AVATAR: THE LEGEND OF KORRA, NO ME PERTENECE.

*La imagen de portada no es de mi autoría*


Asami suspira mientras juega con sus manos. Su padre la había dejado sola en ese túnel minutos atrás. Su primer turno ya había comenzado y ella estaba sentada a un costado de la celda.
La gran puerta de metal le impedía ver hacia el interior y durante el tiempo que estaba ahí casi no había oído ningún ruido.
"¿Y si está muerta?" piensa, comenzando a ponerse paranoica.
Suspira mientras piensa en el posible peligro que correría si el Avatar logra escapar, aunque prácticamente no sabía nada acerca de esa persona. Hace años, había trascendido la información de que el nuevo Avatar era mujer y que había nacido en la Tribu Agua. Desde ese momento, El Loto Blanco se había encargado de entrenarla allí. Poco y nada se sabía de ella. No conocía su rostro, aunque podía imaginar su apariencia física, típica de la tribu agua.

El único reloj de la habitación marca las 12:00 y Asami se tensa un poco. La hora del almuerzo había llegado.
Se levanta y camina hasta la bandeja que su padre ya le había dejado previamente. Una fruta, algo de arroz y una brocha de carne.
"¿Cómo puede vivir con esto?" se pregunta la joven, mientras caminaba a la puerta.
Deja la bandeja a un lado y abre con la llave que tenía. Inmediatamente la celda comienza a iluminarse.

El cuarto era de tamaño mediano. Cierra la puerta y enciende el interruptor de la luz.
Una pequeña bombilla apenas lograba iluminar el cuarto. Ya en la claridad, observa que había una puerta dentro de ese cuarto e imaginó que conectaba al baño.
Su vista se posa en el otro extremo de la habitación y ve a una persona sentada en una esquina. Ocultaba su rostro abrazando sus piernas y no emitía sonido alguno. Una cadena amarraba su tobillo derecho a la pared.
–Hora de la comida – habla Asami, fingiendo un tono de autoridad.
Tal como le había dicho su padre, baja la bandeja y la patea hasta la joven. La morena no se inmuta y la joven Sato suspira. Algo dentro de ella la lleva a agacharse y acercarse a ella.
–Debes comer – le dice, aunque esta vez en un tono más dulce.
El Avatar reacciona y en un rápido movimiento patea el rostro de Asami con su pie libre.
La joven Sato cae hacia atrás, golpeando su cabeza. Cuando se sienta de nuevo, observa los ojos azules de la morena llenos de ira.
Le da una fuerte bofetada al Avatar.
-Escoria de maestros – dice y se percata que ya comenzaba a sonar y expresarse como su padre.
La morena toca la mejilla donde había sido golpeada, frotándola.

Asami toma la bandeja y se la lanza a la morena, desparramando todo lo que había en esta. Le dedica una mirada de odio antes de salir de la habitación y cerrar la puerta con llave.
Suspira mientras toca su cabeza y cuando mira su mano, ve rastro de sangre en esta. Toma un paño, lo moja en agua y comienza a limpiar su pequeña herida.


La joven Sato estaba sentada a un costado de la puerta de la celda. Hacía más de tres horas que estaba allí y comenzaba a aburrirse. Le encantaría tener una radio y escuchar música, pero no estaba permitido. El Avatar no debía tener ningún contacto con el mundo exterior, nada que le dé esperanzas.
De repente, una voz se oye.
–Igualitaria – se oye desde dentro de la celda. Era la primera vez que oía su voz, y también la primera vez que se referían a ella como "igualitaria".
Sacude su cabeza rápidamente y se acerca a la puerta. La abre y asoma su cabeza.
– ¿Qué quieres? – pregunta de forma brusca.
–Necesito ir al baño – dice la morena luego de callar unos segundos.

La joven de tez blanca suspira y entra al cuarto. Cierra la puerta y se acerca a la joven Avatar. La morena se levanta y se pone de espaldas, ya conociendo de memoria el procedimiento.
Asami observa sus brazos llenos de moretones y heridas, producto del constante bloqueo de chi al que era sometida. Cierra sus ojos antes de suspirar y hacer los movimientos que bien conocía, bloqueando una vez más su chi. Su propio padre le había enseñado a hacerlo.
Escucha cómo la morena reprime un sonido de dolor, pero no le importaba. Se lo merecía.
La joven Sato desata la cadena que la amarraba a la pared.
–Tienes cinco minutos – es lo único que dice.
La joven camina hacia el baño con algo de dificultad. Asami observa la ropa que vestía algo holgada y supuso que ya había perdido varios kilos… Era de imaginarse, con lo que le daban de comer.
Escucha la puerta cerrarse y espera, suspirando.
Minutos después, la morena sale del baño y mira a Asami.
–Vamos, no tengo todo el día – habla la joven Sato.
La morena se acerca y cuando está a un metro de distancia, da media vuelta. Asami le coloca la cadena rápidamente, tratando de ser precavida. La morena no mostraba signo de lucha, a excepción del golpe que le había dado horas atrás. Seguramente llevaban mucho tiempo golpeándola y sometiéndola para tenerla así
Se aleja del Avatar y cierra la puerta nuevamente.

Tres horas más pasan en total aburrimiento, hasta que su turno finaliza. Asami camina fuera del túnel, saliendo hacía el almacén que servía como tapadera.
Encuentra a su padre allí, esperándola.
– ¿Cómo te ha ido? – pregunta Hiroshi.
–Bien – se limita a responder.
Su padre sonríe y palmea su espalda.
– ¿Quién es la otra persona que custodia al Avatar? – pregunta intrigada Asami, sabiendo que ella la cuidaba de día y alguien más de noche.
–Te refieres a mí – se oye una voz en la habitación y una persona entra caminando lentamente.

Asami observa por primera vez al hombre de quien su padre tantas maravillas había hablado. Hasta ese momento, sólo lo había visto en fotos y carteles.
–Señor Amon – dice haciendo una reverencia. Su padre siempre le había dicho que debido a él todas las injusticias acabarían, y debía mostrar agradecimiento por eso.
–Ella es mi hija, Asami – habla orgulloso Hiroshi.
Amon observa a Asami y se percata de su herida en la frente, al límite del comienzo de su cabello.
– ¿Qué te sucedió en la cabeza? – pregunta.
Asami se siente más nerviosa que nunca. ¡Qué vergüenza! Admitir que en su primer día de trabajo ya había bajado la guardia.
– ¿Acaso te ha golpeado? – pregunta su padre, con ira en sus ojos.
–Si – suspira Asami – fue mi descuido. No volverá a suceder.
–Nunca debes bajar la guardia – la reprende el hombre enmascarado – y no debes subestimarla.
– ¡Esa escoria! – dice furioso Hiroshi para luego mirar a Amon – debe ser castigada. ¡No voy a permitir que dañe a mi hija!
–Me encargaré de eso – responde el hombre antes de activar el mecanismo para abrir la puerta y bajar al túnel.
Asami observa a Amon, antes de que la puerta vuelva a cerrarse y desaparezca de su vista.


¡Hola!

Aquí traigo el segundo capítulo de la historia... Agradezco sus reviews :3

¡Saludos!