Y años después de comenzar esta historia y dejarla inconclusa he decidido continuarla.

Mil disculpas por la demora, sé que no hay excusa y menos aun cuando este capítulo está planeado desde hace tanto...

Espero que les guste.


"Sólo los sueños y los recuerdos son verdaderos, ante la falsedad engañosa de lo que llamamos el presente y la realidad."

Alejandro Dolina


Hiei Cruzaba el bosque a toda velocidad, necesitaba llevarla a la casa familiar lo más pronto posible, era muy peligroso permanecer con Rin en medio del bosque sabiendo que los esbirros de Naraku podían atacarlos en cualquier momento... Y no estaba en una posición provechosa teniendo que proteger a la chica que llevaba en su espalda.
El híbrido se movía a toda velocidad a través de la espesura del bosque, evadía los árboles y saltaba sobre los troncos caídos con esa agilidad tan peculiar de los demonios, con una mirada furtiva que escaneaba cada centímetro de la oscuridad buscando el menor indicio de amenaza cuando un olor ligeramente conocido fue arrastrado por el viento hasta él, haciendo que chasqueara los dientes al instante. Avanzó un poco con los sentidos aún más alertas, sostenía con fuerza a la pelinegra como si cualquiera fuese a llegar a arrebatársela por atrás hasta que se detuvo en seco cuando un pequeño niño albino montado en un caballo se plantó imponente frente a ellos.

— Hakudoshi... ¿Qué demonios haces aquí? —Cuestionó con repulsión el oji-miel

— Así que aún te acuerdas de mí... en realidad sólo venía a ver cómo la estabas pasabas con la desaparición de tu hermanita — sonrió con sorna haciendo que un ligero brillo rojizo se asomaba en los ojos del híbrido furioso

— Maldito, no se saldrán con la suya

— No te equivoques, ahora los tenemos donde los queremos. Esas niñitas suyas son tan... estúpidas, en realidad esperaba algo mejor de los Taisho, pero con un par de demonios baratos fue suficiente para capturarlas La mirada de Hakudoshi se desvió a la mujer que Hiei llevaba en su espalda — no me digas que esa es la madre de la pequeña Yukina...

— ¿Dónde tienen a las niñas? será mejor que respondas de una vez Interrumpió con un grito al jinete, ignorando por completo la interrogante

— Y dime... ¿qué te hace pensar que te lo diré? Un silencio penetrante se formó entre los demonios que ya sostenían una batalla de miradas

— Porque si no me lo dices te volaré la cabeza en este instante

— En realidad no estás en posición de eso ¿o ya te olvidaste del bulto que llevas en la espalda? Hiei abrió los ojos como platos, por un momento se había olvidado de la joven a su cuidado, chasqueó los dientes cuando al regresar la vista a su contrincante se topó con una mirada triunfante y llena de superioridad. Tenía tantas ganas de destrozarlo en ese instante, desmembrarlo lentamente hasta reducirlo a los amorfos trozos de carne de los que había salido. Agitó levemente la cabeza para despertar y analizar su lugar, reacomodó a la chica que comenzaba a deslizarse en su espalda y por momento consideró bajarla para enfrentar al jinete pero así como esa idea llegó en su mente la descarto al darse cuenta del peligro que ella correría, después de todo estaba inconsciente y el viento había arrastrado el olor de otros demonios sin mencionar el rastro del veneno de Naraku.

— Será mejor que me vaya articuló el niño interrumpiendo sus pensamientos — Naraku debe estar esperándome y sabes lo mucho que odia tener que hacerlo

El corcel comenzó a elevarse mientras las flamas de sus patas ardían con más fuerza, relinchó y se mantuvo suspendido en el aire un momento mientras su jinete observaba con repudio a las dos personas que se encontraban en el suelo, se dio la vuelta y cuando estuvo a punto de marchase la voz de Hiei resonó en el silencio del bosque

— Tengo un recado para Naraku de parte de todos nosotros el niño ni se tomó la molestia de voltear a verlo y se detuvo unos segundos dándole la oportunidad de comunicar su mensaje— Dile que esta vez es definitivo y que no se saldrá con la suya... después de todo... nunca lo ha hecho

Esas palabras fueron suficientes para hacer enfurecer al engendro que se encontraba a unos metros sobre su cabeza, sacó su alabarda y se abalanzó contra la pareja que se encontraba a sus pies cuando una docena de insectos venenosos se interpusieron en su camino.

