerra entre mafias.
El moreno quedó un momento en silencio. No le importaba la muerte de un pobre diablo que no tenía nada que ver con él. Pero algo tenía claro el jefe Varia; podría odiar a cada uno de sus subordinados, incluyendo a su padre y su medio hermano, pero todos ellos formaban una familia, y en la mafia hay una regla que respetaba hasta el más bastardo: nadie se mete con la familia. Y si algún hijo de puta trataba de meter en problemas a la familia Vongola, era su asunto.
—Me refería a qué mierda haces en mí casa.
—El noveno cree que te falta compañía —la sonrisa le volvió al rostro—. Además de que técnicamente es una propiedad Vongola, así que este lugar es tan mío como tuyo... ¡Oh, mira, se durmió! —le mostró el pacífico rostro del infante dormido.
Xanxus pasó de largo el sueño del mini costal de basura y se enfocó en el joven. Sabía que podría matarlo y acabar con el problema, pero eso acarrearía más conflictos de los que necesitaba. Dejó el asunto por la paz... momentáneamente. Tomó con más calma su licor viendo cómo Yamamoto iba a dejar a la mini-basura en uno de los tantos cuartos al fondo del corredor, volvió después de unos minutos y se dejó caer pesadamente en el sillón.
—¿Tienes hielo? ¡El ojo me estallará! —se levantó y fue a la cocina, donde en una bolsa metió todos los hielos que pudo, dejando sin reservas a su medio hermano para preparar sus bebidas alcohólicas. Llevó la bolsa a su magullado rostro y volvió a la sala a sentarce—. Mi primer día y ya estuve en una pelea.
—Al parecer sigues siendo un inútil, mira que dejarte golpear. Basura. —Se aflojó la corbata y desabotonó el saco.
—¿Qué querías? ¿Que los matara? Recuerda que no debo llamar la atención —recordó la escena vivida—. Unos tipos molestaban a un chico muy amable.
—Eres una escoria débil, tus actos de héroe me dan asco. —El moreno mayor se sentó en el sofá individual de piel.
—Yo diría que el héroe fue al que defendí. Los golpeó de una manera tan salvaje... me llegó a asustar, no imaginaba que alguien como él pudiera golpear así —Xanxus no dijo nada, se limitó a escuchar o fingir que lo hacía—. Creo que es mi compañero, así que en cuanto lo vea le daré las gracias, me salvó de una buena —se sonrió—. Ahora, podrías decirme de dónde sacaste al bebé.
—No tengo por qué darte explicaciones, basura.
—Me queda claro, pero es raro por donde lo mires —soltó una carcajada—, hasta llegué a creer que era tu hijo, es igualito a ti —se carcajeó en el momento, pero la sonrisa le desapareció poco a poco cuando el azabache mayor pareció enfurecerse.
Silencio.
—...¡Mierda, sí es tu hijo!
—¡Un carajo! —tomó la pistola y apuntó a Takeshi— No, mierda. Esa cosa no es nada mío. Alguna zorra se creyó astuta y me lo dejó diciendo que es mí bastardo, pero solo lo hizo para deshacerse de su basura.
—Está bien, baja el arma —el japonés confirmaba que ese niño era del italiano, pero por más de uno era bien conocido el temperamento del mafioso y el cómo la ira se podía apoderar de su juicio en cuestión de minutos, por lo tanto lo mejor sería fingir que le creía—. ¿Y piensas quedártelo?
—No sé —dejó a un lado el arma de fuego—, se lo regresaré a la maldita, su castigo será mantener a su vástago.
—¿Y tú lo cuidarás? Es probable que el pequeño muera antes de que lo devuelvas.
—Tiene un jodido niñero para eso, pero el marica ha desaparecido.
—¿Niñero? ¿Un hombre? Es es nuevo. De ti se esperaría una mujer para atender al bebé... y también a ti.
—¿Quieres morirte o por qué haces tantas preguntas?
El menor dejó el tema por la paz y se limitó a cerrar los ojos para imaginarse que no sentía todo aquél dolor recorrer su cuerpo y su cara. El silencio y la paz reinaron por un corto momento en el que solo se escuchaban los hielos que acompañaban el licor chocar contra el vaso de cristal. El timbre sonó una vez más y estaba claro que esta vez Xanxus mataría con sus propias manos al bastardo que molestaba. Se levantó del sillón y caminó pesado hasta la puerta -necesitaba una maldita esclava para ese trabajo-, cuando la abrió se encontró de nuevo con el marica albino, y no venía solo, tras él había un basura hecha un desastre, con la ropa sucia y botando sangre por algunas heridas en el rostro ¿quién era ese?
