EPÍLOGO: la Era de la Magia

Kyoko caminaba nerviosamente a través de aquel bosquecillo que rodeaba su antigua escuela; ahora el principal centro de instrucción para jóvenes Caballeros del Silencio. El estar ahí era un riesgo absurdo y estúpido, pues toda Asia estaba bajo el control de los Caballeros y la Magia de las Sombras; así como América era el terreno del Santo Concilio de la Luz. Pero de todos modos Kyoko sentía el impulso de regresar a la casita de té donde pasó una buena parte de sus catorce y quince años; antes que la guerra entre dos clanes mágicos lo pusiera todo de cabeza.

Llegó, por suerte el lugar estaba clausurado a los estudiantes y no sentía la energía de ninguno de los profesores cerca, así que entró. Se quedó contemplando el vacío por mucho tiempo, hasta que finalmente se decidió a abrir el armario en donde guardaba sus cosas cuando no existía esta locura de los Caballeros ni el Concilio, cuando era una simple aspirante a mangaka. Tal como lo imaginó nadie había tocado nada. Hasta encontró sus viejos bocetos para doujinshi cuidadosamente doblados y empacados.

—Mirakurun, de niña jamás pensé que diría esto pero ojalá nunca te hubieran dibujado. Maldición, de no haber sido tan fangirl no me hubiera metido en estas…

—De nada sirve lamentarse ahora, ¿no te parece Mahou Shojo? — Escuchó una vocecilla detrás de ella.

Kyoko saltó a tiempo para esquivar un ataque de sombras directo hacia ella. Una joven Caballera del Silencio levantó sus puños cubriéndolos de sombras y volvió a cargar contra Kyoko que hizo un hábil salto eludiendo los feroces ataques de la mocosa. ¿Cómo demonios se movía tan rápido? Observó sus pies, también cubiertos de energía oscura; y ahora tenía mucho más sentido pero sólo significaba más problemas para Kyoko. En medio de su salto la luz de la luna iluminó el rostro de Kyoko.

—Vaya, por un minuto pensé que sería una Mahou Shojo de verdad, no una de esas ancianas del Concilio — se lamentó la atacante.

—¿A quién le llamas anciana? — Se enfureció Kyoko lanzando un ataque de flechas de luz contra esta chica, que usó de escudo la sombra de la mesa de madera de la salita y luego arrojó la propia mesa contra Kyoko.

Kyoko la destrozó con un hábil golpe y cayó frente a ella levantando los puños con una sonrisa presumida. En circunstancias normales una Mahou Shojo alcanzaba su máximo poder durante la adolescencia pero Kyoko mantenía joven el espíritu y su madurez había afectado poco su poder; apenas lo suficiente para ser conocida como la maestra de magia blanca más respetada y seguida del mundo. Y también uno de los principales objetivos de los Caballeros.

Cuando su atacante finalmente la reconoció, sorpresivamente dejó de emanar esa energía oscura.

—¿Cómo está Yui Onee-chan, Kyoko-san? Hace mucho que no la veo, desde que se fueron a vivir a América.

Kyoko no podía creerlo.

—¿Onee-chan? ¡Un minuto! ¿Mari-chan?

La jovencita se quitó la máscara. Era prácticamente la réplica de Yui cuando tenía diecisiete pero con el cabello largo y atado en dos coletas que se movían grácilmente al moverse Mari. La joven hizo una breve reverencia, parecía mentira que fuera la misma niña que cuidaron una vez en el apartamento de Yui y que traumatizaron de por vida gracias a lo fangirl de Kyoko y al parecido de Chinatsu con Mirakurun.

—Pero Mari, tú admirabas a Mirakurun de pequeña, ¿por qué te uniste a ellos? — Dijo Kyoko pensando en qué le diría a Yui cuando regresara de esta misión suicida.

—Admiraba, admiraba — dijo Mari. — Gracias a esa amiga suya que era igualita a Mirakurun me mataron el gusto por ese show, uno no supera ese trauma de que tu héroe de la infancia sea… bueno, no importa. Digamos que ese recuerdo es mi sombra personal, la fuente de mi poder.

Emanó esa energía oscura que hizo que Kyoko frunciera el ceño.

—Increíble.

—¿Genial, no? — Sonrió Mari-chan. — Fui alumna de primera generación de la preparatoria Nanamori, bajo la guía de Sakurako-sensei.

Kyoko volvió a fruncir el entrecejo, entre todas las cosas que había pasado como el reconocimiento mundial de la magia y el que abrieran escuelas especiales para enseñarla; lo único que no esperó fuera que su escuela se convirtiera en la primera de tantas escuelas de magia en Japón; y que Sakurako fuera la directora. En todos los rincones del mundo que estaban bajo la protección del Santo Concilio de la Luz se reconocía a Sakurako como uno de los objetivos principales, una de las guerreras más poderosas al servicio de los Caballeros del Silencio, y de las más peligrosas también al ser del círculo cercano de la maldita Gran Maestra junto a todos sus dobles a quienes se enfrentaron en la batalla que lo empezó todo.