Las órdenes eran claras, tenían que sufrir antes de morir, les darían donde más les dolía para hacerlos pagar por toda la humillación que le habían hecho pasar en más de una ocasión y sólo había una manera de hacerlos retorcerse de angustia. Para sufrir tienes que estar vivo ya se encargarían después de eliminar a cada uno de los miembros de esa asquerosa familia y tener el dominio tanto en el mundo de los demonios como el de los humanos, al fin tendría el poder que siempre había escuchó en relinchar del caballo una vez más y se esfumaron en la profundidad de la noche, ahora tenía que apresurarse para llegar a casa y anunciar sobre lo sucedido. Además... Rin tenía que enterarse de muchas cosas esa noche.

Rin se encontró rodeada de árboles segundos después de haber sido cegada por aquel intenso rayo de luz, sus ojos poco a poco se acostumbraban a la penumbra que reinaba en aquel lugar cuando se detuvo a ver un cuerpo tendido frente a ella, era un hombre que vestía un traje blanco, se veía gravemente herido y sus facciones se asemejaban a las de un perro. El hombre se mostraba alerta con aquellos ojos fieros de un intenso color escarlata que voltearon a ver en dirección a la chica pero sin verla realmente, sus ojos vieron a través de ella como si esta no estuviese ahí.

Le costó un poco pero al poco tiempo reconoció aquellas facciones y los prominentes colmillos que hacían juego con su mirada. Había visto ese rostro antes, en el instante en el que su jefe se enteró del secuestro de su hija y perdió el control por la furia, era Sesshomaru pero... ¿qué hacía allí? Corrió para ofrecerle ayuda y se hincó intentado ver con más claridad las heridas pero cuando sus manos se acercaron a lo que quedaba de su brazo estas lo atravesaron sin mas. Él continuaba con la mirada fija en el punto que había ubicado hace un momento, seguro era un enemigo y al verlo en esa condición no dudaría en atacar, intentó levantarse y Rin quiso sujetarlo una vez más por los hombros para que no siguiera haciéndose daño, lamentablemente volvió a ser un intento inútil.

— Sesshomaru ¿Qué le sucedió? ¿Por qué está herido? Las preguntas comenzaban a amontonarse en la mente de la azabache que apenas lograba mencionar unas pocas por la confusión, la impresión fue muy grande al ver lo que quedaba de un brazo destrozado y unos rasgos muy poco humanos — SESSHOMARU! Tienes que escucharme las lagrimas comenzaban a recorrer su rostro cuando vio que la reacción por parte de él era nula ¿por qué no podía verla o escucharla? ¿Por qué no podía tocarlo? ¿Había muerto? Tenía que ser un sueño que cada vez estaba más cerca de ser una pesadillaRin estaba desconsolada observando el estado en el que se encontraba el hombre que amaba y sin poder hacer nada, las lágrimas siguieron recorriendo sus mejillas hasta que se quedó dormida a un lado del Yokai.

Pasó un rato mas hasta que algunos de los arbustos comenzaron a moverse, la bestia intentó levantarse para ponerse a la defensiva pero el dolor y la perdida de sangre se lo hicieron imposible. El sonido de unas ramas crujiendo anunciaron la llegada de un intruso, una niña de unos ocho años apareció de entre las sombras, se veía muy lastimada, tenía muchos raspones y su kimono naranja estaba muy sucio y con algunas manchas de sangre.

La pequeña intentó acercarse a la bestia, poco a poco y a pasos pequeños. El miedo en sus ojos era evidente, en un mundo como ese lo mas lógico era escapar pero tras todo ese miedo había un destello de valentía y decisión que la obligaban a seguir avanzando... pero todo tiene un límite.