—¿Dónde se supone que estabas, escoria? —tenía ganas de matarlo o golpearlo ahí mismo, hacerle cualquier cosa que borrara su altanera mirada y lo obligara a pedir misericordia.
—Tenía que arreglar algo —Squalo no bajaba ni una sola vez su tono altivo.
—Si lo vuelves ha hacer, date por muerto.
—Voi, ¿quién mierda te has creído para amenazarme?
Xanxus gruñó y dejó pasar a ambos. Aún era sospechoso que llegara con otro hombre (igual o más afeminado que él -a su juicio-), solo podía significar otro inútil problema en su vida.
—Me dejaste a la mini basura, es tu trabajo hazte cargo de eso.
—Será mi trabajo, pero es tu deber y obligación como padre el cuidarlo —acabó con la discución—. ¿Dónde está? —el mafioso ordenó con la mirada que lo siguiera— Quédate en la sala, no te muevas —ordenó a su acompañante, para después seguir a su jefe.
Ambos se dirigieron al cuarto donde el vástago de Xanxus dormía aún. Squalo rodó los ojos. No entendía como algo tan insignificante como un bebé era un problema para tremendo hombre. Miró atento cada detalle del cuarto, supuso que no era la habitación de su jefe; era demasiado simple para serlo. Podría no conocer mucho a Xanxus, pero bastaba ver el excéntrico tocado de plumas que colgaba de su nuca, los ostentosos lujos en su aspecto y el contenido de su casa para saber que lo simple y sencillo jamás encajaría con el moreno.
El peli-largo trató de avanzar hacia la criatura en la cama, y el acto murió en ademán, pues una fuerte mano rodeó su blanco cuello y su humanidad se impactó por completo en una de las paredes de la habitación. Sintió su espalda crujir y el agarre cortando el aire en su sistema. Abrió los ojos como grandes faros que se clavaron en el rostro del azabache; tenía esa mirada muerta que perturbaba y el aliento de alcohólico salía bruscamente de su boca y fosas nasales, tan penetrante aquél olor que a pesar de no estar muy cerca se percibía como si Squalo fuera el que bebía licor.
—¡Voi! ¡Con un demonio, qué te sucede! —su voz se cortaba con la lucha de escapar de la prisión en su cuello. Pero la fuerza con la que era tomado casi llegó a asustarlo.
—Basura. Escucha esto —Xanxus tomó el líquido de su fiel vaso que no soltó ni un minuto—, no sabes en donde te metiste. Podrá ser que te pague una fortuna por cuidar a ese saco de basura, pero tengo mis reglas. Yo mando, tu obedeces. A mi no me miras con tus jodidos ojos de tiburón, o te burlas de mi... yo soy superior a ti en todo sentido.
Tomó todo el licor del vaso y lo dejó caer, pero el sonido del cristal rompiéndose no llegó pues la mullida alfombra amortiguó el impacto. El oji-carmín tomó con su mano libre la fina cabellera plateada y la impactó contra la pared, sometiendo más a la sumisión los intentos de escape del niñero. Miró un minuto la mirada llena de rabia del peli-largo. Un nuevo sentimiento llegó a él al ver que, a pesar de llevar todas las de perder, Squalo se removía entre sus manos intentando soltar el agarre; luchaba con los dientes apretados y los ojos de plomo encajándose en él. Un sentimiento que le hirvió la sangre y viajó a todos sus puntos, más exactos, a una de sus partes más activas e íntimas, que si no fuera por la increíble maestría y control que tenía Xanxus sobre su amigo estaría avisando a los cuatro vientos que estaba listo para usarse. Rió como ebrio y se acercó un poco al delgado cuerpo del intento de hombre.
—¿Tienes miedo, basura? —susurró, dejando de apretar solo un poco.
—¿Miedo? —contestó jadeante, pero sin perder altives— He... estado en peores... situaciones —luchaba por conseguir que el aire entrara en sucuerpo—, no eres nada... comparado.
Los labios descuidados del mafioso dibujaron una sonrisa ladina, y su agarre desistió del cuello níveo. Squalo cayó de rodillas al suelo, dando grandes bocanadas de aire, buscando recuperarse. Se levantó aún mareado por la falta momentánea de oxígeno. Miró de reojo el rostro perenne de su jefe, que mostraba superioridad. El albino se encontraba consternado; nunca creyó que ese hombre tuviera la fuerza brutal como para inmovilizarlo, la amenaza tan veraz, la mirada sin misericordia, ¿quién era este hombre, y por qué atacaba a alguien sin importarle las consecuencias? Lo que probablemente lo tomó con más sorpresa fue el hecho de no saber cómo reaccionar, ha pesar de que lo había atacado.