—Como sea, todavía le tengo mucho aprecio a Onee-chan y a usted la admiro como una digna rival de nuestra noble causa Kyoko-san; así que me retiro sin decir nada pero por favor lárguese. Si se encuentra con la directora o con Furutani-san puede que salga sana y salva pero si se topa con alguien más… bueno, váyase.

Dicho esto Mari se fundió en las sombras y salió de la vista de Kyoko, que se quedó sin saber qué decir ahora. Genial, siempre que regresaba a Japón se topaba con una sorpresa de lo más desagradable. Pero se puso en alerta al ver que las sombras volvían a moverse mostrando la figura de una muchacha menuda pero atlética; y con el pelo atado en dos bollitos.

Kyoko levantó su báculo mágico.

—¿Eres Akari o la Gran Maestra?

—Si fuera mi esposa, ya estarías muerta y lo sabes Kyoko — dijo la figura de negro mostrando sus odiados ojos rojos ante Kyoko. — Por suerte para ti, hoy es noche de chicas para Akari, Sakurako y Himawari. Están por ahí recordando los viejos tiempos, todavía no he dado la alerta que estás aquí. ¿A qué se debe tu visita amiga mía?

—No soy tu amiga, soy tu mayor enemiga, Gran Maestra; yo me metí en tus planes y…

—¿Así que sólo vienes a que te maten? — Dijo la Gran Maestra tratando de entender. — Kyoko, de acuerdo, tal vez no seremos amigas como tú dices pero tampoco enemigas. Eres una rival digna, tú lograste frenar mis planes al usar mis propias armas contra mí; cualquiera en su sano juicio te diría que te has ganado todo mi respeto.

Kyoko no sabía cómo reaccionar, pero siguió desafiando.

—Pero bueno, no lograste sumir al mundo en tinieblas evité que avanzaras.

—Sí que lo hiciste, ¿y qué? Llegué mucho más lejos que cualquier otro Gran Maestro, casi siempre terminábamos muertos a manos de Mahou Shojos en lugar de avanzar tanto como conquistar un continente y reducir a casi nada el concilio. Cuando lo veo en perspectiva, la situación en la que estoy es cosa de mis propios errores, ¿después de todo quién las dio por muertas, eh? Además, fue también mi culpa no contar con que existieran más Mahou Shojos en este mundo, de haber salido todo como lo planee nosotras las hubiéramos reemplazado, conquistado este mundo, matado a Rivalun y a Mirakurun; y luego las liberábamos y nos olvidamos del asunto.

Kyoko no dijo nada, no tenía humor ni las fuerzas para hacerlo realmente. Entonces la Gran Maestra se encogió de hombros.

—Hoy es el aniversario, ¿no?

Kyoko asintió sin decir nada.

—Hace trece años que las derrotamos — volvió a reírse la Gran Maestra. — ¿Por qué otra razón te meterías a la boca del lobo? Tus recuerdos te guían hasta aquí.

—Todo lo que quise era… volver a esa época, cuando, cuando…

—¿Cuando no eras una idiota que se la pasaba leyendo manga sobre magia en lugar de ser una maga tu misma? Sí, yo misma lamento el que la magia entrara en mi vida; ¿por qué crees que terminé en esta situación?

—¿Por eso no me matas? ¿Porque te recuerdo a ti?

—En parte Kyoko, pero en parte también porque haces las cosas interesantes. Digo, tú por un lado difundiendo la Luz; mientras que en mi propio mundo de eso se encarga Rivalun. Evitas que me duerma sobre mis laureles y así no volveremos a caer como lo hicimos antes. Así funcionan las cosas, Kyoko. Pero más importante: mi esposa ha reclamado tu vida para ella, ¿y por qué debo negarle algo a mi dulce Akari que oscurece mi vida?

Kyoko iba a ponerla en su lugar pero recordó que estaba en territorio enemigo y que si le hacía algo a Akira, Akari vendría y a diferencia de Kyoko, la pelirroja sí estaba dispuesta a matarla. Tal como lo dijo Yui, creó a su peor enemiga.

—Ella sigue estando herida — dijo la Gran Maestra al ver la expresión de Kyoko y entendiendo por fin qué la traía a la casa de té. — No va a perdonarte fácilmente.

—Tú mantienes abierta la herida — dijo Kyoko. — No sabes cuánto me gustaría quitarte de encima, acabarte pero…

—Akari me ama tanto que más que lograr que te perdone la vas a hacer tratar de matarte con más fuerza que antes; y de paso el odio que le generarás le dará un poder que no puedes ni imaginarte — se volvió a burlar la Gran Maestra. — Déjalo ir Kyoko, no sólo me molestas sino que puede que te ayude como Mahou Shojo el dejar ir el pasado.