La niña trató de acercarse un poco más pero él se levantó repentinamente espantándola y haciéndola correr de regreso al demonio retrocedió obligado por el dolor y sus facciones regresaron a la normalidad. Con algo de esfuerzo se recostó en el árbol que estaba a su espalda, al mismo tiempo observaba a su alrededor para tratar de detectar algún peligro. Cuando se dispuso a dormir un poco la imagen de esa pequeña intrusa se filtró en su mente sin saber lo importante que llegaría a ser para él._ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Era una mañana hermosa, el cielo brillaba sobre las copas de los árboles y los rayos de luz se filtraban entre el follaje hasta llegar al suelo. En el bosque reinaba un agradable silencio que era interrumpido únicamente por el cantar de las despertó junto a Sesshomaru, frotó sus ojos mientras imploraba que lo ocurrido la noche anterior hubiera sido tan solo un sueño, lamentablemente esa idea desapareció cuando vio que a su lado se encontraba descansando el peliblanco con sus ropas llenas de sangre. Se arrastró un poco hasta que su rostro quedó a pocos centímetros del pecho de él, escuchó su corazón y le reconfortó la tranquilidad con la que este latía. Revisó las heridas de su brazo y se sorprendió al ver la gran mejoría que logró en una sola azabache se levantó, sacudió un poco su ropa y sujetó su cabello. Tenía que encontrar la forma de llevarle comida y agua por lo que se adentró en el bosque no sin antes voltear a verlo una vez más.

Caminó sin rumbo fijo durante un rato hasta que encontró un pequeño arroyo lleno de peces, se agachó junto este para lavarse la cara y luego con suerte, capturar algo que pudiera servir de alimento. Pero al introducir sus manos en el agua estas no se mojaron ¿Cómo era posible algo así? las observó fijamente y descubrió que se tornaban trasparentes cada vez que las introducía de nuevo al agua corriente, sonrió al ver lo absurdo que su "sueño" comenzaba a tornarse.

Tras un sin fin de inatentos frustrados, decidió regresara a aquel claro en el descansaba el gran demonio pensando en recostarse a su lado a esperar que sueño sin sentido al fin terminara. Antes de atravesar los arbustos que rodeaban el gran árbol, escuchó la voz de su jefe con ese tono tan tranquilo, lleno de orgullo y autoridad al mismo tiempo, sin pensarlo dos veces se apresuró a ver con quién hablaba pero solo pudo identificar una silueta muy pequeña perteneciente a una niña.

— No es necesario que hagas esto, algo que detesto es la comida que ingieren los humanos Dijo por fin el Yokai rompiendo el silencio entre ellos. — No quiero, ya te dije que no quiero nada entiende se escuchó decir a la bestia, aun así la pequeña se acercó decidida y le ofreció lo que tenía. Sin voltearla a ver siquiera él continuó — ¿Quién te hizo eso en el rostro? se hizo una pausa esperando que ella respondiera pero le era imposible decir una sola palabra — Está bien... no es necesario que me los diga El brillo se asomó por los ojos de la cría y mostró una sonrisa un poco extraña pues le faltaban algunos dientes, aún así, no dejaba de ser hermosa — ¿Por qué te ríes? sólo te pregunté como estabas era evidente que Sesshomaru no sabía tratar con humanos y en un principio le confundió un poco aquella reacción pero por alguna razón no le resultó desagradable su intromisión... al contrario, se podía decir que... casi la disfrutó. Aunque sin duda le pareció extraño que la pequeña no hubiera pronunciado ni una sola palabra en ese tiempo, Rin había permanecido observando a lo lejos, preguntándose de qué se trataba ese sueño y porqué se le hacía tan familiar. Cuestionándose sobre la verdadera naturaleza del hombre que amaba y de los sucesos que había vivido unas horas antes. Seguía preguntándose por la identidad de la pequeña que continuaba llevándole comida al peli-plata ya que aún no había podido ver su rostro.


Espero les haya gustado, tuve que cortarlo aquí para que no fuera tan extenso.

Ojalá no quede medio raro el formato, perdí mucho la práctica xc

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