—Podría... levantar una demanda —Squalo se recargaba en la pared que antes fungía de prisión, tomándola como un apoyo para sostenerse en pie—. Acabarías en la cárcel.
—Hmpf... jajajá —el azabache se carcajeó cínicamente—. Es la mayor estupidez que he oído en mucho tiempo. Ahora, cuida a esa cosa —tomó la mandíbula del albino y entrevió la marca rojiza de su mano en la piel del cuello de Squalo—. Piel de niña. Entraste a esto, y ya no puedes renunciar.
Squalo se liberó del agarre casi flojo de su jefe. Se mordió la lengua para no soltar algún comentario mordaz. En qué momento se había liado con algo tan peligroso. Cómo acabó el cuidar a un niño siendo tan importante que no podía renunciar. No confiaba en el moreno, pero no era tonto y si unía dos más dos sabía algo; Xanxus tenía un arma -dos, en realidad-, tenía una fuerza intimidante, era rico, y cicatrices que no precisamente se hizo arreglando una tubería. Este tipo era alguien grande, y no solamente de estatura.
—¿Cómo quieres que lo cuide? Está dormido.
—Es tu trabajo —el niño comenzó a jadear, para acabar en llanto—, hablando de molestias.
El peli-largo se acercó al bebé y lo levantó de la enorme cama en la que estaba. Era raro, estaba bien acomodado, con almohadas a su alrededor que le impedían moverse o caerse y estaba claro que alguien como Xanxus jamás acomodaría así a un niño ¿entonces quién? ¿su madre? Eso le recordó, ¿dónde se encontraba esa mujer que dejó a su hijo con un hombre peor que un lobo? Dejó sus conclusiones a un lado y al levantar al niño un desagradable olor invadió su alrededor. Reprimió la arcada que luchaba por salir.
—Está sucio —le informó al padre.
—¿Otra vez?... ¿qué no hizo ayer?—Squalo miró incrédulo al moreno de cicatrices. ¿A qué se refería con "otra vez"? Era un bebé, un ser humano, una de las necesidades básicas era procesar alimento. Que, hablando de alimento, ¿hace cuánto que la infeliz criatura no comía?—, Cámbialo entonces.
—¿Dónde hay pañales?
—Yo qué demonios voy a saber... ¿qué es eso?
Las orbes platinadas estuvieron a punto de salirse de sus cuencas. Si ese idiota no sabía qué era un pañal, o si había en su casa, estaba claro que la esperanza del pequeño de comer eran nulas. Suspiró cuidar al mocoso implicaba más de lo que pensaba.
[I]
Takeshi despegó la bolsa de su rostro cuando notó la presencia de alguien en la sala. Podría imaginar que fuera cualquiera, menos el chico de cabellera plateada que conoció en la universidad. Parado frente a él a unos metros de distancia, igual de sorprendido que él y muy maltratado.
—¡Hey! —le saludó y se puso de pie, pero un intenso dolor le reclamó la brusca acción.
—Hn.
—¿Me recuerdad, cierto? —no recibió respuesta, ni siquiera una mirada. Quizá se encontraba enojado—, oye, ¿cómo te fue después de...? —nada. La misma reacción de indiferencia—. Lamento si te metí en problemas... ¿y... cómo llegaste aquí? —el azabache se sentía completamente ignorado y no sabía muy bien qué hacer. Le tomó ligeramente el hombro—, no tienes porque...
—Ah... —Hayato retrocedió un paso al sentir el tacto. Dolió como si una piedra aplastase su existencia—. Estoy, bien, idiota.
—Uff —soltó un suspiro, ignorando la brusca acción o la forma de hablar—, pensé que te habían cortado la lengua, o algo así —sonrió y se carcajeó un poco—. Oi, ¿por qué te querían golpear con tanto afán esos chicos? —su tono serio no iba con la anterior actitud que demostró.
La sangre coloreó de rojo el rostro del menor de la sala, una mezcla de vergüenza y coraje le invadió. Era obvio por qué buscaban pleitos con él; los tipos esos lo habían dicho mínimo unas veinte veces. ¿Se estaba burlando? No podía creer que ese tipo fuera igual de simio que los demás, pero qué más podría esperar de un deportista con cerebro de caucho.
—Entonces tú sí... eres... —Yamamoto no sabía si era pertinente preguntar por la orientación sexual de un desconocido.
—¿Q-Quién demonios te has creído?
—Perdón es que... eh... olvidado, no quise ofenderte.
—¿Entonces ser gay es una ofensa?
—No, no. No me refería a eso... es que pensé que...
—¿Piensas? No se nota.
Silencio. Ambos estaban avergonzados, pero el chico con los ojos de miel se encontraba culpable. Había iniciado con el pie izquierdo, y lo cierto es que algo en su interior no quería que el chico de cabello largo se enojara con él, o peor aún, dejase de hablarle.