Kyoko finalmente se fue, abriendo un portal de regreso a su hogar. La Gran Maestra la vio marcharse y tranquilamente regresó al edificio principal a esperar a Akari mientras arreglaba ciertos asuntos con sus contactos de ese mundo; pues ella y su esposa vivían en el mundo de Mirakurn.

Kyoko se apareció en su casa frente a la irritada Ayano.

—¿Sabes que vas a lograr que te maten, no Kyoko? Esos Caballeros no dejarán de buscarte.

—Sin mencionar qué te pasará si te llega a atrapar Akari-chan — regañó Yui que andaba de visita. — Kyoko basta, déjalo ir; ella lo único que quiere saber de ti es que dejaste de respirar.

—Sí, como sea — dijo Kyoko. — ¿Algo nuevo?

Ayano señaló a la tele, donde mostraban que habían estallado nuevos conflictos entre Luz y Sombras tratando de reclamar el territorio de Europa y África.

—Y otro tanto pasa en nuestro lado — informó Chinatsu. — Por mucho que queramos evitar conflicto, ellos no nos dan opción.

Chinatsu vivía en el otro mundo desde hacía algún tiempo, cuando su formación como Mahou Shojo fue completa ella viajó al otro mundo y tomó la identidad de Mirakurun, que se había convertido en un símbolo de esperanza para la gente. Sólo los que presenciaron la horrible muerte de Mirakurun sabían la verdad.

—De acuerdo — dijo Kyoko. — No nos rendiremos, lucharemos hasta el final.

—Vamos a necesitar pensar en algo nuevo, ya nos estancamos en una forma de guerra — dijo Ayano. — Nanaomri-sensei sigue soñando todo lo que puede tratando de predecir el próximo movimiento de esos dementes, pero nada de momento más que seguir enseñando a nuevos reclutas el poder de las sombras.

—Y nosotras el poder de la luz — suspiró Kyoko. — ¿Cómo van las escuelas?

—Mejor que nunca — dijo Yui. — Pero muchos tienen miedo.

—No los culpo — dijo Kyoko. — Pero bueno, dejemos de pensar cosas deprimentes. Nos tenemos todas y no hemos tenido bajas, a pesar que sigo en las mismas cuando era adolescente. ¡Celebremos con ron con pasas! — Al ver que todas la miraban con duda, tuvo que rectificarse. — En serio chicas, es lo único que me pone de humor luego de tener una charla irritante y enfrentarme a una vieja amiga.

—¿Sakurako o Himawari?

—Peor. Yui, ¿recuerdas a Mari-chan?

Yui tardó varios segundos en asimilar la información.

—¡No fastidies!

—Me temo que sí — dijo Kyoko. — Pero bueno, ¿ron con pasas?

La Gran Maestra estaba dormida sobre un montón de papeles cuando unos tiernos labios rozaron los suyos despertándola. Sonrió.

—¡Akari! Qué bueno verte, ¿cómo les fue?

—Muy bien Akira, pero por favor no te excedas con el trabajo, te van a salir arrugas antes de tiempo con tanto estrés.

Akira le sonrió.

—¿Me dejarás cuando me llene de arrugas Akari querida?

Akari la volvió a besar.

—Jamás te dejaría Akira, eso tú lo sabes.

—¿Entonces de qué me preocupo amor?

Sonrieron, se tenían la una a la otra y eso era bueno.

—¿Y Kyoko-chan estuvo aquí no? siento un aura de Luz de nuestra vieja casita de té.

—Sí, ¿querías que te llamara?

—Todavía no estoy lista para matarla, necesito llenarme de más sombras para tener el valor de acabar con quien fue mi amiga. Por eso decidí salir esta noche con Sakurako-chan y Himawari-chan; sabía que vendría.

La Gran Maestra asintió, en esos asuntos de venganza personal no se metía, todos debían de actuar cuando estuvieran listos. Miró hacia afuera.

—La Era de la Magia, ¿no? me pregunto en qué terminará esta lucha.

—Nosotras ganaremos — sonrió Akari. — No ahora ni tal vez durante nuestra generación, pero las Sombras prevalecerán. Es como me lo dijiste alguna vez, Akira. Las Sombras son el final y el inicio de todo; los que pelean del lado de la Luz sólo buscan prolongar un mundo que ya tuvo su momento.

—Te he entrenado bien, Akari y estoy orgullosa.

—Gracias Akira. ¿Descansamos? Tengo sueño pero no estoy lo suficientemente cansada, ¿tienes idea de qué podemos hacer en una cama tan estrecha que tenemos que arrejuntarnos mucho la una con la otra?

—Tal vez ¿te muestro? — Preguntó la Gran Maestra.

Akari extendió tiernamente su mano, y se perdieron entre las tinieblas del portal que crearon juntas.


Bueno, una ligera idea de qué sucederá a futuro; un pequeño epílogo que espero les haya gustado pero en serio no me pidan mucho más de esta historia porque si de por sí me tardaba en actualizar no me imagino qué podría hacer con la secuela. Como siempre:

Chao; nos leemos!