—Me llamo Takeshi.
—Ya lo habías dicho —el albino quería dejar de hablar con aquél tipo que movía tantas cosas en su ser.
—Pero no me dijiste el tuyo —algo le decía que ese chico lo odiaba.
—...Gokudera.
—Pero... ¿tu nombre?... ¡¿Eres de japón?!
—Haces demasiadas preguntas que no tengo por qué...
—Hayato, vámonos —Squalo salía del uno de los pasillos con un niño en brazos. Fue directo a la puerta y salió por ella.
Gokudera se mordió los labios. Miró un segundo al azabache, que aún tenía esa tonta sonrisa y se fue tras su hermano. Después de unos minutos solo en la sala, Yamamoto se discutía entre salir tras Gokudera o quedarse ahí. Aún le dolía el cuerpo, pero tenía muchas preguntas para ese chico, Xanxus salió por el mismo pasillo que el albino con el niño. Listo para salir y con las llaves del auto en la mano.
—¿Ese era el niñero? —su medio-hermano resopló molesto—. ¿A dónde vas?
—La basura esa dice que el bastardo necesita no sé qué tantas mierdas. Y no le pienso confiar dinero o una tarjeta a un pobretón como él. Iremos al centro comercial. No toques nada, escoria.
—¡Epera, yo también voy!
El moreno de ojos miel perseguía por las escaleras al mafioso, y al llegar a la calle, donde el auto de Xanxus se encontraba, encontraron a ambos albinos hablando. Era una convivencia más armoniosa, tan pacífica que hasta el bebé en manos del albino con cabellera más larga se encontraba sonriendo y babeando con felicidad.
—Entonces te veo en casa... —fue lo único que los morenos escucharo de la converzación mientras el Hayato se disponía a marcharse.
—¿Tú no vienes? —Takeshi lo tomó del antebrazo obligándolo a detenerse. Gokudera hizo una mueca de dolor y fulminó con la mirada al azabache—. Tu también puedes venir ¿verdad, Xanxus?
—No —el moreno de cicatrices entraba a su auto y se colocaba las gafas de sol.
—Sí puedes, vámos —rodeó al Hayato por los hombros con uno de sus brazos y lo condujo al auto.
—¡Voii! ¿Cómo demonios entraré en eso?
—Déjame en paz, idiota.
—Será divertido, Gokudera.
—¡Voiii! Abre la puerta, jefe idiota, no ves que tengo las manos ocupadas.
—¡Me estás lastimando, idiota!
—¡Ahahaha!
—¡Con un carajo! —Xanxus desenfundó una de sus doradas armas y apuntó al aire—. Todos ustedes, basuras de mierda. Entren al jodido auto si no quieren que les dispare ahora mismo.
[II]
—Así es, jefe, lo puedo ver. Ahora mismo salió del edificio. No, no va solo. Lleva a otros tres con él. Al parecer uno de ellos es el otro hijo del Noveno Vongola. los otros dos no parecen pertenecer a los Vongola. Sí, sí jefe; lleva al niño con él... no se preocupe nos encargaremos del asunto.
...
Hola, hola. Bien. Supongo que tardé bastante, pero bueno, una disculpa por eso. Escribí esto muy rápido, así que perdón por ortografía y gramática. Ahora, respondiendo:
tabris990 Espero no te hayas tirado por una ventana... ¡Pero gracias por leerme! Y lamento el retraso. A mi también me gustaría actualizar diario, pero pues nomás' no puedo, perdón. Saludos.
Rin Tao Fue... amor a primera pelea (?) y sí, dudo que lo deje por un largo rato. Gracias por comentar.
Svelis Darling, so much time... well, you know how much appreciate your reviews. And I hope you continue reading the story. Send you a big kiss and a hug.
sumirekoNo he muerto... aún. Jajaja, está bien tal vez lo de "Rayo de Sol" fue un poco exagerado, pero no sabia como describir a alguien que sonríe tanto. Bien, supongo que no actualicé lo que se dice rápido... pero espero te guste el capítulo y gracias por el comentario.
zehel Sí, eso de la rapidez no es lo mío, pero muchísimas gracias por estar al pendiente. Un saludo.
ulaa Lo séeee... gracias por esperar.
karasu ¡He aquí la actualización! Humm, perdón por tardar.
Arien Agarwaen La paciencia hace al sabio (?) no, de verdad lo siento, pero soy muy lenta. Gracias por comentar.
Cyan Reed Bueno, gracias por comentar. Los últimos comentarios fueron recientes y eso me impulsó a escribir, así que gracias.
¿Reviews?
Mary'Love